4. Data Pre-processing
4.2 Variable set
4.3.4 Subset variable assessment
Lo dicho hasta el momento implica necesariamente que la libertad no se entiende desvinculada de los actos humanos, sino en la comparecencia de éstos ante el sujeto du- rante su ejercicio, o por mejor decir, mientras son ejercidos. Esta idea es consecuencia de haber afirmado que la libertad se conoce en primera persona, pero es un punto que se debe considerar de nuevo con detenimiento pues arroja mucha luz sobre el problema de la libertad y permite proseguirlo en la línea de encontrar la libertad personal.
La libertad se comprende al mirarse a uno mismo, pero no a uno mismo simplemen- te, sino a uno mismo en cuanto actuante, es decir, a uno mismo actuando. La libertad se comprende al ejercerla en el actuar, al ponernos en el lugar del que quiere y obra, al adentrarnos en el drama vivo de sus actos. Sólo así cabe un conocimiento vivencial.
En este momento se abandona ligeramente la vía metódica de caracterización de la conciencia inmediata de la libertad para entrar con Scheler en la vía temática de caracte- rización de la libertad (en tanto que propiedad del acto llamado libre).
a) El poder como vivencia inmediata
¿Qué afirma Scheler que encontramos en esa vivencia directa del actuar o de nosotros mismos en cuanto actuantes? Se resume en una palabra: poder (Können). Así lo expresa la primera frase de PuMF:
“¿Dónde se cumple el significado de un acto libre o del ser libre? El primer significado es, obviamente, la conciencia de poder [Können]”82.
El darse propio de la libertad es positivamente el modo del poder. El poder compare- ce como tal cuando es ejercido, no cuando es objetivado externa e intelectualmente, es decir: el ejercicio del poder es testigo privilegiado de qué sea el poder mismo. Sólo en primera persona el poder comparece como tal83.
82 PuMF, GW 10, 157. Este texto ya se había mencionado en el apartado 1 de este capítulo, para ver su utilidad dentro de la vía metódica, ahora lo cito explícitamente para ver su rendimiento temático.
83 De Monticelli considera también que la experiencia personal del poder es el lugar adecuado para co- menzar a tratar fenomenológicamente el tema de la libertad (cfr. R. DE MONTICELLI; La novità di ognuno, 29-35).
En virtud del método que le hace comparecer, como se ha visto en el apartado ante- rior, se puede decir que el poder es una noción simple, última (o primera), una noción en definitiva básica. Esto quiere decir que se da a un determinado tipo de intuición in- mediata; pero además (y especialmente) implica que no es una noción derivada. Scheler describe el carácter básico de esta vivencia en un texto de Der Formalismus, que merece la pena citar por extenso:
“Lo que es determinante para los “contenidos de la voluntad”, en la medida en que son contenidos de intención representativos, lo que los selecciona de la esfera de lo “posible” a priori, no es el hacer fáctico ni siquiera el éxito de la acción (como opina Kant), sino que es primero y sólo la vivencia del “poder-hacer [Tunkönnen]” o respectivamente del “no-poder- hacer [Nichttunkönnen]” (es decir, del “poderío de la voluntad [Willensmacht]” y la “impotencia de la voluntad [Willensohnmacht]”). (…) No es de ningún modo una simple
aparición consecuente de un hacer fáctico, algo como la “disposición suscitada” por la reaparición de un hacer fáctico, como la conciencia de “poder” algo que ya hemos hecho otra vez. Más bien tenemos frente a contenidos conscientes una inmediata conciencia de poder- hacer (…). Esta vivencia es un hecho completamente simple, que no se haya compuesto por la conciencia de del poder-ejecutar los actos parciales, por ejemplo, actos motrices. (…) El
poder-hacer es ante todo una vivencia unitaria del individuo vivo como un todo y que varía
con arreglo a leyes propias”84.
Hay que precisar ante todo que en este texto de Der Formalismus Scheler está reco- rriendo el camino inverso al que recorremos aquí, pues está analizando la acción en el sentido inverso, repasando el “recorrido de la acción” desde la primera volición hasta el hacer fáctico. Este texto tiene dos partes, una primera en la que el pensador muniqués “coloca” el poder como determinación crucial de la acción, y una segunda en la que Scheler rechaza interpretaciones de este poder que no hacen justicia a su carácter simple.
84 Der Formalismus, GW 2, 143-4. En este texto Scheler está hablando del poder-hacer como momento de la producción de la acción voluntaria. No interesa por ahora en este sentido, esto se verá infra, cap. 3, apdo. 2 y 3, sino sólo como topos fenomenológico de la libertad en cuanto es una vivencia irreductible. El texto de Scheler puede resultar un poco oscuro, porque abunda la terminología propia y original. Un buen conoce- dor del pesnamiento de Scheler sintetiza la idea fundamental (el poder es el fenómeno de la libertad porque ejerce la acción como concreción del pensamiento general) en el siguiente texto: “Nuestro conocimiento es universal, está abierto al infinito. Nuestras ideas abstractas y universales nos permiten comprender la reali- dad, y estar abiertos al futuro. Podemos pensar en los fines que nos proponemos y podemos hacerlo con una apertura infinita. Pero, al final, tenemos que concretar qué fines queremos y qué caminos vamos a seguir. No podemos quedarnos en la contemplación general, tenemos que concretar. Pensamos en abstracto, pero obramos en concreto. Hay que bajar, hay que definir, hay que concretar. Y en este paso se manifiesta la libertad humana. Cuando vamos dando forma a nuestra acción. Entre las infinitas posibilidades que están abiertas para nuestro conocimiento, concretamos un camino. (…) Y ahí es donde se manifiesta lo que es la libertad. Libertad es la capacidad de concretar o de autodeterminarse. (…) Llamamos libertad a la capacidad de autodeterminarse, es decir, de decidir por sí mismo lo que se quiere hacer; de gobernarse o de conducirse sí mismo”, J.L. LORDA; “La acción humana: voluntad y libertad”, Antropología filosófica, c. 8, pro manus- cripto.
106
Como se ve, en este texto hay un pretendido distanciamiento de la postura kantiana, la cual queda aquí presentada como craso empirismo (determinación de la voluntad sólo
por y tras lo fácticamente hecho). Frente a este empirismo, es el poder-hacer la vivencia simple que comparece como inmediatamente determinadora del contenido de la acción. Este poder por lo tanto es lo inmediatamente anterior a la acción; luego según el orden que se intenta seguir aquí, es lo que comparece de modo inmediato al abordar fenome- nológicamente la acción concreta en primera persona.
Scheler describe la condición simple de este poder con dos argumentos:
1. Rechazando su reducción a la conciencia de “haber podido anterior- mente algo igual”.
2. Diciendo que es un todo consistente que se rige según sus leyes y no con las leyes de otros fenómenos85.
La idea de que no se puede reducir el poder a una confluencia de acciones o conoci- mientos anteriores es desarrollada más ampliamente por Scheler en el siguiente texto, también de Der Formalismus:
“Ya fue indicado anteriormente que hay una última e irreductible modalidad de la tendencia que habíamos designado como “poder”. Este poder, como acto de vivencia en el que nos pueden ser dados de modo originario en un “yo puedo algo”, es completamente distinto de la conciencia del poder. En él nos es dado inmediatamente cualquier contenido
como sometido al poder de nuestra voluntad. Se ha intentado con frecuencia reducir este “poder” a la conjunción de: (1) una representación de algo que hacer o que producir, más (2) el recuerdo de que ya hemos realizado otra vez este contenido, más 3. la esperanza de que, si se diera el caso habríamos de realizar lo mismo de nuevo. (…) esta disolución intelectualista del poder descansa sobre un completo error”86.
A continuación de este texto Scheler ofrece dos pruebas del carácter simple y distinto de este poder. La primera prueba es que existe un placer genuino por dicho poder-hacer. En cuanto placer genuino es distinto de aquel placer fruto del resultado obtenido, y por eso aparece también en los casos en que, a pesar de poder hacer,el sujeto decide no ha- cer.
La segunda prueba es que el poder-hacer aparece en proporcionalidad inversa con la violencia: cuanta más violencia ejerce un sujeto, su poder-hacer es menor. Esta prueba supone una cierta paradoja, porque funciona con un concepto cuantitativo de poder- hacer, el cual entonces ya no sería una experiencia absolutamente simple. Esto no refuta
85 Esta descripción es corriente en Scheler, pues se deriva de su idea de que cada esencia contiene u obede- ce a sus propias conexiones de esencias. Este aserto es obligado si lo que se pretende es describir desde el método scheleriano la independencia de un fenómeno.
completamente la teoría de Scheler de la originariedad del poder, sino que muestra que dicho poder no tiene por qué ser una noción simple en el sentido de inanalizable. Que
poder sea na noción simple quiere decir que es irreductible, pero no que es inanalizable.
El análisis de una noción no implica su reducción a lo obtenido mediante el análisis87. De
hecho, el propio autor considera que cabe un análisis de dicha noción, y así lo hace en PuMF.
En palabras de Scheler, ‘poder’hace referencia a dos sentidos complementarios: “En este “poder” yace un doble sentido. Designa por un lado la conciencia del poderío de la voluntad [Willensmacht] de decidirse por esto o aquello y tomar una decisión [einen Entschluß zu fassen]; y después también al mismo tiempo el poder-otra-cosa, es decir, la capacidad de decisión electiva”88.
Esta idea del autor de que hay dos sentidos de poder es fundamental, y con un fuerte arraigo en la Historia de la Filosofía y un gran rendimiento89. Para entenderla en toda su
riqueza es preciso desarrollar dos aspectos complementarios de ella:
1. Por qué y en qué sentido Scheler denomina espontaneidad al primer sentido del poder.
2. La complementariedad entre ambos sentidos del poder.
Estas dos ideas son interdependientes y resulta difícil desarrollarlas sucesiva y no complementariamente. Pero no hay más opción que desarrollar una, y una vez termina- da, desarrollar la otra. En lo sucesivo dentro de este apartado, para describir la noción de
poder como espontaneidad, usaré de modo indiferenciado las descripciones que Scheler
hace del poder-querer (Wollenkönnen) y del poder-hacer (Tunkönnen). En este mo-
87 Este aspecto me parece un gran logro del método fenomenológico. Que una vivencia sea simple, irreduc- tible, quiere decir que como vivencia no se puede reducir a la conjunción de otras vivencias, es decir, que no es una vivencia virtual, suma de vivencias distintas anteriores. Pero esto no obsta a que lo vivenciado sea de suyo complejo y que permita análisis. De hecho, lo que se ha llamado ‘poder’ es una idea tremendamente compleja, que no es sino la punta del iceberg de toda una teoría de la génesis de la acción libre.
88 PuMF, GW 10, 157.
89 “La dipendenza essenziale dell’azione dall’agente include le due caratteristiche dell’iniziativa e della possibilità di fare altrimenti (…). Il potere dell’alternativa e l’iniziativa, o spontaneità, sono due caratteritiche che anche la tradizione ha distinto, come a diverso titolo e grado constitutive di un atto di libera volontà. Queste due caratteristiche sono attestate con terminología un po’ variante presso diversi autori: così nel linguaggio scolastico si distingue a volte fra libertas indifferentiae e libertas spontaneitatis, altre volte fra potestas ad opposita e spontaneitas, ma il senso è lo stesso della distinzione moderna fra
principio delle possibilità alternative e principio di autodeterminazione, o di responsabilità ultima. Le stesse caratteristiche vengono discusse assai minuciosamente dagli autori contemporanei che ascolteremo più attentamente in questo capitolo [la autora expone a continuación la distinción entre Alternative Possibilities
(AT) e Ultimate Responsibility (UR) de R. KANE; Free Will, Blackwell Readings in Philosophy, Ozford, 2002]” R. DE MONTICELLI; La novità di ognuno, 144.
108
mento, la distinción entre estos dos sentidos no aportaría más que confusión, se tratará más adelante90.
b) El primer sentido del poder como ‘espontaneidad’
El primero de los sentidos es denominado por el pensador muniqués ‘facultad’ [Vermögen], ‘posesión de fuerza’ [Kraftbesitz] o ‘espontaneidad’ [Spontaneität]. Es fácil ver que las tres nociones, si bien su uso filosófico tradicional es no obstante muy amplio y distinto, pueden tomarse como sinónimas, como el autor efectivamente hace aquí91. El
más importante de estos términos es el de espontaneidad, por con él Scheler quiere mar- car distancia con respecto a Kant. Es preciso analizar con detenimiento el siguiente tex- to:
“En el primer factor yace la esencia de la espontaneidad, esto es, un efectuar [Wirken] que parte originariamente del sujeto de la libertad –y que es vivido como no impuesto de ninguna manera–. Ella puede existir sin que sea dada una conciencia de elección, un poder- también-otra-cosa. Lo que constituye aquí la esencia de la espontaneidad no es la falta de una coacción, sino que ella es vivida en la realización del acto mismo como algo realizado por [von] ‘mí’ y a través de [durch] ‘mí’. La vivencia de la coacción y de la resistencia presupone esta vivencia positiva”92.
En este texto Scheler cumple dos objetivos: describe intuitivamente qué es la espon-
taneidad y la distingue de lo que no es. La espontaneidad es, por decirlo así, el nombre
(etiqueta) más adecuado para denominar el contenido nocional que viene a ser dado en la vivencia personal de que el acto ha partido de mí. La espontaneidad se suele confundir con la elección y con la no-coacción.
Espontaneidad no es elección, porque una cosa es hacer algo por uno mismo y otra cosa es hacerlo escogiendo entre posibilidades. Esto no quiere decir que en sentido em- pírico ambas cosas no puedan concurrir en una misma acción, antes bien al contrario, esto suele pasar, y por eso solemos decir: “esto lo he hecho voluntariamente, y además lo he hecho escogiendo”.
Espontaneidad tampoco es ausencia de coacción, pues ésta es una noción negativa que presupone la vivencia de lo primero. He aquí un rendimiento temático concreto del método scheleriano de hacer comparecer la acción en primera persona y no de modo
90 Cfr. infra, cap. 3, apdo. 3 y 4.
91 El término facultad, en su uso tradicional, designa las capacidades humanas de desarrollar una determi- nada clase de impulso o acción en tanto dicha capacidad es originariamente una tabula rasa, y en tanto tienen sede en el alma humana (cfr. supra, cap. 1, apdo. 3.a). Aquí Scheler la usa sin tanta especificidad, solamente como ser capaz de o tener efectivamente la capacidad para algo.
teórico. Para decir: “no he sido coaccionado” uno tiene que haber vivenciado la esponta- neidad y tener una cierta noción de qué sea la coacción externa93. Además, tal afirma-
ción, como indica la posibilidad de su formulación oracional, es un conocimiento que implica una unión de conceptos, no una vivencia inmediata94.
El poder es una noción simple, última, una noción básica. Al menos en el uso que se
le está dando aquí. Por ser tal, ha de venir a ser dada (zur Gegebenheit kommen) en el modo de conocimiento inmediato que le corresponde, en este caso la vivencia de la ac- ción siendo ejercida. Por tanto, es difícil describirla conceptualmente sin pintarla con nociones que son derivadas y, en consecuencia, en alguna medida equívocas y que no agotan su rico significado, como la noción de espontaneidad. Un sinónimo de lo que aquí se entiende por poder no cubriría su sentido.Por esto, hay que entender el poder de modo personal-individual, en el “ser-yo-origen” de mis propios actos. Sólo así com- prendemos la noción de poder, aunque no podamos explicarla (recuérdese la distinción scheleriana entre comprender y explicar).
Quizá lo más interesante de la noción scheleriana de espontaneidad es la distancia que con ella quiere marcar respecto de Kant. La noción de espontaneidad, tal como la considerara Kant, queda en el ámbito de la pura indeterminación, y es por ello por lo que se corresponde con el ámbito de lo trascendental. Si bien puede no ser exacto, esto es al menos lo que considera el autor que ha dicho Kant. Es preciso prestarle atención.
Según Kant, el entendimiento actúa desde sí mismo, espontáneamente, y eso quiere decir que es totalmente autónomo y por lo tanto trascendental. Si fuese de otro modo, sería determinado por la causalidad, lo cual quiere decir empírico y por lo tanto caótico. Lo mismo mutatis mutandis ocurre con la voluntad, que es trascendental en tanto que es (o logra ser) autónoma y no heterónoma. Scheler desarrolla en un apartado de Der For-
malismus una furibunda crítica a la noción kantiana de espontaneidad (entendida en
este sentido)95. Lo que expone allí es que dicha noción
“no se apoya en la intuición, en el dato fenoménico, sino que es una explicación puramen- te constructiva del contenido apriórico que ofrecen los objetos de la experiencia, explicación
93 “Lo que el hombre vivencia originariamente es su libertad, sólo desde este fondo deviene posible como tal la vivencia de la limitación [Einschränkung] en general” F. HAMMER; Theonome Anthropologie?, 234 (la traducción es mía). De Monticelli, estudiando este asunto, sostiene también el carácter derivado de la ausencia de coacción; y saca una interesante consecuencia: en virtud de este carácter derivado, la libertad como ausencia de coacción es el sentido primario de libertad en sede de filosofía política (cfr. R. DE MON- TICELLI; La novità di ognuno, 43).
94 Otra cosa es que en la descripción cotidiana de la acción (incluso en la que requiere el ejercicio del Dere- cho Penal y Procesal) ambas nociones se identifiquen para no detenerse en lo que en ese momento serían trivialidades teóricas; pero que ahora son requerimientos para descubrir qué sea la libertad.
110
que tiene cabida únicamente bajo la presuposición de que en general es “dado” un “caos des- ordenado” (aquí de las así llamadas “sensaciones”, allí de los “impulsos” o “sensaciones”)”96.
Aquí me centraré en la teoría kantiana en cuanto tiene que ver con la acción libre y, por tanto, con la voluntad. No es posible analizar exhaustivamente aquí las implicacio- nes de la noción kantiana de espontaneidad en la voluntad; basta con denunciar su prin- cipal presuposición, que es un determinismo causal total en el ámbito de lo empírico. Con tal presuposición, Kant se ve obligado a sacar la voluntad de este ámbito, y, por lo tanto, sólo puede entenderla como la pura indeterminación, en el sentido del mero que- rer desencadenante de una acción. De este modo, necesitará el auxilio de la razón prácti- ca. Así, opina Scheler: “todas las presuposiciones de Kant apenas expresadas por él; que pueden ser denominadas en pocas palabras, que el hombre es, prescindiendo de su “ra- zón práctica”, un mero “ser natural” (para él: un mecánico lío de instintos)”97. Hasta aquí
llega la crítica scheleriana a Kant expresis verbis, pero creo que se puede precisar un poco más si, a su vez, se dramatiza un poco más la postura kantiana.
Lo que trasluce esta teoría es la confusión del problema de la libertad con el dilema entre determinismo e indeterminismo. Ya ha sido criticado esto en Kant desde un punto de vista metódico (como “teoreticismo” de la libertad). Ahora voy a hacerlo en un plano temático, como “arbitrariedad” de la libertad. Kant entiende la voluntad, en cuanto es-