SOURCES: SAME AS TABLE 3
SUMMARY AND CONCLUSION
Un humanismo que sea “del futuro” no puede desatender las cues- tiones de la comunidad internacional. Si hoy todo el planeta está interre- lacionado, si ya no quedan prácticamente pueblos aislados del contexto mundial, dicha situación tenderá a intensificarse en el futuro. Pero ello no debe limitarse a la sola comunicación mutua; sería deseable que todos los pueblos del mundo se unieran bajo comunes ideales de respeto a los derechos del hombre y el mutuo intercambio de su libre iniciativa. A pe- sar de las organizaciones internacionales, estamos muy lejos de ese obje- tivo, tanto de su comprensión como en su vivencia práctica. En el futu- ro, en el próximo siglo, este problema será mayor: si el planeta no logra unificar sus valores bajo la común bandera de los derechos del hombre y la libre iniciativa, la tensión mundial será terrible. Ante el aumento de la población, el hambre y la miseria serán mayores, y a eso se agregará la falta de capital y tecnología para renovar recursos naturales que ya se ha-
84 De todos modos, no podemos dejar de manifestar nuestro asombro por el hecho de que
muy frecuentemente personas de formación escolástica son las más propensas a pensar que la publicidad anula la libertad del hombre, cuando por su formación saben perfectamente que los condicionamientos “condicionan” pero no anulan el libre albedrío, dado que ningún bien finito determina absolutamente a la voluntad. Sobre este tema, ver nuestro artículo “El libre albedrío y sus implicancias lógicas”, en Libertas No2, mayo de 1985.
*23 Ruego al lector que tenga en cuenta, al leer esta sección, las aclaraciones efectuadas en
brán agotado. Urge pues convencer a nuestros semejantes que abando- nen las barreras ideológicas que les impidan ver a los derechos del hom- bre y a la libre iniciativa como el único camino a la paz y la prosperidad en el siglo venidero.
El marxismo sigue siendo el principal obstáculo para la cooperación internacional*24. El marxismo había predicho que en las naciones capita- listas el nivel de vida de las masas sería cada vez menor (teoría de la pau- perización creciente). Sucedió exactamente lo contrario, además de ser refutada la teoría de la explotación marxista a nivel teórico85. La libre iniciativa privada, al fomentar las inversiones y la acumulación de capital a un ritmo mayor que el crecimiento de la población, produce un aumen- to constante en la demanda de trabajo y un consiguiente aumento soste- nido del salario real86. El marxismo resultó, pues totalmente falaz, tanto en la teoría como en la práctica.
Sin embargo, como todas las ideologías cerradas, inmunes a la lógi- ca y a los hechos que las contradicen, el marxismo desarrolló una expli- cación frente al importante hecho que lo refutaba*25. Las naciones libres han generado riqueza para sus habitantes, es cierto, pero a costa de la pobreza de los países pobres. De ese modo, el marxismo trasladó su teo- ría de la explotación y pauperización al nivel internacional, tratando con ello de explicar, inteligentemente, lo que a nivel de cada nación libre sería inexplicable para el marxismo. Según esta moderna versión de la teoría de la explotación, la causa de la riqueza de las naciones ricas es la pobreza de las naciones pobres, que serían explotadas por las primeras; de ese modo, la lucha de clases sigue vigente a nivel internacional.
Hemos tratado, en otras oportunidades, a esta cuestión de un modo más técnico87. Además, muchos autores dedicados a la doctrina social de
*24 Como dijimos en la introducción citada en la nota anterior, no nos estamos refiriendo
ahora a la ex Unión Soviética ni entonces, tampoco, fundamentalmente a ella, sino a las teorías marxistas de la pauperización creciente del capitalismo, que siguen plenamente vigentes como creencia cultural.
85 Véase Bohm-Bawerk, E.von: La teoría de la explotación, Unión Ed. Madrid, 1976. 86 Véase Mises: op. cit.
*25 Nuestros posteriores estudios de Kuhn y Feyerabend nos han convencido de que ni
en ciencias sociales ni en ciencias naturales cabe hablar de hechos que contradicen teorí- as, sino de mejores teorías vs. peores teorías.
87 Véase nuestras obras: Introducción a la Escuela Austríaca de Economía, Centro de Estudios
sobre la Libertad, Buenos Aires, 1981; Economía de mercado y doctrina social de la Iglesia, op. cit.; “La economía de mercado y el desarrollo en América Latina”, en La capital, Rosario, 28 de setiembre de 1985; y “La teoría estructuralista”, en Ideas sobre la Libertad, Buenos
la Iglesia han sabido reconocer a esta tesis como parte esencial de las teologías marxistas de la liberación88. Pero el interés filosófico-político de este problema reside principalmente en dos cuestiones. Primero, obser- vemos que se trata de un esquema típicamente dialéctico, que trata de explicar un proceso social –en este caso, el desarrollo- a través de un nece- sario conflicto. Falsa es la dialéctica hegeliana que sustenta tal cosa, y quienes aceptan este planteo, diciendo que no son marxistas, no advier- ten que están aceptando el modo de pensar típico de la filosofía marxista. En segundo lugar, debemos tener en cuenta las desastrosas consecuencias de esta teoría a nivel de convivencia entre los pueblos: fomenta las guerras entre diversas naciones y estimula la autarquía económica, con el conse- cuente descenso en el nivel de vida de los pueblos que la practican. Las personas muertas de hambre en el llamado Tercer mundo son la conse- cuencia directa de estas ideologías asesinas.
Colocar a la acumulación de capital en una nación como la causa de la pobreza de otra nación, es ignorar completamente el proceso de formación de capital. Justamente, en las economías con inversión y acumulación de ca- pital, la riqueza generada implica necesariamente haber ofrecido más bie- nes y servicios en el mercado y haber elevado el salario real, merced al proceso explicado. La acumulación de capital implica el rol empresarial; este implica la inversión, la cual requiere del ahorro, que es estimulado siempre que se respete la libre iniciativa privada. Las naciones que han aumentado su riqueza lo hacen pues porque respetan el derecho a la libre iniciativa. Los teóricos de la dependencia afirman que las naciones po- bres se ven obligadas a vender materias primas a bajo precio y a comprar productos manufacturados caros, con lo cual sus términos de intercam- bio se deterioran, produciéndose con ello dependencia del país pobre con respecto al rico. Confunden de ese modo, totalmente, la causa con el efecto. Esa situación no es causa del subdesarrollo, sino efecto del mismo. Si las naciones pobres no se industrializan, y sólo se dedican a exportar materias primas, es porque sus gobiernos frenan constantemente la acu- Aires No 36, 1978, y, además, el lector puede encontrar buenos comentarios críticos de esta tesis marxista Bauer, P. T.: “Sociedades capitalistas y Tercer Mundo”, en Estudios Públicos, Santiago de Chile, No 25, 1987; Novak, M., op. cit., caps 16, 17 y 18; Pinedo, F.: La Argentina, su posición y rango en el mundo, Sudamericana, Buenos Aires, 1971, cap. XVI; y García Martínez, L.: Teoría de la dependencia, Emecé, Buenos Aires, 1976.
88 Véase Palumbo, C. E.: “Teología de la liberación”, en La Prensa, Buenos Aires, 12 de
abril de 1986. (*26: Nos referíamos principalmente a Gutiérrez y Boff, si bien no hemos seguido estudiando la evolución posterior de sus escritos).
mulación de capital, a través de la inflación, los impuestos progresivos y confiscatorios, las reglamentaciones asfixiantes de la iniciativa privada (o protecciones corporativas de la misma); empresas estatales monopólicas e ineficientes, etc. todo lo cual es de exclusiva responsabilidad de los go- biernos y quienes apoyen a tales políticas. La causa de la pobreza de las naciones pobres reside pues en sus propias políticas económicas que im- piden el desarrollo de la iniciativa privada. De lo único que dependen es de su propia ignorancia y cerrazón ideológica. Y lo pagan los pueblos, que por ello padecen todo tipo de miserias y sufrimientos.
Empeora totalmente la situación la existencia de instituciones tales como “Fondo Monetario Internacional”, “Banco Mundial”, que se dedi- can a fomentar el estatismo a nivel internacional. Sus préstamos son de- rivados hacia los gobiernos, quienes los utilizan para aumentar su poder y su burocracia. Cuantos más préstamos reciben, más aumentan las empre- sas y proyectos del estado, y más se frena la libre iniciativa. Los gobier- nos utilizan además el sistema del endeudamiento externo como un mé- todo para salvar sus déficits y sus pérdidas, sumiendo con ello a las rela- ciones económicas internacionales en un verdadero caos financiero. Y para colmo de la confusión, muchos piensan que tales prácticas –esto es, “F.M.I.”, deuda externa- son producto del “capitalismo”. Como bien lo ha señalado Peter Bauer, esos préstamos intergubernamentales son CAUSA del subdesarrollo, no su solución*27.
Volvemos a reiterar que, si todo esto no se rectifica, el siglo XXI puede presentar características verdaderamente dramáticas. Para evitarlas, todos los pueblos deben unirse a través de un intercambio libre practica- do bajo la libre iniciativa de sus ciudadanos. No debe ser el gobierno X quien comercie con el gobierno Z, sino el ciudadano A del país X con el ciudadano B del país Z. No habrá en ese caso desequilibrios en las ba-
*27 Resulta casi pecar por insistencia, a esta altura de la cuestión, decir que, como decíamos
en la introducción, situaciones tales como Argentina 2002 son una lamentable y terrible corroboración de estas cuestiones, ya vigentes de manera plena en 1989 pero que aún no habían explotado. Insisto también en que los funcionarios de dichos organismos internacio- nales están formados en paradigmas neoclásicos que ignoran ab initio el problema de la esca- sez y quieren ignorar desde el principio al fin de su carrera académica las tesis liberales clásicas de Mises y Hayek. Si alguno quiere una corroboración de esa actitud, repárese simplemente en las recomendaciones dadas en el 2002 por los funcionarios del FMI a la Argentina, entre ellas, que se mantenga la confiscación y expropiación cuasi-soviética de los fondos deposi- tados en pesos y en dólares, idea iniciada por los funcionarios de saco y corbata del gobier- no de De la Rúa y seguida y profundizada por los funcionarios de Duhalde, que no son precisamente los “descamisados” de la mitología peronista.
lanzas de pagos ni deudas externas, porque los intercambios internacio- nales serán en ese caso privados y los gobiernos no se deberán entre sí un centavo. El desarrollo y las mayores oportunidades para todos florecerán por doquier. La paz mundial se consolidará y un común sentimiento de pertenecer a una sola humanidad se afianzará; y no porque los hombres se harán milagrosamente buenos, sino por el mutuo interés de sus relaciones comerciales, las cuales necesitarán la paz para su eficiente desarrollo. Nada de esto es imposible ni utópico. Sólo las ideologías han convertido en casi imposible lo que de otro modo sería lo habitual. En el siglo XVIII, la eli- minación mundial de la esclavitud también sonaba utópica.
Puede la humanidad tardar mucho en convencerse de que el libre intercambio internacional es el orden natural que Dios ha establecido en la sociedad humana. Pero cada niño que caiga, muerto por el hambre y la enfermedad en hacinamientos malolientes, será el testimonio mortal de tan terrible equivocación*28.