Ingenieros como Eugenio Ribera vislumbraron "rápidamente su porvenir en España" en torno a 1898, visitando las primeras construcciones de hormigón armado en Francia y Suiza y tomando nota de sus cualidades y usos «en interesante correspondencia con Ingenieros tan eminentes como Tedesco, Hennebique, Candlot y De Mollins», en una etapa en el que el intenso espionaje industrial en los nuevos sectores productivos recibía la eufemística denominación del "tour Europeo", y que trataba de hacer frente a los excesivos «derechos de patente y al cobro del 10 por 100 de los contratos por parte de los inventores»82. Ribera fue el primer ingeniero que dirigió y proyectó obras públicas con hormigón armado en España, por tanto, su trayectoria profesional es una muestra fiel de la evolución de la utilización de materiales de construcción en la obra pública - del hierro, al cemento y al hormigón armado- durante las primeras tres décadas del siglo
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Casanelles. Eusebi, op. cit. p. 23.
80
Aguilar y López, Manuel, Presidente de la agrupación de fabricantes de cemento de España. Op. cit. p. 5
81
Compañía General de Asfaltos y Portland "Asland". El cemento portland y sus aplicaciones. Recopilación de los descubrimientos, estudios y aplicaciones más interesantes publicadas hasta la fecha en todos los países. Publicaciones Asland. Barcelona, 1926, p 17.
82
Ribera, J. Eugenio. Hormigón y cemento armado. Mi sistema y mis obras. Imprenta de Ricardo Rojas, Madrid, 1902, 80 pp. p. XIV y XV. A modo de excusa moral añade: "los inconvenientes que ofrece la tutela perjudicial de agentes é inventores, interesados, como es natural , en aplicar sus privilegios en toda clase de obras, siendo así que no siempre se amoldan económicamente determinados sistemas, encerrados en los estrechos límites de una patente, á la variedad de aplicaciones y circunstancias locales que en la práctica se presentan". Este espionaje industrial era muy común en España y en otros países como Estados Unidos durante esta época, donde había verdaderos expertos en copiar literalmente a mano las máquinas que veían en las exposiciones universales europeas, o en las fábricas que les dejaban visitar, para fabricarlas en España con alguna modificación y distinto nombre, así como planos de fábricas e incluso de casas para obreros; "Por todas estas razones [dice] me ha sido preciso declararme independiente y ecléctico, adoptando las disposiciones que mi experiencia me ha aconsejado, obteniendo al efecto las correspondientes patentes".
en España83.
En cuanto a la tecnología, sabemos que antes de la fabricación de cemento portland en España, algunas de las fábricas de cal hidráulica, como la pionera "La Esperanza", de la familia Rezola, en Guipúzcoa, incorporaron la tecnología del vapor en 1860 para la extracción y la molienda de la cal, que luego serían aplicados en las fábricas de cemento, tanto en esos procesos como en el movimiento de los hornos. La importancia de este avance radicaba en que si en 1858 una rueda hidráulica de 6 c.v. permitía obtener 250 kilogramos de cal por día y c.v., en 1864 una máquina de vapor de 15 caballos elevó dicho producto a 1.000 kilos por día y c.v.; así que, mientras el caballaje se multiplicó por 2´5, la producción de cal hidráulica lo hizo por 484. Con la sustitución de las ruedas hidráulicas por turvinas hidroeléctricas, justo a comienzos del siglo XX, las fábricas utilizan el vapor y la electricidad de forma complementaria, trasladando el límite de capacidad productiva al tamaño de los hornos.
No fue hasta el año 1898 cuando se inauguraba la primera planta de cemento portland en España, la de Tudela-Veguín (Oviedo) con un capital inicial de un millón de pesetas y una capacidad productiva de 15.000 Tm/año. Algunas factorías de cemento natural y cal hidráulica comienzan a producir cemento artificial con tecnología importada. Así dos años más tarde, la citada familia Rezola se constituyó, en 1900, en la Sociedad Comanditaria Hijos de J. M. Rezola de cemento portland. En 1901 se crea, con un capital de 2.5000.000 pesetas la Compañía General de Asfaltos y Portland Asland S.A. propiedad del Conde de Güell, que creará su más importante planta, y una de las más famosas por capacidad, diseño artístico-funcional y avanzada tecnología, en el Clot de Moro; La Pobla de Lillet, a unos cientos de metros del nacimiento del río Llobregat, de donde tomaban el agua las centrales eléctricas. Después se crea la de Quinto de Ebro en 1901 (Zaragoza) llamada cementos Portland Zaragoza. En 1902 Antonio Freixa crea
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Ribera, J. Eugenio. "En mi última lección, establezco mi balance profesional". Revista de Obras Públicas, 1 de Octubre de 1931, 31. Pp. Eugenio Rivera llegó a ser inspector general de caminos, canales y puertos y profesor de la escuela de caminos hasta los sesenta y siete años, cuando publica esta su última lección. En la bibliografía del autor, así como las obras por él dirigidas, se puede observar la evolución de los materiales de construcción de puentes y muelles. En 1895 publica Puentes de hierro económicos, muelles y faros sobre palizadas y pilotes metálicos y en 1896Estudio sobre el empleo del acero en los puentes, mientras construía el puente metálico más largo de España en Ribadesella (Oviedo) o el Viaducto del Pino sobre el Duero, con el arco de mayor luz de España. Y en 1900 construye, después de estudiar durante varios años las aplicaciones del homigón, el Puente de Golbardo, el primer puente de hormigón armado construido en España, o en 1904 el Puente de María Cristina en San Sebastián, y así, hasta más de quinientos tramos de puentes, publicando en 1925 su gran obra de cinco tomos Puentes de fábrica y hormigón armado.
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una nueva planta en Asturias. En 1903 aparece en el “Madrid Científico” la noticia de la inauguración de la fábrica de Cementos de Bustens y Fradera en las costas de Garraf en Barcelona85. En sexto lugar, según datos de Ferraro García, se crea la fábrica de Cementos El León en 1909.
No es raro que el capital inicial de estas primeras fábricas en España sea extranjero - principalmente inglés-. La maquinaria y los técnicos son foráneos igualmente, por que el Horno rotatorio horizontal, de las marcas Polyssus alemana, primer horno rotatorio horizontal inventado, o después el de Allis Chalmers estadounidense, pieza fundamental de cualquier planta “moderna”, necesitaba de trabajadores e ingenieros muy cualificados de los que también se carecía en España. No obstante, algunos "hombres de raro talento" españoles devolvieron saberes al proceso de innovación internacional. Rafael Guastavino, arquitecto inventó el sistema de la "volta catalana"86 aplicada por primera vez en la fábrica Bultó de Barcelona, y más tarde en la mencionada fábrica de cementos de Asland en la Pobla de Lillet en 1900, fue requerido en Estados Unidos para quedarse de por vida diseñando multitud de fábricas en dicho país, probablemente, acompañando a José Navarro, a quien conoció trabajando en La Pobla.
José Navarro contribuyó, como sabemos, en la citada compañía norteamericana Allis Chalmers, a la mejora y ampliación del horno rotatorio horizontal a partir de la antigua patente del inglés Frecerick Ransome, consiguiendo una longitud, en la fábrica mencionada, de un horno de cuarenta y cinco metros de largo, capaz de producir treinta y siete mil toneladas anuales.87
Gracias al dinero de la patente del horno mejorado creó la Atlas Portland Cement Company, con ayuda de su hijo Alfonso y su mecenas; John Rogers Maxwell, el propietario de la compañía de ferrocarril de Pennsylvania y magnate de Wall Street. Esta compañía primero estuvo asentada en Nueva York, donde había creado la primera fábrica de cementos portland del país en 1985, y luego fue extendiéndose hacia el oeste, creando dos pequeñas plantas de cemento de no muy buena calidad en Penssylvania hasta llegar a orillas del Missisipi en 1901, exactamente a Hannibal, donde la compañía Atlas de Navarro decidió construir la gran ciudad fábrica de cementos que ya
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Revista El Madrid Científico, 10 de noviembre de 1903, pp 488-490.
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Un sistema de construcción de naves fabriles parecido al de "dientes de sierra", cuya virtud principal era el aumentar la entrada de luz a los centros de trabajo por el tejado, permitiendo hacer espacios más grandes, ampliar los horarios de trabajo y una vigilancia más eficaz del proceso y los trabajadores.
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conocemos como ILASCO.
Para el año 1909 el total de fábricas existentes en España ya producía 1.000.000 de toneladas anuales. En estos albores de la industria cementera en España, en 1906, «cuando [todavía] era necesario acompañar al producto de la fórmula para su empleo», se crea el primer cártel de fabricantes de cemento. Aunque según sus propios creadores el ánimo de la asociación perseguía fines todavía muy modestos: «dada la escasez de clientes y el desconocimiento, el uso y aplicación de nuestro aglomerante, más que sostener precios que, en realidad no existían, [la finalidad era] la fijación de éstos y, sobre todo, la propaganda». Porque «más que una asociación era una amigable tertulia, en la que muchas veces la sonrisita intencionada y pulcros modos de don Juan Serrate sacaba de sus casillas al integérrimo don Bernardo Rezola, con gran regocijo de don Martín Solano, que mientras llegaba su turno asistía como espectador neutral al singular combate. De juez de campo actuaba acertadamente don Vicente Machimbarrena»88. No obstante sería el inicio de un verdadero intento por controlar y asegurar, por parte de un número reducido de compañías y con la connivencia del Estado, el mercado de un producto crucial para la industrialización del territorio español, como ocurrió en otros países89.
Pero «aquella Arcadia duró seis años, hasta que nuevas fábricas, entrando en liza, hicieron inservible el pacto». Entre 1910-1914 se construyen otras siete fábricas más, dando comienzo a la expansión del mercado del cemento gracias a la buena acogida y profusa publicidad que va teniendo el nuevo material, al “firme” apoyo del Estado, y coincidiendo con la coyuntura de la Guerra y Postguerra Europeas. De tal manera que en los primeros meses de 1914, las grandes fábricas del cártel (básicamente Asland, Portland y Rezola) se mostraban escépticas sobre si sería factible mantener el nivel de negocios de años anteriores, debido a la aparición de nuevas fábricas en el ámbito geográfico de sus mercados "naturales" y la expansión de la capacidad de otras.
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Urriza Inlundain, Juan. Director de Cementos Portland, S. A, Pamplona, "La grave situación de una gran industria nacional", Revista Ingeniería y Construcción año IX, Vol. IX, Nº 103, julio 1931, p. 447
89
En Estados Unidos, por ejemplo, se observa idéntico proceso cuando después de la primera guerra mundial se crea el "Trust" de fabricantes de cemento (1916) -La Asociación Americana de Fabricantes de Cemento-, que hoy todavía tiene plena vigencia. En 1924 la Comisión Federal de Comercio de Pittsburg logra establecer por ley los precios del cemento y del acero (los dos materiales cruciales en la industrialización). Véase Gregg Andrews The City of Dust... op. cit. p. 133. En España el papel del Estado tomará todavía más protagonismo cuando en la postguerra se crean, además, fábricas estatales con mano de obra prisionera, como por ejemplo las pequeñas fábricas creadas para la construcción de presas en la dictadura como la fábrica del pantano de Sacedón en Guadalajara con maquinaria de la planta Yeles.
Concretamente Portland Valderribas (Madrid) temía «los efectos adversos que pudiera tener la expansión de capacidad en la fábrica de Matillas, así como el establecimiento de dos nuevas fábricas en Castillejo y Yeles Esquivias»90
Se trata también de una etapa de profusa publicitación del uso del cemento y de sus propiedades efectuada por las propias compañías a través de revistas y libros especializados, donde podemos encontrar desde un amplio abanico de sus posibles aplicaciones y ventajas respecto a otros materiales (a veces exagerado como el caso de los "vagones de cemento"), hasta detallados manuales de la formas de utilizarlo en cada una de ellas así como multitud de fotografías, planos y gráficos, tanto destinadas a ingenieros como al albañil particular91.
Si a fines de la primera guerra mundial las cementeras españolas son capaces de producir ya medio millón de Toneladas al año, en 1923 las dieciocho fábricas existentes rebasan el millón, y en el año 1925 existen ya veintiuna cementeras en toda la geografía. En 1926 se crea un nuevo cartel, esta vez con el fin explícito y principal de controlar los precios a través de la oferta: se trata de la Unión de Fabricantes de Cemento. El setenta y cinco por cien de los fabricantes nacionales firman un pacto para «defenderse de la competencia causada por la sobreproducción». Este cártel cerrado fue tan perfecto que ha sido considerado como uno de los casos más apetecibles al análisis y enseñanza de la economía ocupada del fenómeno oligopolista92. Por tanto haremos en este punto algún comentario útil respecto a lo que veníamos trabajando en la primera parte de esta tesis. Al igual que ocurría en la ambigua jurisprudencia reguladora de la asociación de obreros en los años ochenta, la libertad de asociación o el monopolio frente a la competencia, revela la emergencia de las contradicciones que encierra el sistema liberal también en la dimensión de la actividad empresarial. Los principios de este sistema
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Cementos Portland, Actas de las Juntas Generales 30-1-1914, citado en Gómez Mendoza, Antonio, "La formación de un Cartel en el primer tercio del siglo XX. La industria de cemento portland" Revista de Historia Económica, Año V, Nº 2, 1987 pp 325-360. p. 335
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Véase, por ejemplo, Asland, Cementos... op. cit.. donde se describe con todo detalle desde la forma de utilización y tipo de cemento o de hormigón aconsejado para la construcción grandes obras de ingeniería como puertos, puentes, depósitos, estaciones o carreteras, hasta la forma de fabricar domésticamente simples postes para alambradas o buzones.
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«La industria del cemento artificial portland constituye un caso típico de oligopolio en todos los países en los que está implantada. Se trata, quizá, del ejemplo más socorrido que encuentran los autores de tratados de economía. Por su propia naturaleza -canteras, inversión de capital fijo, costes variables modestos-, este sector está compuesto por un corto número de fabricantes». Gomez Menzoza. Op. cit. p. 325. El autor cita obras como Loescher, s. Imperfect collusion in the Cement Industry. Cambrigde, 1959; Meyzenk, R. Perspectives Energétiques de l´Industrie des Ciments, París, 1968; U.S. Federal Trade commission. On Mergers and Vertical Integration in the Cement Industry, Washington, 1966.
podían servir, recordamos, tanto para legitimar la acción estratégica trascendente, mediada y explícita del empresario sobre el mercado, como para legitimar la acción inmanente, particular y heurística del empresario en el mercado, sin que la acción económica y sus consecuencias fueran sustancialmente distintas93. Inmanencia o trascendencia (competencia versus cártel) sólo dependen del nivel de reflexividad que se impute a la acción por quien la representa, que es ocupar la posición de sujeto (elección del precio; dar nombres a las cosas) u objeto de la acción (aceptación del precio del mercado o valorización del precio). Una hemenéutica de la elección racional que iría desde concebir el monopolio como una perversión trascendente de la libertad del mercado (el acuerdo colectivo frente y previo a la individualidad aislada que constituye el contrato), pasando concebir esta crítica como un intento individual de debilitar la posición de mercado (un hecho de mercado), hasta entender la corporación de intereses como un pacto libre igual de legítimo que cualquier otro. Siendo precisamente una asociación de libre determinación de los precios, se crea para defenderse de la competencia, que es justo la manera de denominar a la libertad de precios. El que se constituya como asociación explícita y conscientemente, por tanto, no hablará tanto del efecto de la asociación frente a la acción individual, sino del efecto del reconocimiento de la asociación como posibilidad de la cooperación basada en principios individuales; la cooperación como valor individual, articulando por medio de la hermenéutica discursiva acerca de lo lícito o ilícito (moral), lo que no es sino una derivación económica técnica acerca de lo ventajoso o desventajoso, algo que siempre es individual, sostenido por la fuerza colectiva. Se trata así de uno de los casos donde más evidente es la apropiación del saber por el poder.
Esta ambivalencia del oligopolio frente a la competencia se revela incluso en las propias racionalizaciones que se hacían en cada situación por parte de las empresas cementeras que lo constituían. Sabemos, por ejemplo, que en los años veinte, cuando se debilita la Unión de Fabricantes de Cemento por la aparición de nuevas empresas y enfrentamiento entre las grandes por algunos mercados (ya que empiezan a instalar fábricas propias en los mercados de otras) se dirá que las expectativas empresariales eran buenas «pues la
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Carlos Marx critica la dicotomía que establece Proudhon entre asociación y competencia refiriéndose indistintamente al monopolio frente a la libertad de mercado o al análisis del gremio frente a la libertad de trabajo, como dos acciones económicas distintas y excluyentes, y por tanto contrapuestas. Una oposición que serviría al autor para reivindicar su teoría del precio justo(el lado bueno de la competencia), igualmente criticada por Marx. En Marx, Karl. Miseria de la Filosofía. Aguilar, Madrid, 1969 [primera ed. En Francés de 1847], 289 pp..206-218
concurrencia comercial fomentará el consumo de cemento al repercutir en el precio, y siendo así resulta evidente la conveniencia de una ampliación»94.
* * *
Durante la dictadura de Primo de Ribera, la producción se triplicará alcanzando la cifra de 1.800.000 toneladas, si bien la fuerte demanda hace que todavía se tengan que importar 200.000 toneladas del extranjero95. Ello fue debido, entre otras causas, a que en enero de 1929 se crea por real decreto la Junta reguladora e Inspectora del Cemento, compuesta por los propios fabricantes, auspiciada por el gobierno, y con capacidad para regular los precios y controlar las concesiones de nuevas instalaciones. En principio se conceden proyectos en Jerez, Córdoba, Granada, Andújar, Segovia, Carbonero el Mayor, Valladolid, Zamora, Palencia, Mataporquera, Barco de Vadeorras, Zumanya, Zaragoza, Morata de Jalón, Ripoll, Pobla de Segur, San Juan de las Abadesas y Denia, de los cuáles sólo dos llegarían a realizarse, según veremos.
Sin embargo esta boyante situación no dura mucho. El “techo productivo” se alcanza en 1929 con 2.556.000 Tm por año. Y a partir de este momento, en apenas dos años, el sector del cemento sufre una nueva «crisis de sobreproducción [...] En los años treinta el mercado se contrajo, las fábricas estaban dotadas de una capacidad de producción excesiva, los problemas laborales, en una industria donde abundaba la mano de
obra esclava, en las canteras y en las manipulaciones de material, adquirieron un grado de conflictividad crítico»96. Retendremos esta importante dato acerca de las pésimas condicones de trabajo de un grueso grupo de trabajadores en las fábricas de cemento, más significativo si cabe cuando es reconocido por un empresario.
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Portland, Actas de las Juntas Generales, sesión del 26-1-1922, citado en Gómez Mendoza, A. op. cit. p 339. Tan súbito convencimiento, razona el autor, «de que lo mejor eran las fuerzas del mercado tras años de restricción de la competencia sólo podía explicarse [algún beneficio debía de haber detrás, claro está] por un intento deliberado por hacer menos atractiva la entrada a potenciales inversores deprimiendo los precios hasta alcanzar el equilibrio competitivo». A menudo, vemos, incluso se recurre a una nueva contradicción que pueda salvar la tautología radical entre la competencia (igualación de precios necesaria para la legitimidad del mercado como una relación entre iguales) y el beneficio (ganancia respecto al precio necesaria para la legitimidad de los motivos). Se trata de la introducción de factores psicológicos como la racionalidad limitada o los estados de confianza entre individuos que se suponen igualmente