A fines de los 90 comienza un proyecto de investigación arqueológica, paleoambiental y arqueobotánica en el yacimiento Los Ajos, ubicado en el extremo norte la Sierra de los Ajos, junto al Bañado de India Muerta, en el norte del departamento de Rocha. Se trata de un sitio que fue objeto de investigaciones previas en los primeros años 90 (Bracco 1993 en Iriarte, 2003) pero que fue retomado posteriormente, y a partir del cual se ha formulado un tercer modelo explicativo para la prehistoria regional que plantea una nueva periodización y discute las interacciones ser humano-medio ambiente, los procesos sociales asociados al desarrollo de las primeras formas de vida aldeana y la arquitectura pública en referencia a la emergencia de las primeras comunidades formativas en la región (Iriarte, 2003, 2006b). En este modelo se propone que grandes complejos monticulares precerámicos no fueron el resultado de ocupaciones sucesivas y de corta duración por parte de grupos cazadores-recolectores móviles, ni montículos funerarios o monumentos de cazadores-recolectores complejos, sino aldeas planificadas por grupos que practicaban una economía mixta (Iriarte, 2006: 645).
Los Ajos está ubicado en una zona ecotonal, donde confluyen la laguna de los Ajos, humedales, praderas húmedas y praderas altas, bosque ribereño y los suelos más fértiles de la región y está muy cerca de un extenso palmar de Butia capitata. Además de tener fácil acceso a todos estos ambientes, el sitio está ubicado en una posición estable del paisaje, sobre una lomada en la orilla del Bañado de India Muerta a resguardo de las inundaciones periódicas del bañado y en el sector distal del abanico aluvial, el punto menos susceptible al stress hídrico debido a que posee el nivel más alto durante los períodos secos (Iriarte 2003). Estos suelos son periódicamente cubiertos por nutrientes de las
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inundaciones y de los desbordes del Río Cebollatí lo que configura un lugar ideal para la práctica de horticultura de recesión.
Los Ajos es un complejo yacimiento multi-monticular que cubre un área de 12 há. La zona central se localiza sobre la parte más alta de la colina e incluye siete montículos de cima plana con un arreglo espacial en forma de herradura, cerrada hacia el noreste y abierta hacia el oeste y limitado al suroeste por un montículo alargado, formando un espacio oval de 75x50 m.
Los sectores externos del sitio presentan una variedad de rasgos arquitectónicos y topográficos dispersos y menos formales espacialmente. Consisten en varios montículos de formas variadas: media luna, circulares, alargados; y áreas fuera de los montículos con residuos domésticos subsuperficiales.
Las primeras excavaciones realizadas establecieron que Los Ajos fue ocupado durante el Holoceno medio: 3950 y 3350 (4580 y 3380 cal. AP) (Bracco y Ures, 1999; Iriarte, 2006a).
Las nuevas investigaciones, propusieron una periodización de dos grandes períodos para el desarrollo de los montículos, que a su vez muestran transformaciones a su interior: Período Monticular Precerámico (PMP) y Período Monticular Cerámico (PMC) (figura 10). El primero está presente en la estratigrafía de los cerritos Alfa, Delta y Gamma, se ubica en el Holoceno medio y su contenido sugiere que los habitantes de Los Ajos comenzaron a vivir en una modalidad de comunidad de casa circular caracterizada por el emplazamiento de unidades residenciales alrededor de una plaza central pública (Iriarte, 2006b). Los fechados más antiguos sugieren que la construcción de los montículos comenzó entre 4190 y 3950 años AP (cal. 4840-4160 AP) (Iriarte, 2003, 2006b; Iriarte et al., 2004).
El crecimiento de los montículos en este primer período es el resultado de la superposición de múltiples ocupaciones domésticas con un amplio rango de actividades asociadas a la preparación de alimentos, consumo, producción lítica y mantenimiento (residuos líticos e instrumentos, pequeños fragmentos de hueso calcinado, cenizas y lentes de hollín y pequeñas piezas de arcilla quemada). A pesar de la interpretación de área residencial, no pudieron identificarse estructuras de casas. El carácter residencial es deducido por la distribución del material lítico que muestra un patrón de caracterizado por una baja densidad central y una alta densidad periférica. La zona central del montículo sería un espacio de habitación regularmente mantenido, mientras que la periferia sería el área de basurero. La plaza central se caracteriza por la ausencia de acumulaciones de sedimentos antropogénicamente alterados y la baja densidad artefactual.(Iriarte, 2003, 2006b).
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Figura 10: estratigrafía del cerrito Gamma (Los Ajos). Tomado de Iriarte, 2003.
El estudio del material lítico mostró que todas las etapas de la producción tuvieron lugar en Los Ajos y las materias primas predominantes son las riolitas y cuarcitas locales. Los estudios arqueofaunísticos y arqueobotánicos muestran que el período precerámico se caracteriza por una economía mixta. Las especies animales que dominan los conjuntos arqueofaunísticos son cérvidos medianos y roedores semiacuáticos. También se identifican otros mamíferos de pequeño porte, reptiles, tortuga, aves y menores cantidades de peces de agua dulce. Estudios de fitolitos y granos de almidón evidenciaron la explotación de semillas, hojas y raíces de una variedad de especies vegetales silvestres y domesticadas. Entre las últimas se destacan los registros más tempranos para la región de maíz (Zea mays) y calabaza (Cucurbita sp.) (Iriarte, 2006b; Iriarte et al., 2004). Ya para este período temprano Iriarte propone la práctica de la horticultura de recesión estacional sobre los depósitos altamente fértiles de las márgenes del bañado que quedan periódicamente expuestos durante los meses de primavera y verano (Iriarte, 2003, 2006a, 2006b).
La información paleoambiental local indica que la mayor transformación social de este período coincidió con un cambio climático significativo con condiciones de máxima aridez alrededor del 4020 AP que probablemente redujo la recarga de agua de los bañados y produjo la desecación de los mismos (Iriarte, 2006a, 2006b). En Los Ajos la respuesta a la escasez regional de recursos derivada de la aridez del holoceno medio parece haber sido el aumento del sedentarismo (Iriarte, 2006b).
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La formación de comunidades más grandes debido a la mayor sedentarización habría hecho aflorar problemas asociados con la agricultura y los grupos numerosos. En este esquema, la incorporación de un espacio comunal central habría jugado un rol crucial como facilitador de la integración social, formalizando un campo más amplio de interacción social que trasciende la esfera de la familia (Iriarte, 2006b). Iriarte ve en las plazas el prototipo más temprano de la arquitectura pública que subyace en el surgimiento de las sociedades americanas más complejas (Lathrap 1977 en Iriarte, 2006a). Siguiendo a (Dillehay, 1992) sostiene que las plazas representan la formalización de la integración grupal, y en tanto construcciones fijas y destacadas perpetúan y sedimentan estas relaciones (Iriarte, 2006b). Las aldeas con grupos circulares de montículos gravitan alrededor de la plaza central que abarca la comunidad como un todo. Además, las plazas centrales representan, en esta visión, sociedades igualitarias (distancia equidistante de las casas al espacio comunitario) y funcionan como marcadores de diferenciaciones sociales por género, edad y linajes. Las plazas encarnan contradicciones estructurales que pueden evolucionar hacia una diferenciación social incipiente (Iriarte, 2006b).
El Período Monticular Precerámico estaría presente, además de en Los Ajos, en otros sitios más o menos complejos con fechados similares: Isla larga, Paso Barrancas- Puntas de San Luis, Los Indios y Potrerillo y en otros sitios aún sin investigar pero similares a Los Ajos en la planta de conjunto (colina Da Monte, Estancia Mal Abrigo y 5 Islas) (Iriarte, 2006b). Esta regionalización es interpretada como evidencia de una integración local a través de instituciones pan- tribales desde tiempos precerámicos (Iriarte, 2006b).
Después del 4000 AP, las condiciones climáticas en Los Ajos cambiaron hacia una mayor humedad, similares al clima actual, pero este nuevo cambio climático no revirtió las transformaciones sociales previas sino que las aceleró, dando lugar al denominado Período Monticular Cerámico (PMC). Mientras que el PMP se caracteriza por el surgimiento de una comunidad distribuida alrededor de un espacio central público, en el PMC comienza una estratificación interna del sitio definida por la formalización y diferenciación de un espacio exterior, un área periférica más dispersa y menos formalmente integrada (Iriarte, 2003, 2006b).
Este es el período donde aparece la tecnología cerámica, además de caracterizarse por otras transformaciones como la remodelación de los montículos. Las estratigrafías de los montículos Alfa, Gamma y Delta indican que fueron remodelados desde los primeros montículos del PMP, circulares y no mayores de 0,8 m, hacia plataformas de más 1,4 m, de planta cuadrangular, cima aplanada y borde biselado. Otra novedad con respecto al período anterior es la aparición de los enterramientos humanos. En los montículos Alfa, Gamma y Delta destaca la presencia de conjuntos de huesos humanos desarticulados y fragmentados (Iriarte, 2003, 2006b).
Los recursos animales explotados no sufren modificaciones, ni tampoco se ven transformaciones en la tecnología lítica. Dentro de los recursos vegetales, el maíz y la calabaza continúan siendo explotados.
Alrededor del 1600 AP aumenta la acumulación de residuos ocupacionales en los grandes montículos alargados que rodean el conjunto central, interpretado como un aumento de la intensidad y duración de la ocupación.
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La localización relativa de los elementos que componen el sitio es interpretada como un plan arquitectónico orientado al noreste suroeste con un sector menos formalmente arreglado (figura 11). Esta asimetría, generada durante este período, le otorga, según Iriarte (Iriarte, 2006b) un carácter fuertemente público y ritual al conjunto central de montículos-plaza. Para el autor, la formalización de los espacios públicos indica la existencia de actividades rituales atemporales, inmutables, que son importantes en la reproducción del poder social. Los grupos de poder o los actores sociales pueden utilizar la arquitectura de los espacios públicos como forma de legitimar su poder político a través de la organización espacial de las actividades que, a su vez, materializan las relaciones entre grupos y/o individuos (Iriarte, 2006b). Los contextos ceremoniales formales crean oportunidades de control social, intercambio, estratificación social y liderazgo centralizado; aún más si ocurre en un contexto de crecimiento demográfico, aumento de presión sobre tierras fértiles, cambio tecnológico y territorialismo como propone que ocurrió en Los Ajos durante el PMC. En definitiva, Iriarte propone la existencia de una sociedad no-igualitaria, con un segmento social con poder político que ocuparía el área central, mientras el resto de la población ocuparía el área periférica. Las plataformas que rodean el espacio central habrían servido como recordatorios de la simetría social perpetuándola en el tiempo.