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La discusión sobre qué tipo de políticas públicas deben implementarse para fortalecer nuestras capacidades en materia de innovación y desarro- llo, tanto productivo como social, no puede darse por fuera de la discusión sobre qué tipo de universidad y qué clase de universitarios queremos. En el presente documento abordaré esta problemática, para luego referirme a dis- tintas experiencias de vinculación realizadas desde la Gerencia de Asistencia Tecnológica para la Demanda Social del Instituto Nacional de Tecnología In- dustrial (INTI). El argumento central que desarrollaré es que la necesidad de densificar la interacción entre los organismos del Estado, las universidades públicas y los distintos actores sociales que se desempeñan en el territorio exige un determinado modelo de institución universitaria y una particular ma- nera de intervención estatal; así como también, docentes, investigadores y profesionales inmersos en esos nuevos contenidos.

Consideramos que un proyecto de país basado en el desarrollo productivo, tecnológico y social requiere de una universidad creativa, activa, interdiscipli- naria, transdisciplinaria y asociada con múltiples actores. Este modelo univer- sitario debe estar orientado a la formación de cuadros de excelencia, audaces, que se atrevan a proponer perspectivas innovadoras, pero también, con una profunda sensibilidad social y humana. Sin una formación orientada al conte- nido social y humano, la excelencia académica de nuestros profesionales no

significaría una herramienta para el desarrollo social, productivo y tecnológico de nuestro país. En este sentido, necesitamos profesionales que tengan con- ciencia nacional, compromiso social, vocación popular y voluntad personal. Pertenezco a una generación que participó de la experiencia de las Cátedras Nacionales, de los cursos de realidad nacional, y que vivió la posibilidad de sacar a la universidad de sus reductos y llevarla a la villa, al barrio, al pueblo que la necesitaba. Y creo que el proceso actual está orientado en ese sentido. La creación de nuevas universidades nacionales, y el hecho de que el 85% de los inscriptos a sus carreras de grado son universitarios de primera genera- ción, son indicadores de que estamos avanzando hacia un nuevo modelo de universidad, que revaloriza el rol del Estado en la inclusión social.

Cuando hago referencia a las expectativas que deposito en la universidad, no me refiero únicamente a la formación de físicos, químicos o de ingenie- ros. También creo que es fundamental, para el cumplimiento de los objetivos planteados, el rol de las ciencias sociales. No tengo ninguna duda del status científico de las disciplinas sociales, y de su relevancia para el desarrollo na- cional. Así lo demuestra la novedosa experiencia del Programa de Investiga- ción sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC),1 que creó e impulsó

el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Cuando se creó el Ministerio (MINCyT) en el año 2007, traíamos la experiencia de trabajar en la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales; posteriormente, en el marco de una reunión del Consejo de Decanos en Ciencias Sociales en la ciudad de Paraná, comenzamos a pensar el PISAC. Actualmente, el PISAC se encuentra en una etapa avanzada de implementación, bajo la coordinación del Dr. Juan Piovani, y sin dudas, constituye una de las grandes investigacio- nes que habla de la sociedad argentina contemporánea y de la heterogenei-

1 El Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC) se enmarca en una iniciativa conjunta del Consejo de Decanos de Facultades Ciencias Sociales y Humanas de la Argentina y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, orientado a conocer estructuralmente la heterogeneidad de la sociedad argentina contemporánea en sus múltiples manifestaciones: sociales, culturales, políticas y económicas; y a transferir los resultados a órganos competentes en el diseño e implementación de políticas públicas relacionadas con las temáticas abordadas en la investigación. Iniciada la fase de diseño de la investigación en el año 2009, de la que participó un numeroso grupo de investigadores de todo el país, el programa se encuentra desde el año 2012 en su fase de ejecución, en la cual participa otro conjunto de investigadores de distintas universidades. Los resultados de la investigación permitirán cubrir una importante área de vacancia científica relacionada con el análisis integral de las múltiples heterogeneidades sociales de la Argentina contemporánea: compilando, articulando y actualizando conocimientos sobre la sociedad argentina ya existentes, aunque actualmente dispersos y fragmentados, y generando nuevos conocimientos comprehensivos y desde una perspectiva global. La información completa sobre el PISAC, sus antecedentes y hallazgos, puede encontrarse en http://pisac.fahce.unlp.edu.ar/.

dad que la atraviesa. Es una contundente ilustración de lo que significa hacer ciencia interdisciplinaria con las características que intento destacar. La universidad a la que considero que estamos apuntando es el lugar esen- cial donde se generan las ideas fuerza en el plano social, productivo, técnico, filosófico. En su artículo, Dora Barrancos se refiere al lenguaje y a la palabra como proto-tecnológicos;2 al respecto, quisiera señalar que es la universidad

la que puede construir estos dispositivos y aportar el vocabulario que permi- ta describir nuestra experiencia de manera innovadora. La universidad tiene que darnos la palabra justa, la frase exacta, la idea concreta que nos permita avanzar en el contexto democrático de la batalla de ideas, lo que resulta más urgente en el contexto actual, que los medios de comunicación se encargan a diario de tergiversar.

Ya señalamos que los profesionales que generen nuestras universidades de- ben ser de excelencia y con conciencia nacional: también es fundamental que tengan capacidad para articular en el territorio y promover el desarrollo local y regional, ya que la innovación se hace en y con el territorio, con los saberes profundos y las prácticas arraigadas en los mismos. Los cientistas sociales son quienes mejor dominan las estrategias para realizar esta articulación y pueden rescatar los aspectos no formales y los conocimientos tácitos, endó- genos y profundos construidos en los territorios. También son ellos los que pueden sistematizar estos saberes, sintetizarlos con el conocimiento acadé- mico y lograr que ese proceso reflexivo vuelva al pueblo. Rescatar el contexto histórico, social y cultural de cada pueblo y de cada región es una tarea cen- tral para construir dialógicamente procesos de innovación y de vinculación. Creo que tenemos que abogar para que nuestros profesionales se orienten a este tipo de prácticas. Esto tiene que ver con la famosa frase de Eva Perón: “Donde hay una necesidad, hay un derecho”. Los sujetos que acceden a dis- tintos beneficios o para los cuales se diseñan distintas políticas son sujetos de derecho, y nosotros como universitarios, y los cientistas sociales en parti- cular, debemos contribuir a la construcción de esos derechos. Como docen- tes y como gestores tecnológicos creemos en esta forma de pensamiento, en estos conceptos y en este enfoque asociativo e interdisciplinario, capaz de articular pensamiento y acción.

Me reconozco como parte de una generación que ha abrevado en la Escue- la Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, con Amílcar Herrera, Oscar Varsasky, Enrique Oteiza, Jorge Sábato, entre otros; todos comprometidos con conceptos como investigación-acción o investiga- ción participativa. Recuerdo la experiencia con el compañero Carlos Girotti en la Dirección Nacional de Programas y Proyectos Especiales, entre los años 2002 y 2007.3 Allí reaprendimos el concepto de transferencia al medio social y

productivo. Quienes venimos de la ingeniería tenemos las anteojeras puestas, y a veces nos cuesta ampliar un poco la perspectiva. Comenzamos a estudiar esta temática a partir de los postulados de Orlando Fals Borda, uno de los creadores de la sociología latinoamericana y de los conceptos de investiga- ción - acción participativa, algo que nos sirvió mucho para articular el trabajo conjunto e interdisciplinario.

Las experiencias de vinculación tecnológica con la demanda