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1.4 Parameters of this research

1.4.1 Structure of the Thesis

Según Sánchez Granjel (1975, 57) la doctrina científica de la enfermedad es una creación de los filósofos presocráticos que tiene sus orígenes en el fondo teúrgico de la cultura aquea. Sabido es que todavía en algunos textos literarios como La Riada a ciertas enfermedades se les atribuye un origen divino; sin embargo, en el siglo VI a.C. los pensadores jonios elaboran ya una concepción del mundo y del hombre desligada de toda religión.

Empédocles desarrolla su doctrina de los elementos recogida posteriormente por Hipócrates, en las colonias de la Magna Grecia y Alcmeón de Crotona concibe la salud y la enfermedad como estados de armonía o disarmonía del organismo humano, como desorden de origen natural, y no como castigo de los dioses: la medicina se emancipa de la religión.

Es importante tener en cuenta la situación geográfica de encrucijada en la que se asienta la confluencia etnológica y cultural de los griegos ya que este hecho permite que una base micénico cretense asimile elementos de otras culturas arcaicas, como la egipcia y la mesopotámica, al mismo tiempo que facilita la influencia de los reinos de Tracia y Lidia.

Parece que la medicina griega tiene sus orígenes en las interpretaciones racionales de los pensadores presocráticos. A. Tovar (1972, 4) hace hincapié en la tendencia de la lengua griega hacia términos neutros y abstractos, desligados de elementos mágicos propios de otras lenguas coetáneas. La palabra, el logos griego, pasa de ser palabra mágica a signo racional apta para el pensamiento como lo demuestran la filosofia y la physiologia, que aparece unida a la experiencia clínica de los sanadores con sus prácticas artesanales. Así, habría que consiconsiderar la medicina en estos primeros tiempos, como una tékhné (lat. ars) que podríamos interpretar y traducir como "práctica técnica con base científica". Ya a finales del siglo VI a.C. encontramos agrupaciones artesanales formando las escuelas médicas de Crotona, Agrigento, Siracusa, Cirene, Rodas, Cnido y Cos.

El texto más importante que conocemos de esta época es el Corpus Hippocraticum, del que tenemos noticia desde el s. III en la Biblioteca de Alejandría. Esta obra parece ser una colección de escritos de diferentes autores y épocas, fundamentalmente de médicos jónicos del s. VI a.C. Según Lain Entralgo (J. M. López Pinero, 1990, 8). la diversidad interna de los tratados hipocráticos se debe a las distintas épocas y escuelas de las que procede. V. Fleischer y F. Kudlien (López Pinero, 1990, 8) opinan que entre el primer texto y los últimos transcurrieron seis o siete siglos.

Los tratados hipocráticos proceden de las escuelas médicas de Cnido y Cos, dos colonias griegas en la actual Turquía. La de Cnido, más antigua, estuvo en contacto con los círculos pitagóricos; la de Cos, los hipocráticos, observaba minuciosamente las semeia o señales de enfermedad, entendía el diagnóstico en el sentido de la posibilidad o no de curar la enfermedad y tenía como recursos terapéuticos la dietética o díaita, los fármacos y la cirugía. Estos tres campos de actividad se mantuvieron durante siglos.

K. Deichgräber y M. Pohlenz (López Pinero, 1995, 8) apoyándose en el Anonymus Londinenses, en testimonios de Platón y en el propio contenido interno de los textos opinan que de este compendio pertenecerían al propio Hipócrates: Sobre los aires, las aguas y los lugares, Las Epidemias y Sobre la enfermedad sagrada, la epilepsia, en donde se rechaza la medicina mágico-religiosa.

Entre los siglos IV y III a.C. Transcurre un periodo intermedio que explica la transición entre la medicina hipocrática y el florecimiento de la alejandrina. De ahí que se conozca esta etapa como periodo posthipocrático. En esta época se desarrollan las escuelas médicas en el sentido que le da Lain Entralgo al término "autoafirmación reflexiva y crítica". El pensamiento aristotélico se utiliza como instrumento intelectual y fundamento científico. Conceptos aristotélicos tan elementales ahora como naturaleza, causa y movimiento o cambio mantendrían su vigencia durante milenios. La Lógica de Aristóteles sería posteriormente consagrada como instrumento u "organon" por Galeno. También influyó en la medicina de esta época la obra biológica de Aristóteles, Sobre las partes de los animales y Sobre la generación de los animales, así como la botánica de Teofrasto, discípulo de Aristóteles, Sobre la descripción de las Plantas, en especial, su taxonomía vigente hasta el Renacimiento.

- EL HELENISMO ALEJANDRINO.

Durante esta época la medicina se traslada desde las ciudades griegas de la metrópoli, Asia Menor y el sur de Italia, a las zonas ocupadas por el nuevo imperio, fundamentalmente a Alejandría, capital del Egipto ptolomeico.

Alejandría había sido fundada en la costa de Egipto por Alejandro Magno, artífice de la unificación helénica, tras la pugna entre las distintas ciudades estados. La medicina vive en esta ciudad un periodo de gran esplendor, particularmente hacia el 300 a.C. y se convierte en centro de formación de los mejores médicos que ejercerán posteriormente en Roma, razón que explica que se mantuviera la lengua griega, y en Bizancio.

Las nuevas circunstancias políticas, sociales y económicas favorecen el cambio de escenario. En el año 280 a.C. Ptolomeo había fundado el Museum de Alejandría, una fundación interdisciplinar con fines docentes e investigadores. Este centro había sido inspirado por Demetrio de Faleron, miembro del Liceo, por lo que la orientación de la nueva fundación seguía siendo aristotélica. Sin embargo, el Museum pretendía contrarrestar la influencia de las escuelas atenienses de ideología antimonárquica. Ptolomeo II Filadelfo fundó posteriormente la Biblioteca, cercana al Museum que llegó a contar con varios centenares de miles de volúmenes y con un gran número de copistas, lo que la convirtió en el centro más prestigioso e importante de su época. Su gran rival era la Biblioteca de Pérgamo, fundada por Eumenes II en el siglo II a.C. Por estas circunstancias la lengua griega se convierte en lengua de cultura y en ella se expresa también la prestigiosa medicina helenística del momento.

La medicina del periodo alejandrino tuvo una vertiente escolástica, representada por Serófilo de Calcedonia, desde una postura antiaristotélica y antihipocrática, y por Erasistrato de Ceos, ambos interesados por la anatomía. La otra vertiente empírica, en contra de las prácticas anatómicas de cadáveres, se dedicó al estudio de la farmacología, la toxicología, la cirugía y al comentario filológico de los textos hipocráticos de contenido clínico y quirúrgico. Dentro de esta tendencia se escribieron varios comentarios sobre los textos del Corpus Hippocraticum, que consistían en una mera

aclaración de los términos, a diferencia de la lectura crética que realizaron Serófilo y Erasistrato. Esta labor lexicográfica y terminológica tuvo una gran trascendencia como podemos constatar en el comentario de Apolonio de Citio al tratado hipocrático "Sobre las articulaciones" (S. I a.C), texto en el que además de parafrasear el contenido, se ilustra con figuras. Posteriormente un médico bizantino del s. IX copió este texto lo que propició que se convirtiera en una de las pocas obras médicas alejandrinas que se conservan completas.

Cuando en Alejandría creció el odio entre judíos, cristianos y alejandrinos, (450 d.C.) los judíos comenzaron a traducir obras del griego al hebreo; algunos fragmentos de estas traducciones se encuentran en el Códicede Asaf Harofé. Algunos médicos judíos se trasladaron a Edessa, Nisibis y Gondishapur y contribuyeron a que la ciencia griega llegara al sirio-arameo a través de sus traducciones.

- LA ÉPOCA ROMANA.

Tras la muerte de Alejandro Magno su imperio sucumbe y cae así en poder del Imperio Romano que lo convierte en provincias. Roma amplía sus límites y se convierte así en heredera y difusora de la cultura filosófica y científica de los griegos. La hegemonía cultural del Imperio Romano es una consecuencia de la expansión y el dominio de Roma por la mayoría de los territorios del centro y sur de Europa a los que se une Egipto. Cronológicamente el Imperio Romano se sitúa entre el s. I a.C. y el siglo VI d.C.

Así pues, en el siglo I a.C. los romanos se apoderaron de los territorios griegos y extendieron su dominio por Egipto y por los territorios del Mediterráneo oriental, a los que se había extendido la cultura helenística, fundamentalmente centrada en Pérgamo y Antioquía que rivalizaban con Alejandría por la primacía científica. La antigua medicina romana era muy primitiva, por lo que, en breve tiempo, se impuso la griega en los nuevos dominios romanos. En un primer momento los médicos griegos fueron trasladados a Roma como esclavos, pero muy pronto fueron llegando libremente a esta ciudad en busca de mayores ganancias. Hasta finales de la Antigüedad casi todos los médicos fueron de procedencia helénica y la lengua de la ciencia y de la medicina continuaba siendo la griega.

La pérdida de esplendor de la Escuela Médica de Alejandría, así como la destrucción de su Biblioteca favorecieron el desplazamiento a Roma de una serie de médicos griegos con experiencia y conocimientos, a partir del siglo I a.C. Por otro lado, la presencia de la teoría médica helénica en Roma se ve favorecida por la influencia de la cultura griega en Sicilia y en el sur de Italia.

Médicos griegos significativos de esta época fueron Asclepíades de Bitina (91 a.C), Ateneo de Atalea, fundador de la escuela neumática que derivó hacia el eclecticismo y Rufo de Éfeso. El eclecticismo médico fue dominante a partir del S.I d.C. Mostrando su oposición a toda sistematización cerrada y su preferencia por aspectos clínicos como podemos comprobar en la obra de Sorano de Éfeso que estudió en Alejandría y ejerció en Roma a finales del s. I d.C. De las treinta obras que se le atribuyen se conservan la Gynaekeia y Sobre las enfermedades agudas y crónicas, obra traducida al latín en el s. IV por el médico Celio Aureliano. La estructura de la Gynaekeia (causas de las enfermedades y técnicas para tratarlas; descripción de las afecciones ginecológicas; cuidados del recién nacido y breve resumen de las enfermedades infantiles) se mantuvo hasta el Renacimiento a través de un complejo proceso de transmisión durante la Edad Media. Otro médico de esta época, Areteo, destaca por sus descripciones de cuadros clínicos como frenitos, manía, melancolía, que mantuvo su vigencia hasta la nosología moderna.

También en este periodo, el latín se mantuvo en un segundo plano como lengua científica ya que la mayor parte de las obras se escribían en griego. El único texto latino importante de esta época De medicina de Aulio Cornelio Celso (s. I d.C.) forma parte de una enciclopedia de todo el saber y parece ser según Kudlien (J. M. López Pinero, 1995, 24) que se trata de una traducción y recopilación de textos de diferentes autores griegos. Otro texto de la época escrito en latín es Compositiones medicae, colección de recetas de un nivel muy inferior a los escritos en griego.

En Roma encontramos a Celso en el siglo I d.C, autor de De re medica, impreso en 1478, y a Galeno de Pérgamo, ambos de gran influencia en épocas posteriores, especialmente durante el Renacimiento.

Mención especial merece la obra de Galeno de Pérgamo por tratarse de la culminación sistemática de la medicina antigua y mantener su autoridad durante quince siglos, hasta la medicina renacentista moderna. Galeno, de origen griego, realizó un comentario y actualización del Corpus Hippocraticum. Su obra, conservada sólo en parte, consiste en una reelaboración de la medicina griega y de la alejandrina a la que se unen las aportaciones de los profesionales romanos y la propia contribución de Galeno, dentro de un método influido por la filosofía aristotélica. Su doctrina médica se mantuvo vigente durante muchos siglos y, con la recepción y aceptación de los grandes médicos árabes como Avicena, contribuyó decisivamente al legado más importante del mundo clásico en los tres grandes ámbitos de la Edad Media: Bizancio, el Islam y la Europa cristiana. Esta obra se imprimió por primera vez en Venecia en 1490 y en la misma ciudad en 1525 en su versión original. En Galeno encontramos pues la tradición hipocrática, el pensamiento de Platón y Aristóteles, los enfoques contrapuestos de diferentes escuelas y sus propias contribuciones. De todos estos elementos hay que destacar la aplicación de la lógica aristotélica como elemento necesario para dotar de rigor científico a la medicina.

En la Baja Antigüedad la trayectoria de la medicina clásica siguió un curso diferente en el Imperio Romano de Occidente y en el de Oriente, con consecuencias para la transmisión de los conocimientos helenísticos del Medioevo. El distanciamiento entre el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente a partir del año 395 se evidencia en el hecho de que mientras la cultura griega retrocede en occidente quedando la lengua griega restringida a pequeños núcleos, en el Imperio Romano de Oriente continúa manteniendo su hegemonía.

Durante los siglos III y IV los médicos griegos fueron abandonando Roma por lo que la medicina quedó, en muchos casos, en manos de legos latinos de escasa formación. Entre sus publicaciones hay que mencionar el Liber medicinales de Quinto Sereno Samónico y Medicinae ex oleribus et pomis de Gargilio Marcial, basados en los capítulos sobre medicina de la Naturales Historia de Plinio, resumidos y provistos de un prólogo contra los médicos: Plinii secundi iuraris de medicina libri tres. Estos textos sirvieron de fuente en la medicina monástica medieval.

Por el contrario, en esta misma época destacan los escritos de una serie de médicos númidas en África Menor. Sus obras, escritas también en latín se basan en Sorano. El médico más importante de la Baja Antigüedad latina fue Celio Aureliano, traductor del tratado de Sorano Sobre las enfermedades agudas y crónicas. Esta producción númida constituyó el punto de partida para los textos médicos de la Italia ostrogoda y la España visigoda, como la obra de Casiodoro y la de San Isidoro de Sevilla, lo que explica el planteamiento metódico de la Alta Edad Media latina.

En Oriente encontramos dos imperios rivales: el Imperio Persa y el Imperio Bizantino, antiguo Imperio Romano de Oriente. En Alejandría, a finales de la Antigüedad, la lengua vehicular era el griego. En otras zonas orientales se empleaba el siríaco, principalmente en la zona turca que servía de asentamiento a los nestorianos, en Siria y en Egipto, como lo atestiguan las traducciones de textos griegos al siríaco. Esta labor debió plantear los problemas derivados de la confrontación entre una lengua indoeuropea, la griega, y otra semítica, en particular en la reproducción de afijos, palabras compuestas, modos y tiempos verbales etc. El Imperio Romano de Oriente, por el contrario, se helenizó progresivamente a partir de su escisión del occidental en el año 395, hecho que repercute en la lengua de la cultura que continuó siendo el griego. El centro médico más prestigioso siguió siendo durante estos siglos Alejandría. En el s.III la corriente dominante fue la metódica bajo la influencia de Sorano. En el siglo siguiente Galeno pasó a ocupar un primer plano a través de Zenón de Chipre, que reunió y ordenó la labor del maestro de forma similar a lo que se había hecho con los escritos de Hipócrates en la época de los Ptolomeos. Oribasio de Pérgamo, discípulo de Zenón, residió gran parte de su vida en Constantinopla y escribió una compilación de la producción de Galeno, con referencias de Ateneo, Arquígenes, Posidonio etc.: Synagogai o colecciones médicas, posteriormente resumidas en una Sinopsis. Estas dos obras sintetizadas sirvieron como punto de partida del galenismo medieval, primero en Bizancio y después en el Islam, tras las versiones del griego al árabe, y por último en Europa occidental cuando los textos médicos griegos, helenísticos, bizantinos e islámicos fueron traducidos al latín.