La visión tántrica lo acepta todo. El tantra no prohíbe nada. Cualquier cosa que experimente una persona, tanto si normalmente se considera bueno o malo, constituye una oportunidad de aprendizaje. Por ejemplo, el tantra no ve de forma negativa una situación en que uno se siente sexualmente frustrado, sino que más bien lo considera una lección. Constituye una oportunidad para comprender las motivaciones de la práctica sexual. ¿Qué significa para uno mismo? ¿En qué momento uno ha repetido esta pauta de conducta en el pasado? ¿Por qué uno tolera la situación? ¿Qué oportunidades de cambio se tienen al alcance? A partir de estas preguntas nos hacemos una idea de cómo conseguir que nuestra vida sexual funcione mejor. Esta perspectiva nos puede servir de patrón para el tipo de experiencias que deseamos crear.
En el tantra no hay división entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que es aceptable y lo que no lo es. Por ejemplo, en el tantra, tal como lo entendemos nosotros, no existe juicio moral sobre las preferencias sexuales de cada persona. El tantra no se centra tanto en con quién lo hacemos sino en cómo lo hacemos. Por consiguiente, cualquier persona puede seguir esta vía.
La visión tántrica es de plenitud, de abarcado todo, ya que cada situación, sea agradable o desagradable, constituye una oportunidad de concienciarse sobre lo que uno es y cómo puede ampliar sus posibilidades. Esto proporciona una
El tantra es un culto al éxtasis, una religión personal basada en la experiencia mística del placer más que un dogma establecido. Para un tántrico el sexo es sagrado. Es veneración; es dar energía y dar vida. El arte, la literatura y los n/os religiosos tántricos glorifican el sexo. Lo tántrico es antiascético: reafirma la vida. Enseña a descubrir lo divino a través de la exaltación del todo humano. En el tantra intervienen todos los sentidos, la mente y el espíritu para alcanzar las cumbres místicas. Kamala Devi
gran oportunidad para integrar los aspectos de uno mismo, incluso aquellas parcelas que normalmente rechazamos o escondemos. Este punto de vista implica además que en el interior de cada ser humano adulto hay un espíritu natural, sano, infantil, capaz de explorar abierta e inocentemente un territorio desconocido. La inocencia de este espíritu permanece intacta y representa nuestra capacidad natural para disfrutar de la vida, para amar, jugar y llegar al éxtasis. Denominamos a este aspecto del yo el Yo en éxtasis.
Puesto que el tantra cree en la totalidad, abarca también lo contrario, no viéndolo como contradicciones sino como complementos. De ahí que el concepto masculino y el femenino no estén separados, divididos eternamente por el condicionante del género, sino que se consideran como dos polaridades que se encuentran y se funden en cada ser humano. El tantra reconoce que cada ser humano, sea hombre o mujer, tiene cualidades masculinas y femeninas.
Esto significa que rechazando los estereotipos de género podemos ampliar infinitamente nuestra identidad sexual, rindiendo homenaje a la propia polaridad que ha sido ignorada hasta hoy. En el tantra, el hombre siente el impulso de explorar sus aspectos tiernos, receptivos, vulnerables y femeninos. Puede desprenderse de la carga de sus responsabilidades masculinas, detener la representación, relajarse, tomarse la sexualidad con calma, hacer el amor sin un objetivo específico, permitirse el recibir mientras su pareja actúa. La mujer, por su parte, puede investigar su dimensión masculina, tomar conciencia de que es capaz de dirigir de una forma dinámica el acto amoroso, tomar la iniciativa, crear nuevas formas de conducción, enseñar y proporcionarse placer a sí misma y. a su pareja. El hombre no renuncia a su masculinidad ni la mujer abandona su feminidad. Simplemente amplían su potencial para abarcar la otra polaridad. En el tantra, cuando se funden las polaridades masculina y femenina se alcanza una nueva dimensión: la sensación de lo sagrado. Cuando se experimenta lo sagrado en la unión sexual se puede sentir la unión con la propia fuerza de la vida, el origen de la creación. Esta unión eleva nuestra conciencia más allá del plano físico para llegar al del poder y la energía, que es más amplio que el propio. Es entonces cuando uno se siente vinculado, a través del partenaire, a todo lo que vive y ama. Uno se siente parte de la gran danza de la existencia; uno siente que forma parte de ella.
Al introducir una dimensión sagrada en el amor sexual, ambas partes se conciencian de que poseen cualidades divinas. Queremos decir con ello que reconocen su auténtico potencial como infinitos e ilimitados. En el tantra uno descubre que, rindiendo homenaje al dios o diosa que encarnan el otro miembro de la pareja, es capaz de ver más allá de las limitaciones que impone la propia personalidad y, viendo le divino en la otra persona, percibe el mismo potencial en su interior. La otra persona se convierte en un reflejo de nuestra propia naturaleza semejante a dios. De aquí que la salutación tántrica sea: “Te rindo homenaje al ser un aspecto de mí mismo”.
El objetivo de la creación fue amar se. Mientras sólo existía la unidad no era posible el placer. Pero cuando se produjo la división y a partir de ella éstos (hombre y mujer) se unieron entre sí, tuvo el lugar el sumo placer.
Reb Hayim Haikel, maestro del Hasidismo, siglo XIX
Y ello significa: «Los dos somos uno, tu conciencia es un reflejo de la mía». De momento nos puede parecer una fórmula rebuscada, pero llegaremos a verlo como un mecanismo para avanzar más allá de las imágenes autoimpuestas y restrictivas con las que la gente tiende a limitarse.
El tantra contempla la unión sexual no sólo como algo sagrado sino como un arte. Es interesante constatar que la raíz sánscrita de la palabra arte significa «unido adecuadamente». Para convertirse en tántricas, practicantes del tantra, los amantes deben estar versados en gran variedad de técnicas, como conversación, danza, ceremonia, masajes, arte floral, vestidos y maquillaje, música, higiene, respiración y meditación, entre otras.
Cuando se aprenden las artes eróticas de esta forma, se produce una gran revitalización en la sexualidad. El acto sexual ya no es una cuestión de rapidez y tensión, saturada de riesgos de enfermedad (transmitidas por compañeros que no se han tomado el tiempo de hacer una preparación global), sino un intercambio seguro y saludable entre compañeros que se respetan y se conocen intelectualmente, emocionalmente y sensualmente antes de iniciar la unión sexual. Esto es lo que se requiere hoy en día de forma inminente: una perspectiva sexual alegre, cariñosa, amplia, que haga de la sexualidad algo saludable y a la vez proporcione el éxtasis. Una resurrección moderna del tantra nos puede ofrecer estas alternativas, reduciendo asimismo la despreocupación que contribuye a fomentar las enfermedades de transmisión sexual.
La liberación sexual comporta la liberación de todo el ser: cuerpo, alma y espíritu. El punto de vista de la santidad es un elemento esencial para comprender los secretos sexuales. Nik Douglas
Sexual Secrets
«Quien conoce lo masculino, y sin embargo se adhiere a lo que es femenino, llega a ser como un barranco que recibe todo lo que hay sobre la faz de la tierra.»
Según el tantra, la sexualidad es, ante todo, una cuestión de energía, y el tantra considera la energía como el movimiento de la vida. En el interior del cuerpo humano la energía se halla constantemente en movimiento. Por ejemplo, el núcleo y los electrones de un átomo tienen movimientos y ritmos vibratorios característicos; lo mismo sucede en las moléculas, las células y los órganos del cuerpo humano. Cada célula del cuerpo late rítmicamente, y lo mismo hace el corazón, el diafragma, como los intestinos, los pulmones, el cerebro y los demás órganos fisiológicos. Las vibraciones de estos movimientos rítmicos generan corrientes bioeléctricas que fluyen constantemente a través de todo el cuerpo. Asimismo, generan campos de energía que circundan el cuerpo, y nuestros estados de ánimo y emociones generan vibraciones específicas que también alteran estos campos de energía.
El tantra considera a cada ser humano como un organismo que forma parte de un todo más amplio -el entorno, el planeta Tierra, la propia naturaleza- donde el ritmo y las vibraciones son factores unificadores. Son también factores que influyen en la relación entre las personas. Por ello el tantra enseña a los amantes a armonizar sus energías, a estar en la misma longitud de onda, creando una resonancia mensurable entre sus campos de energía. En el tantra, el arte de crear este tipo de resonancia equivale a lo que denominamos juego preparatorio. Según una de las ideas más profundas del tantra, el cuerpo humano es un fenómeno de energía simple. En un extremo del espectro, a nivel físico, esta energía se expresa en la vía del sexo. En el otro extremo del espectro, a nivel de sistema nervioso y cerebro, la energía se experimenta como éxtasis. La vía sexual tiene una energía instintiva, pura, sin refinar. A través de los ejercicios del libro descubriremos que esta misma vía sexual puede transformarse y refinarse hasta llegar al éxtasis. Sin embargo, se trata de una sola energía que se manifiesta de diferentes formas. La energía sexual, pues, debe aceptarse y respetarse como materia pura -el «petróleo crudo»-a partir de la cual se produce el supercarburante del éxtasis.
Se dice que los primeros místicos orientales vislumbraron por primera vez la iluminación espiritual en el momento del orgasmo. En efecto, muchas personas han experimentado que el orgasmo puede transportarlas temporalmente a un estado de embeleso. Durante unos segundos la mente se libera del pensamiento, desaparece el sentido egocéntrico de la vida y avanzamos fuera del tiempo en el «presente» eterno de la felicidad. Por ello, la sexualidad para los primeros místicos era el auténtico origen de la experiencia religiosa, como puede continuar siéndolo hoy si se dan las actitudes y condiciones adecuadas.