L
os caracoles y los bivalvos han sido parte de la vida cotidiana de los primeros habitantes y muchos pueblos originarios del territorio argentino. Sin embargo, las razones de su vinculación con estos grupos humanos varían según la región geográfica, la antigüedad y el contexto cultural de cada pueblo, lo que queda evidenciado en una de las principales fuentes de información que son los registros arqueológicos y los relatos de los historiadores.En Argentina, uno de los usos más frecuentes de los moluscos ha sido en la alimentación, lo que se evidencia en las acumulaciones de valvas conocidas como “conchales”, frecuentes a todo lo largo de la costa marítima y de los cursos fluviales, principalmente de la región litoral. En Córdoba, si bien algunas especies de caracoles podrían haber servido como alimento, este no parece haber sido su principal uso.
Además de la alimentación, las distintas culturas han sabido aprovechar las valvas y conchas de caracoles para otros fines. Por ejemplo, los guaraníes quemaban las “cáscaras” para hacer la cal que utilizaban en las paredes de sus viviendas. Caracoles y bivalvos grandes también han servido como recipientes o vasijas, e incluso algunos bivalvos fueron utilizados para confeccionar cucharas y cuchillos. En Córdoba, uno de los usos más difundidos ha sido la fabricación de cuentas o discos (también llamados rondelas o huaicas) a partir de las conchas de caracoles; con las cuales realizaban collares (chaquiras) y adornaban sus prendas de vestir. La especie más utilizada ha sido el caracol “Borus” (Megalobulimus oblongus; Véase ficha técnica). Para facilitar los cortes de la valva, se habrían usado lajas, siguiendo la dirección de las estrías naturales del caracol, obteniendo así las primeras piezas que luego serán perforadas. Para la perforación central se utilizaba como instrumento, o perforador, una piedra fijada en el extremo de un bastón puntiagudo de madera que se hace girar sobre la superficie cóncava del fragmento de valva que servirá de disco y aplicado sobre una capa de arena fina extendida. Luego, para eliminar las partes salientes o pulir el disco se solía utilizar un guijarro de arenisca fina.
Las cuentas encontradas en Córdoba son sumamente variables en cuanto a su tamaño, su forma y detalles de manufacturación. En algunos casos son esféricas,
pulidas e incluso algunas presentan diseño en los bordes. También se han encontrado cuentas rectangulares y en otros casos éstas adoptan formas más irregulares, particularmente aquellas obtenidas del borde de la apertura de la concha del caracol “Borus”. Dicho borde engrosado se denomina peristoma y tiene además la particularidad de su coloración rosada, que contrasta con el color blanquecino del caracol. Esto hace que este tipo de cuentas permitan identificar la especie usada como materia prima. Sin embargo, el color original de las valvas se atenúa e incluso se pierde con el transcurso del tiempo. Por eso, muchas valvas encontradas en sitios arqueológicos adoptan una coloración diferente que dependerá del tiempo transcurrido y del ambiente (acidez, sedimentos) en que se encuentra.
Otro ejemplo típico del uso de caracoles en Córdoba son los collares confeccionados a partir de caracoles marinos del género Urosalpinx. En este caso se utilizaba todo el ejemplar, para lo cual se le quitaba la espira o se realizaba una perforación y así poder enlazarlos a través de un hilo y hacer el collar. La presencia de caracoles marinos en sitios arqueológicos de Córdoba denota la vinculación que tuvieron los grupos locales con pueblos de otras regiones y quizás estos caracoles sean resultado del trueque que parece haber sido una actividad comercial muy practicada en la provincia. Probablemente los ríos Carcañará y Salado (éste último ha cambiado el recorrido de su cauce) hayan condicionado los desplazamientos humanos y el intercambio de estos y otros materiales.
También se ha mencionado para la provincia de Córdoba la utilización de conchas del caracol “Borus” como recipiente para colocar un polvo molido obtenido a partir de semillas de cebil (paricá), y que se usa para aspirar (como un rapé). Pedro Sotelo de Narváez (Relación de la Provincia de Tucumán, 1583) hace referencia al empleo del polvo de las semillas de cebil por parte de los Comechingones de las Sierras de Córdoba, quiénes lo guardaban en el interior de la concha de “Borus”, común en las sierras y barrancos de Córdoba. Además, cuenta el investigador Serrano que en algunos paraderos del Lago San Roque, los arqueólogos han encontrado ejemplares de este caracol con el ápice roto “como para dejar pasar un tubo”, junto a huesos largos de mamíferos pequeños seccionados en sus extremos. Otro ejemplo de molusco hallado en contexto arqueológico, aunque en este caso no se trata de un caracol, es el de una valva de una almeja nacarífera (náyade) hallada junto a un esqueleto femenino recientemente encontrados en el sitio arqueológico El Diquecito, en la zona de la laguna Mar Chiquita, y que podría estar asociado a
un rito funerario, atribuyéndosele a la almeja, en este caso, un significado simbólico.
Finalmente, en algunos sitios arqueológicos de Córdoba se ha constatado la presencia de moluscos con fines ornamentales y/o ceremoniales (como ofrendas funerarias), lo que debe ser investigado aún con mayor detalle. Entre ellos se menciona Laguna Honda (dpto. General San Martín), arroyo Soconcho (dpto. Calamuchita), Villa de Soto (Cruz del Eje) y Laguna de los Porongos (Mar Chiquita), entre otros.
Dados estos casos mencionados, además de otros innumerables ejemplos de moluscos asociados a sitios humanos, actualmente en el Museo de Antropología de Córdoba, y en el marco de sus proyectos vigentes, se está estudiando la vinculación de los bivalvos y caracoles de Córdoba con las diferentes culturas y pueblos que nos precedieron. Este tipo de estudios se enmarca en una disciplina que recientemente se ha denominado Arqueomalacología y se ocupa precisamente del estudio de los restos de moluscos en yacimientos arqueológicos.
FIGURA 15.EN LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS DE CÓRDOBA SON FRECUENTES LAS
“CHAQUIRAS” (CUENTAS) CONFECCIONADAS A PARTIR DEL CARACOL “BORUS”
MEGALOBULIMULUS OBLONGUS. A Y B. VISTAS EXTERNAS DE LA CONCHA DE BORUS .C-D, G-H. DISTINTOS TIPOS DE CUENTAS PROCEDENTES DEL ÁREA DE MAR CHIQUITA (MUSEO HISTÓRICO MUNICIPAL LA PARA). E-F.COLLAR ENCONTRADO EN VALLE CALAMUCHITA (MUSEO AMBOY).