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Map 16: Development of the total number of farm holdings at NUTS2-level between 2007 and 2013 [%]

4.3. Summary and concluding remarks

D

esde la década del ochenta, o quizás antes, las sociedades locales y regio- nales han tenido muy claro que el desarrollo se construye desde dentro, no puede ser impuesto desde fuera. Hemos conocido numerosos esfuerzos de las llamadas fuerzas vivas en la búsqueda de claves que permitan definir los caminos del desarrollo; ejercicios de planeación estratégica, prospectiva por escenarios, tanques de pensamiento, acuerdos sociales, en fin, meca- nismos que buscan incursionar en el funcionamiento de la sociedad para definir grandes propósitos y hacer eficiente el trabajo de esta. La búsqueda ha sido incesante, y los resultados poco alentadores.

Desde 2004, cuando Carlos Arturo Caro Isaza llegó a la oficina de planeación de la Universidad Tecnológica presentó una posición muy crítica frente a los ejercicios de planeación tradicional, y describía como ejerci- cios intelectuales y retóricos que no llegaban a concretarse y terminaban en grandes volúmenes en los anaqueles de bibliotecas u oficinas públicas, sin mayor repercusión. Me explicó la importancia de acompañar la planea- ción con el involucramiento y compromiso de los agentes que inciden en el desarrollo. Igualmente, me dijo que era necesario que la planeación abriera espacios de negociación, donde todos se sintieran ganadores. A este deseo de bajar la planeación de su cenáculo de expertos, para entregarla luego a la participación de toda la sociedad, obedece la estrategia de la llamada movilización social, que no es otra cosa que un proceso comunicacional de doble vía para alinear distintos actores en propósitos compartidos.

1 Luis Enrique Arango Jiménez, “Un nuevo enfoque de construcción de futuro”, tomado del periódico La Tarde.

universidad tecnológica de pereira

La necesidad de construir un nuevo plan de desarrollo para la Univer- sidad Tecnológica de Pereira fue la gran oportunidad de poner a prueba un nuevo enfoque que la hiciera más participativa. Durante 2007 y 2008, se trabajó en la construcción de un plan que acentuara el papel del cono- cimiento como transformador de la sociedad, axioma que, por lo demás, no tiene discusión. De esta manera, se modeló el nuevo plan con una gran participación de actores internos y externos a la Universidad. El Plan de Desarrollo 2009-2019 de la Universidad Tecnológica de Pereira busca trans-

formar la sociedad mejorando los indicadores económicos y sociales en términos de equidad. Se formula con indicadores de impacto que van más allá de las simples actividades y trascienden a la llamada cadena de logro.

El plan de desarrollo de la utp se puede articular perfectamente a todos los planes de desarrollo de las demás universidades del departamento y de las instituciones educativas, públicas y privadas. Todos podemos trabajar unidos por una sociedad mejor, usando como palanca el conocimiento con responsabilidad social. Eso es lo que pretende la movilización social, que partió de un gran acuerdo entre las universidades de Risaralda y en la que hoy convergen noventa organizaciones. Los agentes políticos y gremiales del departamento se han unido a ella para construir, en conjunto, un futuro deseable. La movilización social comprende seis políticas públicas tron- cales: primera infancia; sistema educativo integral; Ciencia, Tecnología e Innovación; competitividad y política social y política ambiental, acom- pañadas todas del gran proyecto movilizador del conocimiento: la Red de Nodos de Innovación, Ciencia y Tecnología.

Desde esta columna de opinión, saludo la llegada del ingeniero Carlos Arturo Caro Isaza a la Secretaría de Planeación del Municipio de Pereira.

21 de marzo de 2012

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n una columna anterior comentaba cómo la baja formación de profesio- nales en áreas de Ciencias Básicas y Agropecuarias configuraba una situa- ción adversa para los propósitos de desarrollo del país. Hoy quiero abordar otra gran debilidad, de naturaleza igualmente estratégica.

Los primeros análisis que arrojan las pruebas Saber Pro –antiguo Ecaes–, aplicadas a los estudiantes de pregrado antes de su egreso, empiezan a mostrar las debilidades y fortalezas de nuestro sistema educativo. La observación de los resultados en las competencias genéricas, aquellas que, se supone, deben tener todas las profesiones y que miden las habilidades para leer críticamente, escribir y razonar cuantitativamente, entre otras, aparecen realidades incontrovertibles. Sin entrar en detalles que no vienen al caso, ha quedado claro que los programas de licenciatura arrojaron los resultados más bajos entre todos los promedios.

Este hallazgo, que confirma lo que ya presumíamos, nos obliga a reflexionar sobre lo que ello significa para la calidad de la educación. Estamos hablando de los programas que forman los maestros de Colombia, y de las competencias de los maestros que irrigarán la institucionalidad educativa pública y privada.

Si tratamos de aproximarnos a las posibles causas de este fenómeno, además de las deficiencias de calidad inherentes al sistema educativo en su conjunto, aparecerá de manera protuberante el desinterés de los jóvenes por la profesión de maestro, que se explica, a su vez, por la baja valoración que la sociedad atribuye a su práctica. No es extraño entonces que, por lo general, quienes se inscriben en las licenciaturas no poseen los mejores promedios de las pruebas Saber (Icfes) y, por supuesto, que aunque los programas hagan su mejor esfuerzo, las carencias con que llegan los jóvenes

1 Luis Enrique Arango Jiménez, “Todo por los maestros”, tomado del periódico

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a ellos impiden alcanzar los desempeños deseables. Es muy grave que no podamos contar con nuestro mejor talento para formar nuestros niños y jóvenes, y urge implementar estrategias que mejoren esta situación.

Hay que dignificar la profesión del maestro y exaltar el aporte que él hace a la sociedad y a su futuro. Dentro de esta resignificación, aunque suene muy elemental, cuenta el régimen de compensación. Se han hecho algunos esfuerzos para mejorar la remuneración de los educadores, pero todavía son muy tímidos, más cuando miramos los datos del Observatorio Laboral para la Educación (ole).

Pienso que no es descabellado pensar en remunerar de acuerdo con los resultados, ya que estos pueden medirse con objetividad. Aquellos docentes que se esfuercen, innoven y eleven las competencias de sus alumnos debe- rían poder tener una remuneración mayor. El igualitarismo no es lo más conveniente en este caso; hay que tener en cuenta las necesidades gene- rales de las personas y darle valor al esfuerzo y al aporte individual. Creo que deberían apoyarse los jóvenes con talento que decidan formarse como maestros.

En el campo de la educación, se han hecho ofertas no siempre muy santas; recuerdo que cuando se impuso como condición la acreditación previa para los programas de educación, desaparecieron cientos de ellos como por arte de magia. Tenemos que ponerle el ojo a la educación. Lo peor sería esconder el problema matando al mensajero.

19 de junio de 2012

E

n los últimos años y de manera creciente, han hecho aparición a nivel global los rankings encargados de listar las universidades de manera jerár- quica, de más a menos, indicando este orden una relación directa con la calidad e importancia de las mismas instituciones. Los hay de toda natu- raleza, aunque casi todos se apoyan en las fortalezas de investigación.

No es extraño que las universidades colombianas y latinoamericanas, con muy pocas excepciones, no aparezcan siquiera en la lista de las primeras quinientas del mundo. Nos contentamos con aparecer en las primeras cien universidades de Latinoamérica como un premio de consolación.

Las Conferencias Mundiales de Educación Superior de 1999 y 2008

han hecho visible la inconveniencia de homogeneizar las instituciones, sin considerar las particularidades de cada una y, sobre todo, los contextos como ellas se desempeñan y sus necesidades. De ahí que no es aceptable que el desempeño de las universidades se mida a partir de los referidos rankings, con visiones totalizadoras que ocultan los aportes reales y el impacto que las universidades generan en su accionar cotidiano. No existe un modelo único de universidad, ni siquiera referido a los mismos contextos. Pudié- ramos decir que los rankings obedecen a miradas parciales, incompletas y centradas en ideales ajenos a nuestra propia realidad, por no decir que, a veces, rayan en los intereses y se vuelven simples ganchos para reclutar estudiantes. Para nuestras universidades, lo social es un factor de excelencia que no puede evadirse, y dudamos que, en el futuro cercano, sea conside- rado factor de medición.

El mes pasado se realizó un encuentro de universidades latinoameri- canas y del Caribe en la Universidad Autónoma de México, que contó con expertos en esta materia, bajo el título Las Universidades Latinoamericanas

ante los rankings internacionales: impacto, alcances y límites. El producto del

certamen fue una extensa y juiciosa declaración con recomendaciones para todas las partes, que sugiero leer.

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Solo anticipo que, entre muchas cosas, se aboga por la construcción de sistemas de información transparentes, que midan las universidades en todas las dimensiones y que permitan, tanto a los tomadores de decisiones como a los usuarios, disponer de elementos más objetivos para juzgar el desempeño.

Aprovecho el poco espacio que me queda para referirme a las versiones locales de ‘rankeo’ a partir de los resultados de la pruebas Saber Pro –anti- guos Ecaes–, que tuvieron difusión en días recientes.

No tiene ningún sentido revolver peras con olmos. No se puede comparar una institución con otra, en especial cuando se evaluaron programas dife- rentes. Tampoco se puede mezclar el desempeño de los programas de una institución con otros; nada tiene que ver la Medicina o las Ingenierías con las Licenciaturas en Educación.

Mucho más pertinente sería valorar el progreso que la acción de las instituciones logra hacer en los estudiantes, tomando como línea de base la comparación de las competencias de ingreso con las de egreso. Ello, naturalmente, sobre series históricas y no sobre medidas coyunturales. Sacar conclusiones sobre el desempeño de un grupo de estudiantes de un programa para juzgar una universidad es poco menos que un disparate. La siguiente promoción de estudiantes podría cambiar como el día y la noche.

No estoy criticando los ejercicios de análisis de los resultados que son válidos; me refiero al uso que se hace de ellos para definir rankings de universidades.

22 de junio de 2012

A

cabamos de inaugurar el voto electrónico en la elección del represen- tante de los egresados al Consejo Superior de la Universidad Tecnológica de Pereira; un paso audaz y necesario para abrir las posibilidades de parti- cipación a los más de 24.000 egresados distribuidos a lo largo del planeta. Estas elecciones universitarias, como toda elección, despiertan intereses y, por supuesto, reclamos. El Consejo Superior ha creído que la tecnología nos brinda la posibilidad, pese a las dificultades propias de un proceso de esta naturaleza, de brindar mayores garantías para que estas representa- ciones sean una verdadera oportunidad para todos, y no sólo para los que habitan la Universidad y sus alrededores.

El egresado constituye un elemento vital para cualquier institución de educación superior; a través de él se validan los impactos en la formación, se mejoran los contenidos curriculares, se fomentan las relaciones con el medio, se promueve las responsabilidad social, se gobierna la universidad, se abren caminos a la investigación aplicada, se diseñan programas de actua- lización, y se hace control a la gestión.

Una dimensión de gran relevancia es el contacto directo entre los egresados y los estudiantes en formación y la transmisión de las experien- cias vividas por aquellos, lo que genera confianza, pautas de conducta y modelos de acción para estos.

Animar a los egresados a que miren hacia la propia Universidad que los formó, para abrir oportunidades de prácticas empresariales, proyectos de grado e, incluso, de empleos, es algo fundamental, ya que pueden brin- darles a los egresados del futuro las herramientas y conocimientos que les permitieron abrir caminos en la vida laboral o empresarial.

Otra dimensión de esta relación con el egresado puede darse en términos de cooperación financiera, vía donaciones o cualquier tipo de transferencia de recursos que fortalezcan la financiación de las universidades. Esta opción, aunque todavía muy tímida en las universidades públicas, es un recurso muy importante en las universidades extranjeras. Estas tienen unidades

universidad tecnológica de pereira

administrativas dedicadas únicamente a este propósito. Llegará el día en que podamos decir lo mismo. Me parece que es un problema de desarrollo.

Las universidades debemos, de manera deliberada, generar políticas dirigidas a los egresados, y no sólo ubicándolos y estableciendo una comu- nicación sistemática de doble vía; hay que crear vínculos reales que los hagan circular a través de filantropía, la educación continuada y la retroa- limentación efectiva para los procesos misionales.

Volviendo a la votación electrónica, al momento de liberar esta columna, el proceso ha culminado con un balance satisfactorio; 798 egresados parti- ciparon para elegir el nuevo representante al Consejo Superior. Los inci- dentes y reclamaciones durante el proceso fueron mínimos, y atendidos de manera satisfactoria por la Secretaría General de la Universidad, instancia encargada de dirigirlo.

Para evitar incidentes de fraude y la acción de los hackers, se tomaron algunas previsiones que, por fortuna, fueron suficientes. Queda una lección aprendida para el futuro.

B

ajo este nombre tuvo lugar, el 3 de octubre, en la Universidad Tecno- lógica de Pereira, una sesión de trabajo con las universidades públicas colombianas, en torno a un tema que, a pesar de su importancia, es muy difícil de abordar, sobretodo en este sector. Algunas opiniones más radi- cales han vendido la idea de que el ejercicio de la autoridad y la contención de la violencia son formas de violar la autonomía universitaria, o inten- ciones veladas de criminalizar la justa protesta, algo así como volver delito el derecho a protestar.

Bajo esta interesada interpretación, en la mayoría de los campus ha sido difícil prevenir y controlar varios hechos delincuenciales, tales como la venta de estupefacientes, la fabricación de explosivos, el uso de ellos y atracos a miembros de la comunidad dentro de la universidad y en sus alrededores, entre otros.

Las autoridades universitarias, en medio de nuestra impotencia, caemos a veces en el ocultamiento, despachando los eventos con la trillada asig- nación de la responsabilidad a los infiltrados extrauniversitarios. Más de una vez, hemos quedado entre la espada y la pared, cuando la comunidad nos reclama seguridad y los imaginarios universitarios son alérgicos a la presencia de la fuerza pública en los recintos universitarios.

Se han escuchado voces que niegan la legitimidad de la presencia de la fuerza pública, arguyendo que los campus gozan de una pretendida extrate- rritorialidad, semejante a las embajadas de países extranjeros. Otros, incluso más temerarios, hablan de la soberanía de las universidades, asimilándolas a cuasi Estados al hablar de refundaciones o constituyentes universitarias. Paradójico –rayando en la comedia– es el caso de una universidad del vecin- dario que a través de una Constituyente destituyó al rector y a los directivos. Debemos empezar por aclarar que las universidades no son islas dentro del Estado, y que las leyes del Estado colombiano rigen en toda su extensión, incluida la autonomía y, en particular, el derecho a la seguridad. Cuando hay actos delincuenciales que amenazan la seguridad de los miembros