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Students know and understand the processes and interactions of Earth's systems and the structure and dynamics of Earth and other objects in space.

La Filosofía Trascendental muestra a la unidad permanentemente relacionada con la Fuente del Ser. La experiencia se basa en la relación de la referencia propia entre el elemento permanente del Ser, siempre presente, que asciende en pensamiento y forma de la base del otro “Yo” en el “Yo” actual. Pensar es relacionar la identidad que se mantiene detrás de la mente. Los eventos tienen lugar en el tiempo por el conocimiento externo del tiempo. El mundo físico se relaciona por la experiencia y la subjetiva realidad del pensador.

En esta “relación” de pensamiento, el ser implica a la experiencia, con la Unidad como base o fuente. Este elemento permanente, permanece por reflejo de la Luna en el sendero del Árbol de la Vida que une al Microprosopus con el Macroprosopus, su fuente, simbolizado por el Río de la Vida “Nahar” que fluye desde el Edén superior, o Ser Espiritual, o Microprosopus, o Ser manifestado en el tiempo.

Cuando la relación es subjetiva, la base mantiene una apariencia oculta natural y metafísica como he ilustrado. En otra palabras, que se mantiene detrás de la mente (en el inconsciente), siempre relacionada con la Unidad Universal. La relación permanente de la fuerza manifiesta como pensamiento es el Rio de la Vida que se desarrolla en los Cuatro Elementos del Ser: Espíritu, Alma, Mente e Instinto.

La emanación de la Vida o Espíritu, la Sephira, el Sepher Yetzirah, se extiende a través de todas las cosas. A través del Poder de Dios y la existencia de todos y cada uno de los seres, desde la fuente de la fuerza hasta los elementos; todo tiene su origen en el Espíritu Santo. Dios es la materia, la esencia y la forma del Universo, fuera de El nada puede existir.

La sugestión llega cuando no podemos definir nada de la fuerza que mana del Río de la Vida, en la permanente relación con el “Yo” nace lo que metafísicamente conocemos como pensamiento. El concepto de la fuerza centrífuga inherente a la fuerza centrípeta, no nos ayudará a llevar la involución inherente a la evolución, porque la evolución y el desarrollo es un efecto secuencial continuo de la involución.

a un polo negativo, la corriente regresa a su misma fuente. Una base positiva y universal del cerebro, sabe que la electricidad no es nueva. La electricidad tiene una fuente en el mismo condensador de la Tierra. Los experimentos de Edison, y los del observatorio de Greenwich, demuestran que las tormentas eléctricas son parecidas a los rayos del Sol, la energía central, incluso los mineros del carbón dependen del estado del Sol. El magnetismo es un efecto eléctrico. Un paso de corriente por una hora de acero convierte a esta en un imán. Un cable con corriente eléctrica, induce dicha corriente a cualquier cable cercano.

La acción del Sol en la Tierra obedece a una ley. La presencia de electricidad en nuestra Tierra, que es polar, da lugar a los polos negativo y positivo, a la atracción y rechazo de fuerzas, es decir, a las corrientes centrífuga y centrípeta. La Aurora Boreal y la Corona Solar, probablemente tiene los mismos efectos orbitales. El magnetismo opera invisiblemente en muchos materiales. Y si las esferas del Sol y la Luna son magnéticas, es posible que la nuestra también lo sea. Madame Blavatsky la describe como un áurea magnética, un efluvio psíquico de la mente y el cuerpo que forma parte de éste. Electro-Vital y Electro-Mental.

Con estos ejemplos hemos visto como la fuerza invade al Universo, coexistiendo con el Todo, interrelacionándose con la Unidad, y manifestándose en todos y cada uno como una ley universal.

Esto nos sugiere el Sepher Yetzirah. Los cuatro planos del Ser se distinguen, pero no se separan, la unidad del Ser no puede ser dividida. El Sepher Yetzirah lo dice, todos los Elementos del Ser tienen una fuente de forma superior de espíritu, forma y sustancia. La ley de la Uniformidad dice que todos estos elementos coexisten en la Unidad como en lo Universal, tanto en el Microcosmos como en el Macrocosmos. Quizá por ello consideramos que por los Cuatro Mundos desciende la Unidad, desde su fuente original circularmente, encontrando un vehículo en cada plano, elemento y lugar.

¿No se encuentra la Rueda de la Vida en la puerta de la Bóveda?. simbolizando la coexistencia de los cuatro elementos en la Unidad. La Unidad nunca puede ser separada sin provocar el caos. Esas cuatro criaturas son el espíritu, el alma, la mente y el instinto, pero es evidente que no coexisten en cada unidad, porque representan los lugares que va ocupando el Ser en el Mundo, descendiendo de uno a otro.

Estos estados descendientes de la Unidad encuentran un proceso paralelo en la mente. Cada pensamiento tiene sus aspectos objetivo y subjetivo, y ambos provienen del Ser, pasando por Atziloth, Briah, Yetzirah y

Assiah, retornando al Río de la Vida en ambos aspectos.

Esto sucede porque la forma se toma en Briah de un Atziloth que no alcanzamos a concebir más que metafísicamente, pasa por Yetzirah aún sin concreción, y finalmente llega a Assiah, como un reflejo material y temporal de su fuente original por el Río del Pensamiento y de la Vida.

Esto origina una dualidad de la voluntad que concebimos en Bien y Mal, por el aparente conflicto que existe entre el Río de la Vida y las limitaciones del hombre. Pero estas son sólo una manifestación de la Vida del Uno Universal, equiparable al Primum Mobile del hombre. El conflicto entre las partes implica únicamente la búsqueda de la armonía, y así es como encontramos la manifestación del Río de la Vida.

La relación entre las células y el cuerpo es la integración de la forma que la Unidad ha dado a nuestro Primum Mobile, relación paralela a la que existe entre el Universo Manifestado y el Gran Universo de la Unidad. Ambos son una manifestación objetiva del plano arquetípico, y la apariencia entra en conflicto con la Unidad y de ahí nacen el Ateísmo, el Materialismo, la Evolución y la Determinación.

El conflicto entre las unidades de manifestación y su determinación es probablemente tan real como la que existe entre las vidas y las voluntades. A unas les corresponde la experiencia y a otras la creación de las formas en donde se desarrolla dicha experiencia, ambas particularizan su concepción del Universo, pero ambas apuntan hacia la reunificación de la Unidad. La Unidad de la Vida, o el Primum Mobile del Hombre. Unas construyen el caparazón y las otras controlan la acción del Primum Mobile y el Río de la Vida.

Comentario

A estas alturas, y después de una exposición tan concisa, al hombre siempre le asaltan nuevas dudas: ¿Quién fui antes de ser humano?. ¿Y quién seré cuando deje de serlo?.

Todo lo que me dicen está muy bien, pero qué hay además del hidrógeno, qué hay más allá de la última subdivisión del átomo y qué hay más allá de todas las estrellas, del espacio y del Universo.

Y qué hay más allá de todos los senderos de todos los Planos inferiores y superiores. Qué hay más allá de Atziloth, el Plano Arquetípico; y qué hay más allá de Assiah, el Plano Material. Que hay más allá de todos los Assiah y de todos los Atziloth.

Todos los Altísimos Unos, todo luz, todo belleza, todo bondad, todo rectitud, el todo continuo.

Pero qué papel juega el hombre en todo ello, cómo puede enfrentarse a la idea de lo infinito. Cómo puede aceptar que tarde o temprano perderá su ego, su identidad.

Para esta sensación de desamparo se han encontrado diversos paliativos, pero en realidad es muy difícil que el hombre llegue a concebirse en una infinidad sin un ego que le identifique individualmente. El hombre siempre se separará de los demás en el río de la vida, sobre todo cuando siente amenazada la existencia de su ego por un Plan Divino que supedita fatalmente su libre albedrío.

En cierta forma es un alivio el que esté tan lejos el que lleguemos a la perfección, porque a fin de cuentas el Todo y la Nada, en el infinito de la eternidad es lo mismo.

Primero hemos de llegar a ser hombres perfectos, nuestro móvil primario, en unos cuantos cientos de vidas. Después deberemos de llegar a ser ángeles perfectos. Más tarde arcángeles, luego dioses, en el más ideal de los ideales arquetípicos, para finalmente reunimos, o perdernos en el Todo, como gotas de agua en el mar.

El hombre piensa para que eso, afortunadamente, falta mucho, pero muchísimo tiempo, como para alejar ese sentimiento de desamparo, que no tan lejos, nos promete la muerte sin esperanza de una vida posterior.

Y eso es lo que desea el hombre, mantenerse trascendentalmente vivo después de la muerte, pero con identidad y conciencia, es decir, separado y con libre albedrío.

Sólo con los orientales, al menos así lo reflejan en sus culturas y en sus religiones, aceptan sin temor la idea de perder sus egos en las profundidades de la luz del Dios Total.

Lógicamente, todos aquellos que aceptaban mejor esta idea a finales del siglo XIX, apostaron su espiritualismo en la Teosofía, mientras que los que no aceptaban la idea, se decantaron por sociedades como la Rosa Cruz, más pragmáticas e individualistas.

La catarsis espiritual fue tan fuerte en aquellas épocas, que la mayoría regresaron, o siempre mantuvieron un pie dentro de las religiones oficiales, que les ofrecían una espiritualidad más cómoda.

ROL DE VUELO N° XXIV