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Según Husserl, hay diferentes vías hacia la fenomenología trascendental, esto es, hacia la ciencia de la subjetividad trascendental: «He seguido, en una re- flexión de varios años, diferentes caminos igualmente posibles».63 Esas vías son

básicamente tres: la vía cartesiana, la vía de la psicología, y la vía que parte del mundo de la vida. Husserl observa que las vías no se encuentran separadas con claridad, sino que se entrelazan. La vía de la psicología y la vía del mundo de la vida son particularmente significativas para el análisis de la horizonticidad porque la primera pone el énfasis en la explicitación de la subjetividad y la segunda acentúa una descripción previa del mundo.

Husserl sigue la vía cartesiana a la reducción en el curso La Idea de la Fe- nomenología (1907), Ideas I (1913), el curso Filosofía Primera (1923/24) y

62 Hua VI, 101.

63 Hua V, 148. El siguiente análisis de las vías a la reducción sigue la reconstrucción de Kern, Iso. Husserl und Kant. Eine Untersuchung über Husserls Verhältnis zu Kant und zum Neukantismus.

Phaenomenologica 16. Den Haag, Martinus Nijhoff, 1964, § 18. Traducción castellana del apartado

pertinente: «Los tres caminos a la reducción fenomenológico-trascendental en la filosofía de Edmund Husserl». En: Serrano de Haro, Agustín (ed.). La posibilidad de la Fenomenología. Madrid, Editorial Complutense, 1997, pp. 259-293.

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Meditaciones cartesianas (1929). Este camino parte de la idea de que la filo-

sofía es una ciencia absolutamente fundamentada que se construye a partir de un comienzo absoluto como un punto arquimédico que permite fundamentar todo lo demás. Tal comienzo es dado en una evidencia absoluta o apodíctica, es decir, una evidencia que no puede de ningún modo ser puesta en duda. Por tanto, la vía cartesiana procede a buscar un conocimiento o evidencia absoluta. Una crítica universal del conocimiento muestra que ningún conocimiento del mundo satisface esta exigencia, y que, en cambio, la subjetividad trascendental se da con una evidencia apodíctica. Se trata del dominio último y absoluto respecto del cual todo lo demás es relativo.

El camino por la psicología tuvo su primera expresión en el curso Proble- mas Fundamentales de la Fenomenología, se desarrolla por primera vez de modo sistemático en el curso Filosofía Primera, y se expone en el curso Psi- cología Fenomenológica (1925) y en la sección III B de La crisis de las ciencias

europeas y la fenomenología trascendental que lleva el título «El camino hacia

la fenomenología trascendental a partir de la psicología». Husserl se refiere a la apertura de «un segundo camino a la subjetividad trascendental, que puede ser recorrido en forma separada del primer camino “cartesiano” y sin tener en vista la motivación de este».64 Señala que en el centro de la vía cartesiana hacia

la fenomenología trascendental se encuentra la exclusión del mundo sobre la base de que no nos es dado de modo apodíctico y la consiguiente vuelta de la mirada fenomenológica al reino de la subjetividad trascendental. Y aclara que la nueva vía se debe a «la necesidad más inmediata de aprender a conocer la subjetividad trascendental en las diferentes estructuras y formas típicas de su vida trascendental, a fin de que el ego cogito no permanezca como una palabra vacía para nosotros, […]».65

En sentido inverso a las ciencias de los cuerpos físicos que se ocupan solo de lo corpóreo con abstracción de lo psíquico, Husserl concibe una ciencia que se interesa por lo psíquico con abstracción de todo lo corpóreo. Para captar lo

64 Hua VIII, 312. 65 Hua VIII, 126.

propio y esencial de la psique, es necesario excluir las consideraciones físicas y fisiológicas: la velocidad con que un estímulo se transmite a lo largo de una vía nerviosa no nos aclara la sensación que tenemos. La psicología propuesta es pura no solo porque descarta ese tipo de consideraciones mediante una re- ducción fenomenológico-psicológica, sino también porque deja a un lado el aspecto fáctico y se atiene a la esencia de lo psíquico. O sea, la psicología es pura en el doble sentido de ocuparse de fenómenos psíquicos no contamina- dos por observaciones físicas y de atenerse a las estructuras esenciales de estos fenómenos. Además, tiene una doble función porque proporciona un funda- mento a priori a la psicología empírica y se convierte en propedéutica para la fenomenología trascendental.

En un segundo paso, a fin de que la relación intencional de la vivencia psíquica analizada con su objeto no sea interpretada como una relación real, es decir, al modo de las relaciones entre los cuerpos, se pone entre paréntesis la interpretación natural de la realidad de su objeto intencional. Sin embargo, esta epojé se practica en cada caso sobre el objeto singular de una vivencia singular, o sobre grupos de objetos de vivencias singulares, y, por tanto, cada acto conserva en el modo del horizonte la validez del mundo en sentido natu- ral. Un análisis de la conciencia de horizonte muestra que subsiste la validez del mundo de la actitud natural en el modo de una implicación intencional. El nexo total de vivencias se refleja en cada vivencia singular, y esta, aunque se haya puesto entre paréntesis su objeto, se ve afectada por los supuestos que ellas conservan. No se pone fuera de juego la tesis general de la actitud natural, y, por tanto, en un tercer paso, se requiere, para alcanzar lo puramente psíqui- co, excluir «de un golpe» todo interés por el ser en sentido natural, es decir, una universal inhibición del interés «respecto de todo el mundo consciente en la lejanía del horizonte, respecto del universo en todas las realidades e ideali- dades».66 En cuanto posibilita el darse cuenta de esta operación universal, la

psicología fenomenológica abre el camino a una fenomenología trascendental: «[...] en el puro desarrollo de la idea de una psicología descriptiva, que quiere

CAPÍTULO I. Etapas en la fenomenología husserliana [43]

expresar lo esencialmente propio de las almas, se lleva a cabo necesariamente el cambio de la epojé y reducción fenomenológico-psicológica en la trascen-

dental [...]».67

El camino por la psicología procura desentrañar las estructuras singulares de la vida psíquica a través de un análisis de los actos: «[…] nos hemos ocu- pado de mostrar en ellos la intencionalidad maravillosamente entramada, y de ese modo llevar a la vez a una primera comprensión el modo propio del ser subjetivo y de la operación subjetiva tal como se muestra en cada tipo de tales actos».68 De este modo se da curso a un «puro interés en el ser subjeti-

vo»,69 y este interés, orientado hacia los diversos tipos de actos singulares, «no

hace otra cosa y no puede hacer otra cosa que exhibir la interioridad psíqui-

ca en su pureza y sacar a luz las implicaciones intencionales ocultas en ella».70

El desvelamiento de las implicaciones permite acceder a la «reducción inter- subjetiva» y a la concepción de que el otro no es un objeto que encontramos dentro del mundo, sino un otro co-constituyente de la objetividad. Así, se produce la inclusión metódica de la intersubjetividad en el campo temático de la fenomenología trascendental. Esto quiere decir que, en la reducción, no solo me obtengo como subjetividad trascendental, sino que obtengo también un todo trascendental de yoes: «La superioridad de este segundo camino a la subjetividad trascendental frente al cartesiano reside en que proporciona a la vez también la posibilidad de incluir la intersubjetividad en la reducción».71

La vía que parte del mundo de la vida tiene su principal manifestación en la última obra de Husserl, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología

trascendental.72 Al explicitarla, Husserl observa que la vía cartesiana «tiene la

67 Hua VI, 259. 68 Hua VIII, 128. 69 Hua VIII, 108. 70 Hua VIII, 141.

71 Hua VIII, 313. Cf. Hua VIII, 127 ss., 165, 176, 127. Véase capítulo XII § 4.

72 El trabajo de Husserl sobre el tema de la crisis parece haber comenzado hacia 1934 y continúa hasta mediados de 1937, esto es, hasta el comienzo de la enfermedad de la que fallece el 27 de abril de 1938. En mayo de 1935, Husserl pronuncia en Viena la conferencia «La crisis de la humanidad

gran desventaja de que conduce como de un salto al ego trascendental y lo trae, porque debe faltar toda explicitación previa, a la visión de un aparente vacío de contenido, […]».73 Por eso, el primer paso en esta nueva vía es elaborar una

ontología del mundo de la vida que ponga de manifiesto sus estructuras esen- ciales. Luego de haber elaborado la ontología del mundo de la vida, Husserl se ocupa del tema ego-cogitatio-cogitatum y afirma: «Si bien estos nombres son inseparables uno de otro, uno debe ocuparse de ellos uno a la vez y mante- niendo un orden en el sentido inverso al seguido por el enfoque cartesiano».74

El punto de partida no ha de estar en el cogito, sino del lado del correlato. El mundo de las cosas, y sus estructuras fundamentales, son tomadas como ín- dices o hilos conductores para el esclarecimiento de su constitución, de modo que el análisis trascendental tiene desde el comienzo una plenitud en lo que concierne a su contenido. Por esto se posibilita el más pleno análisis de la ho- rizonticidad. El segundo paso de esta vía consiste en poner en correlación sus estructuras ontológicas con la vida intencional de la subjetividad trascenden- tal, es decir, poner de relieve una correlación entre el a priori ontológico y un

a priori fenomenológico-constitutivo.

El tercer paso pone de relieve el cambio en la orientación de pensamiento implicado en el estudio de la profundidad de la vida trascendental. Ella no debe ser captada del mismo modo que la superficie estudiada por la ontolo- gía. Hay una tendencia a allanar la profundidad utilizando los instrumentos que se utilizan en la actitud natural para tratar con la superficie, es decir, «a juzgar en sentido trascendente y, por consiguiente, a caer en una μετάβασις europea y la filosofía». Y en noviembre del mismo año da una conferencia en Praga llamada «La crisis de las ciencias europeas y la psicología». Estas conferencias sirven de base a la obra proyectada. El anuario Philosophia, editado en Belgrado por Arthur Liebert, resolvió publicar el texto de la Crisis en sucesivas entregas. Después de regresar de Praga, Husserl trabajó intensamente en la obra, y las dos primeras partes del texto (§§ 1-27) fueron publicadas en 1936. Cuando Husserl se enferma en 1937, el texto de la tercera parte era ya más largo que el de las dos primeras partes combinadas, y aún no había sido completado. Esta tercera parte, pues, nunca llegó a manos del editor de Philosophia. La edición definitiva de la obra, que se publicó en 1954, estuvo a cargo de Walter Biemel (Hua VI). Luego se publicaron volúmenes complementarios (Hua XXIX y Hua XXXIX).

73 Hua VI, 158. Cf. I. Kern, Husserl und Kant, p. 220. 74 Hua VI, 175.

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εἰς ἄλλο γένος».75 Y la epojé es, precisamente, el procedimiento que impide

aplicar a la vida trascendental las vigencias positivas de la actitud natural. La dimensión trascendental debe ser protegida respecto de una μετάβασις desde la dimensión natural objetiva. No se puede aclarar la vida trascendental por medio de una validez objetiva o mundana que la supone porque es una efec- tuación o resultado de sus operaciones trascendentales. La epojé de la validez objetiva del mundo se debe a la necesidad de impedir este contrasentido, y no a su falta de apodicticidad como en la vía cartesiana, o a un desinterés por el ser del mundo motivado en el interés por lo subjetivo como en la vía por la psicología. En la vía que parte del mundo de la vida, la epojé se define de tal modo que tiene el sentido de un despejamiento o purificación que asegure la dimensión de profundidad a la que ya se ha ingresado en virtud del paso previo que coloca al mundo en correlación con las operaciones de la subje- tividad trascendental. Aparece como un «cambio de actitud» (Umstellung) o «inversión» (Umwendung)76 que evita la contaminación de la dimensión tras-

cendental descubierta por el conocimiento mundano. Al eliminar la limitación al conocimiento mundano que aparece como unilateral, exterior, abstracto y superficial, posibilita el análisis de la dimensión de profundidad que incluye en sí la dimensión superficial. La vía hacia la reducción trascendental que parte de la ontología del mundo de la vida no tiene los defectos de las otras dos vías porque la reducción deja de aparecer como una pérdida del mundo y una li- mitación a la conciencia.

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