Chapter 5: Trading System #1 Machine Learning Trader
5.3 Stock Price Data Preprocessing
Y quiero insistir en que, lo que hace la educación ambiental vigente, que es inculcar conductas positivas, eso, de por sí solo, no lo torna al hombre, desprendido. La razón está, en que dichas conductas positivas bastan para satisfacer las apetencias del ego: tienden a garantizar la persistencia de los recursos en el futuro, así como un medio físico compatible con las necesidades humanas. En consecuencia, el educando, por mucho que asuma comportamientos ecológicamente positivos, ello no garantiza que dichos comportamientos conlleven una personalidad desprendida, desinteresada, respetuosa de su entorno. En efecto: puedo tener encomiables comportamientos positivos: racionalizar el uso del agua, distribuir los residuos sólidos, no contaminar, arborizar, elaborar abono vegetal...; mis miras pueden ser solamente asegurar a futuro, la subsistencia propia y de los míos. Hay gentes con comportamientos positivos hacia su medio ambiente, y que no obstante, son crueles para con los animales y malvados para con sus semejantes. Esto prueba que la educación en los comportamientos ambientalmente positivos, no toca el hondo perfil de la personalidad.
Semejante individuo educando no es desprendido. Y es que el desprendimiento no puede ser selectivo, sino que ha de ser omniabarcable en la conducta del individuo, como una impronta que caracterice a todos sus actos... aun en la arborización y en el racionamiento hídrico. Si soy desprendido, lo soy en todo lo que hago y dejo de hacer. Es que el desprendimiento implica posponer mis intereses mezquinos, y respetar a lo otro y al otro: esto es una disposición, y como tal,
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es interior; por lo tanto, tiene un carácter genérico y no discrimina.
Al no haber esta disposición fundamental, el agente, puede que cumpla con las pautas de las “conductas positivas”, pero no las internaliza; las toma como impuestas por una dictadura heterónoma; no les halla sentido, no las integra dentro del todo de su personalidad.
Si no siento dolor al producir dolor en el otro (el animal), en actividades como la pesca, la caza, el sacrificio de animales, es porque la vida ajena no me inspira respeto: la tomo como medio, y subordino su valor a mis conveniencias. Por lo tanto, carezco de una reserva de espiritualidad para observar “conductas positivas” con autenticidad. Adviértase cómo es que los que trabajan en los camales, los toreros, los aficionados a las peleas de gallos, los balleneros, los que trabajan en la morgue..., expresan una gran insensibilidad ante el dolor ajeno. Si los pescadores apóstoles del Nazareno se hubieran puesto en el lugar del pez agonizante y del drama de su asfixia una vez pescado, no se hubieran quedado dormidos en el Huerto de los Olivos.
La consecuencia es, que aquél individuo no-desprendido, asume los “comportamientos positivos” pero en función a su mezquina conveniencia: arborizo y hago un uso razonable de los recursos, dejo de contaminar..., porque en ello me va la preservación de mi salud y la provisión de subsistencias. Tal individuo, lo toma a lo otro no como un fin en sí, sino como medio, y el télos final siempre es su propio ego. Esto es la característica medular del individuo no-desprendido.
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13.3.3 ¿Son los resultados lo que cuenta?
Alguien me replicaría: lo que postulas es lirismo; lo que cuenta en la acción o inacción humanas, no son los motivos sino los resultados; más claro: la idea-fuerza propulsora del buen comportamiento, no es el desprendido sentimiento de respeto por lo otro, sino la idea de la conveniencia de determinado comportamiento para nuestro ego, la idea del resultado de nuestras acciones convenientes; no importaría que el agente no sintiera amor respetuoso por lo otro; no importaría que lo tomase como medio; total, es el resultado lo que cuenta: al árbol que siembro, al agua que ahorro, les daría yo sólo un valor utilitario y convenido; pero son los logros lo que cuenta. Yo respondería: con este tipo de “educación”, terminaríamos por hacer que el educando suplante valores: la suplantación axiológica se da cuando suplanta el “respeto desinteresado”, por lo “conveniente para mi ego”: toma a su entorno como medio, no como fin; es un sujeto ciego e impermeable para el sentimiento del respeto desinteresado. Formamos así, una generación de hombres convenidos y egocéntricos. Ese tipo de hombre actúa no por respeto sino por conveniencia; su trato considerado y “respetuoso” para con su alteridad, es en base a que lo evalúa al otro y a lo otro, sólo en la medida en que le es útil. Semejante hombre, si obedece al otro, no es por respeto sino por temor, y protege a lo otro, sólo por conveniencia egoísta (quien bloquea carreteras protestando contra la instalación de una minera, no es capaz de hacerlo protestando contra la inminente extinción de algún código genético; y no necesariamente por ignorancia, sino por desinterés). En síntesis, se trata de un hombre que subordina su entorno a su ego.
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Y es que, ver a las entidades tan sólo por su utilidad para mi ego, es una disposición que termina por ver a la entidad sólo como medio, lo cual es su devaluación. La suplantación axiológica aludida se manifiesta en que, una actitud irrespetuosa que sea provechosa para la conveniencia del individuo, es valorada por éste, positivamente: se ha habituado tanto a apreciar la utilidad egoísta, que en su apreciación no cuenta el respeto. Por ejemplo, cuando promueve o acepta una explotación minera anti-ecológica: le interesa a tal individuo, tan sólo que dicha explotación proporciona riqueza y puestos de trabajo (es elocuente al respecto, el insolente “baguazo” que asestó la clase política gobernante en el Perú, en su insanía por convertir los eco-sistemas y etnias amazónicos, en un mercado al servicio del capital).
Con ese criterio utilitario, el educando cuidará y protegerá solamente aquello que le es útil y conveniente para su ego: ante alguna especie vegetal o animal a la que no le vea utilidad, estará autorizado para depredarla, y también podrá destruir una formación geológica a la que no le viera utilidad. En síntesis, las exhortaciones utilitarias formarían un hombre insensible ante el valor de todo aquello que no ofrece una utilidad práctica para su ego. La conducta de semejante hombre así formado tiene carácter amoral, toda vez que lo que cuida de la naturaleza, lo cuida por “imperativo hipotético”, por conveniencia; y eso es, no-cumplimiento del deber. De otra parte, al haber una suplantación de valores, se trata de una educación inauténtica o falsa.