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Chapter 3: Materials and Methods

3.2 Synthesis Methods

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Informe • Historia • Manipulación y política El Comercio. Internacional p. 12 y 13. Lima, domingo 15 de enero del 2012

Jorge Moreno

Matos Periodista

En el siglo XIV a.C., el faraón Tutankamón mandó destruir todas las efigies de su antecesor, Akenatón, en un intento por borrar su nombre de la historia. Desde entonces, la historia se ha visto repleta de episodios en los que los gobernantes se han obsesionado con la idea de cambiarla.

“La historia será amable conmigo, porque tengo intención de escribirla”

WINSTON CHURCHILL POLÍTICO INGLÉS

Desde que se tiene memoria, el afán de los estados y los gobernantes por cambiar la historia o por escribir una con la cual sentirse a gusto o quedar ‘correctamente’ retratados ha sido una constante.

Hace unos días, el gobierno de Sebastián Piñera, a través del ministerio de Educación chileno, trató de hacer prosperar una reforma en el currículo de los textos escolares de educación básica. Esta situación ha levantado una polvareda y ha devuelto al centro de la atención pública una cuestión que muchos políticos toman por un hecho posible y factible: cambiar la historia por decreto.

La reforma en cuestión pretendía que los textos escolares se refirieran al gobierno del general Augusto Pinochet como ‘régimen militar’ y que no utilizaran el término ‘dictadura’.

¿Es posible cambiar la historia a través de una ley o, como en el caso chileno, por una directiva educativa? ¿Se trata de una manifiesta intención de utilizar la historia con fines políticos? ¿O de una práctica todavía más deleznable como la de tergiversarla?

Polémico diccionario

De querer tergiversar y manipular hechos históricos, además de ocultar otros, fue acusada la muy prestigiosa Real Academia de la Historia de España cuando en junio pasado presentó su “Diccionario biográfico español”, obra magna de cincuenta volúmenes que tuvo una suerte no esperada. La razón fue la entrada dedicada a Francisco Franco. El autor de la misma, el historiador Luis Suárez Fernández, escribió que Franco “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”. La polémica

que se generó y las acusaciones de todo calibre contra la Academia la obligaron a detener la distribución de la obra y a anunciar que se rectificarían esa y otras entradas que muchos empezaron a detectar con lupa en la mano.

Aquí en América Latina, el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner creó recientemente y mediante decreto un Instituto de Revisionismo Histórico que ha puesto los pelos de punta a la comunidad académica. En el texto de la ley de creación, se dice, textualmente, que el Instituto se abocará a la “reivindicación de todas y todos aquellos que […] defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han […] pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino”. Huelga decir que

REVISIONISMO.

El cambio del término ‘dictadura’ en Chile busca reducir el conocimiento del pasado.

190 entre estos personajes

‘oscurecidos’ por la historiografía ‘liberal’ se encuentran Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte, Evita para todo el mundo. Lo curioso de este novedoso instituto de Historia es que la mandataria argentina ha puesto al frente del mismo no a un historiador, sino a un escritor, Pacho O’Donnell, cuya trayectoria de colaboraciones y acomodamientos con los gobiernos de turno ha sido tan sinuosa como escandalosa. Para el historiador José Ragas, de la University of California Davis, lo que pretende el Gobierno Argentino con ese instituto es “trasladar a las aulas un estilo de política que se pretende popular y que solo existe en la medida que se aleja y se opone a la clase alta, lo cual es absurdo y antihistórico”.

En el caso de la pretendida reforma curricular chilena, el remplazo de un término por otro no es nimio ni inocente. “La importancia de este cambio radica en que los textos escolares constituyen la principal fuente de legitimación del pasado que tiene el Estado frente a sus ciudadanos, dado que alcanza, de manera masiva, a quienes siguen estudios básicos...”. “Una razón adicional por la que esta medida no es inocente es que se trata de una medida más entre varias destinadas a controlar o reducir el conocimiento del pasado”, precisa Ragas.

Tan absurdo como condenable De la misma opinión son otros historiadores, para quienes la sugerencia de cambiar un término por otro resulta absurda. El historiador y jefe del Archivo General de la Nación, Joseph Dager, es muy puntal al señalar la futilidad de intentos como el del caso argentino o chileno. “Esa misma tendencia, la del

revisionismo histórico, va a hacer que se revise, en el futuro, esa misma interpretación que ahora ellos quieren imponer como verdadera”, declara a El Comercio.

El historiador Jorge Valdez Morgan, de la Universidad Católica, señala que hay una “evidente intención de manipulación y tergiversación de la historia. Algo totalmente absurdo”.

Tan absurdo que el diputado de la oposición, Jorge Tarud, espera que el gobierno de Piñera se rectifique “porque esto le hace mucho daño a la imagen internacional del país.

JORGE PIZARRO SENADOR CHILENO

“La dictadura de Pinochet fue eso: una dictadura, y no deben buscarse eufemismos para nombrarla de otra manera”. JORGE TARUD

DIPUTADO CHILENO “Eso significa tergiversar la historia, porque lo de Pinochet fue una flagrante dictadura por donde se le mire”.

JOSEPH DAGER

HISTORIADOR. JEFE DEL AGN “Es un cambio con una clara intencionalidad política. El gobierno de Pinochet fue una de las dictaduras más crueles”. HÉCTOR LÓPEZ MARTÍNEZ HISTORIADOR

“Es una manipulación de la historia que no es un fenómeno moderno y donde triunfará quien tenga mayor poder político”. CRISTINA MAZZEO

HISTORIADORA

“Es un absurdo total pretender cambiar la historia por decreto. Hay que llamar a las cosas por su hombre y la de Pinochet fue una dictadura”.

3.200

personas, calculan las

organizaciones de derechos

humanos, fueron asesinadas por la junta militar encabezada por el general Pinochet.

200.000

chilenos partieron rumbo al exilio perseguidos por sus ideas políticas.

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