FECUNDACIÓN CIGOTO PRIMER DIA
ANIDACIÓN BLASTOCISTO 14 DIAS
FIN DE ORGANOGÉNESIS FETO DOS MESES
VIABILIDAD NIÑO PREMATURO 21 SEMANAS
NACIMIENTO RECIEN NACIDO 9 MESES
CRITERIOS RELACIONALES ? ?
Exponemos los argumentos en que se basan las posturas citadas:
1. La fecundación: Como indicamos antes, la postura oficial de la Iglesia Católica afirma que el derecho a la vida del nuevo ser arranca desde el momento de la fecundación, es decir, desde el momento en que se cons- tituye la realidad biológica del cigoto o célula-huevo, resultante de la fusión del óvulo y del espermatozoide. Es importante subrayar que el proceso de fecundación no es un hecho puntual e instantáneo, sino que la singamia o unión del complemento cromosómico de las células germi- nales masculina y femenina dura bastantes horas53. Esta postura es com-
partida igualmente por otros autores, aunque no estén incluidos dentro del campo católico.
De acuerdo con esta posición, la fecundación constituye un salto
cualitativoen relación con las células germinales precedentes antes de su fusión. El cigoto resultante tiene un estatuto ético equiparable a la del recién nacido por las siguientes razones:
a) Es una realidad biológica humana: aunque su apariencia exter- na sea similar al cigoto de otras especies animales, sin embargo, aten- diendo a sus factores genéticos –a los aproximadamente 40.000 genes característicos de nuestra especie–, hay que decir que la información genética existente en la célula-huevo es humana y solamente humana. b) En la información genética existente en el cigoto se “prefigura” el individuo humano que se va desarrollar a partir de aquél. Indis- cutiblemente, los factores que actúan durante el desarrollo embrio- nario van a jugar un papel muy importante en el troquelado del nuevo 53. Los especialistas de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida nos han infor- mado que la unión de los núcleos del óvulo y del espermatozoide no se realiza sino tras la primera división celular.
ser. Sin embargo, cada ser humano –excepto en el caso de los gemelos monocigóticos– es único e irrepetible en la historia de la humanidad y su singularidad e irrepetibilidad están ya presentes en ese cigoto del que tomó origen su ulterior desarrollo. No se trata de reincidir en el prefor-
mismo, la teoria científica de los siglos XVII y XVIII, que creía que el nue-
vo ser estaba ya totalmente preformado en las células germinales54, pero
sí de afirmar que su carga genética, que tiene un influjo básico en la cons- titución de cada ser humano, está ya marcada desde la fecundación y que se va a mantener hasta el fin de la vida del individuo55.
c) En el debate sobre el aborto se ha afirmado con frecuencia que el embrión o el feto son una parte del cuerpo de la madre, de la que ésta, por tanto, puede disponer como de un apéndice. Esta afirmación es, biológicamente y con toda claridad, falsa. El nuevo ser no es una parte del organismo materno, sino una realidad biológicamente distinta, que muy desde el principio comienza a dirigir su propio proceso de desarrollo, sintetizando sus propias proteínas y enzimas, que son dis- tintas de las de su madre. El nuevo ser es, durante el desarrollo embrio- nario, sumamente dependiente del organismo materno, pero es, al mis- mo tiempo, autónomo, ya que es él mismo el que dirige su propio pro- ceso de desarrollo. Utilizando una comparación, puede decirse que el nuevo ser es “arquitecto” de sí mismo en un doble sentido, ya que posee en su código genético los “planos” de lo que él mismo va a ser y organiza, mediante la síntesis de sus propias proteínas, su propio pro- ceso de construcción; la madre le da albergue, le proporciona el “mate- rial” alimenticio y energético necesario, pero es el mismo nuevo ser el que, casi desde su misma constitución, dirige su propio desarrollo56.
d) Finalmente, se subraya desde esta postura la continuidad del proceso de desarrollo embrionario que se instaura desde la fecunda- ción. Este proceso participa del mismo carácter de continuidad inhe-
54. Sobre el preformismo, cf. GAFO, J., El aborto y el comienzo... pp. 109-112. 55. Como afirma el Premio Nobel Dausset, “se puede afirmar que cada hombre es úni- co y que aparte de los verdaderos gemelos no ha habido, ni hay, ni habrá dos hombres idénticos sobre la Tierra. E incluso en lo que concierne a los verdaderos gemelos, actual- mente sabemos que existen, después de la concepción, ciertos `rearreglos´ de los genes que se llevan a cabo al azar, por tanto de distinta forma en cada uno de los dos gemelos” (DAUSSET, J., Personas, personalidades y trasplantes de órganos, en Folia Humanistica 24 (1988) 79).
56. Puede aludirse en este contexto al niño nacido el último día de 1999 en Asturias: su madre estaba cerebralmente muerta y se le mantuvieron sus constantes vitales durante seis semanas para que sirviese como la mejor incubadora al feto que se estaba desarro- llando.
rente a todos los procesos vitales. A los ojos de la Embriología, el desa- rrollo embrionario aparece como un proceso continuo, en el que pro- gresivamente se van actualizando, de forma gradual y continua, todas las potencialidades ya presentes en el cigoto. Todo intento de marcar fronteras en ese desarrollo –que delimiten una fase “subhumana” de otra “plenamente humana”– suscita el interrogante sobre la artificiali- dad de tal frontera, ya que el proceso de desarrollo embrionario es un
continuum, una vez que se ha producido el salto desde las células ger-
minales hasta la constitución del cigoto.
2. La anidación: la fecundación acontece en el tercio superior de las trompas y el nuevo ser comienza a avanzar por las mismas en un pro- ceso que dura aproximadamente tres o cuatro días; finalmente, pene- tra en el útero en cuyo interior queda libre durante dos o tres días más. Aproximadamente una semana después de la fecundación, en la fase biológica de blastocisto, el huevo comienza a emitir unas pequeñas rai- cillas o villi, con las que anida o se implanta en el endometrio, en el que continuará su ulterior proceso de desarrollo. El proceso de anidación finaliza 12 ó 13 días después de la fecundación.
Hay autores que dan una especial relevancia a la anidación, como momento significativo en el desarrollo embrionario, especialmente por las siguientes razones:
a) Hasta que finaliza el proceso de anidación, se mantiene abierta la
posibilidad de división del nuevo ser, dando origen a los gemelos monocigóticos idénticos. En sentido contrario, se da también el quime-
rismo, es decir la fusión de dos embriones –que pueden ser incluso de
distinto sexo– en un único embrión. Por tanto, tal como lo ha formulado acertadamente Lacadena, hasta que finaliza el proceso de implantación el nuevo ser no es “ni uno, ni único”, ya que puede dividirse en dos o más y, en sentido contrario, dos embriones pueden fundirse en uno solo57. Esto significa que algo tan característico del ser humano como es
su individualidad, el ser él y no otro, no está definitivamente determi- nado hasta aproximadamente dos semanas después de la fecundación.
b) Toda una serie de investigaciones –últimamente de forma espe- cial en relación con la fecundación in vitro– llegan a la conclusión de 57. Cf. LACADENA, J. R., La naturaleza genética del hombre. Consideraciones en torno al
aborto, en Cuenta y Razón 1 (1983) 39-59; Una lectura genética de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el aborto, en Jano 29 (1985) n.º 665, 1557-1567; Estatuto del embrión preimplantatorio, en GAFO, J. (Ed.), Dilemas éticos de la Medicina actual, Madrid, 1986,
que es muy elevado el número de abortos espontáneos antes de finali- zar la anidación, de tal forma que en torno al 70% de los óvulos fecun- dados no llegan a realizar su implantación58. Más aún, se ha constatado
que un número muy importante de estos abortos espontáneos se da en huevos cromosómica o genéticamente anómalos que, de continuar su desarrollo, estarían destinados a dar origen a un niño con graves ano- malías. Esto parece significar que la anidación funciona como un “rubi-
cón”, a través de la cual se “corrigen” los frecuentes errores que aconte-
cen en el proceso de fecundación y que, de esta forma, se evita un incre- mento del nacimiento de niños con malformaciones59.
c) Otros autores confieren un especial relieve a la anidación por el hecho de que la frontera de los 14 días coincide también con la consti- tución de la línea primitiva, el primer esbozo del sistema nervioso. También se insiste en que con anterioridad a esa fecha no es posible, con los métodos diagnósticos habituales, determinar la existencia de una gestación, pero creemos que los dos argumentos citados prece- dentemente son los que pueden poseer un especial valor.
3. Finalización de la organogénesis: El proceso de desarrollo embrio- nario es sumamente rápido. Hablando de forma simplificada, puede decirse que en el primer mes de desarrollo se ponen los “cimientos” del niño que va a nacer: ya tiene una forma alargada, se ha formado el apéndice cefálico, existe un rudimento de los ojos, del corazón, hígado, de la columna vertebral... Al finalizar el segundo mes y aunque sólo mide 35 mm. y pesa unos 13 gramos, el aspecto externo es ya clara- mente humano, aunque lógicamente menos acabado que el del recién nacido: se ha constituido la cabeza con sus ojos, nariz, boca...; se han formado las extremidades, incluso con el detalle de las huellas digitales individuales; se han constituido la mayoría de los órganos internos que, en algunos casos, son ya funcionales... Precisamente para marcar esta apariencia humana y para indicar que, fundamentalmente, ha finaliza- do el proceso de constitución de los órganos humanos, la Medicina deja de hablar de embrión y comienza a referirse al nuevo ser como feto. A partir de este momento, los siete meses restantes del desarrollo embrio- nario van a significar un proceso de maduración, de crecimiento en 58. Cf. FORD, N. M., When did I begin? Conception of the human individual in his-
tory, philosophy and science, Cambridge, 1988.
59. LACADENA, J. R., Una lectura genética ... p. 1557; DUSTAN, G. R. y SELLER, M. J. (Eds.), The Status of the Human Embryo. Perspectives from Moral Tradition, Londres, 1988.
tamaño y en peso, pero ya no van añadir algo sustantivo a esa realidad que se ha formado al finalizar los dos primeros meses60.
Los autores que dan relieve especial a este momento subrayan el valor antropológico de un ser cuya apariencia es ya humana y en el que están ya constituidos los órganos característicos del individuo humano. La calidad y el estatuto humanos del nuevo ser parecen imponerse con especial fuerza a la sensibilidad cuando se constata una apariencia cla- ramente humana.
En torno a este planteamiento hay que citar la opinión que otorga un especial relieve al comienzo de la actividad eléctrica del cerebro del nuevo ser. Se relaciona de esta forma el inicio de la existencia de un nuevo ser humano con el final de la vida. Entre los criterios diagnósti- cos de muerte se ha dado un valor especial, como veremos en el capí- tulo dedicado a los trasplantes de órganos, a la falta de actividad eléc- trica cerebral, constatada a través de un electroencefalograma (EEG) plano. De ahí, que se recurra al mismo criterio para diagnosticar el comienzo del existir humano y que, únicamente cuando se constata una actividad eléctrica cerebral en el nuevo ser, se pueda hablar de una verdadera existencia humana. Al mismo tiempo, se subraya el valor del cerebro como el órgano más específicamente humano, ya que será el que posibilite el desarrollo de nuestro psiquismo. Varios estudios afirman que el comienzo de la actividad eléctrica cerebral y la existen- cia de un EEG no-plano es muy temprana en el feto, de tal forma que ya existe una débil actividad en torno a los 43-45 días después de la fecundación, cuando aún no se ha alcanzado la fase fetal61.
4. La viabilidad: Es la capacidad del nuevo ser para poder vivir fuera del útero, aunque sea con una especial apoyatura médica. En el campo de la Perinatología se ha dado un espectacular desarrollo en los últi- mos 30 años, de tal forma que hoy son viables niños prematuros que no lo eran hace poco62. Cuando el feto es viable, es posible la ruptura
de esa relación radical de dependencia respecto de su madre; ya no se requiere el organismo materno para que el feto pueda alimentarse o 60. Ver las espléndidas imágenes del libro de NILSSON, L., El arte de nacer, Barcelona, 1990.
61. GAFO, J., El aborto y el comienzo... pp. 172-173.
62. Cf. QUERO, J. M., Tratamiento de los recién nacidos con deficiencias, en GAFO, J. (Ed.),
La eutanasia y el arte de morir, Madrid, 1990, 67-75; Neonatología y retraso mental, en GAFO, J. y AMOR, J. R. (Eds.), Deficiencia Mental y Comienzo de la Vida Humana, Madrid, 1998, 33-50.
respirar. La existencia de esta nueva situación, el hecho de que el nue- vo ser comience a vivir fuera del claustro materno y que empiece a existir, aunque sea de una forma incipiente, como “ser social”, le con- fieren un estatuto ya plenamente humano y un derecho a la vida equi- parable al recién nacido después de una gestación completa.
5. El nacimiento: es la postura del Derecho Romano para el que el dere- cho a la vida del nuevo ser arrancaba desde su nacimiento. En reali- dad, esta postura no es claramente diferenciable de la precedente, aun- que podría tener especial aplicación en relación con la problemática de la asistencia que debe prestarse a los prematuros.
6. Los criterios relacionales: existe un grupo de autores que aporta una argumentación sugerente a esta discusión. Parten de una crítica básica a los planteamientos precedentes: el de intentar delimitar la realidad humana del nuevo ser basándose en criterios estrictamente biológicos (fecundación, anidación, EEG...). Consideran que el ser humano es mucho más que sus estructuras biológicas y que, por tanto, no puede definirse por la existencia de tales estructuras, ya que sería incurrir –como dicen algunos– en un craso materialismo63.
Por otra parte, subrayan, con razón, la importancia de las relaciones interhumanas para que se realice el proceso de personalización, alu- diendo, por ejemplo, a los llamados “niños-lobos”, que no desarrollan un psiquismo ni una personalidad humana, porque les ha faltado un ambiente humano a su alrededor que les humanice y les personalice. Basándose en estos presupuestos, estos autores consideran que existe desde el principio un “ser humano”, pero que no está aún “plenamen- te humanizado”. Este salto hacia la plena humanización depende de las relaciones que entablen con él las personas que le rodean, espe- cialmente los padres y la sociedad. Recurren, por tanto, para delimitar el carácter específicamente humano del nuevo ser, no a los datos bio- lógicos sino a “criterios relacionales”, tales como la aceptación, el
reconocimientodel nuevo ser como humano, el que haya sido procre-
ado intencionalmente, el que esté destinado a vivir... Según algunos autores de este grupo, estos criterios relacionales tienen su aplicación únicamente al comienzo de la gestación –sin especificar más– mientras que otros no especifican límites cronológicos a esta forma de argu- 63. Sobre los autores que defienden los criterios relacionales, cf. GAFO, J., El aborto y