Aunque la virulencia residual de Rev. 1 ha sido ampliamente reconocida desde hace tiempo (principalmente representada por su capacidad de inducir abortos), se han observado importantes diferencias en el grado de la misma reflejados en la diversidad de resultados obtenidos (Blasco, 1997; Bosseray, 1992). Bosseray (Bosseray, 1991) realizó un estudio en el modelo murino sobre la inmunogenicidad y la virulencia residual de cepas de Rev. 1 de distintos orígenes comprobando que existían importantes diferencias entre las cepas estudiadas. Como consecuencia de ello, la OIE recomienda realizar estrictos controles durante la producción de esta cepa vacunal con el fin de confirmar que mantiene las características de la cepa Rev. 1 Elberg de B. melitensis biovar 1 (OIE, 2009b). La virulencia residual de Rev. 1 se manifiesta en:
Efecto abortivo
La capacidad de la Rev. 1 para inducir abortos en hembras vacunadas durante la gestación fue puesta de manifiesto en los primeros experimentos realizados a mediados del siglo pasado (Elberg y Meyer, 1958; Elberg y Faunce Jr., 1962; Ne´eman, 1968b; Ne´eman, 1968a). Este efecto adverso es especialmente acusado cuando la vacunación se realiza en la mitad de la gestación (Zundel et al.,
1992) y puede además conllevar la excreción de la cepa vacunal en leche y secreciones vaginales (Blasco, 1997; Crowther et al., 1977; Elberg y Faunce Jr, 1957; Jiménez de Bagues et al., 1989; Ne´eman, 1968a). No obstante, y a pesar de que la excreción en leche ha quedado demostrada (Alton y Elberg, 1967), existen cierta discrepancias sobre la relevancia de este fenómeno (Jones y Marly, 1975a; Ne´eman, 1968a).
Para evitar este efecto adverso de Rev. 1 se han planteado diferentes estrategias:
Inmunización limitada a las ovejas y cabras de reposición (nulíparas, no preñadas). Se considera que la inmunidad inducida por la Rev. 1 aplicada a dosis completas durante los 3-6 meses de edad es suficiente para asegurar la protección de los pequeños rumiantes durante toda su vida productiva (Alton, 1966; Alton, 1968; Alton, 1987; Entessar et al. 1967; Erdem et al., 1970) aunque puede resultar insuficiente en determinadas condiciones (alta prevalencia de BOC, sistemas extensivos de manejo) donde la vacunación en sábana constituye una opción mejor (ver más adelante) (Blasco, 1997; FAO, 2009).
Empleo de dosis reducidas de vacuna Rev. 1. Algunos autores han abogado por el uso de dosis reducidas como una buena alternativa vacunal considerando que la inmunidad conferida era adecuada y/o el número de abortos inducidos por la vacunación se reducía de manera considerable (Alton, 1970; Alton et al., 1972; Díaz-Aparicio et al. 1994; Scharp et al., 1999) permitiendo el control de brotes de la enfermedad (Blasco et al., 1984b; Esteban-Velázquez, 1982). Sin embargo la aplicación de dosis reducidas de Rev. 1 (103-107) en el campo ha dado lugar a
una divergencia de opiniones sobre su utilidad y repercusiones: muchos autores coinciden en que el número de abortos provocados y la escasa inmunidad inducida desaconsejan de forma concluyente la aplicación de esta estrategia en los programas de control de la BOC (Alton, 1970; Blasco 1997; Blasco, 2006; Crowther et al., 1977; Fensterbank et al., 1982a; Fensterbank et al., 1985; Ferrer y Gil, 1994; Polydorou, 1975), incluso aplicada por vía conjuntival (Jiménez de Bagues et al. 1989). Por el contrario, algunos investigadores han apostado por la validez de esta aproximación (Delgado et al., 1995a; Ebrahimi et al., 2012; Kolar, 1984; Sales Henriques et al., 1992) llegando a formar parte de los programas de lucha contra BOC en algunos países como Mongolia (Kolar, 1984), Kuwait (al- Khalaf et al., 1992), Arabia Saudí (Al-Shamakh, 1995) y Turquía (Uysal, 1995). Los diversos resultados observados respecto al efecto de la vacunación con dosis reducidas y la patogenicidad de la vacuna Rev. 1 se podrían deber a diferencias en las cepas empleadas en los diferentes estudios (Blasco 1997; World Health
Organisation, 1997) y en el momento de gestación en el que se aplicó la vacuna (Blasco et al., 1984b).
Modificación de la vía de administración de la vacuna. Aunque se ha observado una reducción en el número de abortos cuando la Rev. 1 es aplicada por la vía conjuntival, el número de abortos desencadenados continúa siendo suficientemente elevado como para desaconsejar de manera rotunda la vacunación de animales preñados con Rev.1 por esta vía, incluso a dosis reducidas (Blasco, 1997; Jiménez de Bagues et al. 1989; Zundel et al. 1992). Otros efectos adversos
Se han observado otros efectos secundarios de Rev. 1 en ovejas y cabras, como un periodo transitorio de fiebre acompañado de un descenso del consumo de alimentos o una reacción local inflamatoria en el punto de inoculación (Rodríguez Ferri y Crespo, 2000; Kolar, 1995). Algunos autores han observado un riesgo de diseminación en el ambiente de Rev. 1 tras la vacunación de animales jóvenes (incluso la excreción por ollares durante dos o tres semanas después de la vacunación) (Blasco, 2010c) lo que les convertiría en posibles fuentes de infección para otras especies animales (Ali Kojouri y Gholami, 2009; Banai et al., 1995; Pishva y Salehi, 2012). Sin embargo, otros estudios han valorado que el riesgo de contaminación ambiental a partir de corderas vacunadas conjuntivalmente es mínimo (Sales Henriques et al., 1992; Stournara et al., 2007; Zundel et al., 1992). Por otro lado, se ha sugerido un posible efecto negativo de la Rev. 1 en la capacidad de concepción en cabras vacunadas en momentos cercanos a la monta, por ello, se recomienda dejar, al menos, dos meses entre la vacunación y la época de apareamiento (Alton, 1985a) (por el contrario, otros autores han descartado este efecto secundario de la vacunación) (Kolar, 1995). En el caso de la vacunación de machos, muchos autores han registrado una ausencia de reacciones adversas (no excreción de la cepa vacunal, no desarrollo de sintomatología clínica, no aumento de temperatura corporal, etc.) en corderos (Blasco et al., 1987; Fensterbank et al.,
1982b, García-Carrillo, 1981; Marín et al., 1990) tras la vacunación con Rev. 1 [incluso tras administrar la vacuna cinco veces de manera sucesiva (Erasmus y Bergh, 1985) y cuando es aplicada por la vía conjuntival (Munoz et al., 2008)]. Por otro lado, se han
registrado un número escaso de efectos indeseados tras la vacunación como epididimitis en un carnero (Lantier y Fensterbank, 1985) y en un irasco (Tolari y Salvi, 1980).