Glossary of Terms
Chapter 3 Study One: Exploratory interviews
Era la pregunta clásica que se hacían los docentes y autoridades del colegio, que generalizaban a los jóvenes con rasgos de identidad de alguna cultura juvenil. Para ellos todos eran emos, lo que significaba que no tenían la menor idea de la diversidad de jóvenes que existen en la institución; y mucho menos podían entender sus conflictos, sus ideas y pensamientos, o el verdadero sentir de los chicos.
En realidad me preocupé por observar y buscar algún adolescente que se identificara con el grupo de los emo. Fue muy difícil en un principio. Nunca imaginé que dentro del curso del que yo era el dirigente o guía existía una alumna. Doris (Informante 5), una joven de 14 años de edad, empezó el año lectivo con dificultades en su rendimiento escolar. Su extravagante forma de llevar el uniforme y de maquillarse, a pesar de que estaba prohibido, preocupaba a los responsables del departamento de Orientación Vocacional, encargado de tratar los casos de rendimiento y conducta de los jóvenes. El psicólogo me comentaba los rasgos extraños de la muchacha, y me pedía por favor estar pendiente de ella, que la vigile. Empecé a interesarme por ella, una muchacha callada, que se ocultaba en un rincón, de perfil bajo. Tenía problemas con la mayoría de profesores, y hacia mí llegaba una lluvia de quejas casi todos los días.
Tomé la decisión de hablar con su representante, y me pidió ayuda. Me contó la situación familiar en su hogar: un padre que la maltrataba, cuya rabia caía en Doris y la reacción de ella era salir de casa. Todas las tardes se pasaba en la calle. Su madre no sabía lo que hacía, no cumplía con las obligaciones escolares. Tuve un interés grande por su caso y un
132 acercamiento directo a una chica que estaba bajo mi responsabilidad, por ser su dirigente de curso.
Nuestra informante muestra sus rasgos de identidad.
Hice un día, en la hora del recreo, que se quedara en el curso. Le pedí mantener una conversación tranquila y a solas. En ese momento pude escuchar a una chica muy sensible, abierta completamente al diálogo conmigo. Tuvimos la oportunidad de desahogarnos de forma mutua, por un lado solicitándole explicaciones de su comportamiento en el colegio y sus bajas calificaciones, y, por otro, ella necesitando apoyo a causa de los problemas en su hogar y en su vida en general. Desde ese momento pude establecer un lazo directo con ella y conocer en parte sus conflictos y dificultades, sus necesidades y su pensamiento.
El primer impacto que tuve con Doris fue ver sus brazos y muñecas siempre cubiertos con telas, o especies de manillas. Todo el curso conocía que tenía unas marcas que ocultaba con estas. Eso me dio el indicio de que estaba enrolada o integraba un grupo o jorga dentro del colegio. Traté de indagar más al respecto y me acerqué a su mejor amiga, Verónica. Con la Vero mantenían una amistad desde la escuela, conocía toda su vida. Ella fue quien me informó que las dos estaban frecuentando una jorga de amigos, fuera del colegio, por las tardes, y nadie debía saberlo porque dentro de la institución eran considerados como lo peor.
133 En observaciones directas a las dos chicas, buscando e indagando su forma de vestir, su forma de comportarse, y sobre todo a través de conversaciones mantenidas con ellas, pude concluir que eran chicas “emo”. El centro de interés de su jorga no estaba dentro sino fuera del establecimiento. Después de un tiempo me fue posible constatar que eran las únicas de este género dentro del colegio.
En la entrevista a profundidad mantenida con Doris, comprobé una serie de situaciones que hacían de la suya una vida triste y cargada de sufrimiento. Se quejaba de todo. En el colegio eran frecuentes los desmayos en horas de clase y del recreo. Siempre se le llamaba la atención por su forma de ser, vestirse y maquillarse.
Según Edwin Alonso Montes Marín, los denominados “jóvenes emo” no se han propuesto ser un movimiento social, ni una tribu, ni una cultura. Ellos expresan sus gustos desde estéticas que reciclan y reinventan en las estéticas expandidas, en donde todas las estéticas son posibles, superando el agotamiento estético de la modernidad a través de un sincretismo que recrea, propone, renueva lo existente, toma algo viejo y lo rejuvenece generando novedad constante:
134 Los emo fundamentan su razón de ser en la denuncia de las actuales sociedades capitalistas en donde el confort, la tecnología, y el alto nivel de vida, no se compaginan con la soledad, el tedio, el hastío, el sin sentido y el aburrimiento que ellas mismas producen. Muchos de ellos son la manifestación del fracaso que las instituciones como familia, escuela, religión, han tenido, dejando de ser referente significativo para la mayoría de los jóvenes, y en consecuencia, sin importancia como propuesta y respuesta. En ciudades contemporáneas donde la gente circula cada vez más y se encuentra cada vez menos, estos jóvenes arrojados a la soledad, hacen una ruptura con la tradición, la familia y la educación. (Montes, 2009: 94-95)
Según este autor, estos jóvenes siguen proponiendo su sello propio, como nueva generación, ven distinto, valoran distinto, se relacionan y comunican distinto; son ellos en sí, la novedad, no su vestido. Aquí, la vestimenta es un medio de comunicación no hablada. Su vestido dice mucho de cómo nos ven, más que cómo se ven, provocando emociones perturbadoras y contrapuestas; su estilo causa sorpresa, desdén, admiración, repudio, diversión, rabia, culpa, compasión, agresión, reprobación y miedo. Son un texto para leer.
135 Estamos frente a un fenómeno psicosocial complejo, que no podemos resolver con comentarios infundados, ni con estereotipos formulados de manera irresponsable y posiciones retrogradas, vetustas, cerradas e intransigentes. Pueden los emo parecernos tontos porque no los conocemos, no sabemos entenderlos y/o porque no logramos dominarlos. Su propuesta tiene su propia realidad, necesidad y determinismo. (Montes, 2009: 94-95)
Fuera del colegio nos reunimos con Doris. Para esto la visité en un lugar acordado por ella. Este sitio era cercano a su casa, en un pequeño parque. Toda esa tarde conversamos de su vida. La primera impresión fue su vestido con su blusa negra, bufanda rosada y especies muñequeras grandes que cubrían una serie de marcas hechas con agujas y cuchillos que me mostró. Siempre hablaba con su semblante y cabeza baja, su cabello cubría parte de su rostro y ojos. No me podía hablar mirándome, tenía vergüenza, quizá temor, las marcas en sus brazos eran la señal de algunos intentos de suicidio. Yo no podía creer que una joven aún niña podía estar pasando por esto. Su pantalón jean todo astroso y sus zapatos deportivos viejos, ya no eran rosados, con cordones negros bastante largos que se amarraba en las piernas. Su rostro tenía varios piercings, en ambas cejas, en sus orejas y en la lengua,
además del ombligo.
Frente a las realidades que viven muchos de nuestros adolescentes y jóvenes, ellos experimentan la necesidad de resolver de manera práctica, los vacíos, las falencias sociales e históricas, convirtiéndose espontáneamente en productores de significado, redimensionando y reconstruyendo, aún sin fundamentación y/o argumentación precisa, esta sociedad actual, caracterizada por la inseguridad, la debilidad, el relativismo, el sin sentido y el vacío. Quizá, sus diversas estéticas, sean entre otras, la posibilidad de formulación de un texto visual que pretende lograr ser leído por la indiferencia, hasta ser vistos posiblemente como antagonistas del sistema. (Montes, 2009: 96)
Doris afirma ser “emo” no por su estado de ánimo “sino porque es un estilo que se está imponiendo en Cuenca”, y por lo general los emo están en una etapa adolescente y son
136 fáciles de distinguir en la calle. Cada tribu urbana, como hemos visto anteriormente, se caracteriza no sólo por una filosofía sino también por una forma de vestir muy particular, situación que también se presenta en el caso de los jóvenes emo. Aunque es importante aclarar que un joven que utilice la ropa descrita no significa que necesariamente pertenezca a esta cultura.
Doris es cliente permanente de un almacén denominado 17265, ubicado en las calles Sangurima y Padre Aguirre, en el centro histórico de Cuenca. En este sitio, al que acudimos, se observa una amplia variedad de artículos que según su propietario, Carlos Pérez, son propios de los Emo. Lo principal es la camiseta negra con figuras de muñecos con un rostro triste, acompañadas de frases de amor y desamor, aunque también utilizan imágenes de grupos musicales como Panda, 30 seconds to Mars o AFI. También es común observar bolsos que conjugan figuras como calaveras con tonos como rosados o lila, además de chompas con figuras similares.
137 Doris conoce muy de cerca esta cultura. Menciona que si bien la ropa no siempre representa a un Emo, lo que está de moda hoy entre ellos son las camisetas con frases, en lugar de imágenes, además de los pantalones jeans negros ceñidos al cuerpo, tanto para hombre como para mujer, y los zapatos “Vans” o “Converse”. También cuentan como parte del vestuario los cinturones, caracterizados por ser de colores y cuadros que combinan con la ropa.
Doris representa a esta cultura de jóvenes: No es necesario tener problemas, vivir deprimida, escuchar música triste y ser malvista para ser Emo; yo soy así porque quiero y porque es un estilo que se está imponiendo en todo lado y eso me gusta, expresarme y ser escuchada. (I-5)