• No results found

Chapter 7 Conclusions

7.4 Limitations and recommendations for further research

7.4.2 Suggestions for future research

Dussel afirma que la ―comunidad‖ es la única fuente de poder; es decir, la legitimidad del poder radica en el pueblo y no, por ejemplo, en el Estado: el pueblo es la sede soberana del poder. Ese poder político en-sí (sein), propio del pueblo es denominado potentia. Si recurríamos a algunos conceptos de la filosofía, podríamos describir la potentia como el poder óntico, en ese sentido, es el contenido aun no concretizado. La potentia es el noúmeno; es el ser oculto no escindido o indeterminado: todavía no acto. La potentia se entiende entonces, en dos sentidos: es una posibilidad en potencia, una posibilidad futura, y una capacidad o facultad, una fuerza que tiene el pueblo. Dussel denomina potentia

[…] al poder que tiene la comunidad como una facultad o capacidad que les es inherente a un pueblo en tanto última instancia de la soberanía, de la autoridad, de la gobernabilidad, de lo político. Este poder como potentia, que como una red se despliega por todo el campo político siendo cada actor político un nodo (usando las categorías de M. Castells), se desarrolla en diversos niveles y esferas, constituyendo así la esencia y fundamento de todo lo político. Podría decirse que lo político es el

desarrollo del poder político en todos sus momentos (Dussel, 2006: 27).

La potentia en tanto poder político en sí, cuya sede exclusiva y última, repetimos, es siempre el pueblo, es el punto de partida o fundamento último, pero en todo

84

caso inexistente empíricamente. Dicha potentia para dejar de ser una mera posibilidad inexistente y devenir real, para existir objetivamente debe ponerse

como poder instituyente. Este ponerse, señala Dussel en Democracia participativa, disolución del Estado y liderazgo político (2010b), debe entenderse como la participación real y activa de cada uno de los integrantes de la comunidad, es decir, la participación simétrica de los singulares en el todo colectivo. ―Participar es

hacerse cargo de la comunidad como responsabilidad por los otros. Es la primera expresión de la Voluntad-de-Vida, ya que el aislado que se cierra sobre sí mismo y no colabora ni cuenta con la comunidad está en estado de suicidio autista‖ (Dussel, 2010).

La participación permite que el pueblo se afirme a sí mismo como poder instituyente y en ese sentido, decide darse o instituir una organización o conjunto institucional que permita alcanzar sus fines. La necesidad de solucionar problemas o demandas hace que el pueblo delegue tareas a unos hombres y/o instituciones específicas. Dicha delegación del poder, que se manifiesta empíricamente en la totalidad institucional del sistema político en un territorio dado es la potestas. La potestas es entonces el poder fuera de sí (dasein), fuera del pueblo. Si la potentia es el poder soberano, la potesta es el poder constituido o desplegado. La potentia es el ser, la potentas el ente. Dussel escribe al respecto: ―La necesaria institucionalización del poder de la comunidad, del pueblo, constituye lo que denominaremos la potestas. La comunidad institucionalizada, es decir, habiendo creado mediaciones para su posible ejercicio, se escinde de la mera comunidad indiferenciada‖ (Dussel, 2006:30).

Para Dussel, el paso de la potentia a la potestas, es fundamental, es imprescindible. Más allá del anarquismo y la probable disolución del Estado, y ante la imposibilidad real de la democracia directa permanente, Dussel afirma que el

85

pueblo requiere de formas representativas y delegadas del poder: el Estado44. Ahora bien, ese paso necesario puede ser peligroso si se cae en ―la absolutización de la voluntad del representante‖. La mediación necesaria puede ser también azarosa, aciaga. El representante o delegado, del o por el pueblo, puede caer en un ejercicio auto-referente, viciado o corrompido del poder político, haciendo que la potestas se desconecte de la potentia, o lo que es lo mismo, que las instituciones y los ―gobernates‖ se deslinden de la comunidad o el pueblo; que el servidor (publico) se convierta en el opresor, que el poder se traduzca en dominación. Esa inversión mediante la cual lo fundado (poder delegado) se convierte en fundamento (poder soberano) y la apariencia deviene esencia, se denomina fetichización del poder. El poder se fetichiza cuando, la potestas se diviniza y el dignatario se considera o considera a su institución como la sede misma del poder y por ello manda mandando.

El fetichismo comienza por el envilecimiento subjetivo del representante singular, que tiene el gusto, el placer, el deseo, la pulsión sádica del ejercicio omnipotente del poder fetichizado sobre los ciudadanos disciplinados y obedientes (ya que los no obedientes son objeto de la represión policial […]). Ese ejercicio es siempre dominación. Acto del Señor ante el esclavo romano, ante el siervo feudal, ante el ciudadano que soporta este ejercicio despótico del poder estoicamente, cultivando virtudes en esta vida y esperando para la próxima la merecida felicidad […].Cuando el poder se define institucional, objetiva o sistémicamente como dominación, en el mejor de los casos proclamado como poder del

pueblo, por el pueblo, y para el pueblo las reivindicaciones populares nunca podrán ser cumplidas, porque el poder funciona como una instancia separada, extrínseca dominadora ―desde arriba‖ sobre el pueblo (Dussel, 2006:43, cursivas en original).

44

En el texto Democracia participativa, disolución del Estado y liderazgo político, Dussel habla de ―Las tres instancias del ejercicio de la potestas”: a) La participación propositiva, mediante la cual el pueblo se da a conocer y exige el cumplimiento de las necesidades o demandas de la comunidad política; aquí, la comunidad política sede del poder político (potestas) deviene un todo auto- consciente que se exige a sí misma aquello que necesita. b) La representación realizadora, es el manejo dado al ejercicio del poder institucional o delegado; tiene que ver con las funciones propias del gobierno del Estado y la democracia representativa. c) La participación fiscalizadora, su función es observar o vigilar el cumplimiento o no de las funciones encargadas por el pueblo a las instituciones representativas, es el ―panóptico popular‖; en ese sentido, castiga o reconoce (y premia) la labor.

86

El poder se fetichiza cuando los delegados y las instituciones creadas para resolver necesidades actúan como algo autónomo y, más aun, en contra de su fundamento, en contra del pueblo. La fetichización del poder puede suponer también, la ―pérdida de poder‖ o sería mejor decir, la despotencialización del pueblo, de la comunidad que poco a poco se hace pasiva, y por temor o desconocimiento se limita a obedecer a las élites, al bloque histórico en el poder, al Estado. La fetichizarían del poder supone, como ya es obvio, la corrupción en distintos niveles: se corrompe el delegado (la clase gobernante), los partidos políticos, pero también algunos sectores del pueblo, incluso el pueblo todo, afirmará Dussel.

Pero, ese pueblo dócil, tal vez corrupto y siempre sometido por la voluntad de poder de los pocos, se levanta ante el dolor y la muerte. La imposibilidad de producir, reproducir y desarrollar la vida hará surgir la consciencia necesaria y con ella la lucha. ―La voluntad de los sujetos singulares en los movimientos, en el pueblo, vuelven a adquirir el ethos de la valentía, del arrojo, de la creatividad. La primera determinación del poder (como potentia) es la voluntad. El pueblo la recupera en los momentos coyunturales de las grandes transformaciones‖ (Dussel 2006: 94). La irrupción creativa del poder del pueblo en los momentos de crisis (como los que hoy afronta el mundo entero) y desde la base misma; o lo que es lo mismo, la incursión subversiva del poder liberador o estado de rebelión ante la corrupción, el estado de excepción y la injusticia repetida día a día, será denominado por Dussel hipertpotentia. La hiperpotentia, en tanto contra-poder frente al poder dominador, significa, por un lado, la crítica y negación del estado de cosas vigente; por otro, la creación de lo nuevo, de un mundo otro. Sobre este tema escribe José Gandarilla:

El desplazamiento de la potestas de la totalidad vigente anterior por una nueva potestas en que se plasma el poder del pueblo como hiperpotentia es capaz de darse nuevas mediaciones, nuevas instituciones que desplieguen a cabalidad el poder

87

obediencial. […]El acto colectivo pueblo efectuará una praxis antihegemónica y se ―depositará‖ en la transformación de las instituciones vigentes en otras nuevas. Así surgirá un nuevo orden político post-revolucionario (Gandarilla Salgado, 2010: 9).

Enrique Dussel por su parte concluye:

Si la potentia es una capacidad de la comunidad política, ahora dominante, que ha organizado la potestas en favor de sus intereses y contra el pueblo emergente, la hiperpotentia es el poder del pueblo, la soberanía y autoridad del pueblo […] que emerge en los momentos creadores de la historia para inaugurar grandes transformaciones o revoluciones radicales. Es el ―tiempo ahora‖ mesiánico de W. Benjamin […]. Ese anti-poder ante el poder dominador, esta hiperpotentia ante la potentia, efectúa eficazmente la transformación de la potestas, ahora al servicio del pueblo. La eficacia de los débiles es mayor que lo que muchos suponen (Dussel, 2006: 97).

Mientras anarquistas (y algunos comunistas) consideran que toda potestas,per se,

supone dominación, enajenación, corrupción, poder fetichizado, Dussel plantea que esa no es una relación necesaria; el poder delegado se puede fetichizar, sí; pero también la imprescindible manifestación empírica de la potentia puede devenir positiva, puede ―servir‖. Más allá del ego autorreferente esta la vocación de servicio, más allá del ―príncipe‖ está el ―rehén‖. Dicho de otra forma, cuando el actor político institucional, el líder o funcionario, entiende que el poder siempre reside en la comunidad, y que él no es más que un delegado, un servidor público, el poder no se ha fetichizado y la potestas está lejos de ser negativa. Si la vocación de servicio no sucumbe ante la corrupción y la vana gloria, estamos en un nivel distinto, se ha desplegado un poder obediencial.

Related documents