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SUMMARY AND CONCLUSIONS

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SUMMARY AND CONCLUSIONS

Tan opuestos, según parece, en sus conclusiones, los dos sistemas que acabamos de estudiar concuerdan sin embargo en un punto esencial: se plantean el problema en idénticos términos. Ambos, en efecto, tratan de construir la noción de lo divino con las sensaciones que despiertan en nosotros ciertos fenómenos naturales, ya Jean físicos o biológicos. Para los animistas, ciertas manifestaciones cósmicas habrían sido el punto de partida de la evolución religiosa. Pero para unos y para otros, en la naturaleza, ya sea del hombre, ya sea del universo, habría que ir a buscar el germen de la gran oposición que separa lo profano de lo sagrado.

Pero tal empresa es imposible: supone una verdadera creación ex nihilo. Un hecho de la experiencia común no puede darnos la idea de una cosa que tiene como característica estar fuera del mundo de la experiencia común. El hombre, tal como se aparece a sí mismo en sus sueños, no es sin embargo más que un hombre. Las fuerzas naturales, tales como las perciben nuestros sentidos, no son más que fuerzas naturales, cualquiera que pueda ser su intensidad. De allí proviene la crítica común que dirigíamos a una y otra doctrina. Para explicar cómo esos pretendidos datos del pensamiento religioso han podido tomar un carácter sagrado que nada funda objetivamente, era necesario admitir que ha venido a superponerse a ellos todo un mundo de representaciones alucinatorias, a desnaturalizarlos hasta el punto de volverlos desconocibles y sustituir la realidad por una pura fantasmagoría. Aquí, las ilusiones del sueño habían operado esta transfiguración; allá, el brillante y vano cortejo de imágenes evocadas por la palabra. Pero en uno y otro caso, era necesaria ver en la religión el producto de una interpretación delirante.

De este examen crítico se desprende, pues, una conclusión positiva. Ya que ni el hombre ni la naturaleza tienen, por sí mismos, carácter sagrado, lo obtienen de otra fuente. Fuera del individuo humano y del mundo físico debe haber, pues, alguna otra realidad en relación a la cual esta especie de delirio que es, en un sentido, toda religión, tome una significación y un valor objetivo. En otros términos, más allá de lo que se ha llamado el naturismo y el animismo, debe haber otro culto, más fundamental y más primitivo del cual los primeros no son, verosímilmente, más que formas derivadas o aspectos particulares.

I

Solamente al fin del siglo XVIII la palabra tótem aparece en la literatura etnográfica. Se la encuentra por primera vez en el libro de un intérprete indio, J.

Long, que fue publicado en Londres en 1891174. Durante casi medio siglo, el

totemismo no se conoció más que como una institución exclusivamente americana175, Sólo en 1841 Grey, en un pasaje que se ha hecho célebre176, señaló

la existencia de prácticas totalmente similares en Australia. Se comenzó desde entonces a darse cuenta de que se estaba en presencia de un sistema de una cierta generalidad.

Pero en él no se veía casi más que una institución esencialmente arcaica, una curiosidad etnográfica sin gran interés para el historiador. Mac Lennan fue el primero que trató de relacionar el totemismo con la historia general de la humanidad. En una serie de artículos, aparecidos en la Fortnightly Review177, se

esforzó por mostrar, no solamente que el totemismo era una religión, sino que de esta religión habían derivado una multitud de creencias y de prácticas que se encuentran en sistemas religiosos mucho más avanzados. Llegó hasta hacer de ella la fuente de todos los cultos zoolátricos y fitolátricos que pueden observarse en los pueblos antiguos. Seguramente, esta extensión del totemismo era abusiva. El culto de los animales y de las plantas depende de causas múltiples que no se puede, sin simplismo, reducir a la unidad. Pero ese simplismo, por sus mismas exageraciones, tenía al menos la ventaja de poner en evidencia la importancia histórica del totemismo.

Por otra parte los americanos se habían apercibido desde hacía lago tiempo de que el totemismo era solidario de una organización social determinada: es la que tiene como base la división de la sociedad en clanes178.

En 1877, en su Ancient Society179, Lewis H. Morgan comenzó a estudiarla, a

determinar sus caracteres distintivos, al mismo tiempo que hacía ver su generalidad en las tribus indígenas de América septentrional y central. Casi en el mismo momento y, por otra parte, bajo la sugestión directa de Morgan, Fison y Howitt180 comprobaban la existencia del mismo sistema social en Australia así

como sus relaciones con el totemismo.

Bajo la influencia de esas ideas directrices, las observaciones pudieron proseguirse con más método. Las investigaciones que suscitó el Bureau americano de etnología contribuyeron, en una parte importante, al progreso de esos estudios181. En 1887, los documentos eran bastante numerosos y bastante

174Voyages and Travels of an Indian Interpreter.

175 La idea se había entendido hasta tal punto, que Reville hacía todavía de América la tierra clásica del

totemismo (Religions des peuples non civilises, I, p 242).

176 Journal of two Expeditions in North-West and Western Australia, Il, p. 228. 177 The Worship of Animals and Plants, Toteme and Totemism (1889, 1870).

178 La idea se halla expresada ya muy netamente en un estudio de Gallatin titulado “Synopsis of the Indian

Tribes” (Archoeologia Americana, II, p. 109 y sig.), y en una circular de Morgan, reproducida en el Cambrian Journal, 1860, p. 149.

179 Por otra parte, este trabajo había sido precedido y preparado por otras dos obras del mismo autor: The

Beague of the Iriquois, 1851, y Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family, 1871.

180 Kamilaroi and Kurnai, 1880.

181 Desde los primeros tomos del Annual Report of the Bureau of American Ethnology, se encuentra el estudio de

Powell, Wyandot Goverment (I, p. 59), los de Cushing “Zuñi Fetisches” (II, p. 9), de Smith, “Myths of tohe Iroquois” (Ibíd, p. 77, el importante trabajo de Dorsey, “Omaha Sociology” (III, p. 211), que son otras tantas contribuciones al estudio del totemismo.

significativos para que Frazer juzgara oportuno reunirlos y presentárnoslos en un cuadro sistemático. Tal es el objeto de su librito titulado Totemism182, donde se

estudia el totemismo a la vez como religión y como institución jurídica. Pero este estudio era puramente descriptivo; no se había hecho en él ningún esfuerzo ya sea para explicar el totemismo183, ya sea para profundizar nociones

fundamentales.

Robertson Smith es el primero que emprendió ese trabajo de investigación. Él sentía más vivamente que ninguno de sus antecesores cuán rica en gérmenes de porvenir era esta religión grosera y confusa. Sin duda, Mc Lennan ya había comparado el totemismo de las grandes religiones de la antigüedad; pero era únicamente porque creía encontrar, aquí y allá, un culto de los animales y de las plantas. Pues bien, reducir el totemismo a no ser más que una especie de zoolatría o de fitolatría, era no percibir sino lo que tiene de más superficial; era hasta equivocarse sobre su naturaleza verdadera. Smith, más allá de la letra de las creencias totémicas, se esforzó por alcanzar los principios profundos de los cuales dependían. Ya en su libro El parentesco y el matrimonio

en Arabia primitiva184, había hecho ver que el totemismo supone una

consubstancialidad, natural o adquirida, del hombre y del animal (o de la planta). En su Religión de los semitas185, hizo de esta misma idea el origen

primero de todo el sistema de los sacrificios: la humanidad debería el principio de la comunión alimentaria al totemismo. Y, sin duda, puede encontrarse unilateral la teoría de Smith; ya no se adecua a los hechos conocidos actualmente; pero no dejaba de contener una visión genial y ha ejercido la más fecunda influencia sobre la ciencia de las religiones. En esas mismas concepciones se inspira La rama dorada186, de Frazer, donde el totemismo que

McLennan había comparado con las religiones de la antigüedad clásica y Smith con las de las sociedades semitas, se encuentra vinculado al folklore europeo. La escuela de Mc Lennan y la de Morgan llegaban a unirse de este modo con la de Mannhardt187.

Durante ese tiempo, la tradición americana continuaba desarrollándose con una independencia que ha conservado, por otra parte, hasta tiempos recientes. Tres grupos de sociedades fueron particularmente objeto de investigaciones que interesaban al totemismo. Son, primero, las tribus del noroeste, los Tlinkit, los Haida, los Kwaliutl, los Salish, los Tsimshian; luego la 182 Aparecido primero, bajo forma abreviada, en la Encyclopaedia Britannica.

183 Tylor ya había tentado, en su Primitive Culture, una explicación del totemismo, sobre la que volveremos más

adelante, pero que no reproducimos aquí; pues, al reducir el totemismo a no ser más que un caso particular del culto de los antepasados, desconocía totalmente su importancia. Sólo mencionamos en ese capítulo las observaciones o las teorías que han hecho realizar importantes progresos al estudio del totemismo.

184 Kinship and Marriage in Early Arabia, Cambridge, 1885.

185 The Religion of the Semites, 1ª ed., 1889. Es la redacción de un curso dictado en la Universidad de Aberdeen

en 1888. Cf. el artículo “Sacrificio”, en la Encyclopaedia Britannica.

186 Londres, 1890. Después ha aparecido una segunda edición en tres volúmenes (1900) y una tercera en cinco

volúmenes ya está en curso de publicación.

187 En la misma dirección, conviene citar la interesante obra de Sydney Hartlands The Legend of Perseus, 3

gran nación de los Sioux; al fin, en el centro de América, los indios Pueblo. Los primeros fueron principalmente estudiados por Dall, Krause, Boas, Swanton, Hill-Tout; los segundos por Dorsey; los últimos por Mindeleff, Mrs. Stevenson, Cushing188. Pero, por rica que fuera la cosecha de hechos que se recogía así por

todas partes, los documentos de que se disponía quedaron fragmentarios. Si las religiones americanas contienen numerosos rastros de totemismo, han superado, sin embargo, la fase propiamente totémica. Por otra parte, en Australia, las observaciones no versaban casi más que sobre creencias esparcidas y ritos aislados, ritos de iniciación e interdicciones relativas al tótem. Por eso es que con hechos tomados de todos lados Frazer había tratado de trazar un cuadro de conjunto del totemismo. Ahora bien, cualquiera que sea el indudable mérito de esta reconstitución, emprendida en esas condiciones, podía no ser incompleta e hipotética. En definitiva, no se había visto todavía funcionar en su integridad a una religión totémica.

Solamente en estos últimos años se ha llenado esta grave laguna. Dos observadores de notable sagacidad, Baldwin Spencer y F. J. Gillen han descubierto, en parte189, en el interior del continente australiano, un número

bastante considerable de tribus donde han visto practicar un sistema religioso completo del cual las creencias totémicas forman la base y constituyen la unidad. Los resultados de su investigación se han consignado en dos obras que han renovado el estudio del totemismo. La primera, The Native Tribes of

Central Australia190, trata de las tribus más centrales, los Aranda, los Loritja, y

un poco más al sur, sobre el borde occidental del lago Eyre, los Urabunna. El segundo, titulado The Northern Tribes of Central Australia191, se refiere a las

sociedades que están al norte de los Urabunna; ocupan el territorio que va desde Macdonnell Ranges hasta el golfo de Carpentarie. Son, para no citar más que las principales, los Umnatjera, los Kaitish, los Warramunga, los Worgaia, los Tjingille, los Binbinga, los Walpari, los Gnanji, y por fin, sobre los bordes mismos del golfo, los Mara y los Anula.

Más recientemente, un misionero alemán, Carl Strehlow, que también ha 188 Nos limitamos a dar aquí los nombres de los autores; las obras se indicarán más tarde cuando las utilicemos. 189 Si Spencer y Gillen han sido los primeros que estudiaron esas tribus de una manera profunda, no fueron sin

embargo los primeros en hablar de ellas. Howitt, había señalado la organización social de los Wuaramongo (Warlramunga de Spencer y Gillen), desde 188 en “Further Notes on the Australian Classes”, en Journal of the Anthropological Institute (de ahora en adelante J.A.I.), pp 44-45. Los Aranda ya habían sido estudiados sumariamente por Schulze (“The Aborigines of the Upper and Middle Finke River”, en Transactions of the Royal Society of South Australia, t. XIV, 2° fasc.); la organización de los Chingales (los Tjingilli de Spencer y Gillen), de los Wombya, etc., por Matheus (“Wombya Organization of the Australian Aborigines”, en American Anthropologist, nueva serie, II, p. 494; “Divisions of Some West Australian Tribes”, ibíd, p 185; Proceed. Amer. Philos. Soc., XXXIII, pp. l51-152 y Journal Roy. Soc. of N. S. Wales, XXXII, p. 71 y XXXIII, p. 111). Los primeros resultados de la investigación sobre los Aranda habían sido publicados ya, por otra parte, en el Report on the Work of the Horn Scientific Expedition to Central Australia, Part. IV (1896). La primera parte de este Repport es de Sterlin, la segunda es de Gillen; la publicación entera estaba puesta bajo la dirección de Baldwin Spencer.

190 Londres, 1899; de ahora en adelante por abreviación, Native Tribes o Nat. Tr. 191 Londres, 1904; de ahora en adelante Northern Tribes o North Tr.

pasado largos años en esas mismas sociedades del centro australiano192, ha

comenzado a publicar sus propias observaciones sobre dos de esas tribus, la de los Aranda y la de los Loritja (Arunta y Luritcha de Spencer y Gillen)193. Muy

dueño de la lengua hablada por esos pueblos194, Strehlow ha podido aportarnos

gran número de mitos totémicos y de cantos religiosos que nos son brindados, en su mayoría, en su texto original. A pesar de las divergencias de detalles que se explican sin esfuerzo y cuya importancia se ha exagerado grandemente195,

veremos que las observaciones hechas por Strehlow, completando, precisando, a veces hasta rectificando las de Spencer y Gillen, las confirman en suma en todo lo que tienen de esencial.

Esos descubrimientos suscitaron una abundante literatura sobre la cual tendremos que volver. Los trabajos de Spencer y Gillen, sobre todo, ejercieron una influencia considerable, no solamente porque eran los más antiguos, sino porque los hechos estaban presentados allí bajo una forma sistemática útil, a la vez, para orientar las observaciones ulteriores196, y para estimular la

especulación. Los resultados de ellos fueron comentados, discutidos, interpretados de todos los modos. En el mismo momento, Howitt, cuyos estudios fragmentarios estaban dispersos en una multitud de publicaciones diferentes197,

comenzó a hacer, para los tribus del sur, lo que Spencer y Gillen habían hecho para las del centro. En sus Native Tribes of South-East Australia198, nos da un

cuadro de conjunto de la organización social de los pueblos que ocupan Australia meridional, Nueva Gales del Sur y buena parte del Queensland. Los progresos así realizados sugirieron a Frazer la idea de completar su Totemism con una especie de compendium199 donde se encontraran reunidos todos los

documentos importantes que se relacionan ya sea con la religión totémica, ya sea con la organización familiar y matrimonial, de la cual, erróneamente o con 192 Strehlow está en Australia desde 1892; vivió primero entre los Dieri; de allí pasó a vivir entre los Aranda. 193 Die Aranda und Loritja-Stämme in Zentral-Australien Se han publicado hasta ahora cuatro fascículos; el

último apareció cuando acababa de terminarse este libro. No hemos podido tomarlo en cuenta. Los dos primeros tratan de los mitos y de las leyendas, el tercero del culto. Al nombre de Strehlow, es justo agregar el de von Leonhardi, que ha desempeñado un papel importante en esta publicación. No solamente se ha encargado de editar los manuscritos de Strehlow, sino que, en más de un punto, mediante sus acertadas impugnaciones, ha impulsado a este último a precisar sus observaciones. Por otra parte, se podrá consultar con utilidad un artículo que Leonhardi ha dado al Globus y donde se encontrarán numerosos extractos de su correspondencia con Strehlow (“Ueber einige religiöse und totemistische Vorstellungen der Aranda und Loritja in Zentral- Australien”, en Globus, XCI, p. 285. Cf. Sobre el mismo tema un artículo de N. W. Thomas, aparecido en Folk- lore, XVI, p. 428 y siguientes.

194 Spencer y Gillen no la ignoran, pero distan de poseerla como Strehlow.

195 Sobre todo por Klaatsch, “Schlussbericht über meine Reise nach Australien”, en Zeitschrift f. Ethnologie,

1907, p. 635 y siguientes.

196 El libro de K. Langloh Parker, The Euahlayi Tribe, el de Eylmann, Die Eingeborenen der Kolonie

Südaustralien, el de John Mathew, Two Representative Tribes of Queensland, ciertos artículos recientes de Mathews testimonian la influencia de Spencer y Gillen.

197 Se encontrará la lista de esas publicaciones en el prefacio de Nat Tr., pp. 8 y 9.

198 Londres, 1904. De ahora en adelante, citaremos ese libro con la abreviatura Nat Tr, pero haciéndolo

preceder siempre por el nombre de Howitt para distinguirlo del primer libro de Spencer y Gillen cuyo título abreviamos del mismo modo.

199 Totemism and Exogamy, 4 vol., Londres, 1910. La obra comienza con una reedición del opúsculo Totemism,

razón, se cree que esta religión es solidaria. El objetivo de esta obra no es darnos una visión general y sistemática del totemismo, sino más bien de poner a disposición de los investigadores los materiales necesarios para una construcción de este tipo200. Los hechos en ella están dispuestos en un orden

estrictamente etnográfico y geográfico: cada continente y, en el interior de cada continente, cada tribu o grupo étnico son estudiados separadamente. Sin duda, un estudio tan extenso, y donde se pasa revista a tantos pueblos diversos, no podía ser profundizado igualmente en todas sus partes; no constituye menos que un breviario útil para consultar y que puede servir para facilitar las investigaciones.

II

De esta breve historia resulta que Australia es el terreno más favorable para el estudio del totemismo. Haremos de ella, por esta razón, el área principal de nuestra observación.

En su Totemism, Frazer se había dedicado sobre todo a marcar todos los rastros de totemismo que pueden descubrirse en la historia y en la etnografía. De este modo, fue llevado a comprender en su estudio las sociedades más diferentes por la naturaleza y el grado de cultura: el antiguo Egipto201, Arabia, Grecia202, los

Los Eslavos del Sur203 figuran en él junto a las tribu de Australia y de América.

Esta manera de proceder no tenía nada que pudiera sorprender en un discípulo de la escuela antropológica. Esta escuela, en efecto, no trata de situar las religiones en los medios sociales de los cuales forman parte204 y de diferenciarlas

según los diferentes medios con los cuales se relacionan de este modo. Todo lo contrario, como lo indica el nombre mismo que ella se ha dado, su objetivo es alcanzar, más allá de las diferencias nacionales e históricas, las bases universales y verdaderamente humanas de la vida religiosa. Se supone que el hombre posee en sí mismo, en virtud de su constitución propia e independientemente de todas las condiciones sociales, una naturaleza religiosa y se propone determinarla205.

Todos los pueblos pueden considerarse para una investigación de este tipo. Sin 200 Al fin y al comienzo, es cierto, se encuentran teorías generales sobre el totemismo que serán expuestas y

discutidas más lejos. Pero esas teorías son relativamente independientes de la colección de hechos que las acompañan, pues ya habían sido publicadas en diferentes artículos de revistas, mucho antes de que haya aparecido la obra. Esos artículos se han reproducido en el primer volumen (pp. 89-172).

201 Totemism, p. 12. 202 Ibíd, p. 15 203 Ibíd, p. 52

204 Debe notarse que, en ese sentido, la obra más reciente, Totemism und Exogamy, marca un progreso

importante en el pensamiento y en el método de Frazer. Él se esfuerza, cada vez que describe las instituciones

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