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Surface controlled deformation at nanoscale

2.1 DISLOCATION DYNAMICS IN METALS AT DIFFERENT LENGTH

2.1.3 Surface controlled deformation at nanoscale

Aparte de la parábola que se indica, también permiten una rica expresión escénica las parábolas del Hijo pródijo (Lc. 15, 11-32)

Para profundizar

El profesor/a de Religión, persona bíblicamente calificada

No basta leer la Biblia. El profesor/a de Religión debe crecer en su capacidad de comunicarla bien y con acierto a sus alumnos/as. Es un profesional que sabe “lo que dice” y “cómo debe decirlo”. Este “profesionalismo” implica cuatro compe- tencias:

Competencia exegética: El profesor/a de Religión, utilizando instrumentos válidos (estudio), logra entender el verdadero sentido literal del trozo bíblico y el mensaje implícito en él. No cae en la tentación de hacer decir al texto lo que éste no quiere decir. Evita lecturas fantasiosas, subjetivas, ideologizadas. No instrumentaliza la Palabra de Dios para comunicar sus “intenciones” sin fundamento.

Competencia hermenéutica: Este concepto parece complejo, pero en el fondo es simple. Se trata de tener ideas claras sobre esta pregunta: “¿Qué nos dicen a nosotros, hombres y mujeres del inicio del siglo XXI, las palabras escritas en otros tiempos y para otros destinatarios?”. En el fondo, se trata de un justo y serio discernimiento.

Competencia pedagógico-didáctica: Se trata de una buena y apropiada comunicación de la Palabra de Dios. Es fruto del estudio y la reflexión. Una exégesis correcta y una hermenéutica acertada ayudan a ser claros, precisos, seguros de lo esen- cial… y simples y entendibles en la enseñanza, cualesquiera fueren nuestros destinatarios.

Competencia espiritual: Esta competencia anida especialmente en el corazón. Ella invita al educador de la fe a cuestionarse continuamente para verificar si la Palabra incide en su misma vida y produce los frutos esperados. El profesor/a de Religión permite que la Palabra “resuene” en su interior como una fuerza viva que genera nueva vida.

Adaptado de P. José CARRARO B., Un nuevo itinerario. Noticia n° 80, pp. 10-11.

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También se puede ofrecer el siguiente poema como ejem- plo de poesía religiosa, esta vez de un autor chileno.

Muchas veces, Señor, en mi alegría, me olvidé de tu nombre y de tus llagas, y ese olvido, Señor, Tú me lo pagas viviendo, por amarme, en agonía. Desterré la plegaria de mis labios; no te di nada más que mis pecados, y tú, en cambio, doblaste tus cuidados, como dulce respuesta a mis agravios. Porque nunca, Señor, me abandonaste, y con tierno desvelo me guiaste por la senda tortuosa de la vida, en la losa del templo estoy de hinojos ¡y quisiera, con llanto de mis ojos, ir limpiando, una a una, mis heridas…!

(Miguel Moreno Monroy, Parral 1934)

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Se puede ilustrar a los alumnos/as una parábola, contando esta otra más actual:

Tres Pequeños Árboles

Érase una vez en la cumbre de una montaña, tres peque- ños árboles juntos, soñando sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: “Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. ¡Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!”. El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando su camino al océano y dijo: “Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mí. ¡Yo seré el barco más im- ponente del mundo!”. El tercer arbolito miró hacia el valle que estaba abajo de la montaña y vio hombres y mujeres trabajando en un pueblo, y dijo “Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Yo quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a mirarme: ellos levan- tarán su mirada al cielo y pensarán en Dios. ¡Yo seré el árbol mas alto del mundo!”.

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: “¡Qué árbol tan hermoso es éste!”, y con la arremetida de su hacha brillante el primer árbol cayó. “Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, ¡contendré tesoros maravillosos!”, dijo el primer árbol.

Otro leñador miró al segundo árbol y dijo: “Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mí”. Y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó. “¡Ahora navegaré como un barco imponente!”, pensó el segundo árbol.

El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando otro leñador lo miró. El árbol se paró derecho y alto y apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo: “Cualquier árbol es bueno para mí”. Y con la arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Pero el carpintero lo convirtió en una caja de ali- mento para animales de granja. En vez de oro, fue llenado con alimento para animales de granja.

El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido en un simple bote de pesca, el cual, en vez de al océano, fue llevado a un pequeño lago.

El tercer árbol quedó confundido cuando el leñador lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera. Muchísimos días y noches pasaron. A los tres árboles ya casi se les habían olvidado sus sueños. Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento. “Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebé”, le dijo su esposo a la mujer. La madre sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo: “Este pesebre es hermoso”. Y de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo.

Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro del lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta llegó al lago, el pequeño árbol se llenó de temor, él sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos esos pasajeros con esa tormenta. El hombre cansado se levantó, se paró, y, alzando su mano, gritó: “Calma”. La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y de repente el segundo árbol supo que él llevaba navegando al Rey del Cielo y de la Tierra.

Un viernes en la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel olvidado almacén de madera. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos solda- dos clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en él, ellos pensarían en Dios. ¡Sí!, eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.

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En vistas al final celebrativo de la Unidad, la semana anterior se puede pedir a los alumnos/as que hojeen todos los libros de la Biblia, y que anoten en su cuaderno alguna frase que les haya gustado. Este día se puede hacer una entro- nización solemne de la Biblia. En una mesa adornada con un mantel, sobre el cual hay una pequeña planta y un cirio encendido, el profesor/a avanza desde el fondo de la sala y coloca la Biblia sobre la mesa, mientras los alumnos/as cantan “Tu Palabra me da vida”. Luego de algunas palabras motivadoras del profesor/a, cada alumno/a lee la frase que eligió. Se puede terminar con la lectura en conjunto del himno de Judith.

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Orientaciones didácticas

Recordemos que la intención de este debate es interpelar al alumno/a, ayudarle a hacerse preguntas y a buscar sus propias respuestas. Y conocer y clarificar cuál es la respuesta cristiana a estas cuestiones.

— Cada uno/a podrá exponer libremente su opinión, justificándola.

— Los contenidos de la unidad pueden ayudar a los alumnos/as a fundamentar sus respuestas.

— Todas las respuestas son buenas si están bien razonadas. Los demás compañeros y el profesor/a pueden hacer pre- guntas a los que expresan su opinión.

El profesor/a, para acentuar la polaridad de las opiniones de los alumnos/as, cuando habla el grupo que afirma que la Biblia es obra de Dios, reafirma uno o dos argumentos que ya hayan sido dados por el otro grupo en torno a que es obra de los hombres; lo mismo al revés. Cuidar, sí, de no coartar las opiniones dadas por los alumnos/as. Ellos son quienes deben optimizar las técnicas argumentativas.