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5. School level

5.1 Survey reference date [ALL schools] The survey reference dates (in the format yyyy-mm-dd) are:

de Algete y de Alburquerque, AHPM, prot 27.690, fol. 6767 R El palacio se hallaba sito en la

antiguo, se suceden las antesalas y las salas, entre las que se mencionan tres retretes, despacho, costurero, sala de juego y pieza de! café, sin aparente jerarquización; el comedor y sus almacenes se sitúan en la Casa de la capilla o del oratorio, y la biblioteca en la Casa de Bellavista. El palacio de Sástago muestra una distribución más ordenada: cuenta con un "cuarto bajo" que alberga portal, cocinas y dependencias, un "entresuelo" dedicado a la contaduría y mayordomía, y una zona principal con antesala y salón grande; las "seño- ritas" y la "señora" comparten una sala y una pieza de labor, pero se alojan en áreas separadas, con gabinetes independientes que hacen las veces de tocador La residencia de Alburquerque es mucho más compleja: en el piso bajo aparece un primer área de carác- ter público que se compone de zaguán, antesala, comedor, sala, oratorio y sacristía; hay también un gabinete con despacho junto a los que se disponen la pieza de lavarse, la de comer y la alcoba del criado. Estas estancias se habitan en verano, siguiendo una anti- gua costumbre española, y están tapizadas con materiales ligeros y frescos. En el piso principal hay varias antesalas, salas y salones, antecomedor y comedor, de decoración más rica y más profusa. El "cuarto" del marqués (que tal es el tratamiento que se le da en el inventario) tiene sala, despacho y "cómoda" (vestidor), y el de la marquesa cuarto de baño y retrete. El "señorito" está instalado para llevar una vida perfectamente independiente, con su antesala, comedor sala, biblioteca, despacho, alcoba, pieza de vestir pieza de lavarse, cuarto de baño, guardarropa y alcoba del criado. Oficinas, servicios domésticos y cuartos del resto de los criados se distri- buyen en otros tantos núcleos.

2 . - L A D E C O R A C I Ó N D E L A S H A B I T A C I O N E S

El suelo de las estancias generalmente se cubre. Las esteras de junco, pleita y esparto son muy corrientes, sobre todo en vera- no, y no se desdeñan en las grandes residencias1. Las hay "blancas", es decir sin decorar teñidas de colores y "alfombradas". Los

dibujos de las alfombras se organizan en un principio en cenefa, cartabones y florón, siguiendo la tradición dieciochesca, aunque desde mediados de siglo se aprecia una cierta preferencia por una distribución de los motivos más abigarrada, con flores de colores contrastados y, en ocasiones, escudos2. La gran novedad de estos años es la moqueta, denominada al principio moque-

ta inglesa, debido a su procedencia, o "alfombra de moqueta cortada"3 por la posibilidad de adaptar su extensión a cualquier

superficie. Se utilizaron como suplementos para ocultar el suelo que dejaba a la vista la alfombra en los lados de las habitacio- nes, en colores similares a los de éstas, y para cubrir estancias enteras, como la que figura en el lienzo de Eduardo Cano de la Peña titulado La vuelta de la guerra de Africa (Museo Romántico). Dado que se armaban a base de piezas estrechas cosidas entre sí, sus dibujos son menudos y repetitivos, primero de óvalos y estrellas, y luego de rameados y de cuadros, es decir de redes de recuadros o de rombos con sencillos motivos florales o geométricos inscritos^.También se emplearon cubiertas de suelo de

1 El lienzo que representa la La enfermedad de Fernando VII, de Madrazo, presenta

una estera de varias piezas cosidas entre sí.

1 Un buen ejemplo de este género se puede observar en la alfombra que figura en

la obra Isabel II subiendo la escalera de Palacio, de Casado del Alisal. Patrimonio Nacional, Palacio Real, Madrid.

3 Inventario de la Condesa de Sástago, fol. 6667 V.

4 Un ejemplo muy característico aparece en la fotografía El Duque de Medinaceli ves-

tido de máscara, de la Biblioteca Nacional, reproducido en el catálogo de la expo- sición Federico de Madrazo, Madrid, Museo del Prado, p 286.

fieltro, como las mencionadas en el tocador; la sala y el gabinete del Conde viudo de Montealegre ( 5 ). La tendencia a la sobre-

abundancia de textiles lleva a superponer alfombras pequeñas sobre las grandes al pie de la cama, delante de la chimenea, de los sofás y debajo_ de la mesa del comedor

El siglo XIX es la edad de oro de los tapiceros. Muebles y paredes se recubren de tejidos.Ventanas y puertas se decoran con cor- tinajes. Aunque la moda de la asimetría, heredada de la tradición tardoimperial, pasó pronto, todavía en los años treinta perviven

los drapeados ondeados tendidos sobre bastones de colgaduras6 y los adornos de lambrequines. Las cortinas de caída vertical

decreciente, que combinan dos colores, uno para el delantero y otro para el forro, que aparece en ondas a modo de contraste, tienen una vida más larga, y se rematan flocaduras o flecos de pendientes7. Sin embargo, en las casas corrientes se prefiere un sis-

tema más simple, de cortinas de dos hojas o caídas recogidas por alzapaños sujetos a la pared por escudetes circulares con moti- vos neoclásicos. Los guardamalletas pueden verse recortados con perfiles picudos simples que casi recuerdan los arquillos gotizan- tes del mobiliario. Los tejidos son relativamente ligeros, con tendencia a apesantarse: los tafetanes, rasos, lanas y cañamazos borda- dos coexisten con terciopelos a veces bordados y telas "imitadas a terciopelo". Son frecuentes los estampados. A mediados de la centuria los damascos y brocateles han ganado terreno, con sus colores vivos, entre los que se prefieren el carmesí, el verde y el azul. La extraordinaria extensión de las muselinas durante el primer cuarto de siglo había conducido a la aparición de los visillos8,

que ya reciben en los años cuarenta esta denominación9, además de la habitual hasta entonces de "cortinillas de vidrieras de bal-

cón". Frecuentemente lisos, empiezan a aparecer los labrados. Para filtrar la luz se emplea asimismo el transparente de percal o muselina que se tendía sin fruncir sobre la superficie de las ventanas, surgido a fines del Imperio pero que llega a España más tar- díamente. Se suspende de un bastón de metal o madera, si bien los hay de bastidor rígido, aunque estos últimos no parece que se emplearan en las casas particulares. Desde mediados de siglo los cortinajes con sus guardamalletas se suspenden de galerías de madera dorada o en su color, cada vez más profusamente talladas, o de bastones vistos de torneado salomónico o pintados de colores claros. Las abrazaderas o alzapaños son a menudo de cordón de color a juego con borlas, así como los tiradores de cam- panilla para llamar a los criados. Priman los rameados y las rayas en colones oscuros y en tonos vivos contrastados -azul y amarillo, encamados y verdes, azules y blancos- realizados en telas espesas, como el damasco, el brocatel y el reps10. El terciopelo se borda

s Inventarío de Agustín Javlra yAcosta, Conde viudo de Montealegre de la Rivera, 1862, AHPM, prot. 28.232, fol. 7536 V.