“Las sociedad represivas que han sido montadas tienen dos características: la represión es más suave, más difusa, más general, y al mismo tiempo más violentas. Para aquellos que se sepan rendir, adaptar, y que sean canalizados, habrá una disminución de intervenciones policíacas Pero habrá más sicólogos, así como psicoanalistas, al servicio de la policía; habrá más y más grupos de terapia; los problemas del individuo y la pareja serán estudiados de manera universal. La represión será cada día más comprensiva, en términos psicológicos. El trabajo de las prostitutas tendrá que ser reconocido, habrá consejos sobre drogas en la radio – en breve: habrá un clima general de comprensión y buenas intenciones. Pero si los grupos o los individuos intentan escapar de esta forma de inclusión, si tratan de poner en cuestión el sistema general de confinamiento, entonces serán exterminados como se hizo con las panteras Negras en E. U., o su personalidad será aplastada como ocurrió con los miembros de las RAF en Alemana.”
---Félix Guattari, Por qué Italia?
“Has tenido que dividir en dos partidos a toda la población del Imperio –y lo que digo es que he designado a la totalidad del mundo habitado- el partido más distinguido, más noble y más poderoso, que ha sido efectuado en todo lados, en la totalidad, el ciudadano e incluso el padre, el otro, subjetivizado y administrado.”
Si algún privilegio heurístico en material de política, es una regla que es como una incandescencia histórica que tiene la virtud de iluminar la percepción estratégica de cada época. Incluso hoy en día, las líneas de fuerza, los partidos presentes, las apuestas tácticas y la configuración general de las hostilidades están son más difíciles de descubrir aquí en Francia que en Italia, porque la abierta contrarrevolución impuesta veinte años atrás ha sido instalada duramente aquí. El proceso contrainsurrecional en Francia ha tomado su tiempos, y se ha dado el lujo de velar su naturaleza. Vuelto más indiscernible, ha hecho menos enemigos que nunca, o ha engañado a más alados.
El hecho más problemático es que durante los últimos veinte años, no hay duda de que el Imperio se ha formado a sí mismo como una nueva humanidad naciente de los escombros de la civilización, ligada orgánicamente a su causa: los ciudadanos. Los ciudadanos son aquellos que, aún estando en medio de la conflagración general de lo social, persisten en proclamar la participación abstracta en la sociedad que sólo existe negativamente, por el terror que ejerció sobre aquellos que amenazan con la deserción y sólo sobreviven ha esta sociedad. Los peligros y las razones que producen al ciudadano parte desde el corazón mismo de la empresa imperial: atenuar las formas de vida y neutralizar los cuerpos; y esta empresa, para resumir, que el ciudadano prolongo con el auto- anulación del riesgo que pudiera representar para el ambiente imperial. La fracción variable de agentes incondicionales que deduce el Imperio de cada población forman la realidad humana dentro del espectáculo y el biopoder el punto de su coincidencia absoluta.
Existe una fabricación del ciudadano, en la cual los implantes permanentes son la principal victoria del Imperio; una victoria que no es sólo social, o política, o económica, sino antropológica. Ciertamente, no esperaba conseguir esta victoria a través de estos medios. El punto de partida de esta victoria es la ofensiva de reestructuración del modo capitalista de producción que se corresponde, desde principios de los 70´s, con el regreso de la conflictividad obrera dentro de las fábricas y en el remarcado desinterés por el trabajo que se manifiesta en la jóvenes generaciones ulteriores al 68. El toyotismo, la automatización, la descentralización, la subcontratación, flujos herméticos, proyectos de gestión, el desmantelamiento de las grandes y productivas fábricas, variabilidad de los horarios, la liquidación de sistemas de industria pesada de las grandes concentraciones de obreros, todo forma parte de la reforma del modo de producción y tiene como objetivo central el de restablecer el poder capitalista sobre la producción. Este restructuramiento fue iniciado por las fracciones avanzadas del capitalismo, teorizada por sindicalistas liberales y puesta en concordancia con los principales centros obreros. En 1976, en LA República, Lama explicaba que; “La Izquierda debería deliberar sin remordimiento el contribuir en la reconstrucción de los márgenes de beneficio que han sido extremadamente disminuido hoy en día, incluso si es necesario proponer medidas costosas para los trabajadores”, y
Berlinguer, por su lado, revelaba al mismo tiempo que: “el campo de la productividad no es un arma para los jefes”, sino un “arma del movimiento obrero para empujar hacia adelante las políticas de transformación”. El efecto de reestructuración fue sólo superficial en su meta: “ de separar un acto a los trabajadores en combate y a los encargados abusivos”( Boltanski, El nuevo Espíritu del Capitalismo). Lo que en realidad estaba en juego o más bien, por ser purgado del corazón de la producción de una sociedad donde la producción militariza a todos los “desviados”, todos los individuos de riesgo, todos los agentes del partido imaginario. Donde sea, por los mismos métodos, la normalización operaba dentro y fuera de las fábricas, convirtiendo a sus objetivos en “terroristas”. El arraigo del “Fiat 61” en 1979, que anunciaba la próxima derrota de las luchas obreras en Italia, pudo no haber tenido otro motivo. Siendo comprendido que tales maniobras serían imposibles si las instancias del movimiento obrero no les hubieran otorgado una participación activa, teniendo no menos interés que los patrones en erradicar la insubordinación crónica, la ingobernabilidad, la autonomía obrera, “esa continua actividad de francotirador, saboteador, abstencionista, desviado, criminal” que las nuevas generaciones de trabajadores llevaron a las fabricas. De manera absurda, nadie esta mejor posicionado que la izquierda en la formación de ciudadanos. Uno podría reprochar esta o aquella deserción; “En este momento donde todos están llamados a una prueba de coraje civil, cada uno para mostrar su ocupación”, entonada Amendola en el 77, dando lecciones a Sciascia y Montale.
Así es que ha habido, por más de vente años, una entera selección, un calibramiento de las subjetividades, una movilización de “vigilancia” de los trabajadores, un llamada al auto-control en cualquier parte, la inversión subjetiva en el proceso de producción, para la creatividad que a sido permitido para asolar a los nuevos núcleos duros de su sociedad , los ciudadanos. Pero este resultado no puede ser obtenido si la ofensiva en el cambio trabajo no ha sido al mismo tiempo apoyada por una segunda ofensiva más general, y más moral. El pretexto era “la crisis”. La crisis no sólo consistía en enrarecer la mercancía de manera artificial para hacerla más deseable, su abundancia en el 68 ha producido un disgusto visible- La crisis podría sobre todo permitir nuevamente la obtención de la identificación de los Bloom con la totalidad social amenazada, de la que la solución dependencia de la buena voluntad de cada quien. No había nada más en las “políticas del sacrificio”, en el llamado al “ajustamiento del cinturón y más generalmente, a partir de ese momento a comportarse de una “manera responsable”¿Pero responsable con qué exactamente? ¿A tu sociedad de mierda? ¿A las contradicciones que socavan a tu modo de producción? ¿Para ahuecar tu totalidad? Dímelo! Es en esto, más que en nada, que debemos reconocer de manera segura al ciudadano: Él individualmente se introduce en las contradicciones, las aporías de la totalidad capitalista. Más que pelear contra la relación social que causa estragos en las condiciones más elementales de nuestra existencia, el 0rdenara la mesa de chatarra y donarla a una compañía de biodisel. Mas
bien contribuyendo a la construcción de otra realidad , el irá la noche del Viernes a servir la cena a las personas sin hogar en un centro llevado por empalagosos católicos. Y hablará de ir a cenar mañana.
El más ingenuo voluntario y la mala conciencia devoradora son los atributos del ciudadano.