3 Healthcare Cyber Risks and Risk Management
4: External events yes Awareness of environment; compliance; observing regulatory changes; consider
5.3 Study Limitations and Recommendations for Future Research
Manuel González Prada, al igual que otros grandes maestros hispanoamericanos, se dio a la difícil tarea de romper con ese fatal pasado. El desastre de la guerra con Chile no mostraba otro camino. Era menester formar otro tipo de hombre, reeducar a los peruanos. Orientar a la juventud por nuevos caminos. Por lo pronto, por el camino de la demolición del pasado. Sin temores, sin vergüenzas, sin cobardías. Manuel González Prada, con la palabra y la pluma como piquetas, empezó la demolición. “Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz. Dejemos la encrucijada por el camino real y la ambigüedad por la palabra precisa. Al atacar el error y acometer contra sus secuaces, no propinemos cintarazos con la espada metida en la funda: arrojemos estocadas a fondo, con hoja libre, limpia y centelleando al sol. Venga, pues, la verdad con desnudez hermosa y casta, sin el velo de la sátira ni la vestidura del apólogo [...] Seamos verdaderos, aunque la verdad cause nuestra desgracia; con tal que la antorcha ilumine ¡poco importa que queme la mano que la enciende y la agita!” (González Prada, “Discurso en el Teatro Olimpo”: 32-33). Denunciar, sacar a flote, mostrar toda la podredumbre y miseria de un pueblo que no había alcanzado aún su emancipación mental, tal fue la gran labor del maestro peruano. “Hay que mostrar al pueblo el horror de su envilecimiento y de su miseria —decía—; nunca se verificó excelente autopsia sin despedazar el cadáver, ni se conoció a fondo una sociedad sin descarnar su esqueleto” (González Prada, “Propaganda y ataque”: 110-111). No había por qué asustarse, ni por qué escandalizarse: “Fácilmente comprenderá el pueblo que antes se hizo todo con él, pero en beneficio ajeno; llega la hora de que él haga todo por sí y en beneficio propio” (103). Contra todas las
antiguallas había que lanzarse. Acabar con todas las mentiras convencionales. Eliminar todas esas frases que hablan de resignación; que nunca es la del que la predica. “Quitemos al poderoso algo de su poder, al rico algo de su riqueza, y veremos si reconocen o preconizan la resignación” (104).
¿Con qué medios iba a realizarse esta demolición? ¿Quiénes iban a ser los sepultureros de este pasado? Manuel González Prada creyó por un tiempo que un nuevo partido podría llegar a realizar esta obra; con esta intención fundó la Unión Nacional; pero pronto iba a conocer de la insuficiencia de este instrumento. Ya en 1898 había dicho: “¡Quién sabe si en el Perú no ha sonado la hora de los verdaderos partidos! ¡Quién sabe si aún permanecemos en la era del apostolado solitario!” (González Prada, “Los partidos y la unión nacional”: 212). Por lo que se refiere a los hombres que habían de acompañarle en esta tarea demoledora, tarea previa a la de reconstrucción, en el mismo famoso discurso pronunciado en el teatro Politeama había dicho: En la “obra de reconstrucción y venganza no contamos con los hombres del pasado: los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutos de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!” (González Prada, “Discurso en el Politeama”: 46). La juventud contestó a su llamado, siendo muchos los que le siguieron; con ellos fundó el citado partido en el cual puso sus más grandes esperanzas: un partido incontaminado, joven y limpio. La regeneración social era su programa.
El nuevo partido, tal como lo imaginaba Manuel González Prada, no debería tener compromisos con nadie más que con sus ideales. Debería ser intransigente e irreconciliable. “La Unión —decía— no pretende ganarse prosélitos [...] o solidaridades híbridas; rompe las tradiciones políticas y quiere organizar una fuerza que reaccione contra las malas ideas y los malos hábitos. Sólo de un modo nos atraeremos las simpatías y hallaremos eco en el alma de las muchedumbres, siendo intransigentes e irreconciliables [...] En el orden político, lo mismo que en el zoológico, el ayuntamiento de especies diferentes no produce más que híbridos o seres infecundos” (González Prada, “Los partidos y la unión nacional”: 210). En su tarea demoledora han de actuar con sentido práctico. Habrán de demoler todo aquello que signifique una falsificación. Ha de demolerse todo ese mundo de falsas legislaciones, leyes y constituciones ajenas a la realidad peruana. ¡No más utopías! ¡Es menester un sentido positivo de la realidad! Los hombres del pasado, a pesar de que presumían de un gran sentido práctico, “promulgaron constituciones y leyes, sin educar ciudadanos para entenderlas y cumplirlas; ellos fundieron un metal sin cuidarse de ver si el molde tenía capacidad para recibirlo; ellos decretaron la digestión sin tener medios de adquirir el pan [...] ¿De qué nos sirve la instrucción gratuita, si carecemos de escuelas? ¿De qué la ley de imprenta, si no sabemos ni leer? [...] ¿De qué la libertad de industria, si no poseemos capitales, ni crédito, ni una vara de tierra que romper con el arado?” (213). Antes que una reforma política, González Prada y su partido aspiran a realizar una reforma social. Todas las reformas políticas serán inútiles si antes no se realizan urgentes reformas sociales. Antes que libertades políticas es menester dar al pueblo los elementos para elevar su nivel social. “La Unión Nacional podría condensar en dos líneas su programa: evolucionar en el sentido de la más amplia libertad del individuo, prefiriendo las reformas sociales a las transformaciones políticas” (214). “¡Fuera política, vengan reformas sociales!” (215).