Considerando la situación, resultaba una respuesta muy rara para un sacerdote líder de una poderosa orden cristiana. Estaba dispuesto a admitir la herejía, por lo que podía ser quemado en la hoguera y castigado al infierno para toda la eternidad, pero negó por completo la práctica de actos homosexuales que, como sabemos por el comentario de Bonifacio VIII, se consideraba «un pecado tan insignificante como frotarse las manos».
Sería lógico que hasta los sacerdotes de voluntad férrea confesaran bajo tortura algo tan trivial como un acto de desviación sexual, aunque fuera falso, pero seguramente preferirían morir en agonía antes que confesar en falso que habían abandonado a Cristo. No obstante, esto encaja perfectamente con la confesión natural y lógica de un hombre que sabía que Jesús era un mesías judío y no un dios. También corresponde con los comentarios del templario inglés John de Stoke, que afirmó que Molay le había dicho que creyera en un solo Dios todopoderoso, creador de la tierra y los cielos, pero que no creyera en la crucifixión.(14)
Bajo tortura, el gran maestre confesó la mitad de los cargos imputados, que lo llevarían a una muerte segura. Por tanto, parece muy probable que dijera la verdad. Los templarios no practicaban la homosexualidad, por eso la negaba; pero admitió que no creía que Jesús o cualquier otro hombre fuera un dios, porque sólo existía un Dios, y dijo que en efecto rechazaba la cruz como símbolo.
Se dice que Molay hizo la primera confesión oral ante la Universidad de París el domingo 15 de octubre,(15) es decir, sólo dos días después de ser arrestado. Si la referencia do- cumental es exacta, Imbert debió de convencerlo rápidamente para que confesara, probablemente el mismo día en que fue arrestado, pues no pudo haberse recuperado lo su- ficientemente rápido de la tortura para poder hacerlo hablar. Fue diez días después cuando Molay escribió su confesión en la que admitía la negación de Cristo y de la cruz, pero rechazaba contundentemente las acusaciones de prácticas homosexuales.(16) La siguiente fase del proceso de la confesión tuvo lugar al año siguiente, cuando Molay y los grandes priores de Normandía y Aquitania fueron trasladados a la ciudad de Chinon para una audiencia ante el papa Clemente, en la que volvieron a confesar la negación de Cristo y de la cruz. Clemente se refirió a esta reunión en una carta personal enviada al rey Felipe IV, fechada el 30 de diciembre de 1308;(17) en aquel entonces el papa mantenía al rey totalmente informado de las medidas papales tomadas en contra de los templarios.
Clemente V cumplió con la sexta condición que el rey Felipe IV le exigió, y declaró públicamente que el rey francés había actuado dentro de los límites de la legalidad de sus derechos, de acuerdo con las condiciones de las órdenes papales que ordenaban a todos los príncipes cristianos que «prestaran toda la ayuda posible al santo oficio de la Inquisición».
13 F W Bussell, Religwns Thought and Heresy in the Middle Ages 14 M Baigent y R Leigh The Temple and the Lodge
15 Anónimo, Secret Soaeties of the Middle Ages
16 F. W. Bussell, Religious Thought and Heresy in the Middle Ages 17 Anónimo. Secret Soaeties ofthe Middle Ages
El ataque a los templarios estaba totalmente reñido con los intereses del papa Clemente V y demostró al mundo que el rey francés no precisaba el consentimiento del papa para atacar a una orden que estaba bajo la protección directa del papado. No cabe duda de que este rey con tantos recursos había chantajeado al papa para convencerlo de que cumpliera la sexta condición secreta.
Para confirmar su posición, Felipe IV convocó una Asamblea de Estado en Tours en 1308, en la que obtuvo una declaración de su derecho regio a castigar a los herejes notorios, sin la necesidad del consentimiento del papa.(18) Parece que Clemente V intentó resistirse a cumplir el arresto de los templarios organizado por el rey, porque se sabe que intentó escapar a Roma, pasando por Burdeos; pero, desafortunadamente, su séquito, sus tesoros y su propia persona fueron interceptados por órdenes reales, y a partir de entonces el papa se convirtió prácticamente en prisionero de Felipe IV.
Clemente V tuvo que elegir una comisión papal para investigar la inocencia o culpabilidad de la orden, y el miércoles 26 de noviembre de 1309 Molay fue llevado ante esta comisión en Viena. Se le leyeron las cartas en las que se afirmaba que anteriormente había hecho una confesión completa de todos los cargos imputados. El gran maestre montó rápidamente en cólera y negó contundentemente que hubiera admitido la acusación de prácticas homosexuales. La respuesta de Molay fue tan agresiva que los obispos de la comisión le ordenaron que bajara el tono. No negó la confesión del rechazo de Cristo como hijo humano de Dios.
Al día siguiente, cuando volvió a cobrar la compostura, Molay hizo la siguiente declaración ante la comisión:
Si yo mismo y otros caballeros hemos confesado ante el obispo de París o en cualquier otra parte, hemos traicionado la verdad; nos hemos dejado subyugar por el temor, el peligro y la violencia. Fuimos torturados por nuestros enemigos.(19)
Se quitó la camisa para mostrar a los obispos reunidos las heridas que la tortura había dejado en su cuerpo.
El 28 de marzo de 1310, tras una acusación pública, cientos de templarios en París exigieron que se los llevara ante la presencia del papa Clemente V, pero el rey les negó el permiso de audiencia.
El papa promulgó entonces un acto de acusación contra los templarios en el que se afirmaba que, en el momento de su iniciación, se les pedía a los candidatos a la Orden del Temple que negaran el nacimiento de la Virgen y que afirmaran que Cristo no era el verdadero Dios, sino un profeta que fue crucificado por sus propios delitos y no para la redención del mundo. Se declaró que escupían y pisoteaban la cruz, sobre todo en Viernes Santo.(20)
Cuando ya no pudo usar el pretexto de la búsqueda de pruebas para retrasar más la situación, Clemente V convocó una reunión del concilio general en Viena. El 1 de octubre de 1311, el papa Clemente V y 114 obispos se reunieron para decidir el destino de los templarios. Los obispos, la mayoría de los cuales no procedía de Francia, negaron el fallo de culpabilidad de los templarios. Clemente V suspendió el concilio y no hizo nada al respecto. Cuatro meses después, el rey francés fue a visitar al papa y mantuvo una conversación privada con él. El 22 de marzo de 1313, Clemente V abolió la orden con su autoridad única, sin declararla inocente o culpable. El concilio general volvió a ser convocado el 3 de abril y, ante la presencia del rey y de la guardia real, Clemente V leyó la Bula de Abolición. El 2 de mayo se publicó la bula, y la Orden de los Caballeros del Temple dejó de existir oficialmente.
Sin embargo, Clemente V permitió al rey francés imputar un cargo por gastos a la propiedad de los templarios, para cubrir los costes de la investigación y del encarcelamiento de los sospechosos. Estos «costes legítimos» rápidamente absorbieron todos los bienes de la orden en Francia.
18. P. A. Limborch, The Htstory ofthe Inqmsitton 19. Anónimo, Secret Soaeties of the Middle Ages 20. M. Barbour, The Tnalo/the Templan 255