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Structuring and Scope

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4.4 Download and Installation of the Software

5.1.1 Structuring and Scope

Debo interpolar aquí que a veces no le es necesario al analista señalar y esclarecer la resistencia porque el paciente se encarga de ello espon- táneamente. Estos pasos no van necesariamente en el orden descrito, puesto que los dos sucesos pueden darse más o menos simultáneamen- te. Cuando la resistencia es ya demostrable y clara, estamos listos para interpretar los determinantes inconscientes. Significa esto que tratamos de descubrir los impulsos instintuales ocultos, las fantasías o los recuerdos culpables de la resistencia. (En cuestiones de psicoanálisis es costum- bre designar con el nombre de "contenido" los impulsos inconscientes reprimidos o fantasías o recuerdos arrumbados que determinan un he- cho psíquico dado.) Al analizar el motivo de una resistencia intentare- mos explorar el contenido causante del afecto doloroso que ocasionó la resistencia.

Volvamos al paciente S de la sección 2.6.3, que se puso vergonzoso cuando quiso hablar de su "experiencia conyugal". A fin de entender su embarazo tra- taremos ahora de descubrir qué impulsos, fantasías o sucedidos históricos esta- ban relacionados con lo que manifestaba de cuestiones sexuales. La explora- ción del contenido podría' llevarnos a sentimientos, impulsos y fantasías que se presentaron mientras hablaba en la sesión, a reacciones de_trasferencia o a su historia pasada, o bien de uno a otro. Por lo general dejamos al paciente decidir qué camino tomará y le hacemos una pregunta que deja bastante mar-

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gen, como: "¿Qué se le ocurre cuando piensa en hablar del sexo?" El tímido señor S de la "experiencia conyugal" respondió a mi pregunta y empezó a relatar que lo sexual se consideraba tema sucio y prohibido en su casa, que lo regañaban si preguntaba cómo nacían los niños, y le contestaban que eso no era un asunto propio para un chico decente, etc. Posteriormente superó su timidez con los compañeros de estudio, pero todavía reacciona tími- damente cuando surgen las cuestiones sexuales con un extraño o una persona de autoridad. Esto hizo entonces que él me sintiera como extraño y autoridad. Aunque intelectualmente él sabía que yo debía estar familiarizado con todo ti- po de experiencias sexuales, reaccionaba como si yo fuera muy gazmoño y lo fuera a regañar. Interpreté para él que en el momento en que mencioné lo se- xual me había convertido en figura paterna y él en niñito. Si el paciente no hubiera dejado derivar espontáneamente sus pensamientos hacia mí y hubiera hablado sólo de su turbación en el hogar, yo le hubiera dicho antes de terminar la sesión: "Y ahora usted reacciona como si yo fuera su padre y se turba." El análisis de las resistencias siempre debe comprender el análisis de la resis- tencia de trasferencia, tema que será elucidado en el capítulo 3.

El análisis ulterior de la turbación del señor S al hablar del sexo ocupó un período de varios años. En el proceso de traslaboración descubrimos que sentía como que debía ocultar su interés sexual porque temía ser considerado hiperse- xuado. Esto tenía conexión con los recuerdos infantiles de jugueteos sexuales con sus hermanas y fantasías sexuales en relación con su madre. Sus fantasías masturbatorias estaban relacionadas con la contemplación de "gente mayor" en el coito y después la contemplación de cómo los flagelaban. Tenía también deseos masoquistas, hondamente reprimidos, de ser flagelado, así como una tendencia a identificarse con el papel de la mujer. El señor S sentía gran angus- tia en su relación con los hombres, ya que estaba pleno de impulsos instintua- les, tanto hostiles como sexuales. Además, no estaba seguro de su identidad genérica, de su esencia masculina. Éste es un relato condensado del análisis de los motivos para su resistencia a hablar de lo sexual.

Pero volvamos al análisis del motivo para la resistencia. El paciente es esquivo porque desea rehuir algún sentimiento doloroso. Pero ¿qué contenido, qué material provoca el afecto doloroso? El hombre de la "experiencia conyugal" revelaba el contenido tratando de hablar de lo sexual a pesar de su timidez. En este caso, estaba claro que la causa inmediata de la turbación y la resistencia era el material sexual. Pero hay casos en que no es tan claro ni por qué ni a qué se resiste el pa- ciente. Un paciente a veces está toda una sesión más o menos calla- do, sin dar ningún indicio de lo que está ocurriendo ni por sus reaccio- nes corpóreas ni por sus expresiones faciales.. Según mi experiencia, este caso es raro. El silencio absoluto y la ausencia de expresión corpó- rea y facial parecerían ser indicio de fantasías acerca de la muerte, el coma o un sueño profundo. En las dos ocasiones que sucedió en mi

práctica significaba una combinación de rabia asesina y suicidio (Green- son, 1961).

Supongamos que hemos laborado primeramente con el porqué y que

hemos descubierto el afecto doloroso específico pero todavía no tene- mos indicaciones acerca de lo que lo provocó.

Otro ejemplo: una paciente joven, la señora K, mencionada anteriormente (sec- ción 1.2.4) en su tercer año de análisis, había estado laborando muy producti- vamente y después viene una sesión en que da muestras de considerable resis- tencia. Empieza la hora diciendo que no sentía ganas de acudir a la visita, que no se le ocurría nada, que por qué no le doy alguna indicación acerca de qué podría decir, su vida se desarrolla perfectamente tranquila, su bebé es estupen- do, su nuevo departamento cómodo, tal vez debería seguir adelante sola, en realidad no necesita proseguir el análisis, había ido a una galería de arte y no había comprado nada, tenía cita con un "intelectual", los hombres con quie- nes se encuentra son "intelectuales" o "idiotas" „ , y así sucesivamente, entre- verado el todo con breves silencios. Yo advertía en su tono un dejo de irritabili- dad y fastidio. Por eso al cabo de unos diez minutos intervengo y digo: "Pare- ce usted enojada." Responde: "Creo que sí, pero no sé por qué." Digo: "Al- go la irrita. Tratemos de encontrarlo. Deje usted que sus pensamientos vaguen de acá para allá con la idea 'algo me fastidia'."

La paciente queda callada un momento y luego dice súbitamente: "Oh, ol- vidaba decirle que mi madre me telefoneó la noche pasada desde Nueva York." Entonces procede a contarme la conversación telefónica y sus reacciones a ella con un tono acerado, frío y un ritmo pomposo y espasmódico. La madre le había reprochado el que no le escribiera, y la paciente estaba furiosa, pero se controlaba y sólo actuaba distante y desdeñosamente. Dice con amargura que le enviará a su madre el cheque acostumbrado, pero que la ahorquen si le es- cribe. Pausa, silencio. "No tengo intenciones de volver a enredarme con ella... aunque sé que usted querría... Dice usted que eso sería bueno para mi análisis y quizá tenga razón, pero no puedo, y no lo haré, y tampoco quiero complicar- me con usted."

Guardo silencie. Recuerdo que en la sesión anterior me había hablado de una cita que había tenido con un joven artista, que le pareció interesante y aun fascinante, pero con algo que le repelía. En aquella sesión no descubrimos a qué se debía el sentimiento de repulsión. La paciente pasa a hablarme de su hija de dos años, de cómo le gusta jugar con ella, y cuán hermoso es el cuer- po de la pequeña, no feo como el de una mujer mayor, y cómo le gusta bañar- la. Se detiene y de pronto recuerda un sueño: Era miembro de las mujeres ra- nas que debían ir al puerto de Moscú y grabarse en la memoria lo que vieran bajo el agua. Ésta estaba fría y oscura, pero la protegía su traje de caucho. Había el peligro de que algo estallara y tenía que darse prisa para salir de allí. Tenía la idea de que debía acabar para las cuatro.

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de que /as personas que mueren dormidas mueren a las cuatro de la mañana. Tal vez tema ella que yo muera, porque ha sabido que ando mal del corazón. Cuando despertó, le dolía la bóveda del paladar, seguramente la había estado rozando con la lengua en el sueño. Es éste un problema a cuyo fondo nunca hemos llegado. Le duele el estómago. Se siente tensa. Debiera laborar en esto, pero se siente cansada y deprimida. Silencio. En este punto digo: "En su men- te inconsciente usted tiene miedo de lo que va a hallar bajo el agua. Está asus- tada, por eso se pone el traje de caucho, por eso no quiere tentar las cosas, por eso no quiere enredarse... ¿en qué?"

La paciente piensa un momento y dice: "Tengo la tentación de correr, de volver a ser como antes del análisis, aburrida y vacía. Estoy cansada de pelear y buscar, quiero descansar y no preocuparme. Usted me apremia, y yo quiero que el trabajo lo haga usted. Anteayer tuve una fantasía de que tenía cáncer en la laringe y no podía hablar y entonces usted tenía que hacer toda la labor." Pausa.

Replico: "Usted está enojada conmigo porque yo no le doy gusto, porque no la mimo, porque no soy su madrecita buena." La paciente me grita literal- mente: "No diga esa palabra, no la aguanto. La odio y a usted también. Efec- tivamente, usted quiere ayudarme, pero no quiere hacer el trabajo por mí; yo quiero que sea usted cordial y amable. Y usted nada más trabaja, trabaja y trabaja [pausa]... Supongo que tiene usted razón. Yo quisiera que usted cuida- ra de mí como yo de mi bebé. Sabe usted, ayer, cuando la estaba bañando, Contemplaba sus genitales, su vulva, y parecía tan hermosa, como una flor, co- mo una fruta apetitosa, un durazno. Se la hubiera besado, sólo que sé que eso no sería bueno para ella." Digo simplemente: "¿Para ella?" La paciente prosi- gue: "Bueno, no precisamente para ella, creo que también para mí. Eso me recuerda aquel artista, ya sabe, con el que tuve cita hace unos días. Fuimos a la playa y observé que sus muslos eran muy carnosos y su trasero también, como el de una mujer. Tal vez fuera eso lo que me repugnó." Respondo: "Y la fascinó también. Ése era el puerto peligroso que temía usted hallar bajo el agua. Era de eso de lo que huía." La paciente: "Compré a mi hija un bikini de baño, y se ve tan adorable con él —es rojo vivo— que me la comería: al pie de la letra, me la comería todita."

Ésta es una sesión insólitamente productiva para haber empezado con tanta resistencia. Pero la paciente laboró firmemente en su análisis y concluyó una buena alianza de trabajo. Creo que esto es un excelen- te ejemplo de cómo me gusta buscar las cuestiones motivo de resisten- cia. Si reexaminamos la sesión, veremos que la paciente comprendía su resistencia, no tenía ganas de acudir a la consulta, no quería impli- carse. El primer material de aquella hora no dio indicios definitivos, sólo alguna hostilidad para con los hombres, pero no suficiente para seguir adelante. Entonces la enfrenté a su resistencia y le pedí estable- ciera la asociación con el sentirse enojada. Esto le hizo recordar su con-

versación fría y colérica con su madre y su irritación conmigo. Des- pués recordó su sueño, señal de que la interpretación de la resistencia iba por buen camino. El contenido manifiesto de los sueños de angus- tia muestra limpiamente su temor de descubrir algunos impulsos in- conscientes. El abra simboliza, igual que el agua, la madre. La idea de las mujeres ranas apunta algo hacia la homosexualidad. Después recor- dó también el sueño mientras hablaba de bañar a su hijita. Sus prime- ras asociaciones la condujeron a su miedo y a su deseo de que yo mu- riera. Me necesita y me teme. Se frotaba el velo del paladar, repetición de impulsos infantiles de mamar. Después, más resistencia, y no quiere laborar, y su furia ante mi interpretación de que quisiera que yo fuera su "mamita".

De este modo, en la resistencia vemos volver los impulsos reprimi- dos: el temor de sus infantiles deseos por su madre. Después sus asocia- ciones con su hijita y los francos deseos orales-incorporativos y sexua- les respecto de la vulva de ella. Nuevamente un intento de desplazar su angustia hacia su bebé y vuelta a hacerle ver que huye de sus pro- pios temores. Después la confirmación por su asociación con los mus- los y el trasero de su amigo el artista. Y la confirmación final de vuelta al rojo (rojo Moscú) del traje de baño de su niña y el ansia de devorarla. La respuesta a la cuestión de qué es lo que está evitando la paciente, qué ocasionó el afecto doloroso que la enojó conmigo y con el análisis, es: trataba de evitar sus anhelos sádicos, homosexuales, orales, activos y pasivos respecto de su madre, su hija y de mí mismo. Tales eran los motivos de su resistencia.

Dije anteriormente que al tratar de analizar el motivo de la resisten- cia uno suele empezar por el intento de descubrir el afecto doloroso, porque éste suele ser más accesible al Yo consciente que el contenido que provoca el afecto doloroso. Esto no siempre es así y a veces el con- tenido puede revelarse en la hora analítica antes de que estemos al tan- to del afecto. Nuestra tarea consiste entonces en perseguir el contenido de la resistencia que, si tenemos éxito, iluminará el afecto. Empeza- mos con el material que tenemos a la mano y de ahí pasamos a buscar lo que falta: procedemos de lo conocido a lo desconocido. El siguiente ejemplo ilustra cómo fue conocido el contenido de una resistencia antes que el afecto:

Un paciente llega a su sesión después de haber estado yo fuera una semana. Informa que tuvo unas vacaciones maravillosas mientras yo estuve fuera. Ha- bla con vehemencia de cómo hizo una breve gira por el campo, de cuán des- cansado se sintió, qué bien estuvo con su mujer y sus hijos, cómo pudo hacer

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mucho ejercicio físico y leer mucho. Y después, tras de haberme descrito du- rante cinco minutos lo bien que la pasó en sus vacaciones, se queda sin tener qué decir y súbitamente calla. Yo guardo silencio. Se pregunta de qué había- mos hablado antes de las vacaciones. Pausa. Se pregunta siyo lo recuerdo. ¿Re- cuerdan los analistas lo que sus pacientes les dicen? Otra pausa. Se pregunta dónde iría yo y que haría en esos días. Se pregunta si fui solo o con mi esposa. Cree que yo parecía algo demacrado y pálido en la última sesión antes de mi ausencia. Recuerda ahora haberse preocupado algo por mi salud. Recuerda incluso haber pensado que tal vez yo muriera. Se pregunta si yo habría dejado el nombre de alguien con quien ir en caso de que me enfermara o muriera. Dice todo esto vacilando mucho, y con muchas pausas. Es evidente que se está resistiendo. Es también del todo evidente que lo que evita es hablar con mayor detalle y sentimiento de sus reacciones ante mi ausencia. Por eso le ha- go frente diciendo: "Parece usted reacio a hablar verdaderamente de los dife- rentes sentimientos que tuvo acerca de mí cuando me fui dejándolo a usted en la ciudad." A esto repone rápidamente que sintió mucho que lo dejara, y que eso ya le había sucedido otras veces con anterioridad. Su padre solía salir de vacaciones dejando solos en el hogar a él y a su madre. Después pasa a otros recuerdos, cuando él y su madre se fueron solos y dejaron al padre, cosa que entonces condujo a desear todo género de muertes a su padre. Al final de la hora está claro que los sentimientos dolorosos que trataba de evitar eran sus airados deseos de muerte y su decepción contra mí por haberlo dejado solo.

Propongo esta ilustración a manera de ejemplo de cómo el hecho que motiva la resistencia queda en claro a pesar de la resistencia y se con- vierte así en el punto de arranque para el análisis de la resistencia. Esto conduce entonces a los afectos, impulsos, fantasías y recuerdos.

Nuevamente debe subrayarse que al descubrir el hecho o afecto es- pecífico que desencadenó la resistencia, en este caso el hecho, uno va de la resistencia a la historia de ese acontecimiento, afecto o fantasía particulares en la vida del paciente. Ya empiece uno por el afecto o el acontecimiento o la fantasía, al final llega a la historia de los afectos o acontecimientos o la fantasía. Si así se logra, el analista puede enton- ces volver a la resistencia actual del análisis y señalar al paciente: "Sí... y mi partida parece haber provocado en usted una reacción semejante que usted teme contarme." Una vez más, el paciente comprende que las resistencias que se producen en el análisis son una repetición de los hechos que ocurrieron antes en la vida del paciente. Repitamos: las re- sistencias no son un artificio de análisis, no son creaciones nuevas, sino repeticiones, reediciones de sucesos pasados.

Una nota clínica de importancia que debe reiterarse en este punto es que la causa más frecuente de resistencia es la situación de trasferen- cia. Todos los ejemplos clínicos que he citado lo corroboran, aunque

no siempre lo haya yo puesto de relieve. En igualdad de condiciones, o de oscuridad o ignorancia, de todo lo demás, uno tiene que buscar el origen de la resistencia en las reacciones de trasferencia. Veremos esto más de cerca en el capítulo 3.

2.6.5.2 Interpretación del modo de resistencia

A veces, al tratar de analizar una resistencia, no es el rumbo de explo- ración más prometedor el afecto, el impulso ni el suceso causante. Puede ser que el modo de resistencia, el método o los medios de resistencia, ofrezcan el camino más fructífero para la investigación. Tal puede ser el caso si el modo de resistencia se repite con frecuencia, en cuyo caso tal vez nos las hallamos con un rasgo de carácter. Aunque el análisis del modo no suela ser el primer enfoque del análisis de la resistencia, los métodos típicos y habituales de resistencia tendrán que ser al final el sujeto del análisis, ya que este procedimiento es la puerta para el análisis de las llamadas defensas de carácter. Si el modo de resistencia es extraño y "no corresponde al carácter" del paciente, suele ser un acto sintomático y por lo general más fácilmente accesible al Yo razo- nable del paciente.

Los pasos para analizar el modo de resistencia son los mismos que hemos esbozado para otros aspectos de la resistencia. Ante todo tene- mos que lograr que el paciente reconozca que determinado tipo de com-

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