3.0 Chapter 3: Historical Context and Emergent Social Constructions
3.2.7 Why Has Surveillance Increased?
La mejor manera de apreciar el látigo es teniéndolo por el mango.
Rubião
Por increíble que parezca, no se puede juzgar a un funcionario únicamente por sus actos de gobierno ni menos aun por sus planes de cara al futuro. Tan importante como la agenda institucional es la relación que establece con la autoridad que detenta y las implicacio- nes que este vínculo produce en el colectivo sobre el que ejerce su influencia. No se trata de algo menor, ya que el poder tiene vida propia y –como atinadamente señalaba Saramago–, «es capaz de cam- biar a las personas». Si una instantánea de este tipo se observa en el universo microscópico de una oficina o de una fábrica ¿qué puede decirse de las esferas superiores en donde se cuecen los destinos más generales?.
Es alentador hacernos esta pregunta ahora que tenemos nue- vos dirigentes electos para saber dónde estamos parados y qué pode- mos esperar de ellos. Si es cierto que alcanzaron esos espacios por su competencia y sagacidad, no es menos cierto que son proclives a confundir el voto popular con merecimientos infundados. Quién sabe, revisar con ojos críticos la impetuosa novela de Machado de Assis publicada en 1892 propicie una pista para el análisis, habida cuenta de su espíritu de penetración subjetiva. Pese al reparo que podría formularse a la propuesta por tratarse de una pieza antiquísi- ma, hay que decir que la argucia machadiana da de lleno en el hori- zonte político de nuestros días y se muestra siempre vigente. El re- corte elegido en esta oportunidad se centra en la enseñanza que le transmite Quincas Borba, el personaje principal, a su discípulo Ru- bião acerca de las ventajas de una buena posición:
Supõe tu um campo de batatas e duas tribos famintas. As batatas apenas chegam para alimentar uma das tribos, que assim adquire forças para transpor a montanha e ir à outra vertente, onde há batatas em abundância; mas, se as duas tribos dividirem em paz as batatas do campo, não chegam a nutrir-se suficientemente e mo- rrem de inanição. A paz, nesse caso, é a destruição; a guerra é a conservação. Uma das tribos extermina a outra e recolhe os despo- jos. Daí a alegria da vitória, os hinos, as aclamações, recompensas públicas e todos os demais efeitos das ações bélicas. Se a guerra não fosse isso, tais demonstrações não chegariam a dar-se, pelo motivo real de que o homem só comemora e ama o que lhe é aprazível ou vantajoso, e pelo motivo racional de que nenhuma pessoa canoni- za uma ação que virtualmente a destrói. Ao vencido, ódio ou com- paixão; ao vencedor, as batatas (Machado de Assis, Quincas Borba, 1955, p. 19).
[Imagina un campo de papas y dos tribus famélicas. Las papas apenas alcanzan para alimentar una de las tribus, que de este modo obtiene fuerzas para sortear la montaña e ir hasta la otra ladera, donde hay papas en abundancia pero si las dos tribus se dividieran en paz las papas del campo, no llegarían a alimentarse lo suficiente y morirían de inanición. En este caso, la paz es la destrucción; la guerra, la conservación. Una de las tribus extermina a la otra y recoge los despojos. De donde la alegría de la victoria, los himnos, las aclamaciones, las recompensas públicas y todos los demás efec- tos de las acciones bélicas. Si la guerra no fuera eso, no llegarían a producirse tales demostraciones, por el motivo muy real de que el hombre sólo conmemora lo que ama y le es apreciable o ventajoso, y por el motivo racional de que ninguna persona canoniza una acción que virtualmente la destruya. Para el vencido, odio o com- pasión; para el vencedor, las papas] (Machado de Assis, 2010, p. 22).
No nos sorprendamos con las aseveraciones mordaces que el texto deja al descubierto ya que se trata sólo de un extracto. Es cierto que, así planteado, es digno de una lectura maquiavélica sin amba- ges pero, como se trata de una fábula, la historia prescinde de algu- nos detalles y opera sobre supuestos que podrían ponerse en dudas en otras circunstancias.
Lo cierto es que hay un solo campo de papas y dos tribus hambrientas que se lo disputan. El dibujo no puede ser más obvio: estamos en el terreno mismo de la política y el de la organización social construida a partir de un conflicto de intereses. Lo único per- turbador es la recurrencia a la guerra que se introduce sin medias tintas y como la única salida pero –si seguimos el razonamiento de Borba y no lo contradecimos– podemos creer que todas las instan- cias de mediación adoptadas no dieron resultado, dejando como única alternativa el campo de batalla.
De cualquier manera, la lógica machadiana que identifica la paz con la destrucción y la guerra con la conservación, pasa por otro lado. En este relato, poco importa «el reparto de lo sensible» –al decir de Rancière– y por lo tanto, la distribución equitativa de las papas. Lo que vale es el deseo de usufructuar de los privilegios que autoriza el poder soberano, cualquiera sea el precio que se tenga que pagar para afirmarse como vencedor. No se debate la equidad de las acciones, la distribución de los recursos o el horizonte del bien co- mún, como tampoco el altruismo que podría engendrar la buena fortuna o la táctica más eficiente.
Es en este punto donde –y con precisión quirúrgica– Macha- do de Assis le habla a nuestro tiempo más que al suyo y es preciso reconocerlo. Les recuerda a los funcionarios de turno que accedieron al cargo que ocupan por un contrato moral con los ciudadanos y no por ser los más valerosos en una lucha campal; que no pueden mover las piezas a su antojo sin permitirse ser sutiles y prudentes. Y tam- bién, que no están sentados en el trono para recibir la genuflexión de sus súbditos. Nadie duda de que debe ser muy tentador tener todas las papas al alcance de la mano pero este beneficio es lícito, sólo reportando ventajas para los demás. O, por lo menos, sin perjudi- carlos de forma ostensiva.
Que la arrogancia sea el defecto de nuestros líderes lo sabemos de memoria pero que este atributo les impida administrar justicia con decoro y ecuanimidad es peligroso, sobre todo cuando hay ani- mosidad a la hora del reparto. Aun con la presuntuosidad de la que hace gala el maestro, hasta el discípulo Rubião es capaz de discernir
la moraleja de la historia y a nosotros no nos viene nada mal sumar- nos a esa sospecha, por las dudas.
Publicado en Hoy día Córdoba. Suplemento Magazine Cultura