La principal presencia del Estado en el sector rural son las escuelas de educación primaria en los corregimientos o caseríos; conocidas en el ámbito educativo como la “Escuela Nueva”. Metodología que requiere una infraestructura y materiales donde se reúnen niños y niñas entre los 6 y 14 años en distintos grados escolares con una o dos profesoras; el manejo operativo está a cargo de la Secretaría de Educación de Bolívar y de la alcaldía municipal. Las escuelas del corregimiento son de mejor calidad que las de los caseríos, porque tiene una estructura escolar formal con rector y varios profesores, hay más ayudas didácticas, y más opciones de compartir entre los profesores y los estudiantes.
En las haciendas de estas dos regiones no hay escuelas, ni interés por parte de los ganaderos en la educación de los hijos de los trabajadores. Ilce Rico, licenciada en preescolar y profesora en un caserío de la sabana, y Juan Gómez, coordinador educativo, opinan sobre la educación que reciben los niños:
Ella dice: en la escuela rural el niño es alfabetizado, aprende a conocer los números, las letras, a
leer y escribir. El opina: a los niños se les instruye para que se defiendan cómo firmar; sí hay educación, pero a un nivel mínimo. Lo más preocupante es que en este sector la mayoría de los niños y jóvenes no quieren ir a la escuela, son obligados por los padres de familia, por el mayordomo, por el dueño de la finca, por el subsidio del gobierno. No está interiorizado como una necesidad u oportunidad que lleve al cambio de vida que llevan hoy.
Figura 28. Habitantes de la planicie aluvial del municipio de Mompox
En este sentido Ferro et al. (1999:198) conceptúan que en sectores rurales […] “estudiar pierde valor cuando no constituye posibilidad real de movilidad social”.
A la precaria educación impartida, se suma la inasistencia a las aulas por parte de profesoras y estudiantes cuando el clima lo impone. Los niños de la sabana deben enfrentar en burro o bicicleta los arroyos crecidos en época invernal; igualmente, en la tierra baja es una odisea asistir a clase todo el año porque los niños deben atravesar en canoas, lo caños y ciénagas, o viajar a pie por la orilla del río Magdalena, salvando los peligros que esto supone a tan tierna edad.
Para que puedan ir a la escuela y evitar accidentes, muchos padres envían los niños a vivir donde parientes o compadres; sin embargo esto tiene sus inconvenientes, según lo relata Yaritza Gulloso, riana, esposa de un vaquero: en esta finca alimento trabajadores, pero
como no hay escuela cerca, las tres niñas estudian primaria en el corregimiento de Guaimaral, allá viven donde unos compadres. Aunque todos los lunes mandamos yuca, pescado, queso, suero para que tengan comida hasta el viernes, no sirve mucho, porque cuando vienen se ven amarillitas, flaquitas, piponcitas. Por eso es mejor vivir en el pueblo, para que estudien y no estén en el monte como uno.
La escuela está asistida generalmente por mujeres. Varios miembros de la comunidad consideraron que la mujer es más paciente y maternal para tratar con tantos niños. Además, en la región piensan que es un rol femenino y opinan que la relación de mujer- niño es mejor que la relación de hombre-niño, porque ella los entiende mejor. La comunidad la considera -aprecia- y respeta; están pendientes de ella, se convierte en una consejera.
La profesora se relaciona básicamente con las madres de familia, y es poco el vínculo que establece con los trabajadores del sistema ganadero. Si van solteras se casan con un hombre que tiene alguna estabilidad económica y reconocimiento en la región. Muchas profesoras son de cada sitio.
Juan Gómez considera: son mujeres que han levantado la mano y han dicho “yo quiero estar
allí”; tuvieron la capacidad de decir “yo quiero hacer un trabajo social”, y tener esa opción de contribuir con la educación de los niños y niñas.
Este panorama muestra en parte cómo se contribuye a profundizar la brecha urbano-rural especialmente en la calidad. Es distinta la educación a la cual tienen acceso ricos y pobres, lo cual perpetúa las desigualdades sociales y de ingresos, lleva a que los habitantes del sector rural continúen desempeñando los oficios que están relacionados con la adquisición de destrezas, como aptitudes que aprenden en el diario vivir.
Según Absalón Machado: en estas regiones la educación serviría para estar mejor, o
incrementar los niveles de acumulación “0”cero que se tienen. Las comunidades muy atrasadas no acumulan y viven de la recolección eso les sirve a los ganaderos para subyugarlos.
La visión de un ganadero y político Aníbal Monterrosa, gira alrededor del beneficio de la ganadería, al analizar sobre el tipo de educación que se debe impartir en el área rural, para hacer más competitivos a los jóvenes y romper con la apatía que sienten por desempeñar labores de campo: a futuro hay que ir concientizando a los jóvenes de que el
trabajo en el campo no es para que lo desprecien; ahí tiene que ver una nueva labor por parte de nosotros mismos, de los educadores. De pronto todos estos colegios agropecuarios deben ir incrementándose. Si en las zonas rurales encontramos unos muchachos preparados, que tengan valores como la responsabilidad, el respeto, la solidaridad (que es importantísima) dentro de la sociedad, y obviamente dentro de la empresa, dentro del trabajo donde ellos estén desempeñándose; yo creo que van a tener unas oportunidades, y ya van a ser mucho mejor remunerados que cualquiera otro de los que están por allí, sin preparación.