La función de la cámara es observar, enfatizar e indicar. En Bolivia, este papel se evidencia en la manera de captar las expresiones de los rostros y el intercambio de miradas. El deseo, la frustración, la indignidad, el odio y la búsqueda de alianzas se indican con el primer plano y el ángulo oblicuo de la cámara.
Rosa es la única mujer que aparece en el filme, rodeada por un ambiente sumamente masculino. La primera vez que aparece en el encuadre, la vemos salir del taxi de Marcelo a través de la ventana del bar (00:05:37). Cuando Rosa entra por la puerta, está seguida por las miradas de Enrique, Freddy y los comensales. Tal y como apunta Bernades (2002), la mujer paraguaya es “el objeto de deseo” con su “cabello negrísimo y un mechón displicente” (sin página). No obstante, por su aspecto físico es, al igual que Freddy, considerada una persona de afuera.
En Bolivia, los extranjeros se vuelven figuras esenciales en un clima tenso entre hombres de la misma clase social. Esto resulta evidente cuando los problemas de El Oso se trasladan a confrontaciones con Freddy. Luego queda claro que el jefe del bar también tiene deudas
pendientes. Enfrentado con su propia penuria económica, establece la diferenciación de sus empleados en una la búsqueda de alianza. Esto ocurre cuando Marcelo y Enrique discuten las deudas de El Oso (00:50:05), y Marcelo le acuerda que Enrique también tiene deuda con un amigo común. El siguiente primer plano de Enrique, acentúa el endurecimiento en la
expresión de su rostro y la inseguridad en sus ojos. Como el intercambio de las palabras entre el jefe y el comensal varia entre plano y contraplano, el siguiente encuadre confirma la observación de Marcelo de la inquietud repentina, producida por su comentario. Por
consiguiente, Enrique toma la primera oportunidad para reestablecer una alianza con Marcelo. Empieza a regañar a Freddy, quien intenta arreglar el control de la televisión sin éxito:
(00:51:22)
Enrique: “¡Dejá si no sabés! ¡Andá a la parrilla, andá! … Yo no sé si estos tipos son
pelotudos o no te escuchan cuando hablás”
Marcelo: “Son tranquilos”
Enrique: “A mí me parece que se hacen locotudos para pasarlo bien. Pero si vos no te [vas] a
acordar, son tus patrones”
En el momento en que Enrique empieza a comentar el comportamiento de sus empleados, se produce un corte y la posición de la cámara cambia a un plano picado con ángulo oblicuo. Primero el plano medio sólo muestra a Enrique. Después el plano medio largo incluye al jefe y el comensal comunicando diagonalmente arriba de la barra, y vemos la espalda de Freddy en el fondo. Enrique y Marcelo hablan los dos en la dirección de la televisión que se
encuentra en una posición a la izquierda del encuadre. Después de la última palabra de Enrique, el dueño gira la cabeza y entrecruza su mirada con la de Marcelo.
Enrique sabe que Marcelo ya está enojado con Rosa por rechazar su invitación la noche anterior. En un momento breve se busca y se establece un consentimiento de nosotros
diferenciados a ellos. Esto coincide con la descripción psicológica/sociológica de Santi (2002) (ver pág. 31). Al mismo tiempo, la cámara elude mostrar las reacciones de los ofendidos. Rosa está ausente en el plano y la espalda de Freddy casi no se ve en el plano que apenas incluye al jefe y el comensal. Sin embargo, sabemos que están presentes y que el espacio limitado del local les obliga a escuchar los comentarios despectivos. La xenofobia se expresa abiertamente en el temor manifestado de perder autoridad y poder, y en la búsqueda de
establecer una alianza con la mirada. Al mismo tiempo, el corte repentino a la próxima escena y la ausencia de los personajes indicados, contribuyen a atenuar la acción injuriosa.
“A través de las diferencias entre el discurso de los personajes y los acontecimientos narrados se produce una discordancia que lleva al espectador a mirar distanciadamente, con sospecha, todo lo que los personajes enuncian de los demás” (Aguilar 2006, 169). Con esta sospecha, señalada por Aguilar, observamos cómo las figuras se defienden e intentan recuperar sus posiciones en el ambiente del bar en perjuicio de otros seres humanos. Freddy y Rosa son las personas de afuera que en el momento que entran al bar tienen una posición social y un estatus inferior a los argentinos. Así, se vuelven fichas en un juego de posiciones sociales en un período de crisis. Junto a las palabras del ejemplo anterior, me parece que el repentino ángulo oblicuo sugiere al espectador una observación crítica de los acontecimientos. El ángulo contribuye a indicar que se trata de encubrir la vergüenza y reestablecer el honor en el local.
Por otro lado, la única mirada que Enrique no acepta es la de Héctor. Héctor se distingue también en el ambiente masculino de la clase obrera, en este caso por su inclinación sexual. Enrique, El Oso y Marcelo aprovechan la oportunidad para imponerse frente al vendedor homosexual de Córdoba. Cuando Héctor fija la mirada en el nuevo cocinero, Enrique se acerca y en voz baja (en primer plano medio) le ordena claramente retener los ojos de su empleado (00:40:30). Nunca se produce un episodio parecido cuando los comensales
observan a Rosa. Lo considero, por tanto, un pretexto que aprovecha Enrique para colocarle a Héctor en su sitio, debido a su inclinación sexual. Cuando Héctor intenta cambiar el canal de la televisión del bar, Marcelo y El Oso, a espaldas, explican el gusto diferente de programa por la misma razón.
En diferentes planos y con distintos ángulos observamos las conversaciones y el intercambio de miradas cargadas y de consentimiento. Así sentimos la frustración y el odio latentes en el ambiente.