5. Discussion and Conclusions
5.7 Study Limitations
Esta es una temática que ha interesado a Rogers en forma explícita y a la que se ha referido, directa o indirectamente, en múltiples escritos. Aquí presento una síntesis de los aspectos que me parecen más relevantes.
a) La Naturaleza Humana
Según Rogers, los mejores términos para describir la naturaleza humana son: “positiva, progresista, constructiva y confiable”. No está de acuerdo con quienes la presentan como “fundamentalmente hostil”, ni con quienes la ven como una tabula
rasa, o como un ente perfecto corrompido por la sociedad, (Rogers,
1960). En otra parte afirma:
Uno de los conceptos más revolucionarios que se desprenden de nuestra experiencia clínica es el reconocimiento creciente de que la esencia más íntima de la naturaleza humana, los estratos más profundos de su personalidad, la base de su `naturaleza animal` son positivos, es decir, básicamente socializados, orientados hacia el progreso, racionales y realistas” (Rogers, [1961], 1972, p.90).
Esta visión optimista se fundamenta, como acabamos de ver, en la constatación de las fuerzas de crecimiento que se puede hacer en el trabajo clínico. Pero también en la experiencia de los grupos de encuentro y en las vivencias de nuevas formas de relación de pareja, entre otros ejemplos (Rogers, 1977a). Además, están los hallazgos de diversos biólogos y otros científicos naturales, que le permiten sostener su hipótesis de una tendencia actualizadora en el ser humano. Ella, incluso, formaría parte de una tendencia formativa del universo (Rogers, 1980), tal como veremos más adelante.
Tras esta concepción, está latente una convicción acerca de la racionalidad del organismo humano. Este viene a ser como una gigantesca computadora que puede considerar todos los elementos presentes en una situación y escoger las conductas que siguen el vector más próximo a la satisfacción de todas las necesidades presentes. Nada más lejos de una idea de naturaleza humana contradictoria y llena de instintos en lucha.
b) La Sociabilidad Humana
El ser humano forma parte de una especie y de una clase. Como tal, vendría a ser una de las criaturas más sensibles, receptivas, creativas y adaptables del planeta, entre cuyas características más importantes estaría la tendencia a la cooperación con sus congéneres (Rogers, 1960). Por lo tanto la sociabilidad formaría parte de su naturaleza. Dice Rogers:
...el hombre tiene fundamentalmente un violento deseo de relaciones seguras, íntimas y comunicativas con los demás hombres, y se siente intimidado, solitario e incompleto cuando no se dan estas relaciones. Esta tendencia, igual que las demás, puede ser reprimida o desviada, lo que conlleva que muchos individuos se aíslen y que muchos convivan con los demás mediante relaciones hostiles, distantes y faltas de comunicación. Sin embargo, la tendencia más profunda, la característica más fundamental parece ser la tendencia social (Rogers, 1965a, p.20).
Cuando el sistema social no permite el desarrollo de sus potencialidades, el individuo se frustra. Dependiendo de la intensidad, amplitud y duración de la o las frustraciones, puede sufrir disociaciones y trastornos psicológicos. Por lo tanto, las conductas destructivas del ser humano se explican por el ambiente que reprime o canaliza inadecuadamente sus tendencias. Esto no quiere decir, sin embargo, que las personas no puedan mostrar en ciertas ocasiones conductas “inapropiadas”. Es el caso del rechazo fáctico a determinadas normas sociales que impidan o limiten su realización humana.
c) La Libertad
Que el ser humano es libre, viene a ser una de las convicciones filosóficas centrales del enfoque rogeriano. Tanto así que Yela (1967) se ha referido a él como “psicoterapia de la libertad” y ha llegado incluso a decir que:
La psicoterapia de Rogers no sólo es psicoterapia de la libertad, sino que es sólo psicoterapia de la libertad (Yela, 1967, p.XI).
Para Rogers, en el proceso terapéutico se comprueba día a día la veracidad de su convicción. La meta de éste es aumentar la libertad en la persona, pero para que ello se produzca es imprescindible que se vaya ejerciendo en su decurso:
Quiero significar que no podría explicar ningún cambio positivo en psicoterapia si omito la importancia de las elecciones libres y responsables de mis clientes. Creo que esta libertad para elegir es uno de los elementos que subyacen en todo cambio (Rogers, [1969], 1978, p.199).
Pero también cita en su apoyo varias investigaciones empíricas. La más conocida es aquélla en que descubrieron una significativa menor reincidencia en jóvenes delincuentes que eran capaces de aceptar en su conciencia todos los factores relacionados consigo mismo y con su situación, y luego elegir el curso de acción más satisfactorio (Campos, 1982, p.51). Cuando intenta precisar su concepción, destaca dos elementos fundamentales de la libertad humana. Primero, dice que es esencialmente interna y que no depende de las alternativas exteriores. Consiste en la actitud última con que se enfrenta cualquier conjunto de circunstancias, es:
Esa clase de coraje... que permite a una persona aceptar la incertidumbre de lo desconocido cuando elige por sí misma. Es el descubrimiento de significados desde uno mismo... Es la carga de responsabilidad por lo que uno ha elegido ser. Es el reconocimiento de ser una persona en evolución y no un producto final estático (Rogers, [1969], 1978, p.200).
En segundo lugar, dice que es un complemento del mundo psicológico entendido como secuencias de causa a efecto. La libertad, tal como él la entiende, existiría en una dimensión diferente, la dimensión de la subjetividad humana.
Bien entendida, la libertad es el cumplimiento de la secuencia ordenada de la vida. El hombre libre se mueve voluntaria y responsablemente para desempeñar su parte significativa en un mundo cuyos acontecimientos determinados pasan por él y por su elección y voluntad espontáneas (Rogers, [1969], 1978, p.200).
Habla aquí el Rogers investigador científico que pretende conciliar la perspectiva determinista de la ciencia con la perspectiva abierta del terapeuta. Reconoce que para muchos estas dos aproximaciones son irreconciliables, pero a él le parecen mas bien una paradoja que puede llegar a ser fructífera, tal como lo han sido la teoría ondular y la corpuscular de la luz en Física. Por eso, una
de las mayores preocupaciones intelectuales de sus últimos años de vida fue la búsqueda de una nueva epistemología para la psicología.
d) La Subjetividad
Entre mis actitudes fundamentales, hay una que creo tiene particular relevancia para evaluar correctamente cualquiera de mis teorías. Se trata de mi fe inquebrantable en el predominio fundamental de lo subjetivo. El hombre vive esencialmente dentro de su propio mundo personal y subjetivo. Sus actividades, incluso las más objetivas –me refiero a sus proyectos científicos, matemáticos, etc.–, son el fruto de propósitos subjetivos y elecciones subjetivas (Rogers, [1959a], 1978, pp.16–17).
Hay aquí un eco de la postura fenomenológica que fue asumiendo Rogers para la mejor comprensión de la conducta. Pero sobre todo hay un reflejo de su experiencia en intentar ayudar a otros. No hay manera de facilitar el proceso terapéutico o cualquier otro proceso de crecimiento personal, si no se puede penetrar en el mundo subjetivo del cliente.
La existencia es irreductible a las leyes de la causa–efecto. El ser humano no puede vivirse nunca a sí mismo como un objeto. Sus juicios, sentimientos, sensaciones y experiencias las vive directamente como “dadas” y no como interpretadas. Por eso tampoco puede accederse a él con un punto de vista objetivo y extrínseco en una relación personal tal como es la terapéutica. De aquí también el peligro del abordaje científico en psicología y psicoterapia, puesto que tiende al reduccionismo de lo humano en términos de una compleja red de causas y efectos.
Independientemente del grado en que el hombre se comprenda a sí mismo como un fenómeno determinado, producto de elementos y fuerzas del pasado, y causa determinante de eventos y conductas futuras, no puede vivir nunca como un objeto. Sólo puede vivir subjetivamente. Algunos de los individuos más conmovedores que conozco son aquellos que continuamente intentan comprender y predecir objetivamente su conducta. Cada acción tiene significado para ellos sólo en cuanto efecto predeterminado por una causa precedente, y toda su vida se hace una caricatura triste del ciempiés que observa autoconscientemente sus propias patas (Rogers, 1965a, p.29).
En el fondo, el atributo de libertad que examinábamos en el punto anterior, viene a ser un aspecto del que estamos revisando ahora. Aún cuando todo el universo estuviera determinado, cada persona lo vivenciaría a su manera y haría sus elecciones basándose en ello.