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CHAPTER 5 USING DISPROT

5.2 Step by Step Description

Históricamente se ha observado que en la medida en que las parejas y las personas disponen de opciones reales y de mayores oportunidades de desa- rrollo individual y colectivo van decidiendo tener familias más pequeñas. Ese proceso se dio en los países desarrollados y ocurre igual en los países en de- sarrollo en la medida en que salen de la pobreza. Los adelantos tecnológicos alcanzados en materia de contracepción, el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, en combinación con el acceso real a la educación y a todas las oportunidades del desarrollo, conducen generalmente hacia un comportamiento reproductivo planificado (ver en Anexos Cuadros No.13 y No.14). En Panamá, Costa Rica y El Salvador la tendencia hacia la disminu- ción de las tasas de fecundidad comenzó en los años setenta mientras que en Honduras empezó hacia los años ochenta y en Guatemala y Nicaragua la baja de la tasa de fecundidad recién se inició en la década de los noventa. Estos dos países mantienen aún tasas globales de fecundidad altas de 4,4 y 3,8 hijos por mujer para el período 2000-2005.

En Costa Rica, en el año 2002, las mujeres entre 15 y 45 años tuvieron en promedio 2,1 hijos, mostrando una reducción del 7,1 por ciento en relación con los nacimientos del 2001. Dicha tasa de fecundidad se alcanzó tres años antes de lo previsto en las proyecciones demográficas (CEPAL estima 2,3 hijos para el quinquenio 2000-2005). Los especialistas en población le llaman

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a esa cifra “fecundidad de reemplazo”34 (Costa Rica es, pues, el segundo país, después de Cuba, en América Latina y el Caribe en alcanzar la tasa de fecundidad de reemplazo). En el largo plazo (unos 50 años) esa tasa llevará a un “crecimiento cero” de la población, lo cual pone en riesgo el relevo de las generaciones más viejas (Pérez, 2003).

Diferencias y brechas en los países

La mayor brecha en materia de fecundidad es la que se observa entre las mujeres rurales y las mujeres urbanas y, en general, está asociada al bajo o nulo nivel de instrucción. Las mujeres rurales y las mujeres indígenas pre- sentan TGF muy por encima de los promedios nacionales. En los datos del UNFPA, perfiles por países de Centroamérica 2002, se registran las prin- cipales disparidades internas por país (ver www.unfpa.org/profile/compare. cfm). En Costa Rica las mujeres entre 15 y 49 años presentan bajas tasas de fecundidad independientemente de que sean rurales o urbanas o de que tengan bajo o alto nivel educativo, mientras que los otros países sí muestran diferencias significativas según sean las mujeres rurales o urbanas, de bajo o alto nivel educativo.

Es importante señalar que en el caso de Costa Rica los niveles educativos bajos se refieren a primaria completa, mientras que en los otros países se incluyen altas proporciones de analfabetas. Para Panamá no se registran da- tos del indicador. Sin embargo, en el Perfil económico de género de Panamá se indica que la relación de dependencia varía internamente desde 106,5 y 102,5 por ciento en las comarcas indígenas de Emberá y Ngöbe Buglé con los más altos registros de dependencia demográfica hasta los 50,4, 52,3 y 56,6 por ciento de las provincias de Panamá, Los Santos y Herrera respec- tivamente, que tienen un registro por debajo del promedio nacional. Esto significa que las disparidades en la fecundidad siguen el mismo patrón que en el resto de los países.

Sobre la base de los datos que el UNFPA recoge en los perfiles de cuatro países, en el siguiente cuadro se presentan las brechas en la fecundidad se- gún zonas de residencia y pobreza. Para Costa Rica y Panamá la fuente no presenta datos.

34 Técnicamente es una tasa neta de reproducción de 1,0, según la cual cada mujer, antes de morir, deja una descendiente mujer en promedio o, dicho de otro modo, cada generación se reemplaza por otra de exactamente el mismo tamaño. Llegar a esta tasa de 1,0 depende no solamente de la fecundidad sino también de la mortalidad o, más precisamente, de la de mujeres que llegan con vida al final del período fértil.

Urbanas Rurales Más baja por departamento o provincia Más alta por departamento o provincia Las más pobres Las más ricas ������������ ������������������������������������������������������������������� ��������� ����������� ��������� �������� ��������� 2,79 4,56 2,82 (San Salvador) 5,15 Cabañas 4,94 2,19 4,10 5,80 4,3 Metropolitana 6,8 Petén 8,0 2,40 3,30 5,60 3,2 Metropolitana 6,0 Región 7 6,90 2,70 3,10 5,40 3,0 Managua 6,3 Jinotega 6,60 1,90 ������� UNFPA/Perfiles, 2003. Embarazo adolescente

Una de las mayores preocupaciones en la región centroamericana es el ele- vado nivel de embarazo adolescente. Este no baja del 17 por ciento, y es alarmantemente alto en Nicaragua donde prácticamente la cuarta parte de los partos los tienen mujeres menores de 19 años y en donde se observa un estancamiento en el indicador durante los dos últimos quinquenios (ver en Anexos Cuadro No.15). Si se comparan los dos grupos de edad consi- derados de alto riesgo para embarazo (el de 15-19 y el de 35 años y más) se observa que la proporción de adolescentes bajo este tipo de riesgos es mucho mayor en todos los países. El porcentaje de partos de menores de 19 años sube entre adolescentes rurales e indígenas.35

El embarazo adolescente está interrelacionado con altos niveles de pobreza, bajos niveles de educación e información, menor movilidad social, subordi- nación de género reforzada con fuerte influencia religiosa y poco acceso a información sexual y a servicios de salud reproductiva. Los problemas que acompañan al embarazo precoz son múltiples; con frecuencia se interrumpe la educación y se reducen mucho las oportunidades de desarrollo e indepen-

35 Como datos extremadamente preocupantes tenemos que en Nicaragua el 34,10 por ciento de las mujeres rurales menores de 19 años y en Guatemala el 25,70 de las adolescentes rurales de la misma edad ya habían parido. En el Petén se registra para el 2003 que el 37,3 por ciento de las mujeres en esas edades ya han tenido hijos (UNFPA, 2002).

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dencia por la vía del trabajo. También se afecta la salud sexual y reproductiva de las adolescentes y sus derechos sexuales y reproductivos. La inmadurez, desinformación y subordinación de las adolescentes a parejas con frecuen- cia mucho mayores, aumentan sus riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual y VIH ya que tienen poca capacidad de negociación con sus parejas.

En toda la región la prevalencia del VIH es relativamente baja con excepción de Honduras, pero en todos los países la tendencia es ascendente, especial- mente entre jóvenes y mujeres amas de casa. La poca percepción del riesgo, la baja capacidad de negociación y la creciente movilidad laboral de sus cón- yuges son, entre otros, factores que explican el ascenso de la prevalencia del VIH/SIDA entre amas de casa.

En la región se registra una prevalencia en el uso de métodos anticoncepti- vos de 63 por ciento, pero el uso de métodos modernos es más bajo: 55 por ciento; Guatemala y Honduras registran una prevalencia menor de todos los métodos (ver en Anexos Cuadro No. 9).

Haciendo el balance de la evolución de las metas de la CIPD, es claro con- cluir que hay progresos visibles en toda la región, sobre todo en cuanto a la esperanza de vida. Aunque se registran progresos importantes en la mayor parte de los indicadores de Costa Rica y Panamá, en el resto de los países de la región el poco acceso a las oportunidades de desarrollo y, en particular, la baja escolaridad, el aislamiento, la subordinación de género, el bajo acceso a los servicios de salud y la ausencia de políticas orientadas a las poblaciones jóvenes están conformando un contexto de alto riesgo y vulnerabilidad para las mujeres.

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