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Chapter 7: Summary and policy discussions

7.2 Summary of previous chapters

Nicolasa Montes22. Elena Benavides ingresó como maestra

interina de música del Colegio de las Educandas en 1853 y más tarde se convertiría en compositora profesional, mien- tras que Manuela Fernanda era, de las tres hermanas Enríquez, la que más destacaba en el arte de los sonidos23.

Ángela y Trinidad, en cambio, entablaban conversación inte- lectual en las tertulias llevadas a cabo en la casa familiar. Desfilaban allí Ramón Mato —el padre de la autora de Aves

sin nido—, Mariano Mato, el poeta Abraham Vizcarra, Nar-

ciso Aréstegui —el romántico novelista de El padre Horán y de El ángel salvador—, los Usandivaras, los Saldívar, los Herrera, los Romainville, Antonio Concha, Gabino Pacheco Zegarra —natural de Ayaviri y traductor del Ollantay—, Max E. Montes, Adeodato Nadal, Mariano Rozas, Manuel Miota, Gabino Ugarte, Mariano Orihuela y el pintor Mariano Cor- bacho24. Era fama que los exiliados colombianos Villa Duque,

Castro, Gómez y Carbajal participaban de esas pláticas ilus- tradas25.

De otro lado, el nacimiento de Trinidad Enríquez en 1846, como lo ha destacado Luis Miguel Glave, coincidiría con un período de efectiva modernización de la ciudad imperial26.

Desde 1848, bajo el gobierno del prefecto José Miguel Medi- na, el Cuzco logró contar con una biblioteca pública, un museo de antigüedades, un gabinete de historia y un cementerio que desterraba la antihigiénica costumbre de sepultar los cadáve-

22. Ib.

23. Ib., pp. 351-352 24. Ib.

25. Ib.

res en los templos. Otras obras públicas que modificaron la faz de la antigua capital inca eran la alameda trazada por encima del río Huatanay —un pequeño orgullo ciudadano—, los portales, y la nivelación y empedrado de las calles27. Cle-

ments Markham, quien visita la ciudad andina en 1853, se sorprendía de esas mejoras urbanas y de los nueve mil volú- menes de la biblioteca, tanto como de la rara prestancia física e intelectual de las señoritas procedentes de la «buena socie- dad» local:

Las jóvenes del Cuzco —escribe el viajero e historiador inglés— son, en general, muy bellas, con rasgos regulares, con un cutis fresco, ojos brillantes y llenos de inteligen- cia, con largas pestañas y abundante cabellera negra arreglada en dos trenzas. Han sido muy bien educadas, pues hay un excelente colegio para jovencitas, pero la reclusión en que viven les da un aire sencillo e ingenuo; y son notables asimismo por su bondadosa afabilidad28.

Resulta difícil sustraerse a la tentación de ver aquí el re- trato de alguna de las hermanas Enríquez. Una fugaz mirada al interior de las casas de la clase terrateniente es registrada por el viajero británico: los salones eran largos y bellamente amoblados con sillas antiguas, gabinetes enchapados en ná- car y un piano, llevado desde la costa a lomo de indio, para evitar estragos en el delicado mecanismo del instrumento29. A

falta de ese instrumento —narra Charles Wiener en 1876—,

27. Vid. TAMAYO HERRERA, José. Historia social del Cuzco republicano. 2.ª edición. Lima: Editorial Universo, 1981, pp. 58-60.

28. MARKHAM, Clements R. Cuzco and Lima. Traducción de Edgardo Rivera Martínez. Lima: Ediciones Copé – Markham College, 2001, pp. 152-153.

algunas viejas espinetas heredadas de los tiempos coloniales sobrevivían penosamente en las casonas de los notables30. Lo

que no entrañaba problema alguno: esos instrumentos de te- clado eran señales de status que bastaba con exhibir en el salón. No faltaban algunos exóticos individuos foráneos que daban similar colorido a la ciudad: Markham recuerda a «un arquitecto polaco, un francés que enseña en el Colegio y un italiano dedicado a la búsqueda de tesoros escondidos»31. Pero

una nueva inquietud social sería trasvasada, casi de contra- bando, a esa lánguida capa tradicional, junto con las modas francesas de vestimenta, mobiliario y etiqueta. El auge del romanticismo político y literario, germinado en la revolución parisina de 1848, parece explicar la excepcional cruzada re- novadora que Trinidad María emprenderá muy pronto.

Trinidad Enríquez recibe la instrucción oficial en el Cole- gio de Educandas, establecimiento que dirigían, con mano circunspecta, doña Antonina Pérez y Gertrudis Araujo32. El

año de su ingreso se sitúa hacia 1853, es decir a los siete u ocho años de edad33. En las Educandas habría empezado a

enseñar, a partir de los once o doce años, el curso de Geogra- fía34. Pero, más significativamente, la jovencita se forma «en

el silencio del hogar», es decir, entre profesores particulares

30. WIENER, Charles. Pérou et Bolivie, op. cit., p. 328: «quelque vieille épi- nette dont il existe plusiers spécimens autentiques dans le cité». 31. MARKHAM, Clements R. Cuzco and Lima, op. cit., p. 152.

32. Vid. MENDOZA, Fidelina. «Colegio Nacional de Educandas del Cuzco. Apuntes históricos. (Continuación)», op. cit., pp. 61 y siguientes. 33. ANÓNIMO. «Trinidad M. Enríquez», op. cit., p. 2411, col. 1.

34. SAMANEZ, Juan Guillermo. Ccapacc Llacctan Carcca. Apuntes de fo- lklore peruano, op. cit., p. 121.

y la biblioteca familiar. Trinidad María, según el anónimo biógrafo de El Perú Ilustrado,

No teniendo ya clase alguna que cursar, se dedicó con ahínco á la lectura, que rindió poderosamente su privile- giada inteligencia. Raro era el autor que le fuera desconocido. El más erudito podía hablar con ella sobre historia, filosofía, astronomía, ciencias sociales ó cualquie- ra otra materia. Consagrada en este período de su vida á prácticas religiosas, que la condujeron hasta el misticis- mo, conocía mejor que muchos sacerdotes el Evangelio, cuyas doctrinas practicaba35.

La biblioteca doméstica había sido instalada por un tío «ca- laverón y manirroto»36. Juan Guillermo Samanez, quien se

entrevistó con familiares y allegados de la letrada, escribe:

Las fantasmagorías de un tío carnal, visionario y fastuoso dotaron a la casa de una desbordante cantidad de libros encargados a Europa, lo que permitió a las hermanas En- ríquez [...] encontrarse al corriente de los más recientes descubrimientos de la ciencia política europea, y una ámplia familiarización con las doctrinas más en boga de los pensadores y tratadistas de la época37.

La solvencia pecuniaria de los Ladrón de Guevara permitía también la contratación de docentes contratados:

Siguiendo las costumbres de las familias acomodadas del Cuzco la caja del hogar remuneraba con creces las leccio- nes particulares de profesores a domicilio, doctos en

35. ANÓNIMO. «Trinidad M. Enríquez», op. cit., p. 2411, col. 1.

36. UNIVERSIDADDEL CUZCO. SEMINARIODE INVESTIGACIONES HISTÓRI- CAS. «Trinidad M. Enríquez», op. cit., pp. 349-350.

37. SAMANEZ, Juan Guillermo. Ccapacc Llacctan Carcca. Apuntes de fo- lklore peruano, op. cit., p. 121.

diversas materias del saber humano. Profesores de idio- mas, de geografía, de matemáticas, de música, de baile, de dibujo, maestras de bordado, en fin. Colombianos perte- necientes a la más alta clase social bogotana arrojados del lar amado por el ciclón revolucionario, que pagaban en el ostracismo delitos políticos, amenizaban las tertulias co- tidianas de todas las noches, en los anchurosos salones de la casa solariega; tertulias a donde concurría lo más esco- gido de la intelectual regional38.

Conocemos los nombres de algunos de esos maestros que, a cambio de media onza de oro mensual —remuneración exor- bitante para la época—, desfilaban por la residencia de doña Cecilia: Julio Rufino Oblitas —el impetuoso liberal y cate- drático de Derecho civil—, Gabino Pacheco Zegarra, Jaime Pacheco, Isaac Tejeira, J. José Aráoz y otros preclaros inte- lectuales de la región39. Por su parte, José Varea se encargaba

de la formación musical de las tres hermanas, mientras que un caballero venido de Venezuela, de apellido Bougereau, se dedicaba a enseñarles el francés. Fervoroso admirador de Bolívar, el señor Bougereau se esforzaba por transmitir a la pequeña Trinidad su propia devoción por el patriota cara- queño40. Otro curioso personaje, el padre Jaime —«confesor

y saqueador de bibliotecas particulares»—, cuidaba de la sa- lud espiritual de las muchachas. Circulaba el rumor de que, en el confesionario, el astuto sacerdote acostumbraba impo-

38. Ib.

39. UNIVERSIDADDEL CUZCO. SEMINARIODE INVESTIGACIONES HISTÓRI-