En la tercera parte del libro el autor expone la solución escéptica a la paradoja del seguimiento de reglas de §201 y para ello suma a su análisis las observaciones sobre el argumento del lenguaje privado de Wittgenstein58. Kripke comienza diciendo que no hay
respuesta al reto escéptico porque ―No puede haber nada que sea el querer decir algo mediante una palabra‖ (Kripke 1982, 69). Por lo tanto, cada aplicación nueva de la regla puede hacerse concordar, según una interpretación, con otra regla. Por eso el autor dice que no habría concordancia ni desacuerdo, citando el parágrafo §201 de las Investigaciones.
Ahora bien, luego de afirmar que la paradoja wittgensteiniana queda sin respuesta, Kripke hace referencia a dos proyectos filosóficos que se relacionan con el problema escéptico subyacente al problema del seguimiento de reglas. Estos son los proyectos de W. V. Quine y de Nelson Goodman59. En el presente escrito no ahondaremos en las
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En la introducción Kripke dice que al contrario de lo que señalan las interpretaciones clásicas de Wittgenstein, el argumento del lenguaje privado no comienza en §243 sino en las secciones precedentes y que no se ocupa solamente del problema del lenguaje de la sensación. Por lo tanto, las secciones que siguen a §243 deben leerse teniendo en cuenta la discusión anterior (Cf., Kripke 1982, 12).
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Respecto de Quine, el autor dice que las tesis de ―…la indeterminación de la traducción y la inescrutabilidad de la referencia ponen también en cuestión que haya hechos objetivos constitutivos de los que queremos decir‖ (Kripke, 1982, 69). Sin embargo, hay grandes diferencias entre Quine y Wittgenstein, pues el primero es un conductista que considera que las concepciones del mundo interno necesitan ser refutadas. Para Quine los problemas semánticos deben entenderse como problemas de disposición de la conducta (Cf., Kripke, 1982, 70). En este sentido, Quine considera que el aprendizaje de un término puede explicarse atendiendo solamente al condicionamiento estimulativo (oraciones observacionales). Sin embargo, el problema para Wittgenstein es si hay algo que determina lo que el alumno debe hacer en el futuro cuando aplica la regla (Cf., Kripke 1982, 70).
Para Kripke, Quine no puede asumir el problema normativo de las reglas tal y como lo plantea Wittgenstein, ya que lo que el alumno quiere decir con el término ―cuás‖ se determina por la disposición que tiene en su conducta. De hecho, Quine intenta mostrar que ―…aun si las disposiciones se concibieran idealmente como infalibles y abarcadoras de todos los casos, hay todavía asuntos de interpretación que quedan indeterminados‖ (Kripke 1982, 72). Esto se manifiesta mediante los enunciados teóricos y los
53 anotaciones que Kripke hace al respecto, pues nos desvían un poco de la presentación de la solución escéptica. Por ello, continuaremos con el análisis de los argumentos del autor.
Kripke continúa su análisis acerca de la paradoja wittgensteiniana ratificando su radicalidad y originalidad:
Wittgenstein ha inventado una forma nueva de escepticismo. Personalmente, me inclino a considerarla como el problema escéptico más radical y original que hasta la fecha ha visto la filosofía, algo que solo un modo de pensar enormemente fuera de lo común pudo haber producido. Por supuesto, lo que Wittgenstein pretende no es dejarnos empantanados con su problema, sino resolverlo: la conclusión escéptica es disparatada e intolerable (Kripke 1982, 73).
Esta cita evidencia la importancia que tiene para Kripke la manera en que Wittgenstein aborda el problema del seguimiento de reglas, pues precisamente allí es donde expresa su escepticismo filosófico. Sin embargo, Kripke sostiene que el problema sí tiene una respuesta, es decir que es posible encontrar una salida que aunque escéptica responde al reto planteado por el escéptico60. De lo contrario, quedaríamos atrapados en la cadena interminable de interpretaciones dudosas. La respuesta al problema se encuentra en el argumento de Wittgenstein contra el lenguaje privado. No obstante, este
ejemplos del conejo (gavagai) de la tribu cuya interpretación o referencia queda sin fijar, ―incluso dada
una interpretación fija de nuestras oraciones como totalidades y dadas, naturalmente, todas nuestras disposiciones ideales a la conducta…‖ (Kripke 1982, 72).
Ahora bien, la discusión con Nelson Goodman sobre la inducción tiene estrechas relaciones con el trabajo de Wittgenstein. Goodman se interesa por una duda escéptica acerca del significado cuando presenta sus análisis acerca del nuevo enigma de la inducción (Cf., Kripke 1982, 72). Incluso Kripke considera que no se puede comprender el problema de la inducción sin comprender los problemas de seguimiento de reglas de Wittgenstein. Esto porque la pregunta por la inducción — ¿cómo saber si la hierba es verde en el futuro a partir de un caso pasado análogo?—debe plantearse como una pregunta acerca del significado: ―¿Cómo saber que en el pasado no quise decir ―verdul‖ mediante ―verde‖, demodo que ahora debo llamar ―verde‖ al cielo, no a la hierba?‖ (Kripke 1982, 72).
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Finkelstein dice, a propósito de la solución escéptica de Kripke, que sugiere más de una respuesta a la cuestión, ya que por un lado, le adjudica a Wittgenstein la afirmación de que no hay hechos que puedan determinar si quise decir ―más‖ o ―cuás‖. Pero por otro lado, Kripke le adscribe una concepción deflacionista de los hechos (Cf., Kripke 1982, 86). Asimismo, dice Finkelstein, Kripke dice que no negaría el uso ordinario de una frase como ―Jones quisiera decir ‗adición‘ con tal y tal símbolo es apropiado‖ (Cf., Kripke 1982, 69). Hay entonces ―…una tensión que dificulta que veamos dónde quiere llegar la ‗solución escéptica‘‖ (Finkelstein 2010, 92).
54 argumento debe verse, necesariamente, como parte del problema del seguimiento de reglas, de no hacerlo podría leérselo equivocadamente (Cf., Kripke 1982, 74)61.
El problema principal que encierra el argumento del lenguaje privado no es:
―¿[C]ómo podemos mostrar que el lenguaje privado —o alguna otra forma especial de lenguaje — es imposible?; sino más bien: ¿Cómo podemos mostrar que un lenguaje absolutamente cualquiera (público, privado, o lo que sea) es posible?‖ (Kripke 1982,
75). En la base de este interrogante se encuentra el problema escéptico que, en últimas, cuestiona la inteligibilidad de todo lenguaje (Cfr., Kripke 1982, 75). Esta afirmación se conecta directamente con la formulación, hecha por Kripke, en el apartado anterior, de que el significado parece desvanecerse. Vemos entonces que la conclusión de Wittgenstein sería, en un primer momento, cuestionar la posibilidad de criterios correctivos externos que permitan determinar el significado de un término. Su opción sería entonces el escepticismo62. Asimismo, incluso en la sección §§183-19363 y en la
61García Suárez no está de acuerdo con esta afirmación de Kripke, pues: ―…lo que Wittgenstein exige
para adscribirle una práctica a un individuo es que haya un uso estable por parte del sujeto en cuestión. Esta exigencia excluye la posibilidad de que se siga una regla solo una vez. La noción de seguir una regla
conlleva la de una pluralidad de usos de esa regla. Pero no requiere una pluralidad de usuarios. La
imposibilidad de un lenguaje privado, no se deduce, pues, de las consideraciones sobre seguir una regla‖ (Suárez 1999, 88).
62 Antes de desarrollar su análisis del argumento del lenguaje privado como solución escéptica a la
paradoja, Kripke hace algunas anotaciones acerca del escepticismo de Wittgenstein. Para ello, se remite a los proyectos de Hume y Berkeley como modelos clásicos de escepticismo filosófico. Kripke comienza enunciado las analogías que se pueden encontrar en los proyectos de Wittgenstein y Hume. Una de las más significativas es que ambos desarrollan una paradoja escéptica que cuestiona un nexo entre pasado y futuro:
Wittgenstein pone en cuestión el nexo entre las «intenciones» o los «significados» pasados y la práctica presente: por ejemplo, entre mis «intenciones» pasadas con relación a «más» y mi cálculo presente «68+57=125». Hume pone en cuestión otros dos nexos relacionados entre sí: el nexo causal por cuya virtud un acaecimiento pasado hace necesario otro futuro, y el nexo inferencial inductivo del pasado al futuro (Kripke 1982, 76).
Si bien hay algunas coincidencias estructurales en el tratamiento de los problemas en ambos, Kripke dice que estos proyectos son independientes y muy distintos. Wittgenstein hace una crítica a las versiones empiristas de los estados mentales. Es más, el filósofo vienés nunca aceptaría ser un escéptico como si lo aceptó Hume (Cf., Kripke, 1982: 76). Además el escepticismo de Hume se muestra en sus explicaciones escépticas de las creencias y en los análisis escépticos que hace de las nociones comunes (Cf., Kripke 1982, 77).
Ahora bien, Kripke presenta rápidamente el proyecto de Berkeley para mostrar las similitudes con el tratamiento que hace Wittgenstein del problema del seguimiento de reglas. Como sabemos, Berkeley niega la existencia de la materia y de los objetos externos a la mente. Esto a simple vista parecería ser una negación del sentido común, sin embargo no lo es, pues Berkeley, al igual que Hume, hace un análisis
55 paradoja escéptica se refuta la visión primitiva del significado como intención. Por consiguiente, lo que el argumento escéptico va a refutar es, precisamente, la idea de que hay algo en el estado mental del alumno que le permita diferenciar entre ―más‖ y ―cuás‖
(Cf., Kripke 1982, 79)64.
Hasta el momento Kripke ha dejado claro: (1.) que Wittgenstein no se denominaría a sí mismo un escéptico y (2.) que el argumento o solución escéptica intenta refutar la idea de que el significado correcto de un término se determina recurriendo al estado mental de quien lo usa.
Posteriormente, Kripke define qué sería una solución escéptica en contraposición a una solución que él llama directa. Una solución directa es aquella que proponiendo una alternativa demuestra que el escepticismo sobre el problema filosófico era injustificado (Cf., Kripke 1982, 79). Este tipo de solución se encuentra, por ejemplo, en Descartes cuando frente a todo lo que puede poner en cuestión, con ayuda de un genio maligno que podríamos identificar con el escéptico, sostiene una única certeza: el ego cogito. Por el contrario, una solución escéptica de un problema es totalmente radical porque en
principio acepta ―…que las aserciones del escéptico son irrebatibles‖ (Kripke 1982, 79). En este sentido, la solución escéptica funciona como una explicación de creencias primitivas u ordinarias que parecen ser misteriosas y hasta metafísicas (Cf., Kripke 1982, 80).
La solución escéptica acepta entonces que el argumento escéptico es irrebatible en sus propios términos. Por ello ofrece una alternativa que intenta rescatar lo que queda del problema (Cf., Kripke 1982, 81). Wittgenstein, por supuesto, sigue este camino propio de las nociones comunes, mostrando la malinterpretación que de ellas se ha hecho (Cf., Kripke 1982, 78). La similitud con Berkeley, le permite a Kripke ilustrar cómo Wittgenstein en la solución que da al problema escéptico comienza dándoles la razón a los escépticos: ―…en que no hay ningún «hecho superlativo» (§192) acerca de mi mente que constituya mi querer decir adición mediante «más» y determine de antemano lo que debo hacer para concordar con este significado‖ (Kripke 1982, 78).
63 La visión primitiva a la que Kripke se refiere es la versión mentalista del significado que se identifica
además con la enseñanza ostensiva y que Wittgenstein viene criticando desde el primer parágrafo de las
Investigaciones. Es curioso que al final de estas afirmaciones Kripke deja en el aire la siguiente
afirmación: ―Personalmente, sólo puedo informar que, a pesar de lo que asegura Wittgenstein, la interpretación «primitiva» a mí me suena con frecuencia bastante bien…‖ (Kripke 1982, 79).
64En este punto estamos parcialmente de acuerdo con Kripke, pues si bien el ―argumento escéptico‖ va a
refutar la posición mentalista, vemos en el análisis de la sección §§185-206 que las refutaciones de Wittgenstein van más allá del mentalismo, al querer cuestionar visiones meramente formales o puramente convencionales.
56 cuando enuncia una paradoja escéptica y ofrece una solución del mismo tipo a través de un argumento indirecto: ―[L]a imposibilidad del lenguaje privado emerge como un corolario de la solución escéptica a su propia paradoja…‖ (Kripke 1982, 81)65.
Wittgenstein no proporciona una respuesta directa al reto escéptico, pues no indica un
hecho constitutivo que fundamente el querer decir ―cuás‖ y no ―más‖ del alumno en la aplicación de ‗+2‘66. Es más, Kripke sostiene que Wittgenstein ―…está de acuerdo con
su propio escéptico hipotético en que no hay tal hecho, tal condición, ni en el mundo «interno» ni en el «externo»‖ (Kripke 1982, 82). Esto se muestra en el modo de proceder del filósofo, el cual pretende no enunciar tesis filosóficas generales para evitar negaciones de creencias ordinarias con algún sentido. Por ejemplo, cuando:
―…nuestro oponente insista en la perfecta propiedad de una forma ordinaria de expresión (por ejemplo, que los pasos están determinados por la fórmula, que la aplicación futura está ya presente), podemos insistir en que si estas expresiones se entienden apropiadamente, estamos de acuerdo‖ (Kripke 1982, 83).
Luego de aceptar que no hay un hecho constitutivo que determine si el significado de un término es correcto respecto de su uso pasado, Kripke se pregunta si nuestro problema culmina con un escepticismo extremo acerca del lenguaje. Para responder negativamente a este cuestionamiento el autor hace un análisis acerca de los aspectos propositivos de la solución escéptica. Por ello, nos dice que debemos comprender el problema del seguimiento de reglas como un problema acerca de las condiciones de justificación y no de las condiciones de verdad67. La pregunta es entonces ―¿en qué
circunstancias se nos permite hacer una aserción dada?‖ (Kripke 1982, 87). La manera en que Wittgenstein respondería al reto escéptico sería especificando cómo se justifican ciertos movimientos o jugadas, en condiciones específicas, al interior de un juego de
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McDowell no acepta que el argumento del lenguaje privado sea un corolario de la solución escéptica (Cf., McDowell 1998, 244). El autor considera que el énfasis que hace Wittgenstein en lo público ―…emerge como una condición de posibilidad de rechazar la asimilación del conocimiento a una interpretación, lo cual plantea un dilema intolerable‖ (McDowell 1998, 260).
66―Lo que la solución escéptica excluía era el modelo privado de seguir una regla —la posibilidad de de
explicar la noción de un individuo que sigue la regla sin hacer referencia a su pertenencia a una comunidad—―(Dascal 1999, 88).
67 McDowell considera que el énfasis normativo y no descriptivo que hace Kripke del problema del
seguimiento de reglas es retomado por Crispin Wright cuando sostiene que hay forma pura de la normatividad implícita en la concepción contractual del significado (Cf., McDowell 1998, 235).
57 lenguaje. Si no se respondiera al reto escéptico, el significado y el uso de una palabra en un juego de lenguaje serían superfluos, carecerían de significado (Cf., Kripke 1982, 87, 88).
El énfasis que hace Kripke en las condiciones de justificación del significado tiene como propósito indicar que si aceptamos que las aserciones que hacemos siempre se hacen dentro de nuestro lenguaje, debemos aceptar que ―…ningún hecho, ninguna
condición de verdad, se corresponde con enunciados como «Jones quiere decir adición
mediante ―+‖»‖ (Kripke 1982, 89). Por consiguiente, no hay condiciones de verdad o hechos externos al lenguaje mismo que correspondan con el uso correcto de nuestros términos. Así, Kripke confirma la paradoja de §201 que afirma que cualquier curso de acción puede hacerse concordar con la regla:
Todo lo que se necesita para legitimar las aserciones de que alguien quiere decir algo con sus palabras es que haya circunstancias aproximadamente especificables en que esas aserciones sean legítimamente aseverables, y que el juego de aseverarlas en tales condiciones desempeñe un papel en nuestras vidas (Kripke 1982, 90) 68.
La legitimidad de los enunciados debe entenderse desde circunstancias de aplicación efectiva, pero no como correspondiendo con hechos empíricos del mundo como sucedía con las proposiciones del Tractatus. El criterio que justifica cualquier enunciado es, según la cita, un criterio práctico que corresponde con el uso de los términos en una actividad cotidiana por parte un hablante que está autorizado por pertenecer a cierta comunidad (Cf., Kripke 1982, 91)69. En este sentido puede decirse de estos criterios que son públicos70. La clave entonces para dar una solución escéptica a la paradoja71 se
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Kripke sigue planteando el problema del seguimiento de reglas como un problema de la intención significativa del hablante. Sin embargo, por lo menos en esta sección, Wittgenstein se está refiriendo a juegos de lenguaje donde los estados mentales no determinan el significado correcto de la aplicación de la regla.
69McDowell propone otro tipo de visión acerca de lo que es una comunidad lingüística: ―Esta concepción
no anti-realista de una comunidad lingüística nos proporciona un derecho genuino para responder lo siguiente: un patrón compartido del lenguaje nos capacita para conocer otros significados sin necesidad de llegar al conocimiento mediante una interpretación, ya que nos dota para entender el significado de las palabras de otra persona‖ (McDowell 1998, 253).
70 Kripke afirma que ya desde §201 Wittgenstein rechaza la posibilidad de un lenguaje privado (Cf.,
58 encuentra en el concepto de lo público en una comunidad72. Así pues, el problema escéptico no busca determinar por completo la aplicación de una regla o el significado de un término, pues no cuestiona la vaguedad de los mismos sino que ―…muestra, entre
otras cosas, que toda explicación de una regla podría concebiblemente ser malentendida, y que el uso del lenguaje aparentemente mas preciso no difiere, en este respecto, de «usos aproximados» o de «textura abierta»‖ (Kripke 1982, 94)73.
La idea, sostenida por el escéptico, de que una regla siempre puede ser malentendida o interpretada de formas diversas, pone en evidencia un cambio en la concepción del significado de Wittgenstein. La paradoja escéptica es una crítica a la correspondencia
unívoca entre representaciones mentales y hechos, ya que ―…alega que los componentes
de tales representaciones mentales no poseen interpretaciones que puedan leerse a partir de ellos de una única manera‖ (Kripke 1982, 97)74. Kripke afirma que una vez modificado el concepto de significado como uso es necesario rechazar una concepción
realista o representacional del mismo: ―[P]ara que la solución escéptica de Wittgenstein
71 La sección que se ocupa del problema escéptico y de su solución, según Kripke, es §138-242 (Cf.,
Kripke, 1982: 91). Además Kripke añade que en las observaciones de la primera sección de las
Investigaciones anticipa la paradoja escéptica, pero que ―…no desarrollan por completo la paradoja y a
menudo eliden el punto principal en la presentación de otros punto subsidiarios‖ (Kripke, 1982: 93). En este punto no estamos totalmente de acuerdo con Kripke, pues la primera sección de las Investigaciones
también puede verse como orientada a rebatir algunos de los conceptos más comunes acerca del significado, incluyendo la visión del Tractatus. Uno podría afirmar igualmente que la paradoja escéptica
es subsidiaria de la discusión inicial acerca del significado como uso. En todo caso en la primera parte cuando se menciona el problema de las reglas, Wittgenstein no puede, como arguye Kripke, desarrollar la paradoja escéptica, ya que en esta parte se están explicando juegos de lenguaje en donde es válido explicar el seguimiento de regla mediante otra regla.
72 Kripke dice que Wittgenstein discute dos casos que parecen ir en contravía con la idea de que los
criterios de corrección se establecen por el papel que juegan en una comunidad. Estos dos ejemplos son, respectivamente, el de la aplicación de una regla matemática y el de una sensación o imagen mental. En ambos ejemplos se supone que el seguimiento correcto de la regla solo depende del estado interno (Kripke, 1982: 92). Lo que Wittgenstein hace, con el argumento del lenguaje privado, es mostrar que en ambos casos hay que apelar a lo público para determinar si se sigue o no la regla.
73 Stroud sostiene que la paradoja escéptica sostenida por Kripke surge de la insatisfacción filosófica