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Una de las cuestiones a conocer cuando se inicio el proceso de investigación era explorar qué características asume el trabajo en Tandil en la primer década del siglo XXI y

102 en particular si esta forma de trabajo, el trabajar de manera “independiente y autogestionada”, es una elección de los productores/trabajadores, o una opción a la que se ven inducidos frente a un contexto de desempleo y precarización en el mercado formal de trabajo, y se transforma así en la única alternativa posible para generar ingresos.

Ya se ha mencionado que el desarrollo de proyectos productivos autogestionados es una de las formas que adopta el trabajo en el marco de un creciente proceso de complejización del “mundo del trabajo” en las formaciones sociales contemporáneas. En la Argentina, las estadísticas oficiales contemplan esta forma de trabajo, definiéndose como cuentapropista o trabajadores por cuenta propia: “aquellos que desarrollan su actividad utilizando para ello sólo su propio trabajo personal, es decir que, no emplean personal asalariado y usan sus propias maquinarias, instalaciones o instrumental.” (INDEC)

El informe emitido en el año 2010 por parte del Ministerio de Trabajo de la prov. de Buenos Aires en base a la Encuesta de Indicadores del Mercado de Trabajo (op. cit.) destaca la presencia de un 21% de cuentapropistas del total de ocupados en Tandil (el 40,1% de la población se encuentra ocupada). También se destaca que el 35,8% de ocupados en el sector privado (el 81,6% del total de ocupados) se desempeñan en el sector informal de la economía85. Se suma a esto, que el 61,4% de quienes trabajan en el sector informal son precarios (el nivel de precariedad86 alcanza al 45,2% de los ocupados), siendo los cuentapropistas el 59,4% del total del trabajo precario. La encuesta refiere también que del total de aquellos que están buscando trabajo aunque ya lo tengan (el 23,2% de los ocupados busca otra ocupación) los cuenta propia son el 86,7% de ese total, y la búsqueda se vincula con los bajos ingresos (56,8%).

En cuanto a la información recabada de los 43 emprendimientos productivos autogestionados del Plan “Manos a la Obra” de Tandil, se puede afirmar que esta forma de

85 Dentro del sector privado informal, el Ministerio de Trabajo de la provincia considera a “trabajadores independientes sin credenciales educativas, asalariados que trabajan en microempresas (menos de 6 ocupados), empleadas domésticas y trabajadores familiares. Esta construcción sigue los lineamientos de la OIT y la línea de estudios del PREALC” (13).

86 Para analizar de manera más abarcativa el fenómeno de la precariedad el Ministerio construyó un índice que considera situaciones atípicas que implican vulnerabilidad e inestabilidad tanto entre trabajadores en relación de dependencia como entre los trabajadores independientes. Para el caso de los trabajadores independientes se consideraron la existencia de aportes, estabilidad en la ocupación, nivel de instrucción y la necesidad de trabajar más horas; entre asalariados, se tomó en cuenta los beneficios percibidos y la estabilidad; también dentro de los precarios se consideraron los trabajadores familiares, empleadas domésticas y planes de empleo.

103 trabajo en su mayoría no es una elección, sino que está condicionada por la necesidad de obtener ingresos para su reproducción, para vivir.

Algunos trabajadores desarrollan proyectos productivos “autónomos” no por tener “un espíritu emprendedor” o “capacidad emprendedora”87, sino porque es la única opción ya que han sido expulsados o no son absorbidos por el mercado formal de trabajo. Se manifiesta esto porque se observa que en sus trayectorias laborales particulares la mayoría estaba inserto en relaciones salariales y que durante el desarrollo de sus proyectos productivos al conseguir un trabajo en el marco de una relación salarial, abandonan el propio emprendimiento o lo sostienen pero como complemento del trabajo en relación de dependencia.

A partir del 2004 el Plan “Manos a la Obra”, es una de las respuestas que el Estado desarrolla ante la demanda de trabajo de parte de la masa trabajadora, convirtiéndose en una “opción” para aquellos que se encontraban desocupados o trabajaban menos de 35 horas semanales o eran en ese momento “beneficiarios” de un programa social con contraprestación laboral. El alcance e impacto de esta propuesta es mínimo en Tandil, en términos de porcentajes de población que involucra, y en el mercado de trabajo en su totalidad, en un primer momento eran 141 personas, algunas desocupadas, otras trabajando menos de 35 horas semanales y/o siendo “beneficiarios” de algún programa de empleo.

También es necesario diferenciar al interior de cada uno de los grupos que se conformaron a partir de la exigencia del mismo Plan de que los proyectos productivos fueran asociativos, en este caso algunas personas integraron los emprendimientos en un primer momento, convocados por los “referentes” para reunir el requisito de ser tres personas como mínimo los que conformaran el grupo productivo pero al encontrarse con la imposibilidad de adquirir en el poco tiempo y de manera regular ingresos en términos comparativos con un salario, abandonaron el proyecto; quedando el referente sólo o acompañado por su propio grupo familiar.

También en algunos casos todo el grupo se desintegro y las personas se desvincularon del proyecto por la imposibilidad de sostener en el tiempo el periodo de

87 En discursos y documentos oficiales suele mencionarse el espíritu emprendedor y/o impulsar la capacidad emprendedora de los hombres y mujeres para desarrollar sus propios proyectos productivos. Véase, entre otros: “Políticas Sociales del Bicentenario. Un Modelo Nacional y Popular” (Publicación del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación Argentina)

104 producción necesario para el producto, con costos de mantenimiento y sin recibir en ese lapso ingresos, por ejemplo el proyecto de cunicultura: que debía alimentar a diario los conejos para lo cual necesitaba los insumos pero no tenía dinero para comprarlos, lo cual hacía imposible sostener la crianza de los animales y a su vez sin ingresos de la actividad para sostener a los productores.

También un elemento a tener en cuenta es que varias de las personas que conformaron los emprendimientos, recién desarrollaron una actividad productiva autogestiva a partir del subsidio del plan, antes no tenían experiencia de trabajo “autónomo” por dos motivos, que en algunos casos se pueden complementar: trabajaban en relación de dependencia como empleados y/o percibían un beneficio por estar incorporados en un plan social de ingresos lo que exigía una contraprestación laboral. Para estos también fue difícil sostener el emprendimiento en el tiempo por las características que adquiere el desarrollo de un proyecto productivo que se sustenta fundamentalmente por las decisiones y acuerdos de los mismos trabajadores en cuanto a las prácticas a desarrollar vinculadas con la gestión y la producción en sí.

En el caso de las mujeres específicamente se reconoce como la alternativa productiva para generar ingresos y concomitantemente poder seguir realizando en el espacio doméstico las tareas socialmente establecidas vinculadas a la reproducción social.

Existe un porcentaje significativo de mujeres que conforman los emprendimientos puestos en marcha en el marco del Plan “Manos a la Obra”. Como características que se desprenden de los datos acerca de los integrantes que conforman los proyectos productivos autogestionados analizados en Tandil, la mitad de los trabajadores son mujeres, con credenciales educativas medias (un alto porcentaje declara educación secundaria incompleta, completa, o universitario incompleto), la mayoría expresa estar casadas o ser jefa de familia con hijos a cargo, y desarrollan tareas que requieren el uso intensivo de fuerza de trabajo, centralmente participan en proyectos referidos a confecciones textiles, lavandería, peluquería, panadería, artesanías (en cerámica, en telar), apicultura.

Esto sería una muestra de la tendencia del mercado de trabajo en general, donde las mujeres se concentran en un conjunto reducido de ocupaciones que se definen como

105 típicamente femeninas en términos culturales88, lo que posibilitaría a las mismas una mayor habilidad para desarrollar proyectos productivos más cercanos a su rol doméstico.

En este sentido se puede expresar que en algunos casos, este compartir diferentes ámbitos (lo laboral y lo familiar) en un mismo lugar (el hogar), hace que un conjunto de situaciones “domésticas” obstaculicen o impidan la actividad productiva y generen, en consecuencia, proyectos en condiciones comparativas más precarias, con la consiguiente imposibilidad de subsistencia y crecimiento del emprendimiento, y por tanto, escasez o nulidad de ingresos necesarios para la reproducción familiar.

En el caso de aquellos emprendimientos donde participan hombres y mujeres se observa también la división “sexual” del trabajo en distintos momentos y tareas dentro del proceso de trabajo , por ejemplo en el caso de grupos mixtos dedicados a la confección y comercialización textil, las mujeres se dedican a la costura, los hombres a la colocación y comercialización, se asume así que determinadas tareas requieren de conocimientos que son a priori designados como “ masculinos” y otros como “femeninos”.