• No results found

Table 3.4.2 Treatment Sequence

4.6 Students’ responses in the questionnaire

Las constricciones se convierten en el potencial para desarrollar los proyectos y es lo que explica las oscilaciones que encontramos en su obra entre subjetividad y sistema, y la idea de que la arquitectura saca sus fuerzas de las constricciones. Es el propio sistema que extrae sus potencialidades de sus limitaciones.

Una de las dificultades (es decir, una de las oportunidades) del trabajo del arquitecto reside en su capacidad de desenvolverse simultáneamente en varios planos distintos, superpuestos y múltiples. La diversidad y complejidad, derivada de esta superposición de planos, no es el resultado de un ejercicio de voluntad, ni siquiera de una intuición, sino que es una consecuencia de nuestra época, un eco más de la vida que nos ha tocado vivir.

Pues, perdida la fe en el poder de la voluntad (individual y colectiva) sobre lo real, el trabajo del arquitecto se refugia en el pensamiento de afuera, en el extrañamiento, para poder convocar una creatividad.

La forma de procesar su pensamiento, su postura ante el hecho de hacer arquitectura, se sustenta por la fascinación por la potencialidad, por aquello que está por descubrir, fruto del enfrentamiento al reto que plantea la resolución de todo proyecto. A menudo hablan de que su arquitectura procede de un conjunto de reglas precisas, un tablero de juego en el que aparecen simultáneamente el orden y la libertad. Entendiendo que el orden no es algo limitador sino todo lo contrario. En el orden es donde encuentran la mayor capacidad expresiva, ofreciendo unas

Planos del proyecto del Museo de Zamora y fotografía exterior del edificio.

Proyecto del Museo de Bellas Artes de Castellón.

Esquema del desarrollo del sistema geométrico en planta del MUSAC.

reglas de juego que preservan el valor del conjunto, sin por lo tanto limitar las individualidades y potencialidad de cada elemento. El MUSAC tiene un tablero de juego preciso formado por la combinación de dos piezas, un cuadrado y un rombo, que se repiten indefinidamente, trenzados como una tela. Cada pieza es parte integrante de un mismo sistema pero tiene también la posibilidad de poseer carácter propio. Cada pieza es por lo tanto igual y diferente. Es un campo abierto formado por una figura matemática donde cada parte se relaciona con las otras una a una, pero también todas entre sí. La reglas del juego marcan las restricciones, puesto que cada movimiento tiene necesariamente implicaciones y consecuencias, pero sin embargo mantiene también una total libertad y autonomía. El Museo de Cantabria parte también de un mismo principio, un sistema expresivo formado por la combinación, no ya de dos piezas, sino por el engranaje de un único trapecio. Sus perfiles están singularizados de la planta, adquiriendo independencia y autonomía al crecer para arriba. La construcción parece haber surgido de un acuerdo colectivo que respeta las individualidades de cada cuerpo que forma el conjunto.

Mansilla y Tuñón piensan que queda aún mucho por investigar en esa área intermedia entre racionalidad y subjetividad, entre lo que ellos denominan “el funcionalismo del movimiento moderno y el organicismo de la posguerra”. La posición de Mansilla y Tuñón, como la de otros arquitectos de su misma generación, marca en cierta forma una ruptura con la generación anterior en la forma de abordar el lugar y en general la práctica arquitectónica. No abordan la arquitectura de una forma historicista, lineal; prefieren entender el lugar y el proceso en el cual se inscriben sus obras como una estructura rizomática, flexible, abierta al contexto de la cultura contemporánea. Buscan una arquitectura que mira más bien su entorno como un paisaje en continuo movimiento, alejándose de la idea de un entorno formado por un conjunto de etapas precisas, marcadas, organizadas y jerarquizadas que hay que respetar. Cuando se refieren a su forma de trabajar, hablan de un método

disciplinar, no sólo porque utilizan las herramientas de su propia disciplina, sino

también para indicar que sus proyectos son el resultado de ejercicios formales basados en una serie de reglas internas de juego, las cuales permiten ir resolviendo los problemas que van surgiendo a lo largo de todo el proceso de un proyecto. Citan como ejemplo el proyecto para el concurso del Centro Social de Sabadell, en el que los arquitectos integran los cuatro elementos del programa (un hotel y centro de congresos, un recinto ferial, un centro cultural y un centro comercial) en cuatro volúmenes idénticos. “Es un proyecto de elementos muy sencillos, en el que nos

impusimos una regla de juego muy estricta: ¿Cómo resolver un programa en la que las piezas son iguales por fuera y diferentes por dentro?”.36 Esta forma de trabajar,

como si de un juego se tratase, se relaciona con gran parte de la vanguardia artística y arquitectónica de los años sesenta y setenta, que se basaba entre otras cosas en una ausencia de compromiso directo casi científico. David Cohn en su artículo “Razón y Forma”37 habla de ello de forma muy significativa: “El arquitecto adopta la posición de un observador ajeno al proceso creativo, un investigador que lleva a cabo una especie de experimento científico formal. El escenario y el alcance del experimento se aísla y define mediante una serie de parámetros 36 Cohn, David. “Razón y Forma”, 2G - Revista internacional de arquitectura, n° 27, 2003, pp. 7-8. 37 Ibídem.

Esquemas, planos y montajes para el proyecto del Museo de Cantabria.

limitados, el juego se pone en marcha y se observan y analizan los resultados. (…) Aunque los resultados no sean científicos en el sentido estricto del término, se puede considerar que ofrecen una contribución objetiva, cuantificable y verificable al avance de la arquitectura como lenguaje formal colectivo, como algo opuesto a la mera expresión personal”.