La cuestión nuclear aparece con regularidad en primera pági- na de los periódicos en relación con Irán y Corea del Norte. Hay formas de tratar con esas crisis continuadas; puede que no funcionen, pero, al menos, se podría intentar. Sin embargo, no se consideran; ni siquiera se informa de ellas.
Tomemos el caso de Irán, que se ve en Occidente —no así en el mundo árabe ni en Asia— como la mayor amenaza a la paz mundial. Se trata de una obsesión de Occidente y es interesante investigar las razones, pero dejaré eso de lado aquí. ¿Hay alguna forma de enfrentarse a la que supuestamente es la mayor amenaza a la paz mundial? En realidad, hay unas cuantas. Una forma, bastante sensata, se propuso en una reunión de los países no alineados en Teherán en 2013. De hecho, solo reiteraban una propuesta que ha estado sobre el tapete durante décadas, planteada en particular por Egipto, y que ha sido aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas.
La propuesta consiste en avanzar hacia el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en la región. Esa no sería la respuesta a todo, pero se- ría un bonito y significativo paso adelante. Y había formas de actuar: en diciembre de 2012 tenía que celebrarse una conferencia internacional en Finlandia, bajo los auspicios de la ONU, para tratar de poner en marcha un plan de esas características. ¿Qué ocurrió? No se encuentra nada de eso en los periódicos, porque solo se informó de ello en la pren- sa especializada. A principios de noviembre, Irán accedió a asistir a la reunión. Un par de días después, Obama canceló la reunión diciendo que no era el momento adecuado.4 El Parlamento Europeo hizo pública una declaración que llamaba a seguir adelante, como hicieron los países árabes. No sirvió de nada.
En el noreste de Asia la historia se repite. Corea del Norte po- dría ser el país más loco del mundo; es desde luego un buen candidato a ese título. Pero tiene sentido tratar de descubrir qué hay en la mente de personas cuya actuación es de- mencial. ¿Por qué se comportan de ese modo? Pensemos qué haríamos en su lugar. Ima- gina qué significó la guerra de Corea de principios de la década de 1950, que tu país que- dara completamente destruido, arrasado por una enorme superpotencia, que además se vanagloriaba de lo que hacía. Imagina la huella que dejó atrás.
Ten en cuenta que es probable que los mandatarios de Corea del Norte leyeran las publicaciones militares de la superpotencia en las que explicaban que como en Corea del Norte se había arrasado todo, se enviaría la fuerza aérea a des- truir los enormes embalses que regulaban el suministro de agua a todo el país; un cri- men de guerra, por el que en Núremberg se dictaron sentencias de muerte, por cierto. Aquellas publicaciones oficiales hablaban con entusiasmo de lo maravilloso que era ver el agua anegando los valles y a los «asiáticos» huyendo para tratar de sobrevivir.5 Las publicaciones estaban exultantes con lo que el ataque significaba para aquellos asiáticos: horrores que no podemos ni imaginar. Significaba la destrucción de la cosecha de arroz, lo cual, a su vez, significaba hambruna y muerte. ¡Qué magnífico! No está en nuestro banco de memoria, pero sí en el suyo.
Volvamos al presente. Hay una interesante historia reciente: en 1993, Israel y Corea del Norte avanzaban hacia un acuerdo en virtud del cual Corea del Norte dejaría de enviar misiles o tecnología militar a Oriente Próximo e Israel reco- nocería el país. El presidente Clinton intervino y lo bloqueó.6 Poco después, en represa- lia, Corea del Norte llevó a cabo una pequeña prueba con misiles, a consecuencia de lo cual llegó, en 1994, a un acuerdo marco con Estados Unidos por el que detuvo la investi- gación nuclear; ambas partes respetaron, más o menos, el acuerdo. Cuando George W. Bush llegó al poder, Corea del Norte tenía, quizás, un arma nuclear y no se podía verifi- car que estuviera produciendo ninguna más.
Bush lanzó inmediatamente su militarismo agresivo y amena- zó a Corea del Norte (el «Eje del Mal» y todo eso), de manera que el país volvió a traba- jar en su programa nuclear. En el momento en que Bush abandonó el poder, Corea con- taba con entre ocho y diez armas nucleares y un sistema de misiles, otro gran logro neo- con.7 Entretanto, han ocurrido otras cosas. En 2005, Estados Unidos y Corea del Norte llegaron a un acuerdo por el cual Corea tenía que poner fin al desarrollo de todas sus ar- mas nucleares y misiles; a cambio, Occidente, sobre todo Estados Unidos, proporciona- ría un reactor de agua ligera para sus necesidades médicas y terminarían las declaracio- nes agresivas. A continuación, firmarían un pacto de no agresión y avanzarían hacia la reconciliación. El acuerdo era muy prometedor, pero casi de inmediato Bush lo socavó. Retiró la oferta del reactor de agua ligera y puso en marcha planes para obligar a los ban- cos a dejar de efectuar transacciones norcoreanas, incluso las perfectamente legales.8 Los norcoreanos reaccionaron reactivando su programa de armas nucleares. Y así han ido las cosas.
El patrón es bien conocido y aparece continuamente en los medios de comunicación especializados de la corriente principal; dicen: «Es un régimen muy loco y su política es la del ojo por ojo. Haz un gesto hostil y responderemos con al- gún gesto hostil demencial. Haz un gesto reconciliador y lo devolveremos de alguna ma- nera.»
Últimamente, por ejemplo, ha habido ejercicios militares con- juntos entre Corea del Sur y Estados Unidos en la península de Corea. Desde el punto de vista de Corea del Norte debían de parecer amenazadores, y a todos nos lo parecerían si se hubieran realizado apuntando a nosotros, en Canadá. En el curso de esos ejercicios, los bombarderos más avanzados de la historia, B-2 y B-52, llevaron a cabo ataques furti- vos con bombas nucleares simuladas justo en la frontera de Corea del Norte.9
Seguramente esos ataques dispararon las mismas alarmas que tiempo atrás. Los norcoreanos recuerdan algo del pasado y por eso reaccionan de manera muy agresiva y extrema. Sin embargo, lo que llega a Occidente de todo eso es lo locos y lo espantosos que son los dirigentes de Corea del Norte. Sí, lo son, pero eso no es la historia completa. Así es como va el mundo.
No es que no haya alternativa. Es que no se adopta ninguna alternativa. Es peligroso. Así que la imagen que se me dibuja del mundo no es bonita; a menos que la gente haga algo. Siempre podemos hacer algo.
Notas
1. Declaración de Hugo Chávez ante la LXI Asamblea General de Naciones Unidas, 20-0-2006, http://www.un.org/webcast/ga/61/pdfs/venezuela- e.pdf.
2. National Security Archive, «Kissinger Gave Green Light for Israeli Offensive Violating 1973 Cease-Fire» (comunicado de prensa), 7-10-2003, http://nsarchive.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB98/press.htm.
3. Jones, Nate, «The Able Archer 83 Sourcebook», National Security Archive, 7-11-2013, http://nsarchive.gwu.edu/nukevault/ablearcher/.
4. Kestler-D’Amours, Jillian, «Opportunity Missed for Nu- clear-Free Middle East», Inter Press Service, 2-12-2012.
5. Sobre los bombardeos de embalses como crimen de guerra, véase por ejemplo, Kolko, Gabriel, «Report on the Destruction of Dikes, Holland, 1944- 45 and Korea, 1953», en Duffett, John (ed.), Against the Crime of Silence: Proceedings of the Russell International War Crimes Tribunal, Stockholm and Copenhagen, 1967, O’Ha- re Books, Nueva York, 1968, pp. 224-226.
Véase también Halliday, Jon y Cumings, Bruce: Korea: The Unknown War, Viking, Nueva York, 1988, pp. 195-196.
Véase también Chomsky, Noam, Towards a New Cold War: Essays on the Current Crisis and How We Got There, Pantheon, Nueva York, 1982, pp. 121-122.
6. Oded Granot, «Background on North Korea–Iran Missile Deal», Ma’ariv, 14-4-1995.
7. Kaplan, Fred, «Rolling Blunder: How the Bush Administra- tion Let North Korea Get Nukes», Washington Monthly, mayo de 2004.
8. Sinha, Shreeya, y Beachy, Susan C., «Timeline on North Korea’s Nuclear Program», The New York Times, 19-11-2014.
Sigal, Leon, «The Lessons of North Korea’s Test», Current History, 105, núm. 694, noviembre de 2006.
9. Gertz, Bill, «U.S. B-52 Bombers Simulated Raids over North Korea During Military Exercises», The Washington Times, 19-3-2013.