El instrumentalismo, como se le conoce a esta teoría, podría ser definido como un realismo sin representación; porque básicamente intenta dar respuesta a dos intuiciones evidentes: a) nuestra experiencia de sentido común nos muestra un mundo de los objetos que es independiente de nosotros que, en algún sentido, nos ‘decepciona’; y, b) no existe un acceso inmediato a ninguna realidad sin interpretar o ‘desnuda’ es decir, extralingüística; con lo cual, la realidad nunca escapa de nuestro lenguaje. Tendríamos que hablar como Habermas de la “inevitable interpenetración del lenguaje y la realidad”225
El trasfondo pragmatista podría definirse como un interaccionismo
¿Cómo conjugar ambas intuiciones de forma tal que escapemos al dogmatismo racionalista y a las artimañas del escéptico? Se hace necesario, pues, superar el punto de vista de un sujeto enfrentado a un objeto que es conocido por medio de su representación; y pasar hacia el punto de vista de la praxis
(experimentación para Dewey) donde el conocimiento se revela como un instrumento que posibilita la acción o, como diría Dewey, hace más rica nuestra experiencia abriendo puertas hacia nuevas posibilidades.
226
Por ello, aquello que la tradición denomina sujeto-objeto, tras el instrumentalismo, pasa a ser reconocido como un elemento activo y
transformador en continuidad con un elemento de resistencia
(decepcionante)
; es decir, una conjunción natural y espontánea donde confluyen el mundo natural del objeto y el mundo espiritual del sujeto en una continuidad (Esto quiere decir, en forma natural, no conflictiva). Es decir, este interaccionismo no revela dos polos opuestos, sino dos realidades interactuantes e interdependientes, aunque pragmáticamente diferenciadas. ¿Qué significa ‘pragmáticamente diferenciadas’?, que en la praxis podemos reconocerlos como independientes, pero son condiciones innegables de un único esquema de interpretación.
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225 HABERMAS, Jürgen. La ética del discurso y la cuestión de la verdad. Traducción de Ramón Villa.
Barcelona, Paidós, 2003. p. 74
226 FAERNA, Angel Manuel. Introducción a la teoría pragmatista del conocimiento. Op. Cit., p. 74 227 El reino de los objetos se revela como resistencia le exige al sujeto atenerse a un mundo independiente
de su voluntad.
ontológicamente posteriores a la praxis (acción o experimentación). Lo que quiere decir que:
“Sin la experiencia de su propia relación activa con el medio, del juego entre impulsos y resistencias, el sujeto no podría haber separado los espacios de lo interno y lo externo, ni concebirse a sí mismo como un sujeto enfrentado a un mundo de objetos. En esta medida, tal oposición es subsidiaria de la realidad más básica de la acción”228
Este giro pragmático transforma el concepto de realidad de forma tal que el instrumentalismo (y el pragmatismo en general) puede ser reconocido, como diría Peirce, en un realismo directo229
Naturalismo no es otra cosa que la vena darwinista que recorre al pragmatismo. Es la reacción ante la realidad dualista cartesiana y ante la necesidad del trascendentalismo kantiano
. Éste es, pues, el tipo de monismo que
Dewey denominó naturalismo y que se hace evidente a través del
interaccionismo.
230
Pero con la actitud naturalista los pragmatistas recogen dos elementos evolucionistas esenciales: primero, que los individuos tienen fines (presupuesto antropológico). Ésta es la condición que preexiste a todas las actividades humanas (incluso a las cognoscentes) y que de hecho las suscita
. Con el naturalismo los pragmatistas desean elevar a la categoría de filosofía la intuición básica del sentido común: que nuestra vida es una sola y que no hay problema que pueda ser considerado relevante a nosotros mismos, si no es porque concierne a nuestra vida misma. La actitud racionalista y en general toda filosofía que distinga realidades en paralelo convergen en negar esta intuición básica.
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228 FAERNA, Angel M. Op. Cit., p. 16
229“Realismo significa para Peirce que hay un mundo real y que hasta cierto punto es posible conocerlo,
hablar de él y ser comprendidos. No sólo son reales las cosas materiales y los sucesos. También lo son las ideas y las palabras con las que pensamos y hablamos sobre ellos. En palabras d Peirce ‘ahí afuera hay cosas reales cuyos caracteres son independientes de nuestra opinión sobre ellas’. PERCY, Walker.
Op. Cit., p. 1143
230 Lo que no quiere decir necesariamente que el pragmatismo sea antitético con Kant. Para Peirce, el
pragmatismo nace del constructivismo kantiano y para Faerna, el pragmatismo puede ser reconocido como un criticismo sin trascendentalismo. En esta misma línea se encuentra también Habermas quien defiende un giro pragmático sustentado en un a priori comprometido con formas culturales de vida; y de esta manera, evita así todo reclamo por un reino inteligible. “En este sentido, Kant se vuelve compatible con Darwin”. HABERMAS, Jürgen. La ética del discurso y la cuestión de la verdad. Op. Cit., p. 76
231 En este capítulo desarrollaremos más explícitamente este rasgo de la antropología pragmatista; ahora
sólo lo enuncio.
. Y, segundo, que todos los organismos vivos poseen una cualidad propia: la
actividad. Tener fines y ser pasibles de realizar actividades para alcanzar esos fines no son rasgos accesorios a la vida humana, es la vitalidad misma.
¿En qué medida estos dos rasgos son paradigmáticamente revolucionarios como lo pretende el pragmatismo? Uno podría observar que dicho naturalismo no parece causar problemas al sentido común: el hombre trabaja y labora para alcanzar sus fines; sin embargo, lo novedoso es pensar la actividad cognoscitiva bajo ese mismo esquema.
Según Aristóteles232
Lo que el naturalismo pragmatista está revolucionando es la clasificación esencialista que derivó de esta división de saberes. Una cosa es el tipo de disposición que pueda generar un objeto en el individuo, pero otra cosa es definir realidades (conjuntos de objetos) bajo una clasificación de esas disposiciones. Así pues el pragmatismo no reconocería distinción esencial entre el conocimiento práctico, el conocimiento técnico y el conocimiento teórico. Los tres quedan definidos bajo un único esquema: son un instrumento que nos permite explorar con mayor apertura nuestra experiencia presente, en vista de los fines que perseguimos, para así lograr un mejor control de nuestra experiencia ulterior. Sea que se trate de la técnica para construir un puente, la prudencia del maestro para saber cuándo castigar a un alumno o la teoría de la relatividad, lo que Dewey enfatiza es que el método es unívoco: la inteligencia
el conjunto de saberes humanos se puede clasificar en tres modalidades: un saber técnico o productivo; un saber práctico o prudencial; y un saber contemplativo o especulativo. El saber técnico es una ciencia en busca de lo verdadero en relación con nuestra capacidad productora y transformadora del mundo; el saber práctico es una ciencia en busca de lo verdadero en relación a nuestra capacidad de actuar. El saber contemplativo es sustancialmente distinto de los anteriores, porque, aunque es también una ciencia, lo es de objetos que no dependen de nosotros y, por eso, nuestra actitud es básicamente contemplativa.
233
232 Metafísica A 980ª 21 – 982ª 3
233 ‘La inteligencia’ será la contraparte naturalista de la Razón trascendental. Más adelante trabajaremos
este concepto y cómo Dewey lo obtiene del trabajo científico.
que no es otra cosa que una interpretación de los contenidos de la experiencia (cuanto más amplia mejor) en función de experiencias posibles que satisfacen nuestras necesidades individuales y culturales y que pueden ser
alcanzadas por medio de algún curso de acción. La inteligencia determina ese mejor curso de acción. Los constructos teóricos (el plano del puente, la psicología infantil o las leyes del movimiento planetario) se revelan a la inteligencia como instrumentos de los cuales se vale para determinar con mayor precisión cuál es ese mejor curso de acción, nuevamente, en vistas de los fines perseguidos. Dos anotaciones me parecen aquí necesarias:
1) Es necesario reconocer que el valor instrumental de los conocimientos, así planteado, parece una verdad de Perogrullo; sin embargo, la originalidad del pragmatismo está en señalar que la acción es la medida del conocimiento en dos sentidos234: a) el conocimiento es un proceso conductual235
2) Un aspecto ligado intrincadamente al instrumentalismo es la teoría de la verdad. No faltará quien plantee que este giro pragmático destruye las bases de la objetividad que la teoría clásica de la verdad (correspondentista) garantizaba. Si no hay una realidad esencial a la cual leer ¿qué nos garantiza que en verdad el curso de acción elegido sea ‘el mejor’ curso de acción? Los pragmatistas afirmarían que lo único que refleja tal objeción es el anhelo por lo que Heidegger llamó el consuelo metafísico. En verdad, nuestros fines y necesidades proyectan una realidad ‘más real’ y concreta que una realidad con contenido ahistórico que muy bien podría ser pura ficción metafísica o universalización imperialista de una forma cultural de vida. La teoría pragmatista de la verdad no garantizará su objetividad en una realidad alterna inmutable y eterna, sino de lo que Putnam llama ‘fines-en-perspectiva’.
; y b) porque la adecuación de sus procedimientos y el valor de sus logros depende en definitiva de ese marco contextual que es la actividad.
Hechas estas dos salvedades es necesario aclarar que el naturalismo pragmatista (y deweyano en particular) no pretende ser un biologisismo grosero
“en virtud del cual todo se reduzca a supervivencia y adaptación”236
234 Cfr. FAERNA, A. Op. Cit., p. 72
235 Esto es un derivado de la definición peirceana de creencia como ‘disposición para actuar’. Más
adelante trabajaremos esta relación.
236 FAERNA, A. Op. Cit., p. 71
. Para los pragmatistas, tanto supervivencia como adaptación son categorías culturales y
no meramente biológicas; por tanto, los fines creados y adquiridos son tan válidos e importantes como los fines de la naturaleza. Si es un error sustraer al conocimiento de su carácter funcional en pro de fines humanos, es también un error hacerlo depender exclusivamente de un fin único pre-establecido por ‘la madre naturaleza’.
Propiamente hablando, el instrumentalismo es la teoría pragmatista del conocimiento, la epistemología propia del pragmatismo. Dewey asumió para sí el título de instrumentalista y quizá ésta es la mejor prueba de que el instrumentalismo, siendo un elemento del pragmatismo, es para Dewey el principal elemento, el catalizador de la revolución social que está emergiendo. Dos fueron las razones por las que Dewey prefirió para su planteamiento el título de instrumentalismo sobre el de pragmatismo:
Primero, Dewey calificó a su planteamiento como instrumentalismo debido, como él mismo dijo, “a las ambigüedades que existen en torno a la noción de pragmatismo”237
Es la segunda razón por la que creo que el encuentro de Dewey con el instrumentalismo es también la circunstancia especial que lo empuja a ver al tema pedagógico como preferencial en la revolución social que está promoviendo. Es el instrumentalismo el que lleva a Dewey a afirmar que,
. Ambigüedades que, sin embargo, no lo llevaron a tomar distancia de los planteamientos más básicos de James y Peirce.
Segundo, la revolución paradigmática que el pragmatismo promueve está causada, según Dewey, por la conciencia novedosa del carácter instrumentalista del conocimiento. Es a partir de esa conciencia que podemos reconocer como quimera todo ese mundo ‘ideal’, ‘absoluto’ y ‘ahistórico’ que gobernó durante siglos no sólo la epistemología sino la vida misma de los hombres; y es a partir de esa conciencia también que es posible reconocer a toda categoría científica (en el sentido amplio de ciencia, como toda investigación) como funcional. Por tanto, podemos afirmar que es a partir del instrumentalismo que se desarrolla toda esa revolución social que asume al constructo teórico, en cualquier rama de la cultura, como ontológicamente posterior a la praxis, y entonces, histórico y dependiente de los fines e intereses humanos.
siendo la filosofía ahora pragmatista, ésta podría ser reconocida como teoría general de la educación. En lo que sigue de esta primera parte del capítulo voy a sustentar la afirmación de que es el instrumentalismo el catalizador de esa revolución social que Dewey está promoviendo. Luego, intentaré reproducir el argumento histórico-evolutivo, que Dewey expresó en forma dispersa, con el cuál nuestro autor muestra cómo el instrumentalismo no es una invención arbitraria, sino un rasgo propio del conocimiento que va desde sus más primitivas expresiones.