Casi un siglo después, en el último tercio del XIX, despertó en España un gran interés polí- tico por la investigación marina, en un intento de avanzar en el desarrollo de las activida- des marítimas, a la par que los países europeos, especialmente Italia y Francia. En el año 1885, Joaquín María de Castellarnau i Lleopart (Tarragona, 1848-Segovia, 1943) publicó La Estación Zoológica de Nápoles y sus Procedimientos para el Examen Microscópico, d o n d e defendía la necesidad de crear estaciones costeras para desarrollar la Biología Marina en E s p a ñ a. Ese mismo año, el Ministerio de Fomento envió a Augusto González de Linares (Cabuerniga, 1845-Santander, 1904) a la Estación Zoológica de Nápoles, fundada por Antón Dohrn (Universidad de Munich) en 1872, con el encargo de comprobar cuáles eran los requerimientos básicos para establecer un laboratorio similar en España. Tras su retorno, en 1886, fundó la Estación Marítima de Zoología y Botánica Experimental de Santander. Si bien la estación se creó por Real Decreto de 20 mayo de 1886, González de Linares fue nom- brado director el 21 de junio de 1887 y no empezó a funcionar hasta 1889, cuando se la dota de un emplazamiento y de recursos materiales y humanos. La estación, que fue el primer cen- tro de estudios marinos fundado en España, fue dirigida por González de Linares hasta su muerte en 1904. Además, entre 1888 y 1893, distintos oficiales del Ministerio de la Marina visitaron Nápoles para especializarse en Biología Marina con el objetivo de aportar el nece- sario enfoque científico a la legislación pesquera. Entre ellos estaba el teniente de navío Adolfo Navarrete y de Alcázar (La Habana, Cuba, 1861-Madrid, 1925), artífice de la Liga Marítima E s p a ñ o l a (1900), que redactó dos manuales complementarios de Oceanografía (1896) y de Biología Marina aplicada a la pesca (1898), que son los primeros textos españoles modernos sobre ambas materias (Pérez Rubín, 2005). En este contexto es imprescindible destacar el
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papel de la Armada en la investigación oceanográfica y pesquera de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, hasta la creación del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en 1914, primer organismo publico de investigación civil en esta materia. Baste decir que la primera campaña oceanográfica del IEO se llevó a cabo en agosto de 1914 con el cañonero Núñez de B a l b o a, al que siguieron otros buques de guerra tales como el Hernán Cortés, Río de la Plata, Primero de Meira, Giralda, Almirante Lobo, Marqués de la Victoria, Eduardo Dato, Laya, Proserpina, Legazpi, Segura, Malaspina, Tofiño, Navia y Xauen (Pérez-Rubín, 2005).
En contraposición a la visión novedosa de crear estaciones de Biología Marina en España, estaba la visión más tradicional del naturalista Mariano de la Paz Graells y Agüera (Logroño, 1809-Madrid, 1898), catedrático de Zoología del Real Gabinete de Historia Natural. A par- tir de 1865, en calidad de miembro de la Comisión Permanente de Pesca del Senado, activa hasta 1893 (Pérez Rubín, 2005), Graells participó, junto con A. Navarrete Alcázar, en con- gresos y exposiciones marítimas y pesqueras siendo el principal, y casi único, experto espa- ñol en Biología Marina tras sus continuos viajes a distintos países europeos para conocer las explotaciones pesqueras y acuícolas (Fraga, 1996). Su exploración de la costa cantábrica daría lugar en 1870 al libro Exploración Científica de las Costas del Departamento Marítimo del Ferrol, donde cataloga a los moluscos y peces en las costas entre el río Miño y el Bidasoa, y en 1876 a la creación del parque de ostricultura de Santa Marta de Ortigueira (A Coruña). Como senador, Graells puso en dificultades a González de Linares con sus preguntas sobre la oscura marcha, tanto administrativa como científica, de la estación de Santander en sus inicios (Fraga, 1996).
En aquellos años, el Príncipe Alberto I de Mónaco (París, 1848-París, 1922) –formado en la Armada Española, a la que perteneció durante toda su vida– visitó repetidas veces el golfo de Vizcaya a bordo de la goleta Hirondelle desarrollando nuevas metodologías para la recolección de muestras de organismos a diferentes profundidades y perfeccionando técnicas para el estudio de las masas de agua. En 1886 la Hirondelle arribó en varios puertos gallegos, realizando observaciones relacionadas con la pesca y la industria de la sardina (Guerra y Prego, 2003). Ese mismo año, nuevamente en un intento de poner a España al nivel de los países europeos, el Ministerio de Fomento comisionó al joven naturalista Odón de Buen y Cós (Zuera, 1863-México, 1945) para instalar el primer laboratorio flotante de Biología Marina en la vieja fragata de madera Blanca, veterana de la batalla de Callao y buque-escue- la en el que se formaba a los guardiamarinas españoles. Si bien el viaje iba a ser una circun- navegación, la fragata zarpó de Cartagena con rumbo a Escandinavia y regresó haciendo esca- la en las costas argelinas. Odón de Buen aprovechó el viaje para visitar diferentes laboratorios de investigación marina y conocer a jóvenes científicos como el noruego Frifjord Nansen (Oslo, 1861-Oslo, 1930), que llegaría a ser un reputado explorador y estadista (Parrilla, 2005). Este viaje fue crucial en la vida de O. de Buen, marcando el destino de su futura incli- nación científica y, a la par, el desarrollo de la Oceanografía en España.
El interés por las actividades científicas de A. González de Linares y O. de Buen, llevó a Antón Vila Nadal (Barcelona, 1861-1956), catedrático de Historia Natural de la Universidad de Santiago de Compostela, a promover la creación de la Estación de Biología Marina de Carril,
PAPEL Y ESTRUCTURA DE LA INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y TECNOLOGÍAS MARINAS EN ESPAÑA
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en la Ría de Arousa, de la que llegó a ponerse en el año 1900 la primera piedra, con presen- cia de los Reyes de España, pero que nunca se construyó. Otro intento fallido en Galicia fue el de la Estación de Biología Marina de Marín, en la Ría de Pontevedra, que se mantuvo abierta desde 1932 a 1936 con financiación de la Junta de Ampliación de Estudios, a pesar de la oposición de O. de Buen. Sus instalaciones fueron ocupadas por la actual Escuela Naval Militar tras la Guerra Civil Española.
El propio Odón de Buen, cuando ya era catedrático de Historia Natural de la Universidad de Barcelona, consiguió instalar en Melilla el Laboratorio de Biología Marina de Mogador, por Real Decreto del 22 de agosto de 1905, aunque sólo funcionó hasta 1908. En 1906 logró el permiso del Gobierno Español para la creación del Laboratorio Biológico Marino de Baleares en Porto Pi, inspirándose en el Laboratoire Arago de Banyuls-sur-mer, fundado en 1882 por su gran amigo Henri de Lacaze- Duthiers (Universidad de París). Al laboratorio de Porto Pí se asoció en 1912 la Estación Biológica-Marina de Málaga, que también ayudó a crear O. de Buen cuando ya se había desvinculado de Barcelona al tomar posesión de la Cátedra de Historia Natural de la Universidad de Madrid en 1911.