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Watson representa a la Escuela del Caring (Kérouac, Pepin, Ducharme, Duquette y Major, 1996), a partir de la que surge una propuesta de un cuidado que sea a la vez humanista y científico, teniendo en consideración aspectos del ser humano como la espiritualidad y la cultura. Watson propone como objetivo de los cuidados enfermeros el ayudar a conseguir el nivel óptimo de armonía entre el alma, el cuerpo y el espíritu.

Según Watson y Foster (2003), la enfermera y el paciente se encuentran concretamente en el momento del cuidado, y a través de su interacción se produce el cuidado humano.

Al profundizar en su teoría puede observarse que posee una clara fundamentación en las teorías humanistas lideradas por Rogers, Maslow y Erikson, basadas en las Ciencias Psicosociales. Estas ciencias se caracterizan por tener como fin el crecimiento de la persona y por basar sus valores en la libertad personal, la responsabilidad del individuo, la igualdad de oportunidades y la protección del entorno (Marriner Tomey y Alligood, 2007). El origen de su teoría emergió de la necesidad de dar un nuevo significado y una dignidad al mundo de la enfermería y al cuidado del paciente (Watson, 2006). Los conceptos teóricos derivaron y surgieron de su experiencia profesional y personal,

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gracias a ir entrelazando sus propios valores, creencias y percepciones acerca de los significados de ser humano o del cuidado.

Watson afirma que la situación actual de la sociedad precisa la exaltación del aspecto humano, espiritual y transpersonal de la práctica clínica personalizada en el cuidado realizado por los profesionales de enfermería a sus pacientes (Marriner Tomey y Alligood, 2007).

La teoría de Watson recibe el nombre Teoría Transpersonal del Cuidado Humano, y esta define diez factores del cuidado (Watson, 2006) en los que el personal de enfermería puede y debe apoyarse para ayudar al paciente en la búsqueda de la salud. Sin embargo, estos factores no son los únicos elementos que componen su teoría, puesto que esta se basa en tres elementos fundamentales (Watson, 2001):

1. Los factores del cuidado

2. El momento de relación interpersonal 3. La ocasión o el momento del cuidado en sí.

2.3.1.1 Factores del cuidado

Estos factores fueron desarrollados por Watson en 1979 (2006) como los aspectos esenciales del cuidado en enfermería sin los que, quizás, los profesionales de enfermería no estarían desempeñando una disciplina profesional. Por tanto, estos diez factores aportan una ayuda para definir el marco en que se sustentan la disciplina y la profesión enfermera. Suponen un marco a través del cual se le proporciona al profesional la ayuda necesaria, bien sea a nivel individual o a nivel colectivo, para la preservación de la humanidad. La teoría de Watson sirve de estructura y fundamento filosófico a la disciplina de la profesión de enfermería (Watson, 2006).

Como ya se ha indicado, Watson y Foster (2003), indican que es en el momento del cuidado donde la enfermera y el paciente se encuentran, y que es a través de su interacción como se produce el cuidado humano. No se establece como requisito únicamente la interacción con el otro, sino que la enfermera debe tener conocimientos suficientes para gestionar esta interacción y ofrecer un cuidado de calidad.

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Los factores que define Watson en su teoría son los siguientes:

1. Formación de un sistema de valores humanistas y altruistas. De este modo los cuidados se convierten en una práctica amable y le confieren sentido al acto de cuidar. Estos valores se aprenden al principio de la vida, pero pueden verse influenciados a lo largo de ella. Los valores altruistas surgen de la satisfacción de recibir a través de dar, por lo que proporcionan la base del cuidado humano y promueven un cuidado profesional de calidad. Son estos valores los que constituyen el factor básico de la ciencia y la ética del cuidar.

2. Instilación de fe y esperanza que sostengan las creencias tanto del que cuida como del que es cuidado. Es en este punto en el que se precisa volver a los aspectos ancestrales del cuidado explicados anteriormente, en las que el ser humano sustenta sus creencias tanto para la salud como para su curación.

3. Cultivar la sensibilidad hacia uno mismo y los demás, considerando clave la relación que se establece con el paciente para lograr unos buenos resultados en salud. La comunicación entre profesional y paciente es un encuentro persona a persona.

4. Desarrollar una relación de cuidados humanos de ayuda y de confianza, de modo que los cuidados sean auténticos y se basen en una confianza mutua. Para ello es preciso que la enfermera vea al paciente como ser humano y no como objeto de sus cuidados.

5. Promocionar y aceptar la expresión de sentimientos positivos y negativos, lo cual lleva a cultivar la sensibilidad de uno mismo y de los demás. La enfermera debe estar preparada para los sentimientos positivos y negativos, comprender emocional e intelectualmente una situación y ser capaz de establecer la diferencia.

6. Uso sistemático del método científico para la resolución de problemas y

toma de decisiones, por el que el cuidado de enfermería adquiere un carácter

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7. Promocionar la enseñanza y el aprendizaje transpersonal, enlazando enseñanza y aprendizaje como una unidad de ser y con significado. Por tanto, los profesionales de enfermería tienen la obligación de prepararse para educar y conseguir la autonomía del paciente.

8. Crear un entorno de apoyo o conexión mental, física, sociocultural y

espiritual, con lo que el bienestar se debe evaluar desde el paciente y no por

rutinas ya establecidas en los centros hospitalarios.

9. Ayudar a la satisfacción de las necesidades humanas, satisfaciendo las necesidades básicas, procurando un cuidado humano como si el paciente fuera un ser único en todos los aspectos del cuidar.

10. Aceptación de fuerzas existenciales-fenomenológicas, atendiendo las necesidades espirituales y existenciales de la vida y de la muerte, cuidando tanto el alma del que cuida como la del cuidado. Este último factor nos acerca al fenómeno de lo desconocido, todo aquello que no se puede explicar científicamente.

Para Watson, los diez factores del cuidado ayudan a la enfermería a delimitar lo que es el cuidado profesional debido a que, a pesar de que la enfermera puede ayudar a sus pacientes a resolver problemas y promover a restaurar la salud, no está capacitada para curar (Urra, Jana y García, 2011).

A su vez, los factores del cuidado, tal como afirman Ferré-Grau, Rodero Sánchez, Cid Buera y Vives Relats (2008), ofrecen a las enfermeras un marco conceptual capaz de entender la experiencia del paciente y, como consecuencia, facilitarle unos cuidados técnicos y humanos que sean favorables para obtener unos resultados positivos.

Watson (2001), en un continuo desarrollo de su teoría, introdujo el concepto de caridad en su proceso de cuidado, el cual no ha supuesto un abandono de sus factores del cuidado, sino que ha facilitado la introducción de una nueva dimensión, como es la espiritual, en la práctica del cuidado.

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2.3.1.2 El momento de relación interpersonal

Según describe Cara (2003), para Watson la relación interpersonal en el cuidado es una clase de relación humana que se caracteriza por:

• El compromiso moral de la enfermera de proteger y enaltecer la dignidad humana. • La comunicación consciente de la enfermera con el paciente, no reduciendo su

situación de persona a mero objeto.

• La conciencia de cuidado por parte de la enfermera, teniendo el potencial de curar desde la experiencia, la percepción y la conexión intencional con el paciente.

El significado del término transpersonal, tal como lo entiende Watson (1999), permite a la enfermería profundizar en las conexiones espirituales promocionando el confort y la curación del paciente y protegiendo su dignidad.

2.3.1.2 La ocasión o el momento del cuidado en sí

Este momento de cuidado es entendido por Watson (1988) como el instante preciso en que paciente y enfermera tienen la oportunidad de establecer una relación en la que se va a dar el cuidado humanizado.

Por todo ello el cuidado, para la enfermería, no es únicamente un procedimiento o una acción, sino que se podría definir como un proceso de intercambio entre el profesional y el paciente.

Los modelos de cuidado humanizado han vuelto a adquirir relevancia en los sistemas de salud en los últimos años. Es el propio usuario el que proyecta la demanda de ser respetado y valorado como ser humano, hecho que evidencia la necesidad que tiene el propio paciente de un cambio en la práctica enfermera, añadiendo al cuidado basado en un modelo bioético una humanización y una ética (Carbelo Baquero, Romero Llort, Casas Martínez, Ruiz Ureña y Rodríguez de la Parra, 1997; Scammell y Tait, 2014; Romero Massa, Contreras Méndez y Moncada Serrano, 2016).

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