Type IV – Standard Set Epoxy for Blade Deflecting-Type Plowable Markers (C) Requirements
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Hay distintas maneras de llevar a cabo un proceso terapéutico basado en la Teoría de Bowen. Lo característico de este trabajo es la concepción teórica, no la técnica, por lo que la práctica puede tomar formas muy distintas. Lo que describo a continuación son las formas más comunes utilizadas por clínicos que trabajan desde esta perspec- tiva, pero no son, de ninguna manera, las únicas posibles.
5.1. Duración y frecuencia de las sesiones
Las sesiones suelen ser de entre 50 minutos y una hora de duración. Algunos clíni- cos prefieren tener sesiones más largas durante las dos o tres primeras citas, en las que obtienen la mayor cantidad posible de datos sobre varias generaciones. Una vez obtenida esta información básica, las sesiones tienden a volverse más cortas.
Generalmente, en la primera fase de la terapia (que puede durar unos meses) las sesiones se tienen de manera semanal. Conforme avanza el proceso, la frecuencia suele reducirse a una periodicidad quincenal. Cuando el trabajo con la propia familia se ha puesto en marcha, algunas personas se benefician de la terapia acudiendo sola- mente una vez al mes con el objetivo de darle seguimiento a los esfuerzos realizados y ajustar sus planes de acción. Esto va a depender de la cantidad de trabajo que las personas puedan hacer en los intervalos entre sesión y sesión. También sucede que, después de haber consolidado ciertos objetivos, algunas personas deciden acudir a consulta de manera regular una o dos veces por año durante varios años.
El trabajo para alcanzar un mayor grado de Diferenciación del Self es una trayec- toria de vida. No tiene un punto final. Algunas personas acuden a consulta y la dan
por terminada cuando sienten que han alcanzado ciertos objetivos. Otras continúan el contacto con su terapeuta durante muchos años. Generalmente, estas personas son también quienes se interesan por conocer más sobre la Teoría y gustan de participar en seminarios y conferencias que les ayudan a seguir afinando su conocimiento sobre ella y su aplicación a la propia vida (Papero, 1995).
Hay algunas excepciones a la forma de trabajo ya descrita, por ejemplo, cuando una familia viaja desde un lugar lejano para acudir a la consulta. En este caso se pueden establecer jornadas de trabajo más intensas. Se podrían ofrecer dos citas de una hora y media en un solo día y repetirlo al día siguiente, organizar una sola jor- nada larga de tres o cuatro horas con algún intervalo de descanso, o llegar a alguna otra solución similar. De esta forma, la familia puede obtener el máximo beneficio de su visita. Las personas o las familias que se encuentran en esta situación suelen realizar estas visitas una o dos veces al año.
En este tipo de terapias, al igual que en otras modalidades de servicios de salud mental, la incorporación de medios electrónicos de comunicación como alternativa a la consulta en persona (frente a frente) es una posibilidad. La utilidad de estas opciones, sus beneficios y sus limitaciones están por definirse y probarse (Hoffman, 2011, 23 de septiembre; Plante, 2005). En todo caso, estos medios electrónicos podrían resultar apropiados para regular la frecuencia de las sesiones cuando se presenta la dificultad de visitas frente a frente. La terapia basada en la Teoría de Bowen se presta especialmente a la incorporación de este tipo de medios para con- ducir la terapia, dado que la relación terapéutica por sí misma no se concibe como el eje central del proceso. Algunos terapeutas utilizan las conversaciones telefónicas o videoconferencias para dar seguimiento a procesos que ya se han iniciado en perso- na. Se necesita esperar todavía algunos años para evaluar la relevancia que tomarán estas nuevas modalidades en este contexto terapéutico.
5.2. Quienes participan en la consulta
Cuando se habla de «terapia familiar», inmediatamente viene a la mente una escena con padres e hijos juntos en una sesión. Esto no es siempre cierto cuando se trabaja desde la Teoría de Bowen. La familia entera se tiene siempre en mente, pero no todos acuden necesariamente a la consulta.
El primer criterio para definir quiénes asisten a las sesiones es la motivación y el interés. El terapeuta trabaja con quien o quienes estén deseosos de hacerlo, aun- que no sean quienes presenten los síntomas más severos. Por ejemplo, la madre de un adulto joven que no logra «despegar» y establecer una vida independiente y responsable puede ser quien acuda a consulta, aunque a primera vista sea el hijo quien debería someterse a un tratamiento para «corregir su problema». Desde la óptica de la Teoría de Bowen, el trabajo más efectivo va a producirse con quien tenga la mayor posibilidad de definir Self en el sistema; y esto, dado que requiere dedicación y esfuerzo, se va a dar más probablemente en quien esté más motivado para hacerlo.
Con frecuencia, padres de familia acuden a terapia porque están preocupados por un hijo. Estos padres desean que se trabaje de manera individual con este hijo o, en su defecto, de manera conjunta con ellos. Para un terapeuta que se guía por la Teoría de Bowen, esto no es necesario y, a veces, no es tampoco conveniente. No quiere decir que en algunas sesiones no se pueda integrar a los hijos si se cree pertinente, sobre todo para tener una valoración clínica de cada persona en la familia; pero el verdadero trabajo radica en el proceso de diferenciación de los adultos en la familia. Rara vez los hijos tienen la posibilidad, la fuerza o la tracción para moverse lo sufi- ciente dentro de un sistema del cual dependen en muchos sentidos. En cambio, si los padres están motivados, serán más capaces de hacer movimientos significativos aunque los hijos aparentemente no lo estén.
Por otro lado, siguiendo la lógica que impone la Teoría, el trabajo más importante radica en la Diferenciación del Self de cada cónyuge con respecto a su pareja y con su respectiva familia de origen. Para esto no es necesario contar con la presencia de los hijos en la consulta. No obstante, hay familias que no consienten este acuer- do. En estos casos, depende del terapeuta acceder o no a trabajar con los hijos, a quienes no considera imprescindibles dentro de la consulta. Puede decidir que verlos a todos durante algunas sesiones permitirá después iniciar un trabajo hacia la Dife- renciación del Self en los adultos. Puede también establecer un sistema flexible, tra- bajando a veces con unos, a veces con otros. El riesgo en esta aparente flexibilidad radica en que el terapeuta, al ajustarse a las demandas de la familia, esté fomen- tando la triangulación y perdiendo su capacidad de definir Self. La solución a estos dilemas tendrá que resultar de una cuidadosa apreciación del terapeuta con respecto a los pros y contras de cada opción, teniendo en cuenta los elementos de la Teoría que puedan iluminar la decisión.
Cualquiera que sea el caso, esté quien esté en la consulta, se recomienda que la conversación se dé entre uno de los miembros de la familia y el terapeuta, y no entre los miembros de la familia entre sí (Bowen, 1978; Rodríguez-González y Kerr, 2011). Esta modalidad dista de la forma tradicional de hacer terapia de pareja o de familia, donde se fomenta que los integrantes se dirijan directamente el uno al otro (a la pareja, a un hijo, al padre, etc.). En la experiencia de quienes trabajan en base a la Teoría de Bowen, este nuevo formato facilita una conversación más productiva porque reduce el grado de reactividad de quienes están en la consulta.
La ventaja de que cada participante se dirija directamente al terapeuta, sin inte- ractuar entre sí, radica en que la persona que habla tiene la posibilidad de expresar la propia experiencia y forma de pensar de una manera clara, sin preocuparse por la reacción del otro. Por su parte, la persona que escucha puede hacerlo con mayor apertura y calma, sin tener que preocuparse por cómo responder. Muchas veces, quienes están en terapia comentan que es la primera vez que conocen la verdadera forma de pensar de su pareja y que no se imaginaban que esos eran sus pensamien- tos y opiniones. Es una oportunidad para estar en contacto con el otro modulando la reacción emocional.
Hay algunas familias que experimentan tales niveles de ansiedad y una fusión tan pronunciada que les es imposible pensar en la presencia de otro miembro de la familia, de tal forma que se limitan a acusarse, defenderse, agredirse o distanciarse. Cuando esto sucede, el terapeuta puede optar por verlos de manera separada duran- te un tiempo, hasta que la ansiedad haya disminuido a un nivel más manejable y se logre la suficiente serenidad como para que puedan acceder al sistema intelectual cuando están juntos sin caer en disfunción (Bowen, 1966).
5.3. Otras posibilidades de trabajo clínico basado
en la Teoría de Bowen
La forma de trabajo con distintas poblaciones no tiene límites mientras sea congruen- te con la Teoría y sus conceptos. Por ejemplo, en algunas ocasiones el Dr. Bowen tra- bajó simultáneamente con varias familias en una misma sesión. Cada familia obser- vaba el proceso de las otras mientras trabajaban con el terapeuta. Esta no era una terapia de grupo, pues no se permitía la interacción entre los participantes, sino que el beneficio derivaba de la observación de las conversaciones entre el terapeuta y la familia «de turno». La idea consistía en que las personas, al presenciar el diálogo, pudieran entender e integrar mejor la Teoría (Rodríguez-González y Kerr, 2011).
Otro ejemplo de un formato distinto es el que realiza un grupo de estudiosos de la Teoría de Bowen en una comunidad marginal en Ciudad Juárez, México, en la frontera con Estados Unidos. En esta comunidad se trabaja con grupos de mujeres que viven en una situación socioeconómica muy precaria, incluso algunas de ellas no saben leer ni escribir. Estas mujeres se han interesado en fortalecer sus familias, dañadas por la condición de pobreza, violencia, migración y falta de oportunidades. En una modalidad de seminario se les presentan algunas ideas y se las estimula a que cada una piense sobre sí misma y su familia. En estas sesiones se promueve que cada una acceda a sus mejores habilidades de pensamiento en un diálogo directo con la instructora (no se promueve el diálogo entre las participantes), a través del cual van entendiendo el funcionamiento de su familia en un contexto multigeneracional. Esta comprensión ha ayudado a muchas de ellas a tomar decisiones trascendentales en la trayectoria de su propia vida y la de sus familias (Comunicación personal con Louise Rauseo).70
Un último ejemplo, que se aleja un poco de la concepción del trabajo clínico desde una perspectiva tradicional, es el asesoramiento a negocios familiares en cuanto a su sostenibilidad y transmisión a las nuevas generaciones. La Teoría de Bowen resulta útil en la consulta con estos grupos, introduciendo conceptos que apuntan al terreno emocional y relacional, lo que a veces se descuida por atender únicamente aspectos financieros y estratégicos (Collier, 2008). En cuanto a su formato, estas consultas se parecen más a una consultoría de negocios que a una terapia de familia; sin embar- go, son los mismos conceptos teóricos los que guían las intervenciones.
70 Desde 2006 Louise Rauseo, que es parte del claustro del Centro Bowen de Washington, D. C., ha parti- cipado como instructora en el Centro Comunitario Sta. Catalina en Ciudad Juárez, México. www.csnsf. org/borderprograms.