CHAPTER 10: GENERAL DISCUSSION AND CONCLUSIONS
10.2 Study Limitations and Lines for Future Research
Los agricultores nativos han desarrollado diversas técnicas para mejorar o mantener la fertilidad del suelo. Por ejemplo, los agricultores de Zaire y de Sudán del Sur afirman que los lugares en que hay montículos de termitas son particularmente bue- nos para cultivar sorgo y caupí (Reijntjes et al. 1992). Los agricultores de Oaxaca, México, utilizan los deshechos de la hormiga Atta para fertilizar los cultivos de gran valor, tales como el tomate, el chile y la cebolla (Wilken 1987).
En Quezaltenango, Guatemala, el humus se trae en grandes cantidades, de bos- ques cercanos con el fin de mejorar la labranza y la retención de humedad de los terrenos con hortalizas intensamente trabajados. El índice de utilización del humus varía entre 20 y 30 ton/ha/año. Se estima que una hectárea de bosque mixto de pino y roble produce alrededor de 4.000 kg. de humus al año; de este modo, una hectárea de tierra cultivada requiere la producción de humus de 5 a 10 hectáreas de bosque (Wilken 1987).
En Senegal, los sistemas nativos agrosilvopastorales sacan ventaja de los múlti- ples beneficios proporcionados por el Faidherbia (anteriormente Acacia) albida. El árbol deja caer sus hojas a comienzos de la temporada húmeda permitiendo que pe- netre la luz suficiente para el crecimiento del sorgo y del mijo; aunque aún propor- ciona la sombra necesaria para reducir los efectos del intenso calor. En la temporada seca, las largas raíces primarias del árbol capturan nutrientes más allá del alcance de las otras plantas; los nutrientes se almacenan en los frutos y en las hojas. El árbol también fija nitrógeno del aire; de esta forma, enriquece el suelo y mejora la produc-
ción de cultivos asociados. En la temporada húmeda, las hojas caídas proporcionan mulch, que enriquece la capa vegetal superior, como también, un forraje muy nutri- tivo. El suelo también se enriquece con el estiércol del ganado que se alimenta de las hojas del F. albida y de los residuos del cultivo de cereales (Reijntjes et al. 1992). Prácticas para el manejo del microclima
Los agricultores influyen en el microclima, al retener y plantar árboles que detienen el granizo y la lluvia, reducen la temperatura, la velocidad del viento, la evaporación y la exposición directa a la luz solar. Ellos aplican el mulch de plantas que cubren el suelo o paja para reducir la radiación y los niveles de calor en las superficies recién plantadas, para inhibir la pérdida de humedad y para absorber la energía cinética del granizo y la lluvia que cae. Cuando se espera una helada nocturna, algunos agriculto- res queman paja u otro material de residuo para generar calor y producir humo, atra- pando la radiación saliente. Los lechos de camellones elevados que generalmente existen en los sistemas tradicionales, sirven para manejar la temperatura del suelo y para reducir la inundación por agua, mediante el mejoramiento del sistema de drena- je (Wilken 1987, Stigter 1984).
Métodos autóctonos de control de insectos plagas
Los agricultores tradicionales cuentan con una variedad de prácticas de control para enfrentar los problemas de plagas de insectos agrícolas. Se pueden distinguir dos estra- tegias principales: La primera consiste en la utilización de métodos directos sin produc- tos químicos para el control de las plagas (es decir, prácticas culturales, mecánicas, físicas y biológicas) (Tabla 6.2). La segunda radica en la confianza en los mecanismos de control de plagas, inherentes a la diversidad biótica y estructural de los sistemas agrícolas complejos comúnmente usados por los agricultores tradicionales (Brown y Marten 1986). Este ensamble de prácticas culturales se pueden agrupar en tres estrate- gias principales, dependiendo del elemento del agroecosistema que se manipule:
Manipulación de los cultivos en el tiempo. Los agricultores generalmente mani- pulan la época de siembra y cosecha en forma cuidadosa y utilizan la rotación de cultivos para evitar las plagas. Estas técnicas evidentemente requieren un conoci- miento ecológico considerable de la fenología de las plagas. A pesar de que dichas técnicas a menudo brindan otros beneficios agronómicos (por ejemplo, el mejora- miento de la fertilidad del suelo), a veces, los agricultores mencionan explícitamente que estas técnicas se practican para evitar el daño de las plagas. Por ejemplo, en Uganda, los agricultores siembran en la temporada pertinente para evitar los gorgo- jos de los tallos y los pulgones en los cereales y las arvejas, respectivamente (Richards 1985). Muchos agricultores están conscientes del hecho de sembrar sin sincronizar con los campos vecinos puede acarrear la presión fuerte de una plaga y, por lo tanto, tendrían que utilizar una especie de «saciedad de la plaga» para evitar un daño muy extenso. En la región de los Andes central, la rotación del barbecho de la papa se observa con atención, aparentemente, para evitar la acumulación progresiva de cier- tos insectos y nemátodos (Brush 1982).
Manipulación de los cultivos en el espacio. Los agricultores tradicionales gene- ralmente manipulan el tamaño del terreno y su ubicación, la densidad y diversidad de los cultivos para lograr diversos propósitos de producción; aunque muchos están
conscientes de la relación que existe entre dichas prácticas y el control de las plagas (Altieri 1993a).
1. Sobresiembra. Uno de los métodos más comunes para lidiar con las plagas es sembrar a una densidad mayor que lo que uno espera cosechar. Esta estrategia es más eficaz para las plagas que atacan la planta durante las primeras etapas del crecimien- to. Cuando se han detectado las plantas infestadas, éstas se extraen cuidadosamente mucho antes de que la planta verdaderamente muera para, así, evitar que las plantas sanas también se contagien.
2. Ubicación del terreno de explotación agrícola. En Nigeria, muchos agriculto- res, unidos por lazos monárquicos, edad de los grupos o amistad, ubican sus terrenos
TABLA 6.2: Estrategias para el control de plagas y prácticas específicas utilizadas por los agriculto- res tradicionales de los países en desarrollo.
ESTRATEGIAS PRACTICAS
Control mecánico y físico Espantapájaros, instrumentos de sonido Envoltura de frutas y vainas
Troncos y carretillas pintadas con cal u otro material Destrucción de nidos de hormigas
Extracción de huevos y larvas Recolección manual
Extracción de plantas infestadas Poda selectiva
Aplicación de materiales (ceniza, humo, sal etc.) Quema de la vegetación
Prácticas culturales Cultivo intercalado
Sobresiembra o niveles diversos de siembra Cambio de la fecha de siembra
Rotación de cultivos
Tiempo/épocas determinadas de cosecha Combinaciones de variedades de cultivos Desmalezaje selectivo
Uso de variedades resistentes Manejo de fertilizantes Manejo del agua
Técnicas para cultivar y labrar
Control biológico Uso de gansos y patos
Transferencia de colonias de hormigas
Recolección y/o crianza depredadores y parásitos para liberarlos al campo Manipulación de cultivos variados
Control con insecticidas Uso de insecticidas botánicos
Uso de plantas o partes de ellas para repeler o atraer Uso de plaguicidas químicos
Prácticas religiosas/rituales Invocación de dioses y espíritus
Colocación de cruces u otros objetos en el campo Fechas prohibidas para plantar
agrícolas en forma contigua, pero dejando un espacio para la expansión de cada te- rreno en una dirección determinada. En respuesta a esta práctica, los agricultores indicaron que todas las plagas en el área se descubrirían y se concentrarían en un sólo terreno agrícola. Los terrenos, por tanto se ubican uno cerca del otro para que el riesgo de una plaga se expanda entre los agricultores. En la región tropical de Amé- rica sucede lo contrario, según lo señala Brush (1982): los agricultores deliberada- mente utilizan pequeños terrenos aislados para evitar las plagas.
3. Desmalezaje selectivo. Los estudios realizados en los agroecosistemas tradi- cionales demuestran que los campesinos, deliberadamente, dejan algunas malezas junto a los cultivos, al no removerlas totalmente de sus sistemas de cultivo. Este desmalezaje «relajado» generalmente es considerado por los especialistas como una consecuencia de la falta de mano de obra y de la poca rentabilidad obtenida por el trabajo extra, sin embargo, si el comportamiento de los agricultores con respecto a las malezas se observa con detalle, éste revelará que las malezas se manejan e inclu- so se fomenta su existencia si tienen un propósito útil. En las zonas tropicales de las tierras bajas de Tabasco, México, existe una clasificación única de las malezas de acuerdo con su uso potencial, por un lado, y los efectos que producen en el suelo y en los cultivos, por otro. De acuerdo con su sistema, los agricultores reconocen 21 plantas en sus campos de maíz, clasificadas como «mal monte» (malezas dañinas) y 20, como «buen monte» (malezas benéficas) que sirven, por ejemplo, como alimen- to, medicina, material para las ceremonias, té y para mejorar el suelo (Chacon y Gliessman 1982).
De igual modo, los indios de Tarahumara en las Sierras de México dependen de las plántulas comestibles de las malezas (Amaranthus, Chenopodium y Brassica) desde el mes de Abril hasta el mes de Julio, período crítico antes de que el maíz, el frijol, las cucurbitas y los chiles maduren en los campos sembrados desde Agosto hasta Octubre. Las malezas también sirven como provisiones alternas de alimenta- ción en las estaciones cuando las frecuentes tormentas de granizo destruyen los cul- tivos de maíz. En cierto sentido, los Tarahumara practican un sistema de cultivo doble de maíz y malezas, que permiten dos cosechas: la de las plántulas y la de los quelites a principios de la temporada de cultivo (Bye 1981). Algunas de estas prácti- cas traen consecuencias importantes para el control de las plagas, puesto que muchas especies de malezas juegan un rol importante en la biología de los insectos herbívo- ros y de sus enemigos naturales en los agroecosistemas. Algunas malezas, por ejem- plo, proporcionan un alimento alternativo y/o un refugio para los enemigos naturales de las plagas de insectos durante la temporada de cultivo, pero, aún más importante, fuera de ésta cuando no existen las presas u hospederos.
4. Manipulación de la diversidad de cultivos. Aunque muchos agricultores utili- zan el cultivo intercalado, principalmente debido a la escasez de la tierra y de mano de obra, la práctica, evidentemente, trae consecuencias para el control de las plagas (Altieri y Letourneau 1982). Muchos agricultores saben esto y utilizan el policultivo como una estrategia de juego seguro para prevenir la acumulación progresiva de plagas específicas hasta niveles inaceptables o para sobrevivir en casos de un daño masivo de una plaga. En Nigeria, por ejemplo, los agricultores están conscientes del gran daño que causa la langosta matizada en un cultivo aislado de yuca después de que se han cosechado todos los otros cultivos. Para reducir dicho daño, los agriculto- res deliberadamente vuelven a sembrar maíz y sorgo en el terreno de la yuca hasta la temporada de cosecha.
Manipulación de otros componentes del agroecosistema. Además de la manipu- lación de la diversidad espacial y temporal de los cultivos, los agricultores también manipulan otros componentes del sistema de cultivo como el suelo, el microclima, la genética del cultivo y el ambiente químico para controlar las plagas.
1. Uso de variedades resistentes. Mediante la selección consciente e inconsciente, los agricultores han desarrollado variedades de cultivos resistentes a las plagas. Pro- bablemente, este método es uno de los más utilizados y eficaces entre todos los mé- todos tradicionales para controlar las plagas. Litsinger et al. (1980) encontró que el 73% de los agricultores campesinos en Las Filipinas tenían conciencia de la resisten- cia varietal, aun cuando ellos no la manipularon en forma consciente. En todas las variedades tradicionales existen pruebas de todas las maneras de resistencia que se- leccionan los productores modernos de plantas, incluyendo pubescencia, resistencia, madurez temprana, defensa, química y vigor de las plantas.
En Ecuador, Evans (1988) descubrió que la infestación de larvas de Lepidoptera en las mazorcas en maduración del maíz eran considerablemente más altas en las variedades nuevas que en las tradicionales; factor que influyó en la adopción de nuevas variedades por parte de los pequeños agricultores.
2. Manejo del agua. La manipulación del nivel del agua en los arrozales es una práctica muy usada para el control de las plagas (King 1927). El manejo del agua también se practica en muchos otros cultivos anuales con los mismos propósitos. En Malasia, por ejemplo, el control de los gusanos nocturnos y el gusano ejército se realiza cortando la punta de las hojas infestadas en algunos de los cultivos anuales y elevando el nivel del agua, llevando las larvas hacia los bordes del campo, donde los pájaros se congregan a comérselas.
3. Técnicas de arado y cultivo. Los agricultores con frecuencia señalan que deli- beradamente manejan el suelo (a veces utilizando más o menos cultivo) con el fin de destruir o evitar los problemas de las plagas. Por ejemplo, en Perú, los campesinos utilizan un aporque alto de papas para proteger a los tubérculos de las enfermedades y plagas de insectos (Brush 1983). En el cultivo migratorio, después de haber limpia- do un pedazo de tierra, los agricultores le prenden fuego después de una o dos sema- nas. Los agricultores señalaron que esto se hace, entre otras razones, para reducir las poblaciones de malezas y plagas durante el primer año de cultivo (Atteh 1984).
4. Uso de sustancias repelentes y/o atrayentes. Durante muchos siglos, los agri- cultores han estado experimentando con varios materiales naturales encontrados en su ambiente cercano (especialmente en las plantas) y un número importante de estos materiales tienen propiedades plaguicidas. El uso de plantas o parte de ellas, ya sea que se ubiquen en el campo o aplicadas como mezcla de hierbas, para inhibir las plagas es un método muy usado. Litsinger et al. (1980) consultó a los pequeños agricultores en Filipinas acerca de los materiales que se utilizan en los campos para atraer o repeler insectos. En Alboburo, Ecuador, los pequeños agricultores dejan hojas de ricino en los campos de maíz recientemente sembrados con el fin de reducir las poblaciones de un escarabajo nocturno (Tenebrionidae). Dichos escarabajos pre- fieren las hojas del ricino que las del maíz, y cuando dichos insectos están en contac- to con las hojas del ricino durante doce horas o más, presentan parálisis. En el cam- po, la parálisis impide que los escarabajos se oculten en el suelo, lo que aumenta su mortalidad por estar directamente expuestos al sol (Evans 1988). En el sur de Chile, los campesinos colocan ramas del Cestrum parqui en los campos de papas para repe- ler los escarabajos Epicauta pilme (Altieri 1993a). Muchas veces, una planta se cultiva
cuidadosamente cerca de las casas y su única función, aparentemente, es proporcio- nar la materia prima para preparar una mezcla plaguicida. En Tanzania, los agricul- tores cultivan Tephrosin spp. en los bordes de los campos de maíz. Las hojas se trituran y el liquido resultante se utiliza para controlar las plagas del maíz. En Tlaxcala, México, los agricultores «patrocinan» la existencia de plantas voluntarias de Lupinus en sus campos de maíz, porque dichas plantas actúan como cultivos trampas para el Macrodactylus sp (Altieri 1993a).
Manejo de enfermedades de las plantas en la agricultura tradicional Thurston (1992) revisó la mayoría de la literatura existente sobre las prácticas cultu- rales utilizadas por miles de pequeños agricultores tradicionales en los países en desarrollo, y concluyó que a pesar de que algunas son intensivas en mano de obra, son sustentables y merecen mayor respeto del que reciben. Thurston consideró va- rios sistemas agrícolas tradicionales y los comparó con respecto a su productividad (producción de los cultivos o ingreso producido), a la sustentabilidad (capacidad para mantener el sistema en existencia durante un largo período de tiempo, incluso cuando está sometido a stress), a la estabilidad (obtener producciones consistentes y confiables tanto a corto como a largo plazo), y a la equitatividad (distribución relati- va de la riqueza en la sociedad) (Tabla 6.3). Las siguientes son las recomendaciones principales que se obtienen de la investigación de Thurston:
TABLA 6.3 Sustentabilidad, insumos externos necesarios y requerimientos de mano de obra en las prácticas tradicionales seleccionadas para el control de enfermedades de las plantas (Thurston 1992). Requerimientos
externos de
Práctica ¿Sustentable? Insumos mano de obra
Ajuste de la densidad de los cultivos sí bajos baja
Ajuste de profundidad de siembra sí bajos baja
Ajuste de época de siembra sí bajos baja
Alteración de arquitectura de plantas y cultivos sí bajos alta
Control biológico de patógenos del suelo sí altos alta
Quema sía bajos alta
Barbecho sí bajos baja
Inundación sí bajos alta
Manipulación de la sombra sí bajos baja
Abono con mulch sí altos alta
Cultivos de estratos múltiples sí bajos baja
Cultivo múltiple sí bajos alta
Siembra de cultivos diversos sí bajos baja
Siembra en camas elevadas sí altos alta
Rotación sí bajos baja
Elección del lugar sí bajos baja
Labranza no bajos alta
Uso de abonos orgánicos sí altos alta
Control de malezas no bajos alta
1. Muchos sistemas agrícolas sustentables incorporan grandes cantidades de ma- teria orgánica al suelo. Este hecho generalmente tiene como resultado un número menor de enfermedades del suelo, además de otros beneficios agrícolas importantes. 2. Algunas enfermedades se extinguen con la sombra, mientras que otras aumen- tan su importancia bajo la sombra. La manipulación de la sombra se debería conside- rar como un posible componente de los sistemas para controlar las enfermedades.
3. El uso de plantas antagónicas (cultivos repelentes y plantas trampas) para el control de los nemátodos u otros agentes patógenos de las enfermedades del suelo.
4. El uso de semillas limpias o de material de multiplicación saludable, tratado para eliminar patógenos, tiene por lo menos efectos positivos y drásticos en la salud de las plantas y en el rendimiento del cultivo.
5. Los agentes patógenos de las plantas, se transmiten a menudo cuando se corta el material vegetativo de multiplicación. Algunas prácticas importantes son la utili- zación de herramientas estériles para cortar el material de multiplicación y el uso del mismo que no ha sido cortado. Por ejemplo, plantar todo el tubérculo de la papa, en vez del tubérculo cortado, previene las pérdidas causadas por los hongos y bacterias que ocurren cuando se cortan los tubérculos.
6. La densidad de los cultivos o de las plantas tienen consecuencias importantes en la incidencia e intensidad de la enfermedad. Los cultivos densos de las plantas por lo general aumentan la enfermedad, pero, en algunos casos, (es decir, con algunas enfermedades virales) pueden reducirla. La densidad de los cultivos puede ser altera- da al manipular la relación las plantas o el espacio entre las filas.
7. La profundidad a la cual se plantan las semillas y los materiales de multiplica- ción pueden influir en la incidencia o intensidad de la enfermedad, situación que debe considerarse cuando se diseñan las estrategias para controlar las enfermedades. A menudo, la siembra superficial es una práctica eficaz para el control de las enfer- medades, ya que las plantas emergen rápidamente del suelo cuando no se han planta- do con tanta profundidad.
8. Los períodos de barbecho a menudo son beneficiosos para reducir las pérdidas causadas por las enfermedades de las plantas, especialmente para las enfermedades del suelo. El barbechado generalmente es más eficaz si se combina con las rotaciones.
9. Por lo general, el fuego y el calor se reconocen como prácticas para el manejo de las enfermedades de las plantas. Las altas temperaturas producidas por la quema pueden eliminar el inócoylo de muchos agentes patógenos.