Dentro del marco de la reconstrucción histórica que realiza Habermas del proceso de racionalización en la modernidad, cabe destacar que en general se presentan varios momentos: un primer momento, en línea con Durkheim, todos elementos del mundo de la vida se encuentran unidos entre sí, es decir, que no existe una diferenciación entre los componentes del mundo de la vida: cultura, sociedad y personalidad. Menos aún, puede decirse que exista diferenciación entre los elementos propios del sistema y el mundo de la vida. Este tipo de integración homogénea y totalizante, que el mismo Habermas reconoce como una especie de ideación, Durkheim hace ver que en las sociedades primitivas tal forma de integración social era posible: ―en virtud de su estructura social basada en la familia y de sus estructuras míticas de conciencia, las sociedades arcaicas se aproximan más o menos a este tipo de ideal‖ (Habermas, 1981,221 TII). Además de estas estructuras de conciencia colectiva, Durkheim hace alusión al sistema de parentesco, especialmente respecto de las normas que gobiernan dicho sistema, ya que éstas, ―extraen su fuerza vinculante de sus fundamentos religiosos. De ahí que los miembros de la tribu constituyan siempre una comunidad de culto.‖(Habermas, 1981,224 TII). Es decir, que el vínculo de estas comunidades era posible mantenerlo sin el poder sancionador del Estado, pues ―la violación de las normas centrales del sistema de parentesco se considera sacrilegio‖ (Ibid., 224). En resumen, siempre que la visión mítica del mundo prime en las orientaciones de acción de la sociedad, no es posible diferenciar la acción orientada al entendimiento, de la acción orientada hacia el éxito de los sujetos individuales.
Fue en un segundo momento, con los procesos de racionalización en la edad moderna y la fuerza diferenciadora que los acompaña, como empieza a derrumbarse la visión mítica del mundo de las sociedades tradicionales y a debilitarse la unidad totalizante y homogeneizante que la caracterizaba, fenómeno que Habermas en la línea de Weber, denomina como ―el desencantamiento de las imágenes míticas del mundo‖.
69 Para Habermas, la evolución social se explica desde la perspectiva de este proceso de diferenciación entre sistema y mundo de la vida: originado por el aumento de racionalidad del mundo de la vida y el aumento de complejidad en las formas de integración sistémica que permanecían ocultas. Habermas explica este proceso de la siguiente forma:
En este proceso los mecanismos sistémicos se desligan cada vez más de las estructuras sociales a través de las cuales se cumple la integración social. Las sociedades modernas, alcanzan como veremos, un nivel de conexión sistémica en que la conexión entre organizaciones que se han vuelto autónomas queda establecida a través de medios de comunicación deslingüistizados. Estos mecanismos sistémicos controlan ampliamente un comercio social ampliamente descolgado de normas y valores, es decir, aquellos subsistemas de acción económica y administrativa racionales con arreglo a fines que según el diagnóstico de Weber se han independizado de sus fundamentos práctico morales. (Habermas, 1981,217 TII)
Una vez que las sociedades modernas se hacen cada vez más complejas, especialmente por la división del trabajo y el aumento de intercambio económico, las organizaciones que se orientan por medio de la acción racional con arreglo a fines terminarán por diferenciarse cada vez más de las formas de integración social, las cuales tienen por fin única y exclusivamente la orientación hacia el entendimiento y la interacción intersubjetiva.
De otra parte, siguiendo con la reconstrucción de este proceso de diferenciación, una vez que la autoridad de lo sacro y la organización social por grupos de parentesco han perdido su hegemonía como poder organizador de la sociedad, surge en su reemplazo el poder del Estado, subsistema que representa la nueva forma de dominación en el plano de lo político, con la diferencia de que su autoridad, ya no se ―obtiene del prestigio de los grupos de descendencia dominantes, sino de la capacidad de hacer uso de los medios de dominación jurídica‖ (Habermas, 1981,223 TII); es decir, por medio de leyes impuestas desde fuera, y que el mismo subsistema Estado crea e impone a sus subordinados para cumplir con sus propios fines de administración. (Ibid., 217) El poder del Estado, al convertir la sanción jurídica como medio para imponer el orden social, no sólo se desliga por completo del sistema de parentesco, sino que se hace incompatible con este tipo de estructura social. Por lo que en términos generales, la autoridad social y política, queda
70 representada en la estructura global del poder del Estado, a la que quedan sometidos los distintos estamentos sociales.
Del mismo modo, dentro del contexto de las sociedades estructuralmente organizadas, emerge la economía capitalista como el otro gran subsistema surgido a partir de relaciones de intercambio generalizadas simbólicamente a través del medio dinero, y que a su vez se desliga del subsistema del Estado, al que obliga a reorganizarse. Este subsistema se va a caracterizar porque se desprende de los contextos normativos del mundo de la vida, al cerrarse totalmente a cualquier tipo de orientación valorativa o a reglas de acción que estén orientadas hacia el entendimiento o hacia procesos de integración y cooperación social. Por esta misma razón, Habermas considera que este subsistema es la materialización de la orientación con arreglo a fines de la que hablaba Weber, y que se mide por el éxito en ―la planificación del empleo de medios para fines dados‖ (Habermas1981, 233). Esta orientación se encausa fundamentalmente hacia la acumulación de capital y el favorecimiento de los planes de acción que los sujetos que se orientan buscando su propio éxito. De esta forma, la economía capitalista ya no puede entenderse como un tipo de institución, pues lo que se institucionaliza es el medio dinero a través del cual se realiza el intercambio dentro del sistema mismo, y con los subsistemas que quedan en el entorno, en especial con el mundo de la vida, ya que ―sólo cuando el dinero se transforma un medio de intercambio intersistémico produce efectos generadores de estructuras. La economía sólo puede constituirse como subsistema gobernado monetariamente en la medida que regula el intercambio con sus entornos sociales a través del medio dinero‖ (Habermas1981, 242 T II).
En este contexto de orientación con arreglo a fines, las organizaciones se van a convertir en estamentos autónomos, cuyo fin principal no es otro que cumplir con las funciones de mantenimiento y estabilización del mismo sistema. Dice Habermas (1981) refiriéndose a Luhmann:
Las organizaciones convertidas así en autónomas se caracterizan principalmente, como el propio Luhmann subraya, por su capacidad de independizarse, a través de condiciones aceptadas en bloque que imponen para asociarse a ellas, de los contextos comunicativamente estructurados del mundo de la vida, de las orientaciones valorativas concretas y de las concretas disposiciones de acción, siempre virtualmente conflictivas, de las personas que las componen, las cuales se
71 ven así virtualmente desplazadas y convertidas en entornos de la organización.(p.243 )
Estos plexos de subsistemas funcionales se van a convertir en un verdadero reto para los procesos de integración social y para la capacidad de asimilación del mundo de la vida, ya que al independizarse de los contextos normativos, se constituyen en algo así como en una segunda naturaleza, como en otro tipo de sociedad que se desgaja de la misma sociedad, ―que nos sale al paso como algo en el mundo objetivo, como un fragmento de vida social objetivizado‖ (Habermas, 1981,244 TII). En el contexto de este proceso de objetivación y complejización del sistema social, se produce un ―desacoplamiento entre el sistema y el mundo de la vida‖, fundamentalmente porque se rompe el horizonte de sentido que constituye el mundo de la vida, y que como ya se ha explicado más arriba, se encuentra construido fundamentalmente sobre la transparencia y las reglas de acción que constituyen la práctica comunicativa. Lo cual significa que los procesos de entendimiento propios del mundo de la vida empiezan a verse amenazados por la expansión a que tiende el sistema: ―cuanto más complejos se vuelven los sistemas sociales, tanto más provincianos se tornan los mundos de la vida. En un sistema social diferenciado, el mundo de la vida se encoje y se convierte en un subsistema más‖ (Ibid., 245). Así, tras la expansión del sistema, el mundo de la vida se ve arrojado hacia la periferia, hacia el entorno del sistema mismo. Con lo cual, van a quedar demarcadas y delimitadas las dos formas de integración de la sociedad moderna: la integración social propia del mundo de la vida y la integración sistémica o funcional propia del sistema. De estas dos formas de integración, de sus características y de los tipos de acción en que se fundamentan, se hablará en lo que sigue de nuestro trabajo de investigación.