• No results found

patriCia Chávez

Como es clásico en este tipo de revoluciones, el nuevo poder desarma a las masas que le han dado el poder.

René Zavaleta

A

ctualmente, en Bolivia, el llamado “proceso de cambio” tiene tantos significados como tantas son las posiciones y los intereses políticos implicados en los intentos de darle un contenido. Es frecuente que la ansiedad por legitimarse lleve a la mayoría de las autoridades estatales a calificar al mismo como una “revolución”, y que, cargados de temores, algunos de los sectores oligárquicos más conservadores acepten este sentido, pero dándole el alcance negativo que los espectros del comunismo siempre causan en estos casos. Sin embargo, la aparente contundencia y claridad de esta polaridad, queda relativi- zada al observar la manera pragmática en que gobiernos y empresas internacionales, así como entidades organizativas de la empresa privada nacional van apoyando paulatinamen- te algunas políticas económicas del gobierno actual, y viceversa, cómo en los proyectos gubernamentales el papel y los intereses empresariales va cobrando mayor peso.14 Mientras 14 Ver Econoticias, Evo Morales: “En el pasado yo estaba contra las oligarquías, pero reconozco que fue

un error porque necesitamos empresarios”, 11/04/06, http://www.econoticiasbolivia.com/docu-

mentos/notadeldia/evooli.html; El País, Evo Morales recibe el apoyo de Sarkozy a su política de reformas, 17/02/2009. http://www.elpais.com; Los Tiempos, En cooperación con Irán Evo quiere exportar energía nuclear, 30/10/2010. http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/econo-

mia/20101030/evo-quiere-exportar-energia-nuclear_96744_187119.html; Pukara. El Gaso- linazo 2010 y sus consecuencias, 01/2011, www.periodicopukara.com; Los Tiempos. Transgénicos: Comisión aprueba ley productiva, 10/06/11. http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/ economia/20110610/transgenicos-comision-aprueba-ley-productiva_129323_261175.

60

¿Otros mundos posibles? Crisis, gobiernos progresistas, alternativas de sociedad

tanto, de manera cada vez más generalizada entre la población boliviana, y en ocasiones personificada por algunas organizaciones indígenas y obreras, o algunos intelectuales, va cobrando mayor presencia y sistematicidad, una postura que critica las cada vez más evi- dentes incoherencias entre lo que se buscaba producir, a partir de la energía social desple- gada por la ola movilizadora de los años 2000 y 2005, y las traducciones y convivencias que la misma tuvo que enfrentar y experimentar al pasar al formato estatal desde el año 2006 en que presuntamente nace un “Estado de los movimientos sociales”. ¿Qué significa esto? ¿Un Estado con, en, de o sobre los movimientos sociales? Para describir y explicar las discordancias, incoherencias, reconstrucción de las jerarquías y poderes que también componen el proceso de transformaciones que experimentamos, no son suficientes los llamados a la unidad monolítica de los “sujetos en torno al proceso”, ni las presiones sobre quienes no quedan conformes con las explicaciones del establishment de la intelectualidad

oficial. Las discordancias existentes entre movimientos sociales y Estado son interpretadas como tensiones entre los actores de un mismo proyecto, sobre todo cuando se trata de la negociación de los acuerdos y los pactos entre organizaciones afines al gobierno y los representantes y operadores del mismo.

Pero cuando las resistencias y las impugnaciones se originan en la confrontación de horizontes políticos distintos, con proyectos diferentes, las tensiones se transforman en contradicciones, que es la forma en que podemos describir los desencuentros que última- mente existen entre las políticas gubernamentales y algunos sectores sociales preocupados porque creen reconocer en ellas la restauración de ideologías, argumentos y prácticas que se creían inconciliables con una propuesta que se presenta a sí misma como democrati- zadora, descolonizadora e inclusive socialista. Decir, por otro lado, que la misma palabra “proceso” basta para explicar la ambigüedad o la escisión entre políticas de gobierno y expectativas populares, es una manera ineficaz de eludir la creciente exigencia de debatir la dirección que está tomando el mismo.

En general las tendencias políticas, en términos de investigación y opinión, en Bolivia se centran básicamente en dos posiciones: una en la que predomina la mirada y la intención Estado-centristas, en que la vida social es pensada desde el punto de vista de las necesi- dades y los intereses del mando estatal, que por alguna razón aún no explicada, cambiaría de manera cuasi automática su carácter de reproductor del dominio, al ser compuesto por representantes provenientes de los sectores populares, aunque en nuestro caso específico el Estado aún permanece incuestionado e intocado en su médula colonial, patriarcal y capi- talista. Por otro lado, explicando la segunda tendencia, desestatalizar el debate no significa ignorar o secundarizar la existencia del Estado, sino, todo lo contrario, significa tomar muy en serio el papel de esta institución en la configuración de la compleja red de opresiones que nos atraviesan –así como en los proyectos de emancipación que por fuerza tienen que ser pensados también de manera compleja–, pero desde el punto de vista y desde los inte-

html, Bolpress. Deciden legalizar los transgénicos en Bolivia, 16/06/2011. http://www.bolpress.

reses emancipatorios de la sociedad. No se trata entonces, de tener una mirada no estatal del Estado y de la sociedad, sino una mirada social de ambos.

A esta última posición se adscribe el tono general de la presente exposición, en la que se pretende describir algunos hechos necesariamente seleccionados, para reflexionar sobre los alcances, los límites y las posibilidades de ampliación y profundización de los horizon- tes libertarios y auto-determinativos de las luchas sociales en Bolivia.

La matriz obrero-indígena y los horizontes políticos de las luchas

Related documents