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Chapter 2: Financial Constraint and M&A Returns

2.5 Results and Discussion

2.5.1 Summary Statistics

compartir un futuro comœn. Con todo, s—lo una responsabilidad compartida acerca del futuro augura un desarrollo sustentable.

Posiblemente la "jaula de hierro" de las restricciones institucionales sea menos relevante que la "jaula de la melancol’a". Entonces los fantasmas del pasado siguen presentes bajo la forma de una moder- nizaci—n compulsiva. Los chilenos cum- plen las exigencias sistŽmicas sin adherir a ellas, al mismo tiempo que a–oran las tradiciones sin poder cumplirlas. La conducta resultante es una cadena de repeticiones rutinarias que, por carecer del sentido de la tradici—n, devienen r’gidas y forzadas.

2. INSUFICIENCIA DE LAS POLITICAS DE SEGURIDAD

La inseguridad humana en Chile no reside solamente en la falta de memoria colectiva; ella radica especialmente en las deficiencias que muestran las actuales pol’ticas de seguridad. Segœn se se–alara al inicio, toda sociedad establece determinados mecanis- mos de seguridad, destinados a resguardar a sus miembros de las amenazas vitales y a permitir calcular y asumir los riesgos socialmente aceptables. Distingu’amos en- tonces mecanismos habilitadores, que instauran condiciones m’nimas de seguridad frente a las amenazas que enfrentan el conjunto y cada una de las personas, y mecanismos realizadores, que promueven un uso creativo de las oportunidades. En los cap’tulos previos se analizaron algunos de estos mecanismos en el caso chileno. Resumiendo los antecedentes, caben dudas acerca de la efectividad de dichas pol’ticas.

Una protecci—n insuficiente contra los riesgos

En el Informe se abordan, en primer lugar, los mecanismos de seguridad que habilitan una protecci—n b‡sica contra las amenazas. Es menester destacar al respecto los gran- des esfuerzos dedicados a mejorar los dispositivos para garantizar la seguridad ciudadana, a ampliar los servicios pœblicos y privados para asegurar la atenci—n mŽdica y hospitalaria as’ como a reformar las

instituciones dedicadas a proteger a los adultos mayores o inv‡lidos. No obstante los avances logrados, los chilenos no parecen sentirse seguros. Interpretado a la luz de la Seguridad Humana, el malestar podr’a estar reflejando dos deficiencias importantes.

Una deficiencia del actual esquema de seguridad consistir’a en una excesiva monetarizaci—n de los riesgos.Los pro- blemas suelen procesarse y abordarse en la medida en que sean traducibles a un c‡lculo de inversiones, costos y beneficios.

Dicho "economicismo" acompa–a al proce- so de privatizaci—n de la seguridad. Los seguros de salud y las pensiones en manos de empresas privadas con fines de lucro implica en los hechos medir la eficiencia de los servicios en tŽrminos de la eficiencia financiera. Adoptando el punto de vista de una racionalidad econ—mica, se justifica el cheque en blanco de garant’a que suelen exigir los hospitales al paciente que ingresa, el importante copago que suponen los servicios de salud o la vinculaci—n del monto de las pensiones a la rentabilidad de las AFP. Tal enfoque evita desajustes econ—micos, que provocaron en el pasado serios dŽficit presupuestarios y, finalmente, un deterioro de los servicios.

Sin embargo, adaptar los sistemas de seguridad al nuevo contexto no debe desvirtuar sus fines. Una sobrevaloraci—n de las condiciones financieras parece sustituir la anterior subvaloraci—n. Puede darse una "subversi—n de valores" que es particular- mente grave en el caso de aquellos sistemas destinados expl’citamente a la seguridad. La discriminaci—n de personas mayores, m‡s susceptibles a las enfermedades, por las Isapres, la mala atenci—n que reclaman al sistema pœblico, la falta de cobertura del sistema previsional y la irregularidad de las cotizaciones de buena parte de los afiliados a las AFP pueden ser ejemplos ilustrativos de una forma de exclusi—n social.

Otra deficiencia de los dispositivos de seguridad es su falta de consideraci—n de las amenazas nuevas. Los mecanismos disponibles no responden (por acci—n u omisi—n) a buena parte de los nuevos riesgos que enfrentan los chilenos.

Recordemos que los sistemas de salud suelen cubrir en forma ineficiente enferme- dades graves y enfermedades "modernas" (trastornos s’quicos), dejando muchas veces a los beneficiarios desprotegidos en el momento de vulnerabilidad. Algo similar ocurre con el sistema de pensiones, cuyos beneficios pueden decrecer precisamente cuando una crisis econ—mica puede preci- pitar el retiro de la vida laboral. Frente a otras amenazas nuevas, que marcan la vida cotidiana de la gente, parece necesario establecer pol’ticas de seguridad. Basta pensar en las mayores posibilidades de desempleo a causa de la flexibilizaci—n del mercado laboral, en los abusos al consu- midor, en los efectos para las personas del deterioro del medio ambiente, en la soledad de los adultos mayores u otros ejemplos que afectan la calidad de vida. Vale decir, los mecanismos de seguridad est‡n centrados en amenazas "tradicionales" y no consideran a las amenazas nuevas ni, sobre todo, su nuevo car‡cter.

Una primera conclusi—n apunta pues a un enfoque demasiado estrecho de las amena- zas, que impide dar cuenta de los muy diversos sentimientos de inseguridad que pueden abrigar los chilenos. Ahora bien, la inseguridad tiene que ver no s—lo con la mayor o menor gravitaci—n de los peligros y riesgos en la vida cotidiana de la gente, sino tambiŽn con el mejor o peor aprovecha- miento de las oportunidades abiertas por la modernizaci—n. Ello nos remite a las limitaciones de la seguridad realizadora.

El acceso incierto a las oportunidades La principal raz—n de inseguridad que se desprende de los antecedentes recogidos reside en la desigualdad de la distribuci—n de oportunidades. Este hecho, que se arrastra en el tiempo, resulta especial- mente parad—jico en una sociedad que aumenta significativamente sus recursos. Particularmente en el campo de la educa- ci—n y de la salud, m‡s all‡ de los logros alcanzados, es notorio que los sistemas no aseguran todav’a un acceso equitativo; por el contrario, es el nivel socioeco- n—mico de la persona el que determina sus opciones.

A la inversa, y m‡s all‡ de los avances logrados, se mantiene un c’rculo vicioso entre la desigualdad en la distribuci—n de los ingresos y la desigualdad cuantitativa y cualitativa en la seguridad. Sobre todo la distribuci—n desigual de las oportunidades educativas afecta otras ‡reas y termina por suscitar sentimientos generalizados de inse- guridad. Esto hace de la reforma educa- cional un paso adelante en el Desarrollo Humano.

Generalmente, quienes tienen menor acceso a las oportunidades suelen sufrir una mayor incertidumbre. Dicha inseguridad concierne primordialmente a la situaci—n personal, percibida como un desajuste entre lo que se aporta y lo que se recibe. La experiencia individual de injusticia, empero, puede generar resentimientos y una desafiliaci—n emocional que, desencadenados por cual- quier evento, se proyectan al orden social. Entonces deviene veros’mil la percepci—n de que las "reglas del juego" no son neutrales, de que el crecimiento del pa’s beneficia s—lo a unos pocos, que los "poderes f‡cticos" conservan una preeminencia oculta, pero eficaz y que, por ende, la invocaci—n de la transparencia muchas veces escamotea la penumbra en que se toman decisiones. La distribuci—n desigual de las oportuni- dades probablemente sea la deficiencia m‡s visible, pero en ningœn caso la œnica. Las pol’ticas de seguridad, destinadas a facilitar el acceso a las oportunidades, pueden fallar a causa de una definici—n estrecha de lo que es una oportunidad.

Los mecani sm os de

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