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3.7 Test Methods and Procedures

3.7.2 Subsystem Demagnetization Procedure

Sonia Vazquez* (IUNA – IIFAP) [email protected] Introducción y Marco Conceptual

El presente trabajo, se enmarca dentro de una investigación mayor acerca de la Fiesta de la Virgen de Copacabana y la reafirmación de la identidad boliviana, en Villa Celina, Partido de La Matanza, Buenos Aires. La labor descriptiva fue realizada durante el periodo 2007 a 2012, el análisis y los resultados obtenidos, son presentados en mi tesis para la obtención del título Licenciatura en Folklore y Culturas Tradicionales, de IUNA Folklore, la cual se encuentra en proceso de escritura.

El culto en conmemoración a la Virgen de Copacabana expresado por medio de su celebración, tiene como epicentro a la ciudad de Copacabana en Bolivia. Hace más de cincuenta años comenzó una corriente migratoria desde ese mismo país hacia la Argentina que se ha incrementado en las últimas décadas. En lo que refiere a la provincia de Buenos Aires, se concentran importantes asentamientos de pobladores bolivianos, en los distritos del conurbano bonaerense, como Escobar, La Matanza, Morón, Pilar, Quilmes, entre otros; y en barrios porteños del Bajo Flores, Liniers, Lugano, Pompeya, Retiro y Soldati. Diferentes factores – sociales, políticos, económicos- son los que inciden sobre el origen de este fenómeno, y en consecuencia se visibilizan costumbres propias de su país de origen.

El cruce fronterizo por el noroeste dio lugar a la dispersión del culto mariano de la Virgen de Copacabana, que se arraigó en diversas provincias de nuestro país, y con mayor presencia en algunos sectores de la provincia de Buenos Aires. A las características fundacionales de esta celebración se sumarán las particularidades de su arraigo en un nuevo espacio – territorio. Este nuevo espacio, habitado por “el otro”, es

* Licenciada en Folklore Danzas Folklóricas y Tango, graduada del Instituto Universitario Nacional de Arte, Área Transdepartamental de Folklore. En esa misma área conforma el grupo de Investigadores del IIFAP Instituto de Investigaciones Folklóricas y Artes Populares, y es docente de la Materia Arte Prehispánico, cátedra M. Florencia Kusch. Escribe su tesis de Licenciatura en Folklore y Culturas Tradicionales en la que centra su temática en la Fiesta de la Virgen de Copacabana y la reafirmación de la identidad boliviana en Villa Celina. Estudiante de la Maestría en Antropología Social de FLACSO Argentina. Los temas de interés en sus estudios están relacionados -además de los ya citados- a las danzas latinoamericanas y soberanía alimentaría.

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motivo de distintas disputas y promueve la afirmación al grupo de pertenencia. Olmos (2008) hablara de la identidad como un grupo coherente de diferencias que

caracterizan a un grupo humano porque no hay “identidad” sin “diferencia”. (…) La identidad es la afirmación de uno mismo (“idem”) alcanza su verdad cuando integra dentro de ella a la diferencia: uno recibe como suyo el bien del otro, de la “alteridad”. Esto es el resultado de procesos históricos que han logrado producir identidades enriquecidas por la diferencia. (…) La identidad es siempre cultural.

Si hablamos de identidad social coincidimos con Gimenez (1994) definiéndola como la autopercepción de un nosotros relativamente homogéneo en contraposición con los otros, alcanzando la mismidad identitaria. Podemos decir entonces que la identidad de un grupo, se ratifica y representa -cobra visibilidad- en la necesidad de expresión, así surgen las manifestaciones y los distintos comportamientos como respuesta / consecuencia, a / de, estas necesidades grupales.

La migración prestó lugar a la otredad nacional, el espacio geográfico comienza a transformarse y se re significa, dejando al descubierto distintas estrategias de resistencia y lucha simbólica, frente a las situaciones de alteridad generadas por las relaciones interculturales. La discriminación hacia los migrantes bolivianos, se ve reflejada en disímiles escenarios. En contraposición, la comunidad boliviana se organiza respondiendo a estas situaciones de exclusión, la respuesta se da desde la cotidianeidad y en la interacción personal con el otro situándose en diversos contextos públicos.1 Grimson (1999) afirma que la colectividad boliviana en Buenos Aires no se

construye como una minoría nacional, sino como una minoría cultural definida en términos nacionales y que frente a la ausencia de propuestas integradoras por parte de la

nación dirigidas a los migrantes, desde arriba, la estrategia, desde abajo, realizada por los propios migrantes ratifican en su accionar a esta Nueva bolivianidad2. La migración marca nuevas expresiones culturales, que delimitan un nuevo espacio- territorio, apropiado por los sujetos sociales que interactúan en grupos de identificación, hecho que se vuelve tangible en elementos culturales específicos. La fiesta es otra instancia de

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Alejandro Grimson, ha trabajado exhaustivamente esta temática, relacionada a los migrantes bolivianos y las relaciones interculturales dadas en el nuevo territorio.

2Así define Grimson a la identidad boliviana definida e términos culturales y nacionales. Ver Grimson (1997) la nueva Bolivia y las disputas por la integración (1999) Relatos de la diferencia y la igualdad Los bolivianos en Buenos Aires.

3 reconstrucción de una “cultura nacional”, de una “tradición” que los agrupa en el contexto migratorio. (Ibíd.)

En este caso divisamos cómo la fiesta de la Virgen de Copacabana refleja no solo la religiosidad popular de un pueblo migrante, sino también un discurso de definición identitaria que emerge con impronta.

La Imagen y la Fiesta

La primera Imagen de la Virgen de Copacabana que llego a Buenos Aires fue en ocasión del 1º Congreso Mariano Nacional, a la Basílica de Luján, el 8 de octubre de 1947. En 1975 a pedido de la comunidad del Barrio General San Martín CABA, más conocido como Barrio Charrua, llega una reproducción de la imagen de la Virgen de Copacabana. En 1986, el cura párroco de la iglesia Sagrado Corazón de Villa Celina, La Matanza, junto con la comunidad vecinal, toman la misma iniciativa, traer una imagen religiosa representativa de Bolivia para acercar a la comunidad boliviana a las misas dominicales.

La primera aproximación a la fiesta de la Virgen de Copacabana analizada en el trabajo de tesis mencionado, nos ha permitido observar un patrón que se repite en cada festividad. En donde existe un asentamiento de bolivianos, existe una imagen religiosa traída desde Bolivia, por consecuencia de esta llegada, existe una festividad en su honor que curiosamente transgrede el calendario eclesiástico de celebraciones oficiales de la iglesia católica, convirtiéndose este elemento cultural material, simbólico, y emotivo, en un núcleo de identificación, y motor de expresiones colectivas.3

Numerosas localidades de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, dejan al descubierto las fiestas en conmemoración a la Virgen de Copacabana, realizándose en distintas fechas a lo largo del año.

3 La Virgen de Copacabana no es una aparición milagrosa sino la obra maestra de un nativo de Copacabana Tito Yupanqui, quien buscaba hacer una réplica de la imagen de la Candelaria, Fueron muchos los intentos por conseguir su objetivo, después de sinsabores y una búsqueda constante de aprendizajes para abordar mejores técnicas cuando finalmente concluyo con su obra, esta imagen dejaba relucir en vez de rasgos europeos, los ojos y tez trigueña de las mujeres de su pueblo. Fue considerada por los críticos como la primera obra maestra del arte mestizo, y por sus devotos como poseedora de un resplandor divino, la Virgen conquistó a los lugareños; su entrada en Copacabana fue seguida por una multitudinaria procesión , el 2 de febrero de 1583, día de conmemoración a la Virgen de la Candelaria. La Virgen de Copacabana fue consagrada Reina y Patrona de Bolivia el 5 de agosto de 1925, en cumplimiento del Decreto Vaticano. Las fecha calendaría para su festividad oficial, corresponde al 2 de febrero y 5 de agosto.

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Como Giménez (2001) lo fundamenta la desterritorialización física —como la

que ocurre en el caso de la migración— no implica automáticamente la desterritorialización en términos simbólicos y subjetivos.

Si bien, existen otros contextos en donde los migrantes reconstruyen su identidad boliviana – a través de prácticas tradicionales, ritos, medios de comunicación autogestionados, asociaciones civiles, barriales, etc.4– es el espacio de la fiesta el espacio instituyente por excelencia en donde la identidad de la comunidad boliviana se hace partícipe dentro de lo instituido, una fiesta religiosa situada en un marco institucional, la iglesia.

Santillán Güemes (2011) propone una tipología de fiestas, en donde distingue las

Fiestas religiosas: instituidas (propias de las distintas religiones e iglesias) e instituyentes (la cultura popular: canonizaciones y devociones populares). Considera

también ciertas prácticas instituyentes en el seno de lo instituido. La fiesta de la Virgen de Copacabana puede considerarse una práctica instituyente en el seno de lo instituido.

Puede observarse cómo se produce el traslado de la manifestación religiosa propia del país de origen de estos actores sociales, en un sincretismo de expresiones artísticas, que reafirman su identidad ante el desarraigo.

Partiendo del análisis expuesto en párrafos anteriores, se procedió a establecer un estudio sincrónico y diacrónico de la fiesta de la virgen de Copacabana en territorio argentino, delimitándonos a Capital Federal y Gran Buenos Aires. Se confeccionó un calendario de fechas y lugares en donde se apreció una festividad en honor a la virgen de Copacabana. Hemos confeccionado este calendario teniendo conocimiento de que todavía hay mucha información a recopilar. El propósito, es poder visualizar, como esta fiesta se multiplica, en los distintos barrios, con la marcada intención- según nuestra hipótesis- de reafirmar la identidad boliviana en el nuevo espacio.

La labor evangelizadora que asume la iglesia católica como forma de inserción a la comunidad de los migrantes bolivianos, parece no solo responder a la inclusión hacia las comunidades parroquiales, además, sirve como “excusa” de los actores sociales, para legitimar su presencia en el nuevo territorio, avalados en este caso por una institución con fuerte influencia social y política en la sociedad argentina como lo es La Iglesia

4 Distintas asociaciones de grupos de residentes bolivianos en Argentina, como lo es la asociación Tukuy Kallpa, periódicos Renacer, o Fm Urkupiña, entre otros, son algunos de los ejemplos.

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Católica, a través de este elemento cultural, material simbólico y emotivo5, la imagen de la Virgen de Copacabana.

En esta interacción, puede visualizarse como las fronteras de la otredad, se disuelven tímidamente, al entrar en comunión – literal y metafóricamente- cada una de las partes. En esta nueva forma de nacionalismo, la comunidad boliviana toma como emblema de lucha a la celebración de la fiesta de la Virgen de Copacabana, escudo ante la violencia simbólica a la que es sometida. Los bolivianos residentes en argentina, proclaman en su discurso “El orgullo de ser bolivianos”6 y sacralizan en este ritual

comunitario, su presencia en el nuevo territorio.

Como punto de partida de este tema denominaremos a la imagen religiosa traída desde Bolivia, motor de las distintas manifestaciones culturales bolivianas a gran escala en los distintos barrios. Así lo fue y es la imagen de la Virgen de Copacabana en Barrio Charrúa desde 1975 y en Villa Celina desde 1986, como en otros barrios citados en el calendario.

Podemos encontrar dos categorías de imágenes, las imágenes principales e imágenes privadas. Las imágenes principales, son aquellas imágenes que son traídas a las comunidades parroquiales o asociaciones civiles, gestionadas con el fin de reunir a los migrantes e insertarlos en la comunidad. Se trata por lo general de imágenes de vestir hasta metro de altura o más.

Las imágenes privadas, son aquellas imágenes que pertenecen a los devotos, estas son por lo general mucho más pequeñas, pueden ser santos de vestir, tallas, esculturas o laminas.

Al centrar nuestro análisis en lo que consideramos piedra fundacional de este

renacer boliviano en argentina entenderemos a la imagen religiosa como elemento cultural material, simbólico y emotivo, que se revitaliza y multiplica para dar sustento a

la construcción de la identidad boliviana en los distintos barrios.

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Ver, Bonfil Batalla lo propio y lo ajeno: “Por elementos culturales se entienden todos los recursos de una cultura que resulta necesario poner en juego para formular y realizar un propósito social. Pueden distinguirse, al menos, las siguientes clases de elementos culturales: Materiales, tanto los naturales como los que han sido trasformados por el trabajo humano; Simbólicos, códigos de comunicación y representación, signos y símbolos; Emotivos, sentimientos, valores y motivaciones compartidas; la subjetividad como recurso”.

6 Podemos apreciar este comentario, en diversas entrevistas realizadas a distintos integrantes de la comunidad boliviana, así como también se puede apreciar en las leyendas de estandartes que presentan a las fraternidades de la comunidad. Trabajo de recopilación en el trabajo de tesis mencionado.

6 Mol (1976) define a la religión, como la sacralización de la identidad considerando que la identidad es una de las necesidades básicas de todas las especies, poniendo énfasis en la necesidad y la búsqueda de la identidad personal y grupal. Considera la importancia para la religión de los procesos y cambios históricos y la dialéctica entre diferenciación / integración, adaptación / identidad, es básica para su teoría.

Sacralización es el proceso inevitable que salvaguarda a la identidad cuando ésta está amenazada por las desventajas de la infinita adaptabilidad de los sistemas simbólicos. La sacralización protege a la identidad, a un sistema de significados o a una definición de la realidad, modificando, obstruyendo o –en caso de necesidad– legitimando el cambio (ibíd.)

En este marco conceptual podemos hablar de una religiosidad instituyente dentro de un grupo, que en este proceso de cambio social, integración y adaptación al nuevo espacio se apropia del territorio utilizando estratégicamente –consciente e inconscientemente- a la religiosidad boliviana (religiosidad instituyente) que se expresa a través de estas imágenes, funcionando estas, como eje de una festividad auto sacramental en sí misma.7

La fiesta tanto en su condición de categoría antropológica como en sus aspectos vivenciales y fenoménicos sigue siendo un elemento cultural a tener muy en cuenta a la hora de encarar distintos tipos de proyectos. No puede soslayarse su tratamiento en el campo de la formación y la creación artística ni en la exploración y desarrollo de las culturas populares locales y regionales así como tampoco en el diseño de políticas que tengan como objetivo la integración y el diálogo intercultural. 8

Discusión y Conclusiones

La fiesta de la Virgen de Copacabana, como espacio hierático, portador de identidad que se redefine y resignifica también ahora en nuevos territorios, reúne a los migrantes, en cualquier lugar del mundo para celebrar la bolivianidad, término que a su vez implica, esta raíz ancestral dentro de la cosmovisión andina.

La presencia de este “ser boliviano”, se enmarca en el plano formal de la Iglesia Católica que funciona como marco de contención no solo espiritual, sino, permitiendo

7 Podemos observar otro ejemplo de fiesta auto sacramental en la fiesta de San Esteban analizada por Canal Feijo

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que se revitalicen las prácticas culturales bolivianas y fortaleciendo los lazos invisibilizados por el desarraigo.

La figura de pasantes y padrinos de la fiesta, muestra, entre otras cosas la presencia de instituciones como el compadrazgo, la ayuda mutua, entre “paisanos”, también deja al descubierta un sistema de redes, de inserción laboral, habitacional en el nuevo espacio, que puede encontrar su antecedente histórico en tiempos del ayllu. En tiempos pre hispánicos, hacia el interior del ayllu, la ayuda mutua entre familias era considerada El ayni. La minka, en cambio era el principio de ayuda mutua entre los ayllus.

La fiesta, representa por una parte para los bolivianos un espacio de resistencia y lucha simbólica, ante las distintas problemáticas (obtención de permisos para gestionar la festividad, las estrategias para proveer un espacio físico donde se pueda realizar, la defensa ante los discursos xenofóbicos)9 Por otro lado es donde cobran visibilidad las máximas expresiones de la comunidad boliviana entre ellas, el carnaval de Oruro.

En Bolivia, las danzas folklóricas (o folklóricas de proyección según el criterio clasificatorio) tienen carácter vigente, el carnaval de Oruro es por excelencia una de las manifestaciones sociales artísticas más convocantes, allí, los distintos grupos de baile (fraternidades compuestas por integrantes de todas las edades) hacen gala de su esplendor en cuanto a coreografía, atuendo y la pertenencia a un status diferenciado. “En Bolivia, todos bailan, a diferencia de Argentina”10 según los testimonios, la danza en argentina parecería, que por lo general, es una actividad propia de los bailarines formados, o grupos tradicionalistas.

Celebrar a la Virgen, a través de una entrada folklorica11 en Buenos Aires es tener también en este nuevo espacio, una porción de esa Bolivia que los reúne como iguales, y a su vez puede diferenciarlos hacia el interior del grupo.

Concluimos entonces, que la imagen de la virgen de Copacabana, (apropiada por las comunidades parroquiales) funciona como núcleo de identificación y motor de expresiones colectivas, revitaliza las prácticas culturales bolivianas dentro del nuevo territorio, fortaleciendo los lazos identitarios invisibilizados por el desarraigo. Esta

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En el mencionado ya trabajo de tesis de licenciatura, se exponen casos sobre esta temática. 10 Testimonio tomado de las entrevistas realizadas en el trabajo de tesis mencionado

11 En Bolivia se denomina de esta manera a la forma de presentarse en una celebración folklórica. Las distintas fraternidades (o grupos de danza) hacen su entrada a modo de desfile o procesión, mientras bailan la danza folklórica que los caracteriza o da nombre a su grupo

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festividad transgrede el calendario eclesiástico de celebraciones oficiales, reconociendo un mismo patrón en distintos barrios, convirtiéndose este elemento cultural material, simbólico, y emotivo, en un núcleo de identificación, y motor de expresiones colectivas. A su vezpresenta para los bolivianos un espacio de resistencia y lucha simbólica, frente a las situaciones de alteridad generadas por las relaciones interculturales dadas en un espacio geográfico que se transforma y re significa.

Bibliografía:

Bonfil, Batalla, Guillermo (1982), ¨ Lo propio y lo ajeno: Una aproximación al problema del control cultural ¨. En: Colombres, Adolfo (comp.) La Cultura

Popular. México, Premiá Editora

Santillán Güemes Ricardo (2011) Fiesta y Teatro, inédito en proceso de escritura.

Santillán Güemes, Ricardo (2003), Educar en Cultura. Ensayos para una acción

integrada. Buenos Aires. CICCUS. Primera reimpresión.

Héctor Olmos (2008). Cultura y desarrollo. Gestión cultural e identidad: claves del

desarrollo.

Giménez Montiel (2001) Cultura, territorio y migraciones, aproximaciones teóricas en Alteridades 11(22) pág. 5-14

Grimson, Alejandro (1999), Relatos de la diferencia y la igualdad. Los bolivianos en

Buenos Aires, Bs. As. EUDEBA.

Grimson, Alejandro, Interculturalidad y Comunicación. Bs. As., Grupo Editorial Norma, s/d.

Mol, Hans, (1976) Identity and the Sacred: A Sketch for a New Social-Scientific Theory

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