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Aquí consideramos muy conveniente retomar las más significativas contribuciones teóricas y políticas de uno de los más importantes intelectuales y pensadores aymaras contemporáneos, don Víctor Hugo Cárdenas, quien, frente a la reciente agudización de la crónica conflictividad social del país, propone la (urgente) rearticulación de una serie de relaciones de carácter genuinamente intercultural entre todos los ciudadanos que hoy habitamos esta pacha hoy llamada Bolivia.

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Cfr. Foucault, Michel, Defender la sociedad. Curso en el College de France (1975 - 1976), Buenos

La característica personal más importante de Víctor Hugo Cárdenas, además de la experiencia política como vicepresidente de la República, diputado nacional, dirigente del movimiento indígena y campesino: presidente del presidium del Congreso que fundó la Csutcb, activista de la lucha contra las dictaduras militares por la recuperación de las libertades democráticas, es el de ser uno de los más importantes (si no el más importante) promotores de la construcción de la democracia intercultural. Veamos pues en qué consiste esta propuesta.

Las propuestas teóricas y políticas de Víctor Hugo Cárdenas, quien se define como boliviano, indígena (aymara) y ex-autoridad nacional, consisten en: a) la democratización de la democracia, es decir en el “empoderamiento” de los sectores sociales tradicionalmente excluidos de los ámbitos de decisión política, b) en el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas y c) en la necesidad de lograr niveles adecuados y pertinentes de equidad de género.

Los principales ejes de las prácticas teóricas y políticas de Víctor Hugo Cárdenas pueden resumirse en los siguientes principios: la inclusión social, la construcción de las relaciones interculturales y la promoción de la participación social, especialmente de las comunidades campesinas e indígenas. Estos principios entrañan una serie de caminos tendentes hacia la profundización y radicalización del proceso democrático de carácter co(i)nstitucional y, sobre todo, intercultural, lejos de cualquier tentación etnicista, racista y/o discriminatoria.

El punto de partida de las reflexiones de Víctor Hugo Cárdenas es tratar de entender cómo funciona el fenómeno del racismo. Este trabajo él lo asume por la necesidad de tomar conciencia acerca de la complejidad del racismo, por advertir(nos) de algunos malos entendidos sobre el tema en cuestión, sobre todo de los mitos que motivan una serie de lecturas equivocadas sobre el mismo y, finalmente, por proponer algunas pistas para superar este problema. La idea inicial es, entonces, referir las diversas comprensiones acerca del racismo y de las diferentes interpretaciones que intentan justificarlo y/o explicarlo.

En el contexto boliviano y desde hace mucho tiempo han predominado y aún predominan las lecturas racistas del propio proceso político cultural, es decir que de, manera tradicional, se ha tendido a utilizar conceptos que tienen sustentos racistas y eurocéntricos: las razas blancas o blancoides contra los indígenas. Estas lecturas atraviesan estructuralmente tanto las culturas más conservadoras, llamadas de derecha, como las de la izquierda, en las que aún persisten una serie de actitudes profundamente racistas. De aquí emerge la urgente necesidad de deconstruir el funcionamiento del racismo y también del proceso de racialización.

Cuando aludimos al racismo hablamos de algo muy general. Por tanto, conviene aclarar y precisar de qué estamos hablando cuando nos aproximamos a la temática del racismo. De acuerdo con Víctor Hugo Cárdenas, por racismo se entiende "un pensamiento o un modo de ver, un conjunto de criterios, que justifican la supremacía biológica de un grupo humano sobre otro”260. Se trata entonces de una serie de visiones, discursos, interpretaciones, mentalidades y comportamientos racistas, etnocéntricos y discriminatorios.

Si bien hoy el racismo no tiene un sustento científico, en el pasado sí lo tenía o, al menos, pretendía tenerlo y se denominaba precisamente “racismo científico”, que consistía en medir cráneos para determinar que los que tenían masa encefálica más voluminosa eran más inteligentes. La antropología física era la justificación y el sustento de una serie bastante amplia de doctrinas racistas. Actualmente, sabemos que no hay bases científicas para justificar el racismo.

Según las teorías de la biología molecular y los investigadores que están trabajando en el proyecto del genoma humano, los seres humanos, al margen del color de la piel o del tipo de conformación fenotípica, “somos iguales”. De manera que desde la perspectiva biológica y/o científica el racismo no tiene sustento, ni justificación alguna, es una mera construcción ideológica. Sin embargo, detrás del racismo se oculta una serie de motivaciones e intereses. Como bien dice Víctor Hugo Cárdenas, lo racial, “lo racista oculta efectivamente otros intereses”: económicos, políticos y culturales.

El racismo científico no ha sido la única expresión del racismo, también hay lo que se puede llamar el racismo institucionalizado. A diferencia del racismo científico, que necesita demostrar la superioridad (por razones biológicas) de un pueblo sobre otro, el racismo institucional no necesita demostrar nada, ni siquiera es perceptible, pero funciona y se siente dolorosamente sus efectos. De hecho, en Bolivia, es lo que más funciona; pero, aquí nadie se confiesa racista, nadie va a decir que es racista, incluso pueden aducir que son anti-racistas. Pero, en las actitudes cotidianas, en el modo de relacionarse con los demás, hay una serie de expresiones del racismo

institucional, cotidianamente practicadas, que no son explicitadas y menos justificadas. El fenómeno racista se complica mucho más cuando Víctor Hugo Cárdenas

nos habla de una racismo cultural, que, a diferencia del racismo científico y del racismo institucional, respeta y tolera. En Bolivia es muy común afirmar que “somos un país diverso”, que “hay lenguas y culturas diversas”, que un blanco mestizo o un criollo se relaciona, “se lleva bien”, con un aymara, con un afro-boliviano, que incluso

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Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia “Periodismo y racismo”, La Paz, Cámara Departamental del Libro, 21 de agosto de 2008, p. 2.

comparte con ellos, respeta las prácticas festivas, etc. Pero, no quiere, ni acepta, bajo ningún concepto, que se (entro)metan en su vida, “cada uno en su lugar”.

El racismo cultural basa su práctica, precisamente, en la (con)fusión de la diferencia y la igualdad. El común de la gente cuando ve algo diferente, inmediatamente, lo asocia con una situación o status de superior o inferior; aún cuando, y de acuerdo con Víctor Hugo Cárdenas, podamos saber que “se puede ser diferente, pero sin ser superior, ni inferior; (es decir que) se puede ser diferente siendo igual. Parece paradójico, pero en la medida en que comprendamos esto podemos avanzar en una práctica democrática”261.

Se trata, entonces, de ir más allá del racismo cultural, que como bien sabemos pregona el reconocimiento e incluso la tolerancia: “puedo tolerar que estén ahí, pero, yo no me meto con ellos”. Como bien dice Víctor Hugo Cárdenas, “el racismo cultural es el más peligroso porque es la entronización de la diferencia, pero no de la diferencia para cultivar una relación intercultural, sino para mantener las cosas como están”262. Es así como se va cultivando una serie de manifestaciones de cortesía y/o deferencia para con la diferencia, pero manteniendo las consabidas y “prudentes distancias”.

El racismo cultural es el fenómeno contemporáneo más característico de países como Bolivia, donde hay poblaciones de diverso origen étnico, cultural y lingüístico, y es extremadamente peligroso porque, a diferencia, del racismo científico, no necesita justificarse y, a diferencia del racismo institucional, está bastante racionalizado y profundamente internalizado en el común de las personas. En un país como Bolivia y, más aún, por la persistencia de las relaciones de carácter colonial, muy pocos o casi nadie puede decir que nunca ha cultivado un principio racista, un comportamiento racista, o un pensamiento racista263. Todos, de una u otra manera, aparecen relacionados con los comportamientos y los modos de ser racistas y es así como persisten las tradicionales e históricas desigualdades, inequidades y exclusiones.

Hay por tanto diversas formas de racismo emergentes de las diferentes estructuras de discriminación. Según Víctor Hugo Cárdenas, la discriminación es parte de un conjunto de rutinas burocráticas, sociales y culturales, que contribuyen a la marginación de "los otros" considerados diferentes. Las discriminaciones, generalmente, se producen por razones ideológicas (oligarcas vs indígenas u

261

Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia “Periodismo y racismo”, La Paz, 21 de agosto de 2008, p. 5.

262

Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia, “Comunicación, democracia y ciudadanía”, La Paz, 3 de septiembre de 2008, p. 5.

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Cfr. Cárdenas, Víctor Hugo, "En Bolivia nadie puede decir que no es racista", en: Revista Tiempo (Santa Cruz), septiembre de 2008, Año I, No. 6, pp. 12-16.

originarios), por razones del color de la piel (blancos vs morenos) y también por el dominio (o no) de una serie de competencias lingüísticas, “hay gente que no habla bien el castellano y es víctima de la discriminación”.

Los principales problemas que históricamente caracterizan al país se expresan entonces en la persistente exclusión, racismo, discriminación y pobreza. Este conjunto de problemas muy graves y profundamente dolorosos constituyen la marca de la sociedad y el Estado bolivianos, fundados en y por la secular práctica de la segregación social, étnica y lingüística. Bolivia es, además, el resultado de la conformación de una sociedad con profundas desigualdades, asimetrías y fracturas económicas, políticas y culturales.

Aquí conviene afirmar, de manera contundente, que el largo proceso de dominación colonial ha sido el contexto histórico que posibilitó la institucionalización del racismo, entendiendo al colonialismo no sólo como una actitud o práctica coyuntural, sino también como la estructuración de una política estratégica (a largo plazo). Como bien dice Víctor Hugo Cárdenas, “el racismo, como una política general de relación de una sociedad con otra, encontró en el colonialismo su mejor contexto y fortaleció las políticas coloniales”264.

También es útil tener en cuenta la lúcida interrogación de Víctor Hugo Cárdenas en el sentido que si sólo pueden ser racistas las prácticas o los principios relacionados con el ejercicio del poder y si “los de abajo no pueden ser racistas”. Van Dijk265 es uno de los autores que postula esta idea en el sentido que una persona o un grupo humano desligado del poder o víctima del poder no comete, ni puede cometer racismo. Una afirmación ciertamente problemática y por lo demás muy ambigua.

Posiblemente por la compleja constitución de una sociedad colonizada, como la boliviana, es muy frecuente esta asociación del racismo con los grupos de poder político y económico. En cambio, los comportamientos racistas de los grupos subalternos (“no ligados al poder”) no son objeto de una visión crítica, no se los suele comprender como prácticas racistas, cuando en realidad unos y otros son racistas, sólo que uno está relacionado con el poder y el otro no, aunque también puede estar relacionado con otros intereses sociales, económicos, políticos o culturales.

También conviene tener en cuenta que el racismo no es sólo de derecha, sino que también puede ser de izquierda. Más aún, el racismo no sólo puede (pro)venir de gente conservadora, sino también de gente “revolucionaria”. En este contexto, Víctor Hugo Cárdenas evita caer en simplismos como el de pensar que los blanco mestizos o

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Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia “Periodismo y racismo”, La Paz, 21 de agosto de 2008, p. 8.

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Cfr., por ejemplo, Dijk, Teun van, “Las élites producen el racismo”, en: La Prensa, 17 de diciembre de 2004, p. 8b.

criollos son autoritarios, es decir poco (o nada) democráticos, y que los indígenas son democráticos, cuando en realidad unos y otros pueden estar cultivando esencialismos y/o fundamentalismos etno-políticos nada útiles para el desarrollo del proceso democrático.

Al respecto es sumamente lúcida la percepción de Víctor Hugo Cárdenas, quien propone reconocer y, en consecuencia, deconstruir, cada vez con mayor lucidez, las actitudes esencialistas:

“Para usar un lenguaje un poco pasado (de moda), autoritario puede ser uno de derecha, uno de centro y uno de izquierda. Se puede ser revolucionario, pero también ser autoritario. Mucho más (aún), se puede ser revolucionario, pero también ser racista, etnocéntrico y discriminador ¿o no estamos viendo ejemplos hoy?”266.

Frente a la persistencia de los problemas generados por el racismo y la racialización, Víctor Hugo Cárdenas nos ofrece interesantes pistas por donde podemos ir transitando para superar el complejo problema del racismo. Lo importante es no sólo buscar culpables, sino también, y sobre todo, entender cómo funciona el fenómeno racista y, en consecuencia, deconstruir los prejuicios, las prácticas y las costumbres racistas. Al respecto, Cárdenas es bastante claro:

“Creo que hay tener en cuenta que al ser un país plural, como llamamos multicultural y diverso, tenemos que aprender a entender plenamente lo que es la diferencia y la igualdad. Nos han enseñado que la igualdad y la diferencia son dos aspectos no compatibles, o algo es diferente o algo es igual, pero qué difícil es entender que en Bolivia todos debemos tener las mismas condiciones de ciudadanos y ciudadanas siendo diferentes. Podemos ser bolivianos siendo chapacos, cambas, collas, etc., o sea la igualdad y la diferencia no son dos aspectos antagónicos, sino parte del mismo problema y esto deberíamos fomentar y entenderlo adecuadamente desde la escuela, pasando por los medios de comunicación”267.

Víctor Hugo Cárdenas recomienda que podamos aprender de la experiencia de sud Africa, donde la Constitución política pre-Mandela sólo hablaba de los ciudadanos blancos, los negros no eran ciudadanos. Una vez que se produce el cambio social, Mandela llega a la presidencia, la nueva Constitución no se limita a “voltear la tortilla”, es decir que no habla de que los ciudadanos de primera son los negros y los de segunda son los blancos, sólo habla de ciudadanos sudafricanos, independientemente de que sean negros o blancos268.

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Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia “Comunicación, democracia y ciudadanía”, La Paz, 3 septiembre 2008, p. 2.

267

Cárdenas, Víctor Hugo, Conferencia “Periodismo y racismo”, La Paz, Cámara Departamental del Libro, 21 de agosto de 2008, p. 5.

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Véase, al respecto, la apasionante autobiografía del líder político sudafricano Nelson Mandela, El

Veamos entonces cómo el desarrollo de las prácticas democráticas podría contribuir a la superación del problema del racismo y también de la racialización. Para ello conviene sintetizar las principales ideas, relativas al proceso democrático, producidas por Víctor Hugo Cárdenas, quien suele pensarlas desde y a partir de la necesidad de reflexionar en torno a la experiencia de la democracia boliviana, entendida ésta como un complejo proceso de construcción social, “no como algo ya definido”.

Si bien sería muy cómodo adoptar una definición normativa de democracia, como, por ejemplo, “democracia como gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”, también hay que entender que ésta es una definición que sirve de norma, es decir que concierne y tiene relación con el campo del "deber ser". Víctor Hugo Cárdenas, en cambio, prefiere pensar desde y a partir de la propia experiencia y es por ello que él entiende la democracia boliviana como un proceso social, político y cultural que aún se está construyendo.

En Bolivia estamos viviendo un complejo y complicado proceso de construcción democrática. No obstante, es evidente que, así sea con muchos obstáculos y dificultades, estamos dejando, poco a poco, la Bolivia colonial, la Bolivia donde lo que valía era el color de la piel. Las relaciones típicamente coloniales están siendo cada vez más radicalmente cuestionadas, de manera que, en sustitución de los criterios colonialistas, hoy se está tendiendo a cultivar prácticas y experiencias cada más cercanas a los más profundos sentidos de convivencia democrática.

En este contexto, Víctor Hugo Cárdenas valora positivamente los efectos del acceso de Morales al gobierno, pero también percibe las limitaciones. Así, y junto a los sentimientos de satisfacción y de esperanza, también muestra que hay motivos de honda preocupación: una cosa es la presencia y otra es la eficiencia política. Como también refiere Mumia Abú-Jamal, si bien el liderazgo (del pueblo) negro ha sido fuente de orgullo, no ha sido fuente de poder político. Lo cierto es que rostros negros o indios en altos puestos no implican libertad. "El poder es mucho más que presencia. Es la habilidad de encarar los objetivos políticos del pueblo en su búsqueda de libertad, independencia y bienestar material”269.

Con todo y aún cuando el proceso de superación de la Bolivia colonial por una Bolivia cada vez más democrática sea un proceso extremadamente complicado, el trabajo teórico, político e intelectual aymara consiste en evitar detenerse en lo aparente y en buscar promover activamente el desarrollo de los valores democráticos y convivenciales. De acuerdo con Víctor Hugo Cárdenas, un comportamiento genuinamente decolonial es empezar a “pensar con cabeza propia”.

En Bolivia no basta con hablar de democracia en términos abstractos, sino que necesariamente hay que articular las diversas concepciones y prácticas democráticas. Si bien es evidente que en el país hay una práctica democrática de tradición liberal, igualmente hay otra democracia de tradición obrera, más propiamente minera, así como también hay una democracia indígena y en el campo político de los pueblos indígenas (aymaras, guaraníes, etc.) hay una gama mucho más amplia de lógicas y prácticas democráticas. Pensamos, junto con los intelectuales aymaras, que cada uno de estos modos de ser y de hacer democráticos pueden aportar positivamente al complejo proceso de construcción democrática.

La democracia de tradición liberal puede aportar entonces al proceso de convivencia social, al igual que la democracia de tradición indígena u originaria. Los estatutos de las tierras bajas (media luna) tienen un fuerte sello democrático liberal; en cambio, el proyecto constitucional de las tierras altas (andinas) tiene una fuerte marca comunitaria. ¿Cuál es el mejor? ¡Ambos! Víctor Hugo Cárdenas recomienda que tenemos que encontrar vías de acercamiento entre ambos proyectos u horizontes de vida, de manera que podamos responder a la diversidad étnica, política y cultural propia de Bolivia, más allá de los tradicionales prejuicios y dicotomías coloniales.

Para la experiencia concreta del país, los intelectuales aymaras proponen que la democracia de origen liberal se pueda enriquecer con las democracias de origen indígena (aymara, guaraní, etc.) y que las diferentes lógicas y prácticas democráticas puedan engrandecer el proyecto democrático. Al desarrollo de este proceso político Víctor Hugo Cárdenas denomina democracia intercultural, por cuya virtud Bolivia puede ser capaz de integrar ambas democracias: la visión de la democracia liberal y la de la democracia indígena. Esto implica que los partidarios de ambas democracias tienen que tener la valentía de ceder sus posiciones, sin necesidad de que unos quieran “doblar el brazo” y/o aplastar a los otros.

Más aún, convendría que no sólo el presidente Morales sino también sus principales colaboradores (ministros), sobre todo los que (pro)vienen del mundo indígena, operaran con criterios indígenas. Así, por ejemplo, hay necesidad de asumir que, para una mentalidad indígena y, mucho más, para una mentalidad aymara, no hay que por qué liquidar al otro, “por más diferente y contrario que sea”, necesariamente hay que llegar a un acuerdo, si acaso no a una situación de unión y armonía. En cambio, cuando se busca aplastar y “doblar el brazo al otro” (digamos a la media luna y/o a los malditos neoliberales), no es actuar con mentalidad indígena. “Yo veo, dice Cárdenas, mucho rencor, mucha revancha y eso hace daño”270.

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Abú-Jamal, Mumia, “Los riesgos del poder político”, en: Rebeldía, 8/6/08.

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Actualmente, en Bolivia, hay una urgente necesidad de madurar actitudes y

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