La expresión generalismo procede de Lewis Mumford e indica una actitud cultural y una formación profesional que se contrapone al especialismo. La definición parece muy oportuna para definir la cultura de los tratados de Vitruvio, de Alberti, de Francesco di Giorgio Martini, de Palladio, de Colonna y Del Riccio.
El modelo generalista se compone de un núcleo de leyes generales, que forman el núcleo del conocimiento, que actúan en la realidad, en el debate cultural a través de ámbitos culturales específicos. Por el contrario, el modelo especialista intenta hacer coincidir los diferentes puntos de vista disciplinarios, activos de forma autónoma, en un único cuadro de referencia (Figuras 2.12 y 2.13).
En el mundo del proyecto, Vitruvio afirma que nadie puede ser, de repente, arquitecto y constructor: solamente puede llegar a la supremo arte del construir quien “asciende desde niño por estos niveles de doctrinas, y es
alimentado del conocimiento de muchas ciencias y arte”. La cultura del
proyectista tiene que ser universal y perseguir una modalidad común —que puede ser el ritmo— que una cada disciplina. Se trata de una intuición que acerca la metodología del proyecto del tratadista romano con los métodos de investigación del estructuralismo contemporáneo. En efecto, Vitruvio dice: “quizás va a maravillar a los ignorantes, como se pueda aprender tantas doctrinas y retenerlas: pero lo creerán fácil, si van a reflexionar, que todas las ciencias tienen entre ellas una correspondencia y comunicación: por lo que la
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ciencia Enciclica, es decir universal, está compuesta, como un cuerpo entero, por
todos estos miembros”. (Vitruvio,De architectura, Libro I).
El arquitecto, el constructor tiene que entender de música, de medicina, de filosofía, de gramática, de astrología, de geometría y de mucho más, no como los especialistas de cada rama, sino ser capaz, por la idea del proyecto, de llegar a una síntesis superior de todas las disciplinas nombradas. La figura profesional que Vitruvio dibuja es la de un “artífice universal”, sin límites y definiciones culturales precisas. Por ello, es bueno recordar que la división y la especialización profesional entre arquitectos, ingenieros agrónomos, forestales, etc., así como hoy se conoce, es consecuencia de los grandes cambios culturales y sociales que, desde finales del siglo XVIII, sucedieron en Europa con la revolución industrial. Es casi obligado creer, a partir de lo que los tratados indican, que esta fractura en los conocimientos se tiene que recomponer para dar espacio, no a un artífice universal como Vitruvio quería, sino a nuevas Figuras profesionales de planteamiento generalista. El arte de los jardines requiere de este planteamiento más que de cualquier otra disciplina, siendo el jardín, por definición, “una tercera naturaleza”, es decir el fruto del encuentro entre arte y naturaleza, el nivel más avanzado nunca alcanzado por el hombre en la escala evolutiva de las obras construidas.
El “hombre universal” y la “ciencia universal” serán el pilar de la cultura del Renacimiento. Las biografías de Alberti, Leonardo, Francesco di Giorgio hablan de hombres expertos y eruditos en casi todas las ramas del conocimiento humano.
Alberti escribió tratados sobre la pintura, la escultura, la arquitectura, la geometría, la matemática. Fue arquitecto, pintor, poeta, músico, atleta, arqueólogo y mucho más. Francesco di Giorgio escribió tratados, fue pintor, escultor, arquitecto y un ingeniero militar excelente. Todos ellos encarnan y abrazan el ideario vitruviano del hombre universal. Francesco Di Giorgio, en su tratado, define, de forma original, el bagaje cultural que tiene que poseer el proyectista: arte ante-gráfica. El término tiene un origen clásico. Se trata de una particular educación, celebrada por Plinio, que se imparte en las familias nobles de la Roma antigua, síntesis de diferentes disciplinas científicas y situadas en el primer nivel de las artes liberales. Francesco Di Giorgio lamenta su pérdida y augura su retorno.
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El tratado de Francesco Di Giorgio es un compendio filosófico, técnico y científico. La arquitectura y la ciencia de la construcción se entrelazan en todas las ramas del conocimiento. En el primer Libro de su tratado diserta incluso sobre la astrología considerándola una ciencia indispensable para practicar la buena construcción. En el Renacimiento, filósofos e intelectuales como Pico della Mirandola y Ficino consideraron la astrología como una ciencia importantísima. Había el convencimiento de que “el sabio dominaría
las estrellas”, es decir que el hombre, por su conocimiento y la cultura, sería
capaz de dominar el curso de los acontecimientos. El arte de la construcción, más que cualquier otro arte, se consideraba capaz de acercar a la sabiduría a quien la practicara.
Los principios de la revolución cultural que hubo a comienzos del siglo XV, en un principio circunscritos a un ámbito intelectual y territorial bastante restringido, llegan a ser la cultura dominante en el siglo XVI. Serlio ya no necesita hacer referencia al gran patrimonio de la cultura clásica antigua, los principios del hombre y de la cultura universal son un bagaje obvio en la formación de un proyectista. Considera necesario que el conocimiento circule y que estos principios estén al alcance de los niveles sociales más amplios. En efecto, el tratado de Serlio, en su parte final, sufre las influencias de la cultura manierista de su tiempo —programáticamente asistemática— y deja en segundo lugar el carácter enciclopédico que caracterizaba el tratado vitruviano.
También Palladio aportará ulteriores reducciones al aparato teórico. Pero son sus obras las que encarnan el espíritu universal y la ciencia vitruviana en este sentido y su tratado no tiene muchos comentarios porque’ sus obras son ya de por sí mismas, un compendio de toda la cultura clásica: filosofía, geometría, mitología y tecné traducida en piedra. Sus villas celebran el arte, la naturaleza, el paisaje y contemplan los principios universales de la “buena construcción” hecha realidad. Siguiendo las indicaciones de su maestro Vitruvio, Palladio primero crea en su intelecto las formas perfectas, acercándose al ideal platónico, y luego las realiza y consigue la verdadera virtud a la manera aristotélica.
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Los tratados establecen un modelo de ciencia encíclica, global, universal con temas e ideas de gran relevancia para el diseño contemporáneo. En ellos se encuentra la investigación intelectual, la apreciación de la naturaleza y el interés del hombre de conocerla, los temas "in nuce" del pensamiento sistémico y complejo que se anticipan y prefiguran el método experimental. La necesidad que la ciencia de la construcción sea una ciencia universal.