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APPENDIX 2: STUDY 2 TRIAL MAP TASKS – MATERIALS AND DATA

Segundo periodo: Avanzada modernizadora (1931 - 1973)

En este periodo se consolida la “imagen modernizadora” del territorio. El imaginario modernizador prevaleció sobre las otras visiones como lo manifiesta José Castro Borrero81, principal gestor de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (descrita más adelante), en la presentación del contenido social y económico del nuevo plan de desarrollo:

Los recursos naturales no tienen ningún significado si no se busca en ellos un contenido funcional de servicio para el hombre como quiera que ese fue el fin para el cual fueron colocados en la tierra por la providencia... Un plan de tan vastas proporciones necesariamente debe corresponder al contenido y alcance de la civilización cristiana que ha informado en todo momento nuestro origen y desenvolvimiento... No cabe duda de que este es uno de los sitios del país con mayor posibilidad de utilización de brazos para el desarrollo de los programas, ello no solo se ha originado por el crecimiento vegetativo sino por la afluencia de elementos de todas las secciones del país... Existe en ellos imaginación y talento, no obstante aquí, como en todo el país, nuestra mayor deficiencia es la falta de educación... Todas esas aptitudes y cualidades sin educación conveniente [adiestramiento extranjero], constituyen un campo propicio a los desbordamientos revolucionarios y anarquistas. El obrero o el campesino raso colombiano sin educación es un incendiario en potencia, que bien dirigido podría ser todo un promotor de empresa... La responsabilidad es de todos y no podemos ser inferiores ni a nuestro paisaje ni a la tradición de los mayores.

Ramos (2005: 288), por su parte, menciona en uno de sus textos lo difícil que fue para los ingenios incorporar nuevas tierras para el cultivo de la caña (en los años 60) y hace referencia directa al apego de los productores a sus costumbres productivas ancestrales atrasadas, por lo que pasaron como “terratenientes escépticos y reticentes”: Al invitar a un veterano agricultor a que vinculara tierras a la caña dulce, este, mirando con cierta socarronería a su interlocutor, respondía:

“¡No, no, no! ¿Esperar 18 meses para recibir el pago?”.

Sacar a otro de sus costumbres ancestrales de apego al terruño, así hubiera cambiado caballo por camioneta e introducido arado de discos en vez de yunta de bueyes en sus plantaciones, era faena titánica, casi para algunos como una solemne perdedera de tiempo:

“Me moriría sentado en una banca del parque de Palmira, sin saber qué hacer. Déjeme seguir cosechando mis pepas. Ellas dan, si uno está al pie mirando granar la cosecha”,

contestaba el inveterado agricultor.

81 Abogado, miembro de la élite vallecaucana, alcalde de Cali en 1948, Gerente Regional de la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, seccional Cali, y, a partir de 1949, Gerente de las Empresas Municipales de Cali, entre otros cargos.

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Otro miraba con nostalgia los potreros donde pastaba la vacada mientras se aprestaba a inspeccionarla a lo chalán:

“Si ya hay una muy buena raza de toretes y terneras y me costó mucho hacerla”. Así decía

parándose en la montura, haciendo una señal de adiós con la mano sobre el ala del sombrero, volviendo bridas, casi que presuroso... Nadie lo sacaría de su pasión ancestral por la tierra, ni del paseo en su caballo de buen paso castellano respirando el aire vegetal de los potreros.

A partir de los años 30, la modernización se establece como “proyecto nacional” a través de la aplicación de la ciencia y la tecnología en la agricultura, siendo concebida como el motor del progreso nacional y la fuente de acumulación de riqueza. Sin embargo, no era solo la incorporación de los adelantos en ciencia y tecnología de países del Norte, también era necesario ampliar la infraestructura y los medios de transporte, construir una plataforma que permitiera el desarrollo económico por la vía de una mayor inserción del país en el mercado internacional, que se hizo a través de la creación de un entramado institucional, tanto estatal como gremial, encargado de promover los cambios y las normas (González, 2001) e incentivar la creación de centros de investigación y educación agropecuaria (Valencia & Acevedo, 2010).

Esta investigación coincide con las aseveraciones de Rivera y colaboradores (2007: 186-188) cuando resaltan a partir de su estudio sobre los imaginarios de naturaleza para el periodo 1950 y 1970 en esta región, el rol determinante que jugó el modelo educativo adoptado en el país–basado en una visión eurocéntrica y en las ciencias modernas- el cual “contribuyó a la reproducción de las estructuras sociales y la adopción de nuevos paradigmas de bienestar fundamentados en el crecimiento económico lo que se constituyó en requisito para la transformación del paisaje rural”. Así mismo, esta investigación coincide en el importante papel de los medios de comunicación en el radical cambio de las relaciones entre la sociedad y la naturaleza de esta región para este periodo. Los periódicos82 - algunos fundados desde finales del siglo XIX y propiedad de la misma élite conservadora - reforzaban el imaginario de desarrollo y progreso. La necesidad de domeñar la naturaleza para lograr la modernización de la sociedad a través de la construcción de infraestructura, la creación de centros educativos (con la intervención de instituciones foráneas), la transferencia tecnológica y la necesidad de “desocupar el campo”, fueron los pilares que marcaron los cambios de una sociedad agraria a una agroindustrial y urbanizada en el siglo XX.

82 Algunos citados en este y capítulos anteriores y otros como La Voz Católica, El Relator, Diario del Pacífico, Correo del Cauca, Nueva Patria, Nuevo día (diario liberal de la mañana), El País (diario matinal conservador), La voz de Palmira, El Día (Semanario de Información) y Nueva Era.

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Los cambios, no obstante, no se dieron de manera uniforme en el tiempo. Esta etapa marca de manera paulatina los hitos que causarían los mayores cambios en el valle geográfico, primero de manera gradual, hasta la década de 1950, y, a partir de allí, con mayor celeridad y contundencia, hasta terminar el periodo, en 1973.

La infraestructura y el transporte

La navegación por el río Cauca, como vía fluvial para el transporte de mercancías y pasajeros, que comenzó a finales del siglo XIX, empieza a decaer a mediados de los años veinte y prácticamente desaparece en la década del 30. Las razones para dicha decadencia son variadas, algunas ambientales y geográficas –poca profundidad del río, por sedimentación o por las variaciones climáticas, que afectaban el nivel del agua, y escasez de leña como combustible– y otras, propias del mismo modelo modernizador, como la construcción del ferrocarril, que incrementa el tráfico de mercancías y viajeros entre las décadas del 30 y 60, cuando empieza también a sucumbir, desapareciendo del paisaje casi por completo para 1968 (CVC, 2004: 39-39; Zuluaga, 1998: 148 ).

Entre tanto, la construcción de carreteras dinamizó el intercambio de mercancías y la movilidad de las personas, articuló los circuitos económicos y la conectividad con otras regiones del país, acentuando la vocación exportadora de la región, iniciada desde finales del siglo XIX (Ramos, 1995: 7). Este avance, entre otras razones, marcaría la desaparición de los anteriores medios de transporte.

En este mismo periodo la región llegó a tener tres aeropuertos: El primero y único sobreviviente,

el de la naciente Fuerza Aérea Nacional (1933) –denominado más tarde Base Aérea Marco Fidel

Suarez–, mezclaba las operaciones comerciales y militares. Los otros dos aeropuertos, “Calipuerto” y Limonar construidos por iniciativa privada e inaugurados en 1947, con el interés de atender vuelos internacionales que conectaran a Panamá con el sur del continente, con escala en la ciudad de Cali, tuvieron corta existencia como consecuencia de las primeras fusiones de las empresas de aviación (Escobar, 2009).

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El aeropuerto internacional de Palmaseca –hoy renombrado Alfonso Bonilla Aragón– se inauguró en julio de 1971, por iniciativa del gobierno de la época. Situado en el municipio de Palmira, se constituyó en uno de los aeropuertos más importantes del país y la región, concentrando toda la operación comercial –en particular, el transporte de mercancías y pasajeros– de Cali y la región hasta la fecha. Su construcción generó, además, la necesidad de trazar la carretera de Palmaseca, que se conectó al trayecto Cali-Yumbo de la carretera Panamericana, ampliando la creciente red vial.

Nuevas misiones internacionales y el uso de la tierra

La elección del gobierno nacional desde mediados del siglo XIX por la integración a la economía mundial con la exportación agraria y minera, según los signos capitalistas de países europeos y de Norteamérica, apoyada en las iniciativas empresariales modernizadoras de las élites regionales y locales basadas en sus propios intereses, se vio reforzada por las diversas misiones extranjeras, todo lo cual marcaría durante la década del cincuenta las bases de un nuevo modelo de desarrollo.

En este periodo, como en el anterior, la llegada a Colombia de varias “Misiones” provenientes de Norteamérica influenciaron las transformaciones en los patrones de uso de la tierra en el valle geográfico. A finales de 1940, el Ministerio de Agricultura83 suscribió un convenio de colaboración con la Fundación Rockefeller para la investigación agrícola y la promoción de la agricultura moderna, creando en 1950 la Oficina de Investigaciones Especiales (OIE) en el Ministerio de Agricultura84, que trabajó en programas de mejoramiento de cultivos como maíz, caña de azúcar y plantas forrajeras. En 1955 se creó la División de Investigación Agropecuaria (DÍA) encargada de todas las estaciones experimentales del Ministerio de Agricultura85. En el Valle del Cauca, la Fundación abrió una oficina en Cali, en 1960, para “aliviar las necesidades humanas básicas mediante el establecimiento de programas de desarrollo rural y comunitario, a través de dos estrategias fundamentales: la formación del personal local y el fortalecimiento de las instituciones mediante programas de intercambio con universidades de Estados Unidos y el apoyo de becas para académicos colombianos” (Rockefeller Foundation, 1978). Además de esta

83 El Ministerio de Agricultura y Comercio modificó su nombre y fue reorganizado varias veces durante los años 30 y 40, antes de que se creara un Ministerio de Agricultura independiente, en 1948 (Beintema, et al., 2000: 4).

84 Este sería la base para establecer luego el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, en 1962.

85 A finales de los años 50, la DÍA tenía 5 centros nacionales de investigación agropecuaria, un laboratorio de patología veterinaria, 6 granjas experimentales y 12 subestaciones (Beintema, et al., 2000: 5).

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Fundación, también hubo importantes donaciones de las Universidades de Nebraska y Michigan y las Fundaciones Ford y Kellogg en programas de “desarrollo”.

Sin embargo, parece haber cierto consenso académico en que la Misión más influyente a largo plazo en el país fue la del Banco Internacional de Reconstrucción, BIRF, en 1949, hoy Banco Mundial, liderada por Lauchlin Currie, a quien se le asignó la tarea de “formular las bases de un programa comprensivo e integrado de desarrollo para Colombia, que pudiera elevar el nivel de vida del pueblo colombiano” (BIRF, 1950).

El diagnóstico realizado por Currie a la agricultura colombiana planteó que el problema agrario en Colombia radicaba en el uso antieconómico e inadecuado de la tierra. Es decir: 1) los bajos niveles de producción asociados a altos costos causados por la baja productividad del trabajador rural y el desproporcionado número de habitantes de las áreas rurales, con la consecuente parcelación excesiva de la tierra en minifundios, 2) el empleo de técnicas rudimentarias, 3) la insuficiente vinculación de capitales al campo y 4) la inestabilidad en los planes y programas del Estado. Las recomendaciones de esta Misión marcaron el devenir de la política agraria a partir de 1950, con una propuesta de modernización e integración económica de la agricultura (Ospina, 1987, González, 2001; Kalmanovitz & López, 2006).

El informe de la Misión, asociado a los acontecimientos mencionados anteriormente, tuvo como consecuencia el estímulo a la agricultura de exportación aprovechando las grandes escalas de producción en productos como el ganado vacuno de engorde, el algodón y el azúcar, a través de negocios privados, con medidas como la intensificación del crédito a los agricultores86 y el mejoramiento del transporte, todo acompañado de una estrategia para generar una rápida migración de la población campesina hacia las ciudades y zonas de colonización.

En este contexto, una nueva misión internacional, proveniente de Estados Unidos, liderada por David Lilienthal, visitó la región suroccidente del país en 1953 con el objetivo, nuevamente, de generar, según la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, “un plan de fomento económico

86 El crédito de fomento, pilar del modelo económico, encauzó gran parte de los recursos financieros a estos cultivos dentro de su política de mayor intervención del Estado y la protección arancelaria (Kalmanovitz & López, 2006: 2000).

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que incluyera un estudio integral de todos los factores de riqueza, como acertada fuente de orientación para la actividad oficial y privada” (CVC, 2004: 55).

El Plan Lilienthal recomendó para el desarrollo de la región, entre otros programas, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica; el control de inundaciones e irrigación de tierras agrícolas; la intensificación de la ganadería en la ladera, para disponer de las tierras planas para la agricultura y el mejoramiento en los medios de transporte (97); con un plan de obras a diez años que incluían: construcción de represas, apertura de canales de irrigación, desecación de tierras anegadizas y ciénagas para recuperar miles de hectáreas de tierra ociosa.

Señalaba el plan que una parte sustancial del desarrollo estaría fincada en el capital y la energía humana aplicada a los negocios privados, tales como las explotaciones agrícolas y las grandes explotaciones azucareras, pequeños y grandes comercios al detal y la construcción de fábricas. Una parte sustancial del desarrollo necesariamente tendría que ser enfrentado por el gobierno y correspondería a la construcción de carreteras, electrificación, navegación fluvial, ferrocarriles, facilidades portuarias, aeropuertos, salud pública y experimentación agrícola y forestal. Finalmente, Lilienthal expresaba que, como sucedió en el Valle de Tennessee87, después de una inversión inicial del gobierno, afloraría una gran actividad privada en todos los aspectos de la economía regional vallecaucana88. La CVC serviría “como modelo demostrativo de lo que significa la programación coordinada, eficiente y moderna de los recursos naturales, como el agua, la tierra, los bosques y los minerales, así como de la industria y la educación” (CVC, 2004: 63).

El modelo proteccionista de la economía y las nuevas instituciones

Hasta 1950, la política comercial del país se caracterizó por el aparente antagonismo entre dos posiciones divergentes: el debate, por un lado, sobre la autosuficiencia, seguridad alimentaria y sustitución de importaciones y, por otro, una posición aperturista que abogaba por el control de la

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El río Tennessee y sus afluentes forman una cuenca hidrográfica con cerca de 105.153 kilómetros cuadrados de superficie. La cuenca abarca dos tercios de Tennessee y parte de seis estados más. En 1933 se creó una corporación federal autónoma “Tennesse Valley Authority” para la gestión de la cuenca. El objetivo era proporcionar navegación, control de inundaciones, generación eléctrica, producción agrícola y el desarrollo económico al valle de Tennessee, zona afectada por la gran depresión. En los primeros años se construyeron presas que obligaron el desplazamiento a más de 15.000 familias. La red de presas y los canales de navegación construidos ayudaron al desarrollo económico del valle, aunque también provocaron grandes impactos ambientales.

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inflación y el manejo de los salarios urbanos para fomentar la industrialización, lo cual trajo cambios sucesivos en lo referente a la producción agropecuaria entre políticas de librecambio y de protección (González, 2001).

La estrategia de crecimiento que directa e indirectamente fomentó el desarrollo de actividades productivas por medio de la sustitución de importaciones a comienzos de siglo comenzó a tener vida propia en las políticas de gobierno y se convirtió en la estrategia para la industrialización del país. En un primer momento respondió a las restricciones del flujo comercial ocasionadas por la segunda guerra mundial a los antecedentes de sustitución, que ya se venían adelantando en diferentes áreas productivas, y a los esquemas proteccionistas que imponían los países del norte. Ya desde los primeros años de la década de los cincuenta la sustitución de importaciones fue formalizada teórica y conceptualmente por la escuela Cepalina –en cabeza de Raúl Prebish– y pasó a convertirse en el modelo de desarrollo de la mayoría de los países latinoamericanos (Garay, 2004).

En Colombia, esta estrategia buscó reducir costos a los productores agropecuarios en términos de insumos, financiamiento, infraestructura de producción y tecnología, así como proteger los precios internos de fluctuaciones de los precios internacionales (Kalmanovitz & López, 2006: 198 - 199).

La estructura institucional, entre tanto, tuvo gran desarrollo a todas las escalas durante este periodo. En el anterior se crean, aunque de manera aislada, las condiciones para la organización de la investigación y transferencia tecnológica, incorporadas y mejoradas a través de la Ley 132 de 1931. La integración de las funciones sustantivas de la transferencia tecnológica, introducidas con la Ley 64 de 1879, finalmente no se da y la nueva Ley intenta cohesionar y coordinar las diversas acciones, básicamente de investigación, a través de las granjas experimentales creadas en Bogotá, Medellín y Palmira, ratificando el papel central de dirección del Estado con la “colaboración y cooperación de las entidades departamentales y del sector productivo”, especialmente las sociedades de Agricultores y Ganaderos. El nuevo ordenamiento legal involucra servicios de investigación, experimentación, enseñanza, demostración, estadística y divulgación agrícola y pecuaria, dentro de un marco regional, a través de los Institutos Agrícolas,

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conformados por una Estación o Granja agrícola, una escuela superior de agricultura y un servicio de divulgación, atendiendo las necesidades y problemas de sus áreas de influencia, pero con una coordinación nacional (Piñeiro et al., 1982: 240-241).

A partir de la necesidad de impulsar la enseñanza práctica de las ciencias agronómicas en el Valle del Cauca se crea la Escuela Superior de Agricultura Tropical, ESAT, en 1934 (Valencia & Acevedo, 2010: 84 - 88), y se transforma, entre 1944 y 1948, mediante la ordenanza No. 62 del 23 de junio de 1944, en la Facultad de Agronomía del Valle que haría parte de la Universidad Nacional sede Palmira, entre 1949 y 1970, cuando se transforma en la Facultad de Ciencias Agropecuarias.

En la década de 1930 surgieron nuevas instituciones. Entre ellas, la Federación Nacional de Cafeteros y la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, fueron las principales organizaciones privadas, mientras que en el sector público surgían el Instituto de Fomento Industrial, IFI, el Instituto de Crédito Territorial, ICT, el Consejo Nacional de Agricultura, CNA89, el Banco Central Hipotecario, BCH, la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, Caja Agraria. Todas de gran importancia para el futuro de la región.

Pero fue en la segunda mitad del siglo que el Estado amplió su base burocrática de manera importante90. En 1957 crea el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC, con la función central de clasificar las tierras y corregir el problema de uso inadecuado de los suelos del país (Machado, 1986). En 1961 se creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, INCORA, entidad encargada de los procesos de reforma agraria y de titulación de tierras y, en 1962, se crea el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, como unidad descentralizada y autónoma, en reemplazo del Departamento de Investigación Agropecuaria, DÍA91, como apoyo tecnológico

89 Consejo Nacional de Agricultura, CNA, cuerpo asesor del gobierno, supervisor de las áreas de investigación, educación difusión tecnológica, adquisición de maquinaria, equipos e insumos y la construcción de estadísticas agrícolas (González, 2001: 95).

90 Entre 1886 y 1939 fueron creados 35 empresas públicas del orden nacional, con un promedio de 7 por década. En los años 40, el promedio se elevó a 18, en la década del 50, a 32, y en los años 60, a 43, para desacelerarse luego en los 70, cuando fueron creadas apenas 17 nuevas entidades (Ocampo, et al., 1994: 243).

91 El Programa de investigación planteado por la Fundación Rockefeller a través de la Oficina de Investigaciones Especiales, OIE, la División de Investigaciones Agropecuarias, DÍA, y la formación de profesionales en Universidades de Estados Unidos (entre ellas, la U. Cincinnati, U. de Purdue –Indiana–, U del Estado de Carolina del Norte y U. del Estado de Michigan) no alcanzó los