A Data append
A.3 Survey response patterns and calibration
En su novela La Réponse du Seigneur, Alphonse Chateaubrillant compara la mente humana con una de esas mariposas que toman el color de la hoja en la que se posan: "Nos convertimos en lo que contemplamos", dice. Si nuestra mente sólo se ocupa de las habladurías, las preocupaciones de cada día, la cuenta del teléfono, los resentimientos y cosas similares, tomará ese matiz. Si se preocupa del placer, lo infinito o lo universal, tomará esos tintes.
Hace muchos años, Marco Aurelio hizo una observación muy parecida cuando dijo, "Tu mente será como sus razonamientos normales, porque el espíritu se tiñe del color de sus pensamientos
Hay una máxima que viene muy bien para esto: nuestros pensamientos definen nuestro universo. Ciertamente, las ideas hacen algo más que teñir nuestras mentes. Lejos de ser etéreos y estar lejos de la vida, como a veces creemos, los pensamientos actúan en nosotros de manera profunda; podemos decir literalmente que los pensamientos son seres vivos. El psicólogo francés Fouillé señaló que las ideas puras no existen: cada una tiene un aspecto energético.
En consecuencia, cada idea tiende a actualizarse y, si no fuera por la existencia y la presión de otras muchas, diferentes e incluso opuestas que también tratan de actualizarse, lo haría completamente. Fouillée llamó a estas entidades "fuerzas de idea".
La práctica demuestra que podemos crear, vitalizar y fortalecer una fuerza de idea pensando en ella. Cuanto más observamos sus posibilidades, dimensiones y aplicaciones, con más claridad se define. Los sentimientos se ven atraídos por ellas y se nos infiltra la nueva fuerza de idea, formando parte de nuestra actitud ante la vida y de nuestros hábitos de acción.
Por ello, pensando en la fuerza, el amor y el placer podemos crear fuerza, amor o placer en nosotros mismos. La técnica de adquirir deliberadamente una cualidad psíquica y después pensar en ella se llama meditación reflexiva.
La meditación reflexiva no es más que la investigación sistemática de alguna idea. Supongamos que hemos decidido reflexionar sobre la alegría. Podemos pensar en la gente alegre que hemos conocido en nuestra vida y las veces que nos hemos sentido alegres; la relación que guarda el placer con otros estados similares, como la jovialidad o el humor; sus orígenes e impedimentos; etc.
En algún punto nuestra mente intentará salirse del tema y pensar en cualquier otra cosa. Entonces la llevaremos de nuevo al sujeto de nuestra reflexión. Con firmeza, pero suavemente, pondremos toda nuestra fuerza de enfoque, toda la intensidad de nuestra comprensión en este empeño.
MEDITACION REFLEXIVA
El ejercicio que sigue sirve para introducirte en esta práctica:
1. Elige una de las cualidades que figuran en la lista siguiente (u otra que tengas en mente):
Alegría Vitalidad Sabiduría
Gratitud Sencillez Jovialidad
Amor Franqueza Lealtad
Deseo Fuerza Paz
Coraje Creatividad Comprensión
Calma Poder Admiración
Generosidad Integridad Libertad
Humor Claridad Riesgo
Compasión Energía Sinceridad
Cooperación Travesura Constancia
2. Reflexiona durante diez o quince minutos sobre la cualidad que hayas escogido.
3. Puede que también quieras escoger unas frases significativas como imagen de tu meditación reflexiva, como por ejemplo la siguiente:
"El anhelo de ser fruta pierde a la flor". Rabindranath Tagore "El agradecimiento es el mismo cielo". William Blake
"No nos preocupan las cosas, sino las opiniones que tenemos de ellas". -Epicteto "En la autolimitación es donde el maestro se enseña a sí mismo". Wolfgang Goethe "Un buen corredor no deja rastro". Lao-Tse
"El amor es la persecución del todo". Platón
"El mayor descubrimiento de cualquier generación es que el ser humano puede alterar su vida alterando las actitudes de la mente'. Albert Schweitzer
"Si uno avanza confiado en la dirección de sus sueños y hace lo posible por vivir la vida que ha imaginado, encontrará en cualquier momento un éxito inesperado". -Henry David Thoureau
"Ser un todo y vivir en la totalidad es el supremo principio del que dependen todas las principales reglas éticas y espirituales". Jan Smuts
"Nunca se ama bastante". Aldous Huxley
En algún momento de la meditación llegaremos a un nivel en que creemos que hemos agotado el tema, que hemos cubierto ya todos sus aspectos, que nos aburrimos y queremos hacer otra cosa. O pensamos que el tema carece de la importancia que creíamos y nos preguntamos si debemos elegir otra cosa en que meditar. Este es el momento preciso de no dejarlo, sino de seguir meditando. Este sentimiento de ir por un callejón sin salida ciego suele aparecer en el momento de concluir la reflexión. Si superamos esta etapa, nuestra mente pasará a un nivel en el que la calidad del pensamiento es más lúcida y significativa.
Quizá pensemos que el proceso ha concluido cuando acabamos esos diez o quince minutos. Pero sólo es el principio. Nuestros pensamientos se unen al inconsciente, que los trabaja, elabora, conecta y desarrolla.
Gordon Allport cita en Pattern and Growth in Personality un experimento psicológico en el que se pedía que escribiesen todas las palabras que pudiesen recordar que empezasen por la letra "c". Por supuesto, después del experimento las palabras que comenzaban con "c" seguían merodeando por la
mente, a veces hasta durante días. A este fenómeno se le denomina "perseverancia". En la meditación reflexiva sucede algo parecido, pero más profundo (porque el sujeto en el que nos concentramos no es indiferente, sino deseable y porque el experimento se repite diariamente). Debido a la elaboración inconsciente, la reflexión se convierte después en un razonamiento inesperado, un sutil cambio de comportamiento, un cambio de actitud gradual pero penetrante. Como afirmó jocosamente uno de mis clientes, "Cuanto mayor es la regularidad con que medito sobre el amor, más vivo todo el día en su luz".
Veamos con más detalle cómo puede producirse en la realidad una transformación. Hugo, un hombre de negocios de cuarenta y seis años, es pequeño, jovial y tiene una visión positiva de la vida. Tiene su propio avión, que pilota por placer, muchos amigos y éxito en su trabajo. Oculta con habilidad sus depresiones, sus frecuentes dolores de cabeza y su dolorosa falta de entendimiento con las mujeres. Primero lo dejó su mujer y luego una amante.
Le dije que hiciese los dibujos que le pareciesen, dejando que la pintura se moviese libremente y la imagen más interesante que surgió fue una llama de muchos colores. Discutiendo el significado de este dibujo, Hugo dijo que esa llama la habían apagado las circunstancias de la vida que le habían hecho siempre mucho daño. Se quejaba de haber inhibido sus sentimientos en el trato con sus jefes y de tener cierta dificultad e inseguridad en su vida emotiva.
Pronto descubrimos que el fuego interior de Hugo aún no se había extinguido: se había adormecido temporalmente. La raíz básica de todos sus problemas era su rechazo sutil, pero generalizado, ante lo nuevo. Al hacer el ejercicio de visualización de la transformación de una oruga en mariposa, se detenía al llegar al capullo y era incapaz de salir de allí.
Una vez escribió:
"¡Cuánto he perdido en mi vida! Sentimientos, belleza, éxtasis, entusiasmo. Y aún no puedo librarme de esa sombría pesadilla del capullo, de salir a la luz, de flotar sobre las flores, de disfrutar de sus aromas y de su néctar, de contemplar sus deslumbrantes colores, de elevarme a una apoteosis de be- lleza, de ideales, de placer. Cuando trato de aventurarme por este mundo magnifico, hay algo que me rechaza y la sombra de una falsa seguridad me atrae como un imán".
El "complejo de capullo" de Hugo, como él mismo lo llama, le impide manifestar su vitalidad, crear nuevas relaciones o asegurarse en su trabajo. También le obliga a confirmar su exactitud, la "seguridad" de todo lo que hace una y otra vez. Por ello, todo esto lo tiene bloqueado en "inmovilidad total".
Le dije a Hugo que reflexionase sobre el riesgo. Aceptó la idea de buen grado y la primera vez que hizo el ejercicio conmigo, se sintió relajado. Gracias a las reflexiones empezó a hacer algunas cosas que lo sacaban de sus situaciones normales, como por ejemplo llamar a alguien que hacía tiempo que no veía, retar a sus subordinados a jugar al ping-pong, meterse con los asuntos farragosos a los que iba dando de lado durante semanas, dar una fiesta, aparcar en zona prohibida con riesgo de multa, emprender un hobby nuevo, etc. Con todo lo simples que son estas cosas, representaban para Hugo los primeros pasos para liberarse del capullo.
Pasadas unas semanas, le recordé la importancia de seguir meditando sobre el riesgo como un componente a Incorporar a su vida diaria. Y esto se produjo con sorprendente rapidez. Mientras que antes se mostraba excesivamente cauteloso, después resultó ser mucho menos reacio a jugar con los negocios. Hizo un viaje importante al extranjero que fue trascendental para su empresa. Fue evolucionando y, por fin, se decidió a entrar en relaciones con una mujer, una relación con mujeres que, por sus miedos, no había podido iniciar y que ahora se presentaba más cierta de lo que jamás había podido imaginar. Con el paso de los meses pudimos afirmar que todos esos sucesos no habían sido una mera casualidad. La actitud arriesgada fue para Hugo un logro estable. Había roto el capullo. De cualquier modo, no debemos pensar que la meditación reflexiva sólo actúa sobre nuestras actitudes y acciones personales, como en el caso de Hugo. También puede servir de vía en los niveles
transpersonales, áreas y estados más allá de nuestra atención normal. En ese caso la mente funciona
"Cuando, tras unos minutos de meditación en calma, me voy a la cama, tengo la sensación de estar en el umbral del Ego: siento una sensación de anchura, de poder, de gran amplitud. Con cierto humor me digo que quizá sea aún demasiado pronto... Después me duermo".
"Al día siguiente, en las visitas y charlas con mis pacientes, tengo la sensación de estar envuelto por una luz, como si caminase o me deslizase por las zonas luminosas, por los senderos de un bosque que dan a unos claros soleados".
"Me siento tranquilo y radiante".
Utilizar la mente para propósitos elevados es una experiencia maravillosa; pero es precisamente en este punto donde tenemos que pararnos a pensar que, si la mente puede crear actitudes personales constructivas y evocar energías superconscientes, también puede usarse para fines muy poco recomendables, incluso como un instrumento para las tendencias más irracionales. Hay ejemplos de ello en los avances tecnológicos que se emplean sin preocuparse de ninguno de los principios fundamentales de la humanidad o que incluso, de entrada, tienen un fin destructivo deliberado, como son los armamentos sofisticados que se usan hoy día. En esos casos, la mente, aunque funciona de una forma totalmente efectiva e instrumental- está separada de los fines y las necesidades humanas como son el amor, la solidaridad, la estética, la apreciación, la comprensión intuitiva y la relación positiva con el cosmos. Cuando existe esta separación la mente se convierte en demoniaca.
La hipertrofia de la mente provoca en el individuo daños tan graves que pueden ser mortales: sacas conclusiones áridas y abstractas de la experiencia de la vida y sientes desprecio y desdén por el más débil. Pierdes la intuición y solo confías en una lógica vacía. Entonces sientes una crueldad injustificada por todo lo que vive, como en el caso de la vivisección.
Por tanto, en lo que queda de capítulo seguiremos descubriendo las ventajas de la evolución de la mente, pero cuando lo hagamos tendremos en cuenta los riesgos que se presentan cuando una parte de nuestro ser se desarrolla con independencia del resto y recordaremos los remedios para este tipo de daños: el cultivo armónico de todas nuestras facultades, mejor que centrarse sólo en una.
Ya estamos en condiciones de considerar cuál es el mayor beneficio que nos puede dar el desarrollo mental: el nacimiento del pensamiento independiente. En un mundo de prejuicios e irracionalidad desenfrenada, de manipulación de opinión y actitudes generalizadas, de adoctrinamiento ideológico y persuasión encubierta, no hay nada más necesario que una mente independiente, crítica y clara.
Piensa en la frecuencia con que algunas organizaciones, tanto públicas como privadas, utilizan técnicas engañosas para capturar nuestras mentes: recurren a la autoridad de los "expertos", de la "ciencia" o de cualquier otra cosa; usan estereotipos; manipulan datos; repiten slogans; crean cabezas de turco; infunden sensaciones artificiosas de culpabilidad e inadaptación. Se puede responder a cada una de esas formas de engaño y vencerlas definitivamente con la ayuda de una mente autónoma y bien desarrollada.
Podemos utilizar la mente para solucionar problemas en muchas situaciones. Además de meditar sobre una cualidad o una frase, también podemos reflexionar sobre una situación o un problema, un problema general y, más importante a veces, uno personal. De esta forma mandamos más y más luz al problema que hemos elegido, desenredando los nudos y viendo las alternativas posibles y sus consecuencias. Siempre que pasemos por alto este punto, que nos dejemos llevar por el impulso del momento, nos arrastraremos por una atmósfera de confusión y apoyaremos el edificio de nuestra acción en las columnas inseguras del pensamiento descuidado. No hace falta ser una lumbrera para pararse a pensar un momento. Lo único que tenemos que hacer es recordárnoslo, lo que ya es un logro importante, y entonces tener la paciencia de emprenderlo. El cultivo de estos hábitos es el camino verdadero hacia el pensamiento independiente.
Con la aparición del pensamiento independiente se suele sentir un incremento de la libertad y el poder mental. He visto a gente que ha descubierto sin proponérselo esta facultad y se llena de alegría con sus posibilidades. De pronto se dieron cuenta de que no tenían que pensar como se les decía, de que podían analizar temas que desde hace mucho se admiten como incuestionables. Tomaron conciencia
de nuevas áreas de interés muy amplias. Finalmente, lo más importante, se sentían capaces de tomar sus propias decisiones.
El alcance de la evolución mental llega más lejos; pero para describirlo hay que enfocarlo desde otra perspectiva: control, enfoque y concentración. La meditación reflexiva es un proceso para profundizar nuestras posibilidades mentales, hasta el punto en el que se ponen a nuestro alcance nuevos poderes y estados. A] principio, empezamos con un incremento del enfoque. La reflexión nos enseña el hábito de concentrar el pensamiento, con lo que, tan pronto como aparecen ciertas asociaciones extrañas, hacemos que la atención vuelva al tema. Reflexión significa "volver a doblar". Este doblez es suave; pero firme y atento, algo así como fortalecer los músculos con el entrenamiento físico: produce flexibilidad mental.
La meditación reflexiva crea un ambiente reservado en nuestra mente. En un ambiente así se admiten unos elementos y otros no. Una casa es un ambiente reservado porque sólo pueden entrar en ella ciertas personas. También lo son un estadio, una convención, una iglesia o un circo. Una célula también lo es porque deja pasar por su membrana todo lo que es útil y excluye lo que es inútil perjudicial para ella. La plaza de una ciudad no es un ambiente reservado, porque cualquiera puede pasar por ella a cualquier hora.
Podemos comparar nuestra mente con la plaza de una gran ciudad: tiene todo tipo de pensamientos, imágenes, recuerdos y esperanzas en un torbellino confuso. Si dejamos que sólo entren los pensamientos que guarden relación con un tema concreto, podemos crear un ambiente reservado. Según se delimita el área de atención de nuestra mente, se profundiza su compenetración con el tema. En principio, es la mente analítica la que entra en juego. Se trata de ver varios aspectos parciales del tema. Surgen recuerdos relacionados con él. Se presentan en nuestra atención constelaciones de ideas, porque permitimos que esas interioridades salgan a la luz cuando deberían estar enterradas en el montón de pensamientos y preocupaciones diarias. Entonces, según se va fijando el foco en su sitio, quizá tras mucha práctica, las divagaciones de las capas superficiales de la mente se van quedando taras, la mente, trabaja más con lo esencial y menos con lo casual o accidental; llegamos a ver las implicaciones profundas y más generales del sujeto; y, finalmente, el pensamiento se activo se transforma en una morada silenciosa en lo más, profundo de lo que contempla.
Al hablar de este tipo de atención concentrada, podemos pensar en el raja yoga, en especial los Yoga
Sutras de Patanjali. Pero sería un error creer que la mente aguda y afilada, educada para penetrar en la
esencia del sujeto, es un monopolio del yogi. Podemos encontrarla entre la gente creativa de todos los tipos científicos, artistas, inventores, políticos, dirigentes religiosos, etc. Permíteme anotar dos comentarios sobre el pensamiento profundo y concentrado. El primero, del poeta Stephen Spender, describe su técnica de composición, destacando la capacidad organizadora de la mente bien enfocada: "Es un enfoque especial de la atención, de forma que el poeta sabe todas las implicaciones y desarrollos posibles de su idea, igual que uno puede decir que la planta no se concentra para crecer mecánicamente en una dirección, sino en muchas direcciones, hacia el calor y la luz, con las hojas, y hacia el agua con las raíces, al mismo tiempo".
El segundo comentario es de Santa Teresa de Avila. Sus palabras toman la forma de una instrucción y describen la transición de los primeros a los últimos estados de la meditación:
"Tan pronto como te pongas a reflexionar sentirás cómo los sentidos se agrupan todos a un tiempo; parecen abejas que vuelven a la colmena y allí se afanan todas juntas para producir la miel... A la primera llamada del deseo, vuelven cada vez con más rapidez. Por fin, tras incontables ejercicios de este tipo, Dios los pone en un estado de descanso total y contemplación perfecta".
Ejemplos de avanzada evolución mental demuestran que no hay proceso de auto actualización sin una mente bien entrenada. No es sólo lo que pensamos, sino cómo lo pensamos, el estilo, el ritmo, la coherencia de nuestra mente, lo que determina profundamente los moldes de nuestra vida. Así, una mente que funcione bien:
• puede concentrarse en el deseo y examinar en profundidad cualquier tópico, incluso en situaciones de confusión.
• puede organizar ideas, recuerdos e imágenes en archivos internos, que se pueden consultar al instante.
• puede darse cuenta de los moldes en los que funciona y decidir salir de ellos. • ve todos los puntos de un problema, no sólo los cómodos.
• puede crear ambientes cerrados, cualificados.
• puede conectar de un universo mental a otro y sentirse en casa en todos ellos. • puede evaluar y modificar sus propias vías de funcionamiento.
• puede examinar detalles sin perderse en ellos y unirse a principios generales sin olvidar los de- talles.
• nunca da nada por supuesto.
• conoce sus límites y es capaz de trascenderlos. • realiza su trabajo como un placer sin esfuerzo.
Estas cualidades mentales positivas necesitan su tiempo para evolucionar; pero la meditación reflexiva