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STRATEGIC PLANNING AND PROGRAMMING 1 Multi-annual Indicative Planning Document

2011, as a percentage of total committed funds

CROATIA 1 SUMMARY

2. STRATEGIC PLANNING AND PROGRAMMING 1 Multi-annual Indicative Planning Document

del Ejército Argentino el 12 de agosto de 1806

E

jecutando los planes antedichos, las fuerzas británicas se apoderaron de Buenos Aires el 27 de junio y retuvieron y dominaron la ciudad hasta el 12 de agosto de 1806.

Los ingleses entraron a sangre y fuego, aplicando una represión feroz sobre los desprevenidos habitantes. En la obra de Roberto Marfany Las Invasiones Inglesas1 se relatan episodios terribles pro-

pios de una tropa que incursiona en actitud de conquista. Muerte y botín de guerra, del erario público y de las mujeres y bienes priva- dos, fueron su consigna. Ante la amenaza de saquear casa por casa si no se entregaba el Tesoro de la Real Hacienda, que el Virrey Sobremonte quiso salvar disponiendo su traslado a Córdoba, los go- bernantes españoles dispusieron su entrega cuando los caudales pú- blicos habían llegado a Luján.

El mismo saqueo se llevó a cabo en la administración de la Com- pañía de Filipinas: caudales, mapas, las rutas de navegación por el Océano Pacífico desde el puerto de El Callao hacia Filipinas, y des- de este centro económico vital hacia China, Japón e India, toda la documentación referida al comercio español en esos lugares y el de- talle del “aviamiento” o capacidad productiva del tráfico por el Pa- cífico, fueron despojados por el invasor inglés.

Todo lo saqueado fue inmediatamente transportado a Londres en el navío Narcissus. Es muy importante describir el arribo de este buque con su carga a Londres. Ello nos brinda un inventario integral de lo despojado en Buenos Aires.

El volumen del saqueo y su importancia económica ha quedado demostrado en el siguiente relato:

“El sábado 20 de setiembre de 1806 a las 7 en punto de la mañana, los Leales Voluntarios Britanos se congregaron en St. James Square y, después de disparar tres salvas prosiguieron hasta Clapham, a fin de escoltar hasta la ciudad el tesoro desembarcado del Narcissus en Portsmouth. A su llegada a Clapham encontraron el desfile consistente en ocho carretones, tirado cada uno de ellos por seis caballos, adorna- dos con banderas, pendones y cintas azules. En las banderas estaba inscripta la palabra “Tesoro.”

Esta descripción de la llegada a Londres de los caudales públicos y privados saqueados en Buenos Aires, fue publicada en Londres en octubre de 1806 por John Fairbum y se hallaba en la biblioteca del Jockey Club de Buenos Aires.1 En la obra de Dereck Foster, El león

domado, el autor señala que las celebraciones de la recepción del

botín de guerra de Buenos Aires en Londres fueron “particularmente

brillantes” porque “los ríos ilimitados de oro y plata cambiaban ahora de curso y comenzaban a afluir hacia las arcas británicas”. “El tesoro pasó luego a través de la City hasta el Banco, donde se depositaron más de dos millones de dólares (2.000.000)” (Foster,

1998: 77-78).

Por los cálculos que hace este autor, esa suma provenía del Tesoro de la Real Hacienda y de la Compañía de Filipinas. Harry S. Ferns, catedrático de la Universidad de Birmingham, en su obra Gran Breta-

ña y Argentina en el siglo XIX describe la exhibición del botín de

guerra por las calles de Londres en términos similares, y destaca que esa muestra se hizo para que los comerciantes y banqueros británicos —que dominaron Inglaterra desde la Revolución de 1688— pudieran constatar lo que producía Hispanoamérica, que sería transferida de “Provincias Españolas” a territorio tributario y de saqueo continuo

1. Foster, Dereck: El león domado, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1998, p. 77.

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para el capital anglo-sajón, con la apariencia de Repúblicas Indepen- dientes con gobiernos dirigidos como “títeres”.2

La posición de las autoridades eclesiásticas frente al invasor

En la obra de Rómulo Carbia, La Revolución de Mayo y la Igle-

sia, leemos los párrafos que siguen:1

“La invasión inglesa evidenció que el clero no se hallaba incómodo con el poder británico, pues con excepción del superior betlemítico, todos los prelados religiosos enviaron a Beresford una nota laudatoria que el prior dominico, fray Ignacio Grela, remató, luego, abogando en la Cátedra Sagrada por la solidificación del triunfo inglés.”

De seguido, el autor que transcribimos refiere que Ignacio Núñez en Noticias Históricas señala que en las capitulaciones de la toma de Buenos Aires se había establecido lo siguiente:

“Art. 7°. Se protegerá el absoluto, pleno y libre ejercicio de la santa religión católica y se prestará el mejor respeto al ilustrísimo señor obispo y a todos sus venerables ministros.”

“Por su parte, el Obispo Lué predicó, también loando al invasor y rindiéndole el homenaje de su acatamiento.”

A continuación Rómulo Carbia expresa este hecho nunca evaluado por los historiadores:

“Por esta actitud el Cabildo de Buenos Aires acusó al obispo ante el rey, de antipatriotismo. Consultado el Virrey sobre esta acusación, aun- que la halló fundada en un hecho cierto, dijo al monarca que no debía extremarse la censura, pues la actitud del prelado tenía su justificación en las circunstancias del momento.” (Archivo de Indias, 124-2-5)

“Y es de notar que la musa eclesiástica permaneció muda —des- contando a P. Rivarola— el día que la derrota puso en fuga al invasor de Albion.”

1. Carbia, Rómulo D.: La Revolución de Mayo y la Iglesia, Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, Tomo V, Año 1915, Ed. Huarpes, Buenos Aires, 1945, 16-17.

Y agrega Rómulo Carbia:

“Aludo al presbítero doctor don Pantaleón Rivarola, autor del “Ro- mance heroico.” Es de notar, empero, que publicó anónimamente su trabajo. Rivarola escribió otras composiciones poéticas con motivo de las invasiones”. 1

Páginas más adelante el silenciado libro de Rómulo Carbia, se refiere al destino que le cupo al Obispo Lué, haciendo un análisis del decir y de las conductas de ciertos clérigos durante 1810. Vinculado al Obispo Benito de Lué y Riega dice esto:

“RAMÍREZ, Arcediano. Joven impaciente e insultante, amigo de la independencia. Se le atribuye en gran parte, la muerte imprevista del último obispo de Buenos Aires”. Al margen, “casi confirmado. Malo para valerse de él”. (Este curioso documento se halla en el Archivo de Indias de Sevilla - 123-2-4) (Carbia, 1945: 28).

¿Qué habrá ocurrido con el Obispo Lué para que lo matasen con envenenamiento? Corresponde recapitular varias situaciones:

1°) El Obispo Lué estaba acusado por el Cabildo de “antipatriotismo” por su adhesión a los invasores británicos a los cuales había rendido “homenaje de acatamiento.”

2°) Ese “homenaje de acatamiento” no fue protocolar, sino una promesa de efectiva colaboración porque instalado Beresford en el Fuerte como Gobernador de S.M. Británica recibió como tal “la presencia de autoridades eclesiásticas, sacerdotes y

superiores de los conventos” (Foster, 1998: 34).

3°) Durante las jornadas bélicas de la Reconquista, el 12 de agos- to de 1806, cuando Liniers envía a Beresford un ultimátum, el “gobernador (británico) estaba conferenciando con el Obispo e integrantes del Cabildo” (Foster, 1998: 44).

En consecuencia, las relaciones de los prelados del clero —el Obispo entre ellos— y el invasor británico William Carr Beresford

1. Alsina, Valentín: Compilación de documentos relativos a los sucesos del Río de la Plata, y Puig, Juan de la C.: Antología de los poetas argentinos, Tomo I, pág. 83.

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eran de colaboración pública y muy fluida. Con un sumario por “antipatriotismo”, la situación de Lué, después de la expulsión de los británicos y sus derrotas bélicas en las jornadas de la Reconquista (12 de agosto de 1806) y de la Defensa (5 de julio de 1807), era muy comprometida. Podría tener severas sanciones. Por eso, en el Cabil- do Abierto del 22 de mayo de 1810, entreviendo la posibilidad de que el gobierno español del Virrey Cisneros continuase en sus funcio- nes, expresó:

“El gobierno de América sólo podrá recaer en los hijos del país, en el caso de que sucumbiera el de España, cuando ya no habitase en él ningún español europeo”.1

Empero, los comerciantes británicos de Buenos Aires (luego vere- mos cómo habían concentrado todo el poder económico), corporizados en la British Commercial Room, capitalizaron los disturbios que trans- currieron del 18 al 25 de mayo de 1810, y su presidente, Alexander Mackinnon, confeccionó e impulsó la nómina de integrantes de la Jun- ta de Gobierno que el 25 de mayo de 1810 sustituyó en su autoridad y mando al Virrey Cisneros, con un golpe de Estado incruento, pero múltiple en intrigas.

Los intereses británicos triunfantes no podían permitir que el Obis- po Lué —que había ensalzado públicamente a los ingleses, “rindiéndo- le el homenaje de su acatamiento” en 1806— cuatro años después en el Cabildo Abierto del 22 de mayo, volviera sobre sus pasos enfatizando su lealtad a España. Por eso es muy probable que el Arcediano Ramírez antes citado, hubiese consumado su muerte por esa causa. En estas cues- tiones, donde lo que se decide es el destino de un continente, los verdu- gos contratados para eliminar a los oponentes, son personajes comunes. Sin embargo, al margen de estas actitudes de encubrimiento y va- sallaje que muchos integrantes de las jerarquías eclesiásticas daban a

1. Levene, Ricardo: Manual de Historia del Derecho Argentino, Ed. Kraft, Buenos Aires, 1952, pág. 269. 2. Gillespie, Alexander, citado por Dereck Foster en El león domado, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1998, pág. 39.

Es oportuno destacar que esta división del clero entre los prelados eclesiásticos que bendecían el poder del invasor y los presbíteros que estaban padeciendo junto al pueblo, se reiteró en Argentina en

los atroces delitos del invasor británico, se produjo un emotivo ac- cionar en sacerdotes del clero secular inferior. El Capitán Alexander Gillespie2 destaca en sus Memorias que, “desde una considerable

distancia, los sacerdotes ejercían sus facultades todos los domingos para alentar a sus fieles a tomar las armas”.

Asociaciones encubiertas

La subordinación ostensible y encubierta de los gobiernos “argen- tinos” de distinto signo ideológico, pero constante en aceptar condicionamientos del gobierno británico y de los poderosos intere- ses financieros domiciliados en ese país, se inició con las Invasiones Inglesas y prosigue cada vez con mayor intensidad hasta el presente. Tan es así que al tiempo que escribimos esto, leemos noticias como las que seguidamente transcribimos:

• Cooperación militar: López Murphy recibió a un Jefe Británico.

“El Ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, recibió ayer al Jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas británicas, Charles Guthrie, que fue acompañado por el embajador Robin Christopher. Junto con el Jefe del Estado Mayor Conjunto, Teniente General Juan Carlos Mugnolo, se analizaron los acuerdos bilaterales de cooperación militar, que dejaron satisfechas a ambas partes” (La Nación, 23/12/2000, pág. 7).

• Informe del Ministro de Economía desde Londres

“El Ministro de Economía, José Luis Machinea, afirmó desde Lon- dres que las reformas emprendidas por el Gobierno (de De la Rúa) conducirán al crecimiento económico. Y... calculó que en el 2003, al final de la presidencia de De la Rúa, el desempleo estará por debajo del 10%.”

los tiempos del tenebroso gobierno del “Proceso” que usurpó el gobierno desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. La instauración de ese gobierno fue presentada por el Daily Telegraph de Gran Bretaña días después del 24/3/1976 como el inicio de “la mejor perspectiva que Inglaterra

había tenido en Argentina después de 1955” (González, Julio C.: Hostilidades británicas contra los gobiernos de Perón, Ed. Ateneo La Unión, Buenos Aires, 1983). Para mantener la conquista económica

de la Argentina por los intereses británicos, desde ese entonces hasta ahora, se consumó la mayor masacre que Argentina ha visto en el siglo XX. La misma comprendió incluso a monjas, sacerdotes de humildes lugares, clérigos y seminaristas de la Orden Palotina, e incluso dos obispos: Moseñor Angelelli, Obispo de La Rioja, y Monseñor Ponce de León, Obispo de San Nicolás.

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Y noticias similares a éstas aparecen en los diarios argentinos to- dos los días. Con los gobiernos ideológicamente más distintos. De

iure o de facto. Nadie se inmuta. Se acepta como lo más natural.

Corresponde por lo tanto establecer la fecha de proveniencia y el

modus operandi continuado de esta influencia de subordinación y va-

sallaje indiscutido que no es común en otros Estados.

Esta situación de subordinación se inició con las Invasiones Ingle- sas. Alexander Gillespie, que integró las fuerzas de la primera inva- sión con el cargo de comisario de prisioneros, en sus Memorias nos trae indicaciones muy precisas. Relata la buena predisposición feme- nina de un sector de la ciudad conquistada, que daba la bienvenida a las tropas inglesas, asomándose a los balcones de las casas, con son- risas que exteriorizaban que el cambio de autoridades y la ocupación de la ciudad no le ocasionaban ningún disgusto. Atilio García Mellid —de quien tomamos estos datos— hace una observación interesante “las mujeres que sonreían –nos dice- eran de casas con balcones, todas pertenecientes a los sectores más acomodados de la ciudad”.1

De seguido, nos reproduce otros párrafos de la obra de Alexander Gillespie que tienen implicancias reveladoras:

“Durante la secuela de estos acontecimientos —señala el relator inglés— pareciera que teníamos en la ciudad algunos amigos ocultos, pues casi todas las tardes, después de oscurecer, uno o más ciudadanos criollos acudían a mi casa para hacer el ofrecimiento voluntario de su obediencia al gobierno británico y agregar su nombre a un libro, en que se había redactado una obligación.”

Gillespie no dice cuál era el contenido de esa obligación, pero más adelante señala su preocupación por custodiar el libro donde se consignaban las obligaciones y la nómina de las personas obligadas al gobierno británico, porque “esos testimonios estaban registrados oficialmente, de modo que si hubieran caído en manos públicas, aque- llos hombres hubieran merecido, cuando menos, confiscación de bie- nes, destierro de su país y, lo más probablemente, cuando se conside- ra el fermento de aquellos tiempos, la masacre de sus hijos por la

plebe desenfrenada”. De este párrafo de Gillespie, extrae García Mellid una conclusión muy importante: “las personas respetables”, en el idioma inglés son los que traicionan, mientras que “plebe des-

enfrenada” es la población que virilmente defiende sus hogares, no

entrega a sus mujeres, y no vende el patrimonio de la patria al invasor (García Mellid, 1957: 60).

El libro de Alexander Gillespie registra la firma de cincuenta y ocho (58) porteños que estamparon la misma como registro de lealtad a S.M.B. y aceptaron ser súbditos británicos. Producido el cambio de gobierno del 25 de mayo de 1810 Alexander Gillespie, al conocerse la composición del mismo en Londres, menciona en una nota dirigida al Honorable Spencer Perceval de fecha 3 de septiembre de 1810, lo siguiente:

“Observo en comparación con la lista de los que componen el ac- tual gobierno (de la Primera Junta) de aquélla ciudad, los nombres de Castelli y Saavedra”.

De éste último dice:

“El jefe es persona muy capaz, que ha visitado Europa y Norteamérica, habla inglés con facilidad y es muy afecto a este país (Gran Bretaña). Es natural de Lima y tiene visión muy comprensiva sobre política y comercio” (García Mellid, 1957: 60).

Esta aseveración oficial del Ejército Británico que nos invadió en 1806, expresada por el Capitán Alexander Gillespie en sus Memo-

rias, descarta cualquier duda que pudiera plantearse sobre el rol de-

cisivo que las sociedades encubiertas y secretas han tenido, desde 1810, en los actos de gobierno de la Argentina. De ahí los fracasos, las ambigüedades y las decisiones irracionales de los signos ideoló- gicos más variados. Una característica nunca estudiada de nuestro país es que todos los conflictos —internos y externos— siempre se

concilian y nunca se definen. Como consecuencia “el bienestar gene-

ral” y la justicia nunca se logran. El delito contra el Estado y sus ciudadanos exhibe una impunidad y un beneficio para los delincuen-

tes que año tras año crecen en progresión geométrica. De ahí la desa-

zón de la ciudadanía y las formas de violencia colectiva que en cier- tas épocas han asumido los sectores damnificados, postergados y es- tafados en sus legítimos derechos y aspiraciones por los gobernantes.

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Tanto los gobernantes de iure o electos, cuanto los gobernantes de

facto. Las promesas electorales de los “políticos” y las proclamas de

los golpes de Estado de los “militares” siempre tuvieron el mismo resultado: el saqueo de los bienes y la destrucción de las vidas de los argentinos. Vasallaje y subordinación permanente en todos los actos de los gobiernos.

Las observaciones efectuadas no son generalidades abstractas e hipotéticas. A lo narrado por el Capitán Alexander Gillespie debe- mos adicionar estos hechos bien concretos e individualizados con nombres, apellidos y domicilios:

• Harry S. Ferns (1974) refiere que Beresford “construyó un tem- plo para una sociedad secreta en la casa de Antonio de Escala- da, que más tarde, en 1812 sería anfitrión y suegro del Teniente Coronel José de San Martín, que se había desvinculado del Ejér- cito Español y arribado a Buenos Aires desde Londres en la fragata inglesa “George Canning”.

• Los nombres de quienes integraban la Junta que asumió el go- bierno el 25 de mayo de 1810, fueron indicados por Alexander Mackinnon, presidente de la British Commercial Room de Bue- nos Aires, como lo demuestra muy bien Liborio Justo.1

• Tres de los seis vocales de la Junta del 25 de mayo de 1810, figuraban en el libro de Alexander Gillespie como obligados al Gobierno Británico (García Mellid, 1957: 60). Entre los mis- mos, reiteramos, vemos con estupor que figuran Juan José Castelli

1. Justo, Liborio: Nuestra patria vasalla. Historia del coloniaje argentino, Tomo I, Editorial Schapire, Buenos Aires, 1968.

2. Lozier Almazan, Bernardo: Beresford. Gobernador de Buenos Aires, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1994, pág. 287. Este autor, en la precisada página, reproduce una constancia documental del Foreign Office que lleva fecha septiembre 4 de 1810 y que dice: “Recibido este día de manos del Capitán

Alexander Gillespie de los marinos reales, un libro conteniendo los juramentos de lealtad a S.M.B., firmados en Buenos Aires en el curso de 1806 por cincuenta y ocho habitantes de esa ciudad, junto con las palabras que los oficiales españoles y criollos del ejército regular y provincial de Buenos Aires, comenzando el 1° de julio de 1806. El mismo para ser depositado en el Foreign Office”. Firmado por

“W. Hamilton” (Subsecretario del Foreign Office). En otro documento del Foreign Office se señala que:

“De los seis miembros que constituyen la Junta originaria de Buenos Aires, tres se registran en esa lista”. (Se refiere a la lista del libro.)

(ejecutor de Liniers en Cabeza de Tigre, Córdoba) y el mismísimo Cornelio de Saavedra, presidente del que ha sido llamado Primer Gobierno “Patrio”.2

Lo referido hasta aquí sobre la conducta especulativa de las auto- ridades eclesiásticas y el quehacer de quienes se sometían por un soborno al gobierno inglés, firmando una “obligación” de obediencia al Gobierno Británico en el libro de Alexander Gillespie y formando asociaciones encubiertas y secretas para tal fin, constituyeron la apa- rición de la más tenebrosa clase política que existió y sigue existien- do en la Argentina, en Hispanoamérica y en Ibero América: los “perduellis.”

¿Quiénes eran los “perduellis”? En Roma se distinguían dos cla- ses de enemigos del Estado: los hostes o enemigos extranjeros que, como integrantes del ejército de otro Estado, atacaban de frente al