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5.4 Recommendations of the Study

5.4.2 Suggestions for Further Research

Al igual que el campo jurídico el campo de la economía es también parte del espacio social y está subsumido en el campo general del poder. También, como sucede con el campo jurídico, el económico tiene una relativa autonomía, que se ha acentuado en la medida en que la economía capitalista, y en particular el modelo dominante, ha madurado y con ella el sistema conceptual que la sustenta, logrando una creciente independencia de la arena política y particularmente de la social, prueba de ello es la globalización de la independencia de los bancos centrales.

Cuando una ciencia evoluciona, va adquiriendo mayor sofisticación metodológica y cada vez más “debe volver la espalda a los problemas ontológicos de su esfera y eliminarlos del dominio de la conceptualización que ella ha forjado. Se convierte –y tanto más cuanto está más evolucionada, cuanto es más científica-, en un sistema formalmente cerrado de leyes parciales especiales” (Lukács, 1970: 130)

La economía clásica, y las teorías marginalista y de equilibrio general en particular, transmutaron la economía política, mediante un proceso progresivo hasta “racionalizar integralmente la economía, metamorfoseandola en un sistema de «leyes», formal, abstracto y matematizado hasta el extremo” hasta el punto que dicha “abstracción formal de este sistema de leyes trasforma incesantemente la economía en un sistema parcial cerrado” (Lukács, 1970: 131), otorgando un conocimiento especializado a quien hace parte de su campo, similar al que tienen los expertos en el campo jurídico. Como el campo del derecho, la economía es parte del espacio social.

Por esta razón y puesto que “el mundo social está enteramente presente en cada acción «económica»”, surge la necesidad de entender las características del campo económico que faculten la comprensión de la multidimensionalidad y la multifuncionalidad de la praxis económica, para construir modelos que permitan dar

cuenta de las políticas y las instituciones económicas tal y como ocurre en la vida real (Bourdieu, 2008: 16).

En este orden de ideas, Bourdieu entiende el campo económico como el “cosmos que obedece a sus propias leyes y otorga por ello una validez (limitada) a la autonomización radical que lleva a cabo la teoría pura al erigir la esfera económica en universo separado” (Bourdieu, 2008: 19).

En Bourdieu la dimensión de lo simbólico juega un papel muy importante en los procesos relacionales, por esta razón el campo de la economía puede ser “entendido como el espacio de producción simbólica de conocimientos económicos y las redes de distribución de esos conocimientos. Incluye, en consecuencia, a los agentes productores, a las instituciones involucradas y a las relaciones que se establecen entre ellos” (Misas 2007: 109).

De hecho el mercado se cimienta a partir de construcciones simbólicas, que, en el caso de las viviendas unifamiliares al que Bourdieu le dedica un libro, son las que organizan el valor de las casas, los barrios, las zonas y las ciudades.

A pesar de su heteronomía, el campo de la economía se ha consolidado a partir de la separación de la economía de las arenas de lo político y lo social, constituyendo, como lo menciona Misas, en un campo autónomo muy cercano a la idea de una «economía pura» al estilo de Walras y Pareto, cuyo objetivo último no era en realidad explicar las realidades concretas de la economía, sino una ciencia abstracta que pudiera reclamar justamente el título de ciencia.

Más aún, la tendencia dominante que se ha constituido como el campo de la economía es el triunfo de una visión ahistórica pues:

“todo lo que la ciencia económica postula como un dato, vale decir, el conjunto de las disposiciones del agente económico que fundan la ilusión de la universalidad ahistórica de las categorías y conceptos utilizados por esta ciencia, es en efecto el producto paradójico de una larga historia colectiva,

reproducida sin cesar en las historias individuales, de la que sólo puede dar razón el análisis histórico” (Bourdieu, 2008: 19)

Tal y como se mencionó para la construcción del campo jurídico, también en el campo de la economía actúan “los agentes, -en este caso, las empresas- crean el espacio, esto es, el campo económico que solo existe por los agentes que se encuentran en él y que deforman el espacio próximo a ellos confiriéndole una estructura determinada” (Bourdieu, 2008: 221).

El elemento movilizador del campo económico es el capital, cuyo concepto implica una mixtura de características antropológicas, sociológicas y económicas. El capital económico consiste en las cantidades específicas de activos económicos con los que cuenta un actor social.

Los campos como el artístico, el religioso y el económico tienen lógicas diferentes. El campo económico surgió históricamente como un espacio en que las relaciones de parentesco, de amistad y de afecto no son tenidas en cuenta, es la lógica de la economía en sí misma, business is business, se dice.

Una característica particular que el desarrollo del concepto de campo económico genera es la idea de la empresa capitalista como campo en sí mismo, o mejor, como un sub-campo de aquel. En efecto, por tratarse de una institución central al capitalismo con sus agentes e instituciones, con sus complejas relaciones e intercambios y en el cual se desarrollan ciertos habitus, el espacio empresarial puede estudiarse como un campo en sí mismo. Al precisar esta perspectiva el autor francés señala que

“La noción de campo permite tener en cuenta las diferencias entre las empresas (cuya magnitud varía, sin duda, mucho según las «ramas») y también las relaciones objetivas de complementariedad en la rivalidad que las une en y oponen a la vez; por lo tanto, comprender la lógica de la competencia cuyo ámbito es el campo y establecer las propiedades diferenciales que, al funcionar como bazas específicas, definidas en su existencia y en su eficacia mismas en relación con el campo, determinan la posición que cada empresa

ocupa en el espacio de éste, vale decir, en la estructura de la distribución de estas ventajas” (Bourdieu, 2008: 56)

Los agentes, es decir, las empresas, las instituciones económicas –como la moneda y el mercado, entre otros-, los trabajadores, el estado, etc., son los que determinan la estructura del campo, y a su vez el campo las determina en virtud de las fuerzas que se ejercen sobre el conjunto de agentes involucrados en el proceso productivo así como en la generación de conocimiento económico.

Misas señala un conjunto de actores individuales y de actores colectivos o instituciones que conforman el campo. Entre los actores individuales menciona a los investigadores teóricos, a los investigadores aplicados -que son la mayoría de los practicantes de la economía-, y a los divulgadores en los medios masivos de comunicación (Misas, 2007: 110-111).

Entre las instituciones o actores colectivos el profesor Misas anota los centros de investigación económica, las instituciones de formación o de enseñanza -en este incluye los sistemas de edición-, los “organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC) que legitiman ciertas opciones teóricas, financian la investigación, demandan cientos de economistas e imponen pautas sobre el perfil de su perfil (la profesión y sus prácticas)” (Misas, 2007: 111).

El habitus económico es de tipo científico constituido por sistemas de percepción, apropiación y acción, en otras palabras, de interpretación, reelaboración teórica y políticas económicas. Son las instituciones de enseñanza y los organismos multilaterales los que coadyuvan principalmente a construir el habitus científico de la economía. Igualmente, instituciones de gran importancia en la toma de decisiones económicas como los bancos centrales y los ministerios de finanzas.

En este orden de ideas, el campo de la economía ejerce su influencia en el campo jurídico de múltiples formas.

La legitimación teórica de una cierta visión de los derechos de los agentes económicos es una de ellas, ciertamente muy importante, pero va apalancada por

la dependencia financiera que países como Colombia tienen respecto a organismos internacionales.

Esto conduce a un conflicto de intereses en tanto dichos organismos defienden las posiciones de empresas del orden transnacional, que en forma regular contradicen los intereses de actores nacionales incluso el propio Estado-nación.

Igualmente, al interior del campo económico se presentan contradicciones entre los actores que lo conforman, muchas de ellas ampliamente estudiadas y desarrolladas por la economía marxista o la escuela de la regulación francesa por mencionar a dos de ellas. La individualización cada vez más delgada de la propiedad sobre los medios de producción frente a una creciente socialización del proceso productivo es una de dichas contradicciones, que conduce a continuos conflictos en el orden laboral del campo económico. Son muchos otros los choques que se presentan entre los actores, de allí que el derecho económico esté ampliamente desarrollado y se haya constituido en un campo de especialización específico.

En el campo económico están presentes diversos tipos de capital, el capital simbólico idiosincrásico, es decir, característico del campo de la economía; el capital financiero actual o potencial que los actores puedan movilizar para acceder a otras formas de capital; el capital cultural en alguna de sus manifestaciones como el científico-tecnológico, jurídico u organizacional; el capital social que permite mover otro tipo de recursos dentro del campo particularmente los financieros, el cual produce una ventaja competitiva sobre otros agentes; y el capital simbólico que en el caso de la economía se sustenta en el conocimiento y reconocimiento de cada agente en particular (Misas, 2007: 111-112).

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