3.1 Theoretical considerations
3.1.4 Structuration theory
El paso de la niñez a la edad adulta tiene un periodo de transición conocido como adolescencia. Hurlock (1989) refiere que la palabra adolescencia proviene de del verbo latino adolescere, que significa "crecer" o "crecer hacia la madurez".
Se considera que esta etapa se incia con la pubertad. La pubertad es el proceso que conduce a la madurez sexual o fertilidad, es decir la capacidad de reproducirse. La adolescencia dura aproximadamente de los 11 o 12 años a los 19 o inicio de los 20, y conlleva a grandes cambios interrelacionados en todas las áreas del desarrollo, (Papalia, Wendkos y Duskin, 2005 p.427).
Respecto a la pubertad Hurlock (1989) señala que es un período en que se produce la madurez sexual, forma parte de la adolescencia, pero no equivale a ésta. Comprende todas las fases de la madurez, no sólo la sexual. La pubertad es un período que comparte dos etapas, una de ellas se superpone a la etapa final de la niñez, y la otra a la parte inicial de la adolescencia. La pubertad cursa en promedio 4 años. En los primeros 2 años preadolescencia, el cuerpo se prepara para la reproducción, y en los siguientes 2 años aproximadamente se completa el proceso. En relación a los límites de la adolescencia, el autor agrega que se inicia cuando el individuo accede a la madurez sexual y culmina cuando se independiza legalmente de la autoridad de los adultos. Como promedio, la adolescencia se extiende desde los 13 a los 18 años en las mujeres y desde los 14 a los 18 años en los varones. Dado que hay diferencias entre los patrones de conducta de adolescentes menores y mayores, la adolescencia puede ser dividida en dos períodos, inicial y final, siendo los 17 años la línea divisoria entre ambos (Hurlock, 1989).
La adolescencia inicial para las niñas parte de los 13 hasta los 17 años, según el momento en que se alcanza la madurez sexual, para los varones alrededor de los 14 hasta los 17 años, también acorde con la edad en que el muchacho alcanza la madurez sexual, y la adolescencia final ubicada desde los 17 hasta los 18 años. En ocasiones se emplea el término “juventud” para designar el período final de la adolescencia. Se dice de un adolescente mayor, que es un “joven” o una “joven”, lo cual implicaría que la conducta característica de este periodo podría aproximarse a la de un adulto.
con respecto a los periodos de la adolescencia la postura de Papalia, Wendkos y Duskin (2005, p.428) es que la adolescencia temprana se da aproximadamente de los 11 o 12 a los 14 años, que es la transición de la niñez, ofrece oportunidades para el crecimiento, en las dimensiones físicas, cognoscitiva y social, la autonomía, autoestima y la intimidad.
Los indicadores de adultez que señala Papalia, Wendkos y Duskin (2005, p.427) son; el legal, cuando se cumple la mayoría de edad; la sociológica cuando se es capaz de mantenerse a uno mismo, elegir una carrera o se ha casado formalmente; y la madurez psicológica cuando se logra el pensamiento abstracto.
Teniendo en consideración las diferentes concepciones que pueden relevarse en torno a la adolescencia-clasicas y contemporáneas-, se pueden encontrar algunos rasgos más o menos comunes a ellas, sea desde el punto de vista biológico y fisiológico. En cuanto al desarrollo físico, durante ella se alcanza la etapa final del crecimiento, con el comienzo de la capacidad de reproducción: pudiendo decirse que la adolescencia se extiende desde la pubertad hasta el desarrollo de la madurez reproductiva completa. No se completa la adolescencia hasta que todas las estructuras y procesos necesarios para la fertilización, concepción, gestación y lactancia no han terminado de madurar (Florenzano citado por Davila, 2004, p. 87- 88).
Desde el punto de vista del desarrollo cognitivo o intelectual en la adolescencia, se ha venido caracterizando por la aparición de profundos cambios cualitativos en la
estructura del pensamiento, piaget denomina a este proceso el periodo de operaciones formales, donde la actuación intelectual del adolescente se acerca mas al modelo del tipo científico y lógico. Junto al desarrollo cognitivo se va configurando un razonamiento social, teniendo como relevancia los procesos identitarios individuales, colectivos y sociales, los cuales aportan en la comprensión del nosotros mismos, las relaciones interpersonales, las instituciones y costumbres sociales; donde el razonamiento social del adolescente se vincula con el conocimiento del yo y los otros, la adquisición de las habilidades sociales, el conocimiento y aceptación/negación de los principios del orden social, y con la adquisición y el desarrollo moral y valórico de los adolescentes (Moreno y del barrio, en Davila, 2004, p. 88).
De acuerdo a Hurlock (1989) las tareas evolutivas de la adolescencia son: • Establecer relaciones nuevas y más maduras con pares de ambos sexos,
• Cumplir un rol social masculino o femenino, ,
• Aceptar la propia constitución física y emplear el cuerpo de manera adecuada, • Alcanzar la independencia emocional respecto de los padres y otros adultos, • Convencerse del valor de la independencia económica,
• Elegir una ocupación y prepararse para ella, • Prepararse para el matrimonio y la vida familiar,
• Desarrollar aptitudes y conceptos intelectuales necesarios para el ejercicio de los derechos cívicos,
• Desear y lograr una conducta socialmente responsable,
• Procurarse un conjunto de valores y un sistema ético como guía para el comportamiento.
Estas tareas evolutivas llevan al adolescente a construir su identidad, que es uno de los elementos característicos de la adolescencia.
Este es un proceso complejo que se da en tres niveles simultáneamente: personal, generacional y social. Tiene lugar el reconocimiento de sí mismo, observándose e identificando caractrísticas propias (identidad individual), este proceso trae consigo las identificaciones de género y roles sexuales asociados. Ademas se busca el recnocimiento de un sí mismo en los otros que resultan significativos o que se perciben con características que se desearía poseer, esto constituye la identidad generacional (Davila, 2004, p. 11).
El mismo autor señala que existe un reconocimiento de sí mismo en un colectivo mayor, en un grupo social que define y que determina a su vez en el compartir una situación de vida y convivencia. La identidad refiere obligatoriamente al entorno, el ambiente. Los contenidos que originan la identidad generacional implican modos de vida, particularmente prácticas sociales juveniles y comportamientos colectivos. También involucran valores y visiones del mundo que guían esos comportamientos (Davila, 2004 p. 11).
Krauskopf (1994) en (Krauskopf, 2007) señala que la adolescencia es un período del ciclo vital durante el cual los individuos toman una nueva dirección en su desarrollo, deben elaborar la identidad y se plantea el sentido de su vida, de su pertenencia, de su responsabilidad social y sus metas orientadoras. Los cambios biológicos, sociales y psicológicos llevan a una segunda individuación (la primera es al desimbiotizarse en la relación materna) que moviliza procesos de exploración y diferenciación del medio familiar para resignificar la definición personal y social.
En este contexto el adolescente tiene como un tarea propia de su desarrollo el proceso de construcción de su identidad, la necesidad de diferenciarse de los demás y de sentirse único. Lograr esta tarea traera consigo la conformación del autoconcepto.
Para Hurlock (1989) el autoconcepto se conforma de la siguiente manera:
Auto imagen física: es el reconocimiento y aceptación de las cualidades tales como la altura, peso, color, sexo y las imperfecciones.
Autoimagen psicológica: Se constituye de rasgos tales como la timidez, la honestidad mezquindad y la agresividad.
Autoimagen real: Es una "imagen por reflejo" de lo que el adolescente cree que las personas que importan en su vida (padres, hermanos, docentes y pares) piensan a su respecto tanto física como psicológicamente. Según el trato y la evaluación que merezca de éstos adolescente determinará en grado considerable su propia estimación.
Autoimagen ideal: Es un cuadro de lo que el adolescente quisiera ser en lo físico y en
lo psicológico. Sirve como norma internalizada compuesta de sus esperanzas y aspiraciones basadas en lo que, conforme a su conocimiento, él grupo social tiene en alta estima.
El autoconcepto —como núcleo del patrón de personalidad— es en gran parte responsable de la facilidad o dificultad que experimenta el adolescente cuando trata de mejorar su personalidad, (Hurlock, 1989). De los múltiples factores que influyen en el desarrollo del auto-concepto, a continuación se mencionan:
• Estructura corporal, • Defectos físicos • Condiciones físicas • Química glandular • Vestimenta • Nombres y apodos • Inteligencia • Niveles de aspiración • Emociones • Patrones culturales
• Escuela secundaria y universidad • Status social
Krauskop (1983, p.16) retoma a Fernández Moujan para definir el proceso de identidad en la adolescencia, “Tenemos entonces bosquejadas dos tareas fundamentales del adolescente: la lucha por la reconstrucción de su realidad psíquica (mundo interno) y la lucha por la reconstrucción de sus vínculos con el mundo externo, ambas supeditadas a una tercera básica, que es la lucha por la identidad: reconstruir sin perder de vista un fin fundamental: ser uno mismo en el tiempo y el espacio en relación con los demás y el propio cuerpo.
Hurlock (1989), refiere que las situaciones que los adolescentes pueden llegar a experimentar como problemáticas son los concernientes a su hogar (relaciones con miembros de la familia,' disciplina), a la escuela (calificaciones y relaciones con profesores), al estado físico (salud, ejercicios), apariencia (peso, atractivos físicos, conformación adecuada al sexo), emociones (desbordes temperamentales, estado anímico), adaptación (aceptación por los pares, roles dirigentes), vocación (selección, capacitación) y a los valores (moralidad, drogas, sexo).
Los principales procesos y adquisiciones del adolescente según Krauskop (1983, p.26- 27) se pueden resumir de la siguiente manera:
Sexualidad: se establece, fisiológica y culturalmente, la diferenciación de los roles
sexuales.
Esquema corporal: se enfrenta a las variaciones y cambios físicos con inseguridad
y deseo de afirmar el atractivo y la aceptación sexual, afectiva y social.
Autoestima: se evoluciona desde una valoración dependiente de las figuras
paternales hacia una autoestima basada en en las propias capacidades y confirmada especialmente por la nuevas figuras significativas que lo rodean.
Destrezas intelectuales: se consolida el razonamiento lógico, la conceptualización
abstracta y el énfasis en la reflexión. Se produce el descubrimiento de nuevas necesidades y la exploración de posibilidades de satisfacción y realización personal.
Individuación: se enfatiza fuertemente el sentido de sí mismo, acelerando el
proceso de desimbiotización, mediante el rescate de los atributos y funciones que
estaban depositados en otros (especialmente en las figuras paternales) durante la niñez (periodo particularmente marcado por la relación simbiótica emocional).
Autonomía: el reconocimiento y el prestigio entre los adultos es importante en la
medida en que el adolescente logre no ser considerado como niño dependiente, sino como sujeto emancipado, que apartir de la concierna de sí mismo. También es capaz de hacer aportes, diferenciados y propios, a la vida de los adultos.
Participación social: revisión de creencias y normas; elaboración de valores. Se
procura efectuar aquellas acciones que le permitan extender su expresión personal a un plano social amplio.
Proyecto de vida: evoluciona desde un estilo y proyecto de vida complementario de
la vida familiar, hacia la elaboración de un proyecto existencial propio,, que deberá poner a prueba en la práctica concreta, para consolidar la elaboración de su identidad.
Personalidad: se consolidan importantes dimensiones en la estructuración de la
personalidad, como son la diferenciación sexual, la capacidad de abstracción, la diferenciación del medio a través de la elaboración del status autónomo y la ¡magende de sí mismo emergiendo con un sentido de identidad y un proyecto de vida futura.
De lo antes mencionado se considera a la adolescencia como un segundo nacimiento: donde el individuo nace a la sociedad más amplia e inicia un desprendimiento del sistema familiar.
La búsqueda de diferenciación y las condiciones en que se da pueden ser fuente de grandes riesgos. También pueden constituir una oportunidad, como en el caso de adolescentes que en la niñez sufrieron violencia, que debilitaba su capacidad de
respuesta a las dificultades, o aquellos que sufrieron sobreprotección,
descalificación, ineficiencia parental, deprivaciones, sobrecarga de problemas de diversa índole, o que estuvieron expuestos a adversidades sin recibir apoyo (Wollin y Wollin, 1993, citado en Krauskopf, 2007 p. 32).
En aquellos casos en que la persona ha crecido en un medio disfuncional, la adolescencia es un período de fecundas posibilidades para intervenciones que abran nuevas oportunidades de desarrollo a través de la resiliencia. Ofrece la posibilidad de un replanteamiento de la realidad, una búsqueda y construcción de nuevos vínculos que nutran de aquello que no se recibió en la niñez de acuerdo a Krauskopf (2007 p. 32).